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Spanoulis: pulso al tiempo
Cuando el regreso tras una larga lesión está a punto de producirse, cuando la arena de su reloj deportivo se consume, cuando el tiempo se agota... ahí es cuando aparece Spanoulis. Hablamos con la leyenda del baloncesto antes de su vuelta a las pistas

(Foto Euroleague/Getty)

Redacción, 04 Dic. 2017.- 10, 9,8, 7... El tiempo se agota, el pequeño Vassilis hace tiempo que dejó de dar botes con el balón mientras iba al colegio, ya casi quedó en el olvido los enfados propios de la impetuosa juventud cuando comenzaba a escribir su leyenda en el Gymnastikos S. Larissas, y no hay rastros de las dudas con las que debutó en Maroussi . Hoy ese niño es una leyenda de la Euroliga, Vasiliis es hoy Spanoulis. El líder de Olympiacos y a sus 35 años aún tiene fuego en los ojos y ansias por jugar al deporte que se lo ha dado todo. Spanoulis sabe que la única forma de seguir ganando es no pararse ni recrearse en lo conseguido, mirar atrás o a los lados sólo le impediría seguir hacia adelante. “No me fijo en los que he conseguido en el pasado, ahora sólo pienso en terminar mi recuperación, poder volver a jugar y volver a competir por ganar”, asegura.

Spanoulis está cerca de volver a las pistas tras superar una lesión en la rodilla izquierda que le ha impedido debutar en Euroliga. Cualquier precaución es poca en un jugador de su veteranía y de un equipo que funciona a la perfección sin él. Todos en Olympiacos han construido una filosofía competitiva alrededor de su figura y quizá por ello mismo conocen que realmente ésta será importante cuando llegue el deshielo, la primavera comience a asomarse y el Playoff de la Euroliga decida quiénes lucharan por el título. “Me encuentro mejor, me encuentro mejor y listo para volver. Sentí un poco de dolor antes del partido de Valencia y no quise arriesgar”. Spanoulis sabe que su físico debe ser cuidado con mimo porque los esfuerzos mal entendidos pueden llevar a problemas mayores. Ahora sufre desde la banda en espera de poder a volver a disfrutar dentro del parqué.

(Foto Euroleague/Getty)

6, 5, 4… provisto de un carácter que recoge la mejor herencia griega de los Giannakis, Galis, Sigalas o Papaloukas, Vassilis Spanoulis pronto destacó en el Marousi como un jugador desequilibrante en la anotación y decisivo en los minutos finales. Con su estrella empezando a brillas, el equipo alcanzó en la temporada 2001-02 la primera final de su historia y, aunque perdió la Copa Griega contra Olympiacos, aquello sirvió para que el gran público conociera (fue elegido mejor jugado joven de la liga griega) a un chico fogoso de temperamento, pero con una innata capacidad competitiva.

Las derrotas en la FIBA Eurochallenge (contra Unics Kazan) y en la final de la liga frente a Panathinaikos sólo retroalimentó la determinación de que Spanoulis no había llegado al baloncesto para perder finales y así en 2005, y ya como campeón de Europa con Grecia, dio el salto a Panathinaikos. Poco importó que por entonces saliera desde el banquillo, pues Vassilis nunca fue jugador de inicios, sino de finales. Con el equipo verde completó un año fantástico en Grecia (37-2 de balance entre liga y copa) donde logró el doblete.

Efímera fue la estancia del que ya era conocido como el EuroKobe por su voracidad competitiva y tras aquella primera temporada dio el salto a la NBA. Houston Rockets esperaba a un jugador determinante que pudiera reconstruir al equipo. Llovieron los elogios a su capacidad anotadora, a su valiente personalidad y la forma en la que ayudó a derrotar a Estados Unidos (22 puntos) en el Mundial de 2006 exacerbó la ilusión.

(Foto Euroleague/Getty)

Fue entonces cuando probó la odisea de jugar en la NBA. Pero no todos los sueños se dibujan en los mayores escenarios y la NBA no fue el hábitat ideal para un jugador de gran talento, pero de juego europeo. Mucho más breve que el relato de Homero fue la historia de Spanoulis en EEUU. Quizá porque allí se prioriza el espectáculo y las cifras individuales, mientras su baloncesto es el de la competición y títulos colectivos... Sencillamente porque donde unos miran dinero, el siempre persiguió la pasión y ahí nació su regreso a Panathinaikos. Su fragilidad defensiva e indefinición entre la posición de base y escolta no ayudaron a su acoplamiento, el físico juego americano contrastaba con su estilo y como otras grandes estrellas como Bodiroga, Jasikevicius o Navarro, Spanoulis comprendió que la liga norteamericana no podía satisfacer su idea de baloncesto. “Ya sabes, a veces las cosas no funcionan, pero no ha sido un problema para mí. No pasa nada”, sin reproches, ni lamentos, la historia da la razón a la respuesta de un jugador que un año después, renunció a jugar con San Antonio Spurs al cual había sido traspasado y regresó a Europa (firmó el mayor contrato de la historia en Grecia con 5.5 millones de euros por tres años) para buscar la corona que le restaba. Lo hizo en 2009 siendo decisivo en la final al anotar 13 puntos frente al CSKA de Moscú.

Y cuando ya todo parecía encajar conquistando la triple corona, Spanoulis decidió dar un salto al vacío y en 2010 firmó por Olympiacos, el eterno y más odiado rival. Allí, además de un sueldo astronómico (más de siete millones de euros en cada uno de los tres años que firmó), encontró un club a imagen y semejanza del jugador, ambos desarrollaron una perfecta simbiosis competitivas que le llevó a conquistar tres Euroliga (2009, 2011 y 2013) y ser elegido MVP de la competición (2013). Muchas de esas victorias llegaron contra España con la selección y contra equipos españoles convirtiéndose Spanoulis en un pequeño diablo siempre que había un título en juego. “Tengo buenos recuerdos de muchos de aquellos partidos, a veces ganamos y otras veces perdimos, son cosas que pasan en el deporte, pero siempre disfruté de aquellos partidos”, señala.

Durante años, alimentó la rivalidad entre dos países, pero con la doble grandeza de recoger elogios en territorio hostil y de reconocer el talento ajeno en hombres como Sergio Llull o Juan Carlos Navarro, aquel que tantas veces le perturbó el sueño (y del que pudo ser compañero) pero del que reconoce “he tenido grandes partidos contra él. Juan Carlos es uno de los mejores jugadores de la historia y siempre ha sido un placer poder jugar contra él”

(Foto Euroleague/Getty)

3, 2, 1… la arena del reloj se consume, puede que sea su última posesión y la disfruta como tal. Mece el balón y mira al horizonte donde el marcador descuenta los segundos mientras él disfruta de la tensión. Sabe que tiene un don, aquel de hacerse gigante cuando el tiempo apremia. Nacido en tierra de dioses, pactó con Chronos para que éste le bendijera y así salir victorioso de las epopeyas deportivas que vivió. En su recuerdo se amontonan las gestas: las remontadas al Real Madrid en Londres 2013, al CSKA Moscú en 2015 y 2017... Hay tantas que es imposible quedarse con una. “Por suerte en mi carrera he tenido muchos grandes tiros y grandes finales por lo que no podría decir uno en concreto”, dice. Sería feo dejar de lado a tantas otras que configuraron su leyenda y dejaron huella de genio tras su caminar, pero se le recuerda el triple final en la liga griega de 2016 y no puede dejar de sonreír. “Sí”, la felicidad del recuerdo le delata.

Amo y señor de los balones finales, ha construido un mito (es el único jugador junto a Toni Kukoc en ser tres veces MVP de la Final Four) del que queda un mote, Kill Bill y una leyenda de rey este año plasmada en el video promocional de la Euroliga. Spanoulis es un tótem sobre el que se ha construido la leyenda de Olympiacos como equipo inabordable al desaliente y el único en hacer realidad remontadas imposibles.



Hay jugadores que trascienden el mero deporte y Spanoulis es uno de ellos gracias a la grandeza de una personalidad que adquiere su completa dimensión cuando los títulos y los partidos se deciden. El rey sabe que es su momento, ya no queda ninguna otra respuesta que la suya. Más allá del entrenamiento, más allá de la técnica y por encima del carácter... Y es donde está su respuesta: “Todo se basa en trabajar muy duro cada día y luego, en el partido, en tener confianza”. Todo aquello que no sabemos describir es lo que somos, todo aquello que no tiene palabras es lo que es Vassilis Spanoulis. 0

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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