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Gary Neal, lecciones de historia y vida
Trotamundos que ha visto pasar la vida con una maleta y un balón de baloncesto como compañeros de viaje, la vida de Gary Neal podría servir para escribir una historia de anhelos quiméricos, pero también de sueños terrenales. Lecciones que son historia de la vida, vida que es pura historia

"Los seres humanos hacen su propia historia, aunque bajo circunstancias influidas por el pasado". Karl Marx


Redacción, 24 Ene. 2018.- El profesor Neal abrió su libro. Lo hizo justo por el capítulo que hablaba de la vieja Europa, respiró profundamente, como si el olor de aquellas hojas le transportara a otro lugar… a otro tiempo, miró al frente donde le observaban atentos sus alumnos y sus recuerdos comenzaron a pasar por delante de sus ojos.

Los días y la acumulación de recuerdos borran de la memoria partes del pasado. En una sociedad donde las pausas escasean y la reflexión es un bien de lujo, quien encuentra tiempo para mirar al pasado y conocer la historia que hay tras las huellas dejadas no es un privilegiado, sino un agradecido. Como tal se comporta Gary Neal, una persona que no elude en ninguna reflexión aquellas personas y aquellas historias que cuentan su vida. Hoy el baloncesto es su presente, pero tan claro se muestra de dónde está su futuro, como se enorgullece de contar su pasado. En él ensalza la figura de Gordon, su padre, quien le mostró cada día el valor de la disciplina y el esfuerzo. Ver la entrega y la pasión de su padre al levantarse con el alba y hacer un trabajo por su familia y su país inculcaron valores que han acompañado a Gary Neal en su madurez personal. De su madre, Janet obtuvo muchos aprendizajes, pero aún más valiosas que sus lecciones fueron las emociones que, en flujo sanguíneo, le transmitió. Ella fue quien le regaló el primer balón de baloncesto porque ansiaba que el pequeño Gary desarrollara la misma pasión que ella sintió jugando a baloncesto. El deseo materno impulsó una esperanza y la genética hizo el resto. A imagen y semejanza de su madre, Gary se convirtió un tirador de raza… y él, en homenaje a su madre fallecida por cáncer de pulmón en 2003, vistió su sueño de NBA con el 14, el número que lució Janet en el instituto.

(ACB Photo)


A mitad camino entre los valores de un padre y las emociones de una madre, la vida de Gary fue dando sus primeros pasos, aunque estos no fueron ni pequeños ni iguales a los de su entorno, sino mucho más largos y cambiantes. Gordon, de profesión militar, tuvo que hacer muchos viajes durante su vida y con él fue una familia que recibió en herencia una visión del mundo mucho más abierta y plural que la que posee la mayoría de la gente. “Crecer en una familia militar es duro porque tienes que moverte mucho y cada 18 meses tenía que hacer nuevos amigos, pero mi padre estaba en el ejército. Esa era la forma que tenía para sacar adelante a nuestra familia y nosotros lo entendíamos”, reconoce. Lo efímero de un hogar, de una amistad o del mismo tiempo presente fue algo que conoció cuando otros jugaban o soñaban con los ojos abiertos. Fueron enseñanzas que no siempre gustan aprender y no se entienden cuando la razón aún viste de corto, pero que el tiempo pone en valor y encontró su utilidad cuando Gary Neal comenzó su carrera profesional y los países y las maletas se multiplicaron en su vida. “Ser un niño y viajar a diferentes partes del mundo ha hecho que las transiciones que te tenido en mi vida fueran más fáciles. Jugar en Europa, en Turquía, Italia y España ha sido más fácil porque de pequeño ya me tocó vivir lejos de casa”.

Hannover y Frankfurt fueron algunas de las ciudades que le vieron crecer en sus primeros años, pero entonces sólo era un niño que iba y venía de casa al colegio. Días en los que los recuerdos se tiñen de ilusión por ver y descubrir nuevas cosas cada día, y de los que perdura la imagen de jugar en la calle y en casa con sus hermanos. Como en muchas familias, los duelos de hermanos estimularon la pasión del pequeño Neal por ser mejor. Soñaba cada día en parecerse a sus hermanos y aspiraba a estar más cerca de ellos en los partidos que improvisaban. “Eran pequeñas competiciones que establecíamos jugando con mis hermanos cada día. Probablemente, esas competiciones sean uno de los recuerdos más divertidos que tenga en el baloncesto”. La diversión siempre es el motor inicial de cualquier pasión y la de Neal se fue desarrollando de manera inconsciente, a cada bote y con cada canasta, hasta que regresó a Estados Unidos y Baltimore le acogió con 10 años.

Las historias contemporáneas de Baltimore son las que el ávido seriéfilo conoce por la mítica serie The Wire, pero como todo relato, él del Baltimore violento y peligroso también tiene su parte dulce. La que habla de un bello puerto, con un bonito paseo marítimo y un centro turístico. Como todas las ciudades, Baltimore convive entre el mito de la ficción, la crudeza de la realidad y las distorsiones emocionales del que pasea por sus calles. Por suerte, en el recuerdo de Gary Neal sólo quedan aquellos que hablan del descubrimiento de una pasión por el baloncesto y como éste dejó de ocupar un mero espacio dentro de la diversión infantil para ser algo más.

(Foto Towson Atlhetics)


Persiguiendo un sueño

"La historia es un incesante volver a empezar". Tucídides


Tras su estancia en la Vieja Europa, la familia Neal regresó a casa y allí, en Baltimore, Gary comenzó a desarrollar su baloncesto. Lo hizo en Aberdeen High School donde su juego total no sólo le hizo ser el líder de un equipo que llegó a ser campeón del Estado de Maryland, sino que le llevó a promediar un triple doble durante la temporada. Tenía 16 años y una voraz hambre por crecer en el baloncesto que le hizo cambiar de instituto para progresar en la Calvert Hall College High y posteriormente dar el salto a la Universidad de La Salle. Aquel verano Gary sintió que el trabajo y el esfuerzo que fueron inculcados por su padre tenían sentido y que no había límites a su ambición deportiva, pero cuando las personas se sienten fuertes (llegó a promediar 18 puntos por partido), muchas veces la realidad se encarga de golpearlas con dureza y demostrar la inmensa fragilidad que rodea al ser humano. En su caso fue un suceso cruel pues fue acusado de violación. Una situación desagradable y que deja marcas bajo la piel por más que finalmente se probara su inocencia. Seguramente porque las lesiones más dolorosas son las que nunca están a la vista, Neal quiso salir de aquel nocivo entorno que contaminó sus ilusiones y volvió al amparo de la familia… regresó a Baltimore para jugar en la Universidad de Towson.

Fue tal el deseo de pasar página y olvidar aquel turbulento acontecimiento que, tras el año en blanco por mor de la normativa de traspasos que marca la NCAA, debutó con Towson anotando 29 puntos. Neal sólo quería jugar a baloncesto y la reciente vivencia redobló su determinación y convencimiento. En su primer año con los Tigers, Neal promedió más de 26 puntos por partido para acabar su carrera universitaria como quinto anotador del país (25,3 puntos), justo por detrás de Kevin Durant, y el tercer jugador en la historia en sumar 1.000 puntos con dos universidades diferentes. Motivos no le faltaron para confiar en la tan ansiada propuesta de la NBA, pero es caprichoso el destino cuando se deja en manos del ser humano y la noche del draft pasó con ausencia de noticias. Su teléfono tampoco sonó para completar equipos en ligas de veranos y fue entonces cuando nació otro sueño. Sin mejores alternativas, el padre de Gary le propuso terminar su formación y encarar la vocación de ser profesor de historia que siempre había tenido. Gary así lo hizo y comenzó encauzar su nueva vida profesional cuando llegó una propuesta de Turquía.

(Foto Euroleague/Getty)


Tuvo que desempolvar su viejo mapamundi para situar Izmir, la ciudad de la cual procedía la propuesta baloncestística. El Pinar Karsiyaka era un equipo de tradición nacional, con una masa de aficionados fiel pero escaso éxito deportivo. En cualquier caso, Neal siempre estuvo abierto a viajar y vivir experiencias, y aceptó encantando, más aún cuando comprobó que la vieja Esmirna escondía un pasado rico en lecciones de historia. “El paso fue más fácil que para otros jugadores porque ya conocía muchas de las cosas que me iba a encontrar y la aclimatación fue más rápida que la que tienen otros chicos que salen de la universidad y no han visto ni vivido antes algo igual”. Neal tenía un deseo, continuar su carrera profesional, y las herramientas necesarias para hacerlo realidad.

Con las maletas llenas de ilusión, pero sin mucho conocimiento de lo que le esperaba, Gary Neal aterrizó en el baloncesto europeo y éste no tardó mucho en conocer al excelso anotador que le visitaba. No llegó a la veintena de partidos en la liga turca cuando sus más de 23 puntos (líder en Turquía) por partido llamaron la atención de los ojeadores que siempre tienen sobre sus mesas inmensas horas de video y un buen puñado de estadísticas de varias decenas de ligas. Entre los clubes que más interés mostraron por Neal estuvo el FCB Barcelona quien lo fichó para reemplazar la baja de Juan Carlos Navarro y por un breve periodo de tiempo que le dejó sin margen para el error ni oportunidades para demostrar su valía. “Llegué para el Playoff, teníamos el factor pista a favor en la final y pensábamos que podíamos ganar el campeonato, pero perdimos contra TAU Cerámica”, confiesa. Nunca es fácil subir a un tren en marcha y más cuando la velocidad de éste le predispone a llegar lejos; aquel Barcelona anhelaba el título y el no conseguirlo distorsiona el recuerdo en su memoria. En cualquier caso, el anzuelo ya había sido lanzado en aguas internacionales y tras Barcelona, llegó otro clásico como Benetton de Treviso. Allí lució números nuevamente pero también problemas, y el distanciamiento que se produjo con Jasmin Repesa acortó inesperadamente su estancia en Italia. Nuevamente las intermitencias sobrevenían su carrera y debía reiniciarla en España. Lo hizo en Málaga y también durante un breve espacio de tiempo que cuanto menos le sirvió para recuperar la confianza.

(Foto Euroleague/Getty)


El sentido del esfuerzo, la recompensa inacabada

"Cien años de espera no son mortificación excesiva para quien cuenta vivir la eternidad”. José Saramago


Tras muchos vaivenes profesionales y emocionales, Gary Neal sintió la llamada del hogar nuevamente y, pese a que tenía la oferta de renovación de Unicaja sobre la mesa, decidió regresar a Estados Unidos. Estaba cansado y quiso volver a casa con la familia e intentar labrarse una oportunidad en la NBA. Sabía que su meticulosa forma de entrenar podía abrirle alguna puerta en la liga y, una vez ya allí dentro, el rigor con el que siempre abordó su desarrollo profesional, le haría quedarse.

Ese quimérico anhelo no tardó mucho en materializarse y, como si se tratase de un efecto dominó, cuando cayó la primera pieza, el resto le siguieron. Así, en verano de 2010 San Antonio Spurs le invitó a unos entrenamientos privados y posteriormente a formar parte del equipo de la liga de verano. Por entonces, Neal estaba planeando su luna de miel y tuvo que convencer a Leah, su mujer, para cambiar los planes iniciales (reconoce que nunca tuvieron una auténtica luna de miel) e intentar hacer realidad su sueño profesional. Entre confetis, trozos de tarta y copas de champán en Las Vegas, San Antonio acabó con un inmaculado balance de 5-0, Neal fue el 15º anotador con 16 puntos de media y dejó su tarjeta de presentación anotando 25 puntos en el partido final (23 de ellos en la primera parte). Una vez más su constancia y creencia en el trabajo hicieron realidad sus deseos. Estos nunca entienden de mesura o límites por eso cuando Gary Neal soñó con llegar a la NBA no se paró, cuando quiso ser importante y rozó con un anillo no dejó de ambicionar… y cuando cumplió su objetivo de ser 10 años profesional no renunció a seguir soñando.

Todo ello lo logró renunciando en varias ocasiones a cantidades económicas mayores en Europa porque estaba seguro que la NBA era el lugar donde debía estar. Como segundo rookie más veterano de la temporada encontró el hábitat perfecto para desarrollar sus habilidades en San Antonio Spurs. A veces como especialista en el tiro, en ocasiones como sólido miembro de la segunda unidad, pero siempre dando consistencia a esa familia que Gregg Popovich construyó en aquellas temporadas. “Jugar para coach Pop fue genial. Le tengo un gran respeto. Él me dio la oportunidad de cumplir mi sueño y elevar mi juego en NBA. Es duro jugar para el coach Pop, pero sabes que, si estás en pista y haces tu trabajo, él te mantiene jugando y eso es algo que le da mucho crédito”.

(Foto EFE)


Después de ser nominado en el quinteto ideal de novatos y tres años después de vivir una llegada tardía a su particular sueño americano, Gary Neal tocó el cielo al jugar la final de la NBA. Los pequeños pasos que fue dando le acabaron por llevar al epicentro competitivo del baloncesto. “Recuerdo los nervios y la ilusión por jugarla. Significó mucho para mí porque era demostrar mi valía. Muchos grandes jugadores, Hall of Famers no pudieron jugar finales y yo tuve la oportunidad de jugar unas finales”, afirma. Aquella final presentó baloncestos antagónicos entre la exhibición individual de LeBron James y sus talentos en Miami Heat y la comunidad del baloncesto que supuso San Antonio Spurs. Un equipo con mayúsculas que honraba la colectividad del deporte y donde Gary Neal, como miembro destacado de la segunda unidad, tuvo un papel relevante. Fueron días intensos que configuran el mejor y el peor recuerdo de su carrera, una noria de sensaciones que tuvo su punto más elevado cuando anotó 24 puntos en el tercer partido. Una efímera exaltación del ánimo que tuvo un descenso traumático con el triple de Ray Allen (curiosamente, reconoce que es uno de sus referentes deportivos) que forzó la prórroga del sexto partido… segundos antes, San Antonio y Gary vislumbraban la excelencia después de desplegar un maravilloso juego colectivo. Hoy aquellos segundos vividos ya son historia en la retina vital de todos, aunque alguno jamás lo pueda olvidar. “El peor momento en mi carrera fue cuando Ray Allen anotó el triple en el sexto partido para forzar la prórroga y evitó que San Antonio Spurs fuera campeón”, asegura Neal. La franquicia tejana encontraría su justo premio un año después y contra el mismo rival, pero ya por entonces Neal había cambiado de destino para jugar en Milwaukee Bucks.

Comenzaron entonces años donde el ir y venir de maletas y equipos difuminaron la estabilidad adquirida en San Antonio. No fueron experiencias placenteras en lo colectivo pues eran proyectos a medio hacer (o deshacer) y en donde su rol se vio distorsionado. Como una pieza de puzle que no acaba de encajar, Neal sintió que Milwaukee, Charlotte, Minnesota y Washington fueron destinos fugaces donde los recuerdos adquieren dulzura sólo con el paso de los años. Además, y como las desgracias nunca vienen solas, a la decepción deportiva se le unió alguna que otra polémica deportiva y una lesión en la cadera. La carrera de Gary Neal está llena de intermitencias; metáfora del mal que estacionalmente suelen sufrir tiradores como él. Durante años, tuvo picos de éxito, pero también desconexiones que fueron descensos a profundos valles de su carrera, aunque nunca como entonces sintió la profundidad del terreno que pisaba.

(Foto EFE)


Reescribiendo su propia historia, dibujando su futuro

"El único deber que tenemos con la historia es rescribirla". Oscar Wilde


La historia está escrita con las segundas y las terceras oportunidades de personas que cayeron en su camino pero que entendieron que no por ello era su final. El camino de Gary Neal pareció ser un laberinto sin salida cuando se encontró con 33 años, sin equipo y recién salido de una operación de cadera. Nadie en la NBA cogió el teléfono para acordarse de quien fue un ejemplar jugador de rotación. Su edad y las dudas sobre su condición física condicionaron el futuro de un jugador que llegó a pensar en otros caminos. “Tenía 33 años, salía de una lesión y no tenía equipo sí, pero no pensaba en todo ello. Estaba cómodo con lo que había conseguido y agradecido por todo lo logrado durante mis años como profesional. Realmente no estaba obsesionado por no tener un equipo, estaba tranquilo y pensando en el futuro y en la transición fuera del baloncesto”. Sin embargo, y casi sobre la bocina (y justo tras el nacimiento de su tercer hijo), llegó una llamada de Zaragoza.

Aunque poco se parece Zaragoza a Baltimore y la vida española cambie sus hábitos (“todo empieza más tarde… se cena más tarde, a las nueve o las, algo que nunca sucede en América”, dice en tono de broma), reconoce sentirse feliz en ella. Lo bueno de acarrear a sus espaldas una mochila repleta de vivencias es que se puede valorar mejor aquello que se vive y cuando Neal pensó en volver a salir de Estados Unidos supo que sólo había un lugar a dónde ir: “tengo claro que fuera de Estados Unidos elegiría jugar en España”, asegura. Después de un mal momento profesional sólo quería disfrutar sintiéndose jugador y disfrutando del baloncesto. Para conseguirlo, antes tuvo que ponerse en forma y dejar correr el tiempo oportuno para que su cuerpo y sus sentidos recuperaran el sentido de la competición. Al principio costó pues Zaragoza también debía reencontrarse así mismo como equipo y las derrotas en pretemporada y las primeras jornadas no dibujaron el escenario ideal donde la paciencia y la tranquilidad permitieran trabajar ajenas a las dudas. Sin embargo, Neal tenía un plan: desde niño asumió el rigor y el sacrificio como parte ineludible de la construcción de cualquier objetivo, y sabía que, cuando el tiempo cumpliera sus plazos, el acoplamiento al equipo daría réditos… su cuerpo respondería a su calidad. “El objetivo primordial es ganar partidos, pero todavía estamos desarrollándonos como equipo. Cada día somos mejores y podemos serlo aún más. Todos entrenamos para ser el mejor equipo posible y yo lo hago para ser el mejor jugador que pueda ser. Mi cuerpo cada vez responde mejor y cada día me siento más cómodo en la pista”.

Y así llegó el día en que explotó con una hazaña que ya pasa a los libros de los récords de la Liga Endesa al anotar 30 puntos en 14 minutos de la segunda parte del partido contra Iberostar Tenerife. Un anotador como él no vivió ajeno a esos días donde uno siente que todo lo que lanza acaba en el aro; su fama de tirador siempre le acompañó desde el instituto y recuerda como en la D-League registró un par de encuentro con más de 40 puntos (en febrero de este año anotó 41). Sin embargo, ese no es un ambiente competitivo ortodoxo, la segunda competición americana es un laboratorio donde los jugadores juegan de forma egoísta como si fuera una pasarela de talento y por eso realza el valor de los conseguido en Zaragoza. “Fue una de las actuaciones más importantes de mi carrera porque era en partido profesional y fue muy importante para ganar el encuentro”, reconoció en una entrevista en el programa Clubbers.

(ACB Photo/E. Casas)


Como cada año que empieza, es inevitable levantar la cabeza y con la mirada buscar un horizonte que no ven los ojos, sino la imaginación. Los proyectos, las promesas y buenos propósitos de un futuro recién estrenado invaden terrenos al pensamiento, empero Neal prefiere huir de estas trampas emocionales y reconoce estar en un punto de su carrera donde vive el presente sin mirar más allá. Asegura que “cualquier profesional quiere competir, busca ser exitoso en su trabajo y lograr ser competitivo. Soy un competidor, me gusta jugar y ésta es una oportunidad para hacerlo al más alto nivel”. Quiere exprimir su buen momento en Zaragoza y llevar lo más lejos posible a un equipo que le ha devuelto la felicidad del anotador que siempre fue… pero en sus palabras hay un mayor poso reflexivo. Sabe que su historia en el deporte comienza a escribir los últimos capítulos y que tras el baloncesto tendrá que formatear gran parte de su día a día. En cualquier caso, cuando llegue ese momento Gary Neal estará preparado porque lleva años cuidando su mañana. Se graduó en la universidad para poder retirarse y convertir en el único sueño que todavía le queda por realizar: ser profesor de historia. Todavía no lo es, le falta algunos cursos de formación para serlo, pero tiene claro que, cuando cuelgue las botas, retomará los estudios previos a comenzar su vida en las aulas.

“Crecí en una familia militar, mi padre era militar y un hermano estuvo en la marina, y la historia siempre es algo que estaba sobrevolando en la familia. Hablábamos de las cosas que pasaban en el mundo”, asevera. La vocación por entender el pasado la ha cultivado durante años, con sus ojos vio desde pequeño las historias de un mundo cambiante y donde él tuvo la oportunidad de viajar para conocer sus diversas realidades. En sus viajes las maletas siempre contuvieron un libro que contase historias del hombre, de sus errores y sus aciertos, y, ahora que la tecnología alivia el peso del conocimiento, confiesa tirar de Itunes para leer sobre historia. “En Zaragoza leo audiolibros sobre historias del FBI”, cuenta a la par que señala que es la historia de su país, la parte que más interés le despierta de la enseñanza.

Al igual que se esfuerza por ser el mejor jugador posible, Neal tiene claro que quiere ser “un buen profesor” y que trabajará para serlo. Sabe que “entrenar o ser maestro no es una cuestión única de contenido y qué enseñar, sino también de conectar con los estudiantes y ojalá sea capaz de conectar con los alumnos y que consigan aprender mucho conmigo”. De sus palabras uno denota la vocación de la educación y esa es la única semilla que termina germinando en un gran maestro. Como tal, buscará motivar a las nuevas generaciones y soñará con despertar en sus estudiantes el deseo de ser grandes personas el día de mañana. La historia trata muchas veces de ello, de personas que hicieron grandes cosas por generaciones venideras, pero Neal también sabe que las lecciones más importantes no siempre se aprenden en un libro y que el ejemplo más cercano es, a veces, el que cala más hondo. Quizá por ello huye de protagonizar clases magistrales o enseñar grandes lecciones vitales y afirma que a sus alumnos “no les hablaría de algo en particular, sino que les diría que persigan sus sueños, que no hagan caso a nadie que diga que no los pueden alcanzar o que no pueden hacer algo. Creo que una buena parte de marcarse objetivos y salir exitoso en la vida se basa en luchar con el corazón y ser la mejor persona que puedas ser”.

(ACB Photo/E. Casas)


Escribió el filósofo Claude Helvetius que la historia es la novela de los hechos, y la novela es la historia de los sentimientos. Como tal, ese libro vital de Neal contará como la bipolaridad de nuestra existencia siempre fueron compañeras de sus viajes. Cosechó éxitos porque su esfuerzo sembró la semilla del triunfo, pero la irracionalidad de la fortuna (y de las propias decisiones) le llevó a sentir la cara oculta que persigue al triunfo como sombra acechante.

Quien conozca a Gary Neal escuchara historias del mundo, pero también la propia historia del chico que creció y fue quemando las etapas que siempre diseñó. Neal sabe que es un privilegiado y no sólo por hacer el deporte que siempre soñó practicar, por hacer jugado al máximo nivel, sino también porque gracias al baloncesto ha podido viajar y conocer mundo. Un mundo, además, que le ha observado y ha contado las historias de su carrera. A mitad camino entre el deseo por coleccionar retales de una vida antes que el tiempo los borre de la memoria y el orgullo profesional, Gary reconoce que colecciona los artículos y las noticias que su figura ha ido generando allá donde jugó. Se siente afortunado por hacer lo que le gusta y conseguir el respeto profesional y cariño personal de mucha gente. “Es una bendición que la gente pueda conocer y respetar tu trabajo y esas historias serán las que cuente a mis hijos cuando ellos crezcan y pregunten por su padre”, señalaba en una entrevista al programa Clubbers de Movistar+. De todas cuantas historias narre, ésta será donde más cariño pondrá y cuyas lecciones más enfatizará en sus tres hijos. Así como sus padres le enseñaron el camino vital a recorrer, Gary quiere ser el mejor mentor para sus hijos.

Algo interrumpió la abstracción en la que estaba sumergido, era la sirena que anunciaba el final de su clase. Como marca el protocolo escolar dejó de hablar, dio por concluida su clase y, mientras sus alumnos salían de clase con el habitual alboroto sonoro, regresó a su silla para sentarse. Como de costumbre, anotó las incidencias de la lección, marcó la página donde dejó aparcada la explicación y cerró el libro. El día tenía que continuar.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

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