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Trae Young: la estrella más brillante del firmamento NCAA
Tres meses atrás, pocos hablaban de él. Ahora, la NCAA y el próximo Draft de la NBA están a sus pies. Trae Young, base de primer año de Oklahoma Sooners, se ha convertido en la estrella por excelencia de la competición, con números de otra década en un repertorio de juego tan moderno como extraordinario. Talento puro, descaro innato y habilidad y quiebros exuberantes para dominar este deporte en presente y futuro.

Foto SoonerSports.com

Redacción, 17 de enero de 2017.- Tenemos que hablar de Trae Young. No nos ha dejado otra opción. En una temporada huérfana de súperestrella mediática tras la lesión del gran nombre del año, Michael Porter, el extraordinario jugador de los Oklahoma Sooners se ha convertido en el monarca absoluto de la competición. Por sensaciones, por dominio y, especialmente, por unos números de otra galaxia. Dos honores tan complicados y meritorios como los de ser, al mismo tiempo, el máximo anotador y el máximo asistente de la competición. No es un nombre más. Es Trae Young, el mejor jugador de la NCAA. La estrella más brillante de un prestigioso firmamento.

Lo podemos afirmar categóricamente. Sus 30.1 puntos por partido es un registro individual superior a cualquier súperestrella actual de la NBA en su paso universitario (superando incluso los 28.6 puntos en la mejor temporada en Davidson de un tal Stephen Curry con el que ya le comparan de forma inevitable) y la mejor marca desde que Glenn “Big Dog” Robinson firmara 30,3 por noche en su paso por Purdue en la temporada 93-94. Pero es que, además, Trae Young adorna dichas escandalosas cifras de anotación con unos porcentajes de vértigo: 45% en tiros de campo, con 40% en triples lanzando más de 10 por noche. Y por si fuera poco, firma casi 10 asistencias por partido, elevando a estos Sooners hasta las posiciones más altas a nivel nacional. Todo, en su primera temporada universitaria. Simplemente, extraterrestre.



Trae Young es la enésima estrella de un lugar recóndito de los enormes Estados Unidos. Vivió y estudió a 4 kilómetros del campus de su actual universidad. Un talento que, sin hacer demasiado ruido, se iba gestando en el instituto de su ciudad, el Norman North High School, en el estado que ahora es devoto de su juego. Y el chico que esta temporada crea locura sobre el parquet, anteriormente disfrutaba de la misma en la grada del Lloyd Noble Center. Young creció viendo y alucinando con las barbaridades de Blake Griffin o el más reciente Buddy Hield, soñando ser algún día el centro de todos los focos en el templo de los Sooners.

Su evolución le sirvió para ser nombrado mejor jugador del estado de Oklahoma en 2016. Una nominación que, además, le sirvió para tener el enorme honor de representar a su país en el FIBA Americas U18 celebrado en Chile. Un torneo en el que los focos estuvieron puestos especialmente sobre Michael Porter y Markelle Fultz, las dos principales estrellas de un combinado estadounidense en el que Young estuvo más apagado que nunca (6 puntos y un ínfimo 20% en tiros en 20 minutos de media).

Sin embargo, fue en su último año de instituto cuando Trae Young hizo saltar todas las alarmas a nivel nacional. Un explosivo, descarado y habilidoso base en Oklahoma estaba promediando 42,6 puntos por noche con casi un 50% en tiros y era elegido, por segundo año consecutivo, como mejor jugador del estado. Entrenadores de leyenda como Bill Self (Kansas) o John Calipari (Kentucky) rápidamente le tuvieron como objetivo, pero Young únicamente tenía dos opciones en la mente: emular a su padre Rayford Young jugando para Texas Tech o hacer realidad el sueño de ese joven aficionado que un día quería ser la enésima estrella de los Sooners.



El impacto de Young en la NCAA se hizo notar desde el primer partido. 15 y 10 asistencias en su primera noche y 22 y 13 en la segunda para sumar cómodas victorias ante las modestas Omaha y Ball State. Sin embargo, en su tercera actuación, la derrota ante una Arkansas de mayor calidad que los anteriores empezó a generar dudas sobre su nivel y también el de esta Oklahoma. Una incertidumbre que duró tres noches.

El 26 de noviembre, los Sooners se enfrentaban a Oregon, una universidad de gran calidad y pedigrí. Oportunidad perfecta para sumar una victoria de gran mérito. Y para Young, para presentar con enorme fastuosidad su candidatura al mejor jugador de la temporada. El joven base amargó la noche a los Ducks con una exhibición increíble: 43 puntos luciendo un ilimitado repertorio y rango ofensivo.

Foto SoonerSports.com

Y a partir de aquel 26 de noviembre, todo cambió. Y si no sumaba 30 puntos, conseguía, por ejemplo, 22 asistencias ante Northwestern State en el último partido del non-conference, igualando la mejor marca de toda la historia de la competición con unos números que no se veían desde hacía 20 años. Young estaba más que preparado para el momento más duro de la temporada, una fase de conferencia que está dominando sin oposición alguna: 33 puntos por noche, dos exhibiciones ante TCU de 39 y 43 puntos y Oklahoma en el puesto número cuatro a nivel nacional y en muchas quinielas para acabar en la gran Final Four.



Afortunadamente, aún nos quedan varios meses para seguir disfrutando de este extraordinario talento. Pongan dos citas marcadas en rojo en su calendario: 23 de enero (en casa) y 19 de febrero. Young y sus Oklahoma Sooners ante la historia y la enorme calidad de Kansas Jayhawks, autoritario rey desde hace 13 años de una Big 12 que un pequeño chico de Norman, Oklahoma, quiere conquistar.

Gerard Solé
@gsole14

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