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Brad Wanamaker: El tesoro de la paciencia
En las agrestes calles de Filadelfia comenzó a contar su historia. Las llenó de esperanzas aunque la vida contestase con decepciones. Nunca cesó en el empeño de ser profesional y, por más que la vida le hizo dar rodeos, ahora es una de las estrellas de la Euroliga

Redacción, 17 Ene. 2018.- Las calles de Filadelfia tienen tantas historias como las de todo y cada unos de los que nacieron y pasearon por ellas. En la ciudad del amor fraterno, allí donde reside la campana de la libertad se firmó la Constitución, se encuentra la calle más antigua de Estados Unidos. Ella es una de las otras tantas a las que Bruce Springstein puso melodía en su famos Streets of Philadelphia, un taciturno poema sonoro que habla de la dureza de una ciudad donde nada es fácil y que ve pasear a muchos héroes anónimos del día a día.

Filadelfia es punto de encuentro, musa del cine y alegoría pugilística del sueño americano. Pero la ciudad también es cuna del baloncesto y sus calles cuentas con numerosas canchas callejeras donde jugar mientras el frío y la luz lo permitan. Ineludible para el viajero, estos parques son la cuna de muchas historias de baloncesto: unas con final feliz como la de Kyle Lowry, estrella de Toronto Raptors, aunque en la mayoría de los casos estas historias no dejan de verse en tonos grises como los propios de la gélida acera en invierno.

(Foto Pittsburgh Panthers)

La historia de Brad Wanamaker nace allí, entre otros cuentos de niños que escapan de la realidad soñando con un deporte que les saqué de las apreturas económicas familiares. Para él, la pelota fue un elemento que siempre formó parte del mobiliario hogareño y el baloncesto no deja de ser el recuerdo más hermoso de los años donde la ciudad le veía dar sus primeros pasos. “Crecer en Filadelfia y jugar en los playgrounds de allí puede resultar difícil si no muestras la suficiente fortaleza porque allí se ama el baloncesto y hay grandísimos jugadores. Es difícil jugar pero si lo haces mejoras y es muy divertido. Sólo puedo tener grandes recuerdos de aquellos años”, reconoce.

Pero el de Wanamaker no fue un camino recorrido sólo, cada día lo hacía acompañado de su hermano gemelo Brian. Ambos compartieron ropa, zapatillas y esperanzas. Durante 18 años fueron inseparables, fueron recibiendo reconocimientos en el colegio e instituto y el vínculo especial que siempre une a unos gemelos se mantiene ahora que ambos juegan en Europa. Brian lo hizo al igual que su hermano en Alemania, aunque las últimas temporadas está en Lituania intentando progresar. Desde la distancia, Brad intenta mantener el contacto y, del mismo modo que los pequeños hermanos se ayudaban en el instituto, ahora trata de apoyar a su hermano dándole consejos. “Él está jugando en Lituania y, pese a la distancia y que es difícil tener contacto los dos compitiendo, tratamos de hablar por teléfono con frecuencia. Él es parecido a mí y le intento ayudar cuando hay altibajos para que pueda llegar lo más lejos posible”.

Brad Wanamaker puede ser ese ejemplo donde mirar para sentir que la constancia y el esfuerzo dan réditos pues la suya es una historia cocinada a fuego lento, de las que se narrarían con tono de fábula y que tendría moraleja, pues el éxito y reconocimiento no le llegó como estrella universitaria por más que en la Universidad de Pittsburgh fuera un reconocido jugador. No, la carrera de Wanamaker tuvo que dar tumbos y rodeos inesperados para poder ser hoy una de las grandes estrellas de la Euroliga.

(Foto: Euroleague/Getty)

El primero de ellos llegó en ese punto de ruptura que supone el draft de la NBA. Ese lugar y fecha señalado por muchos jóvenes y que sólo celebran unos pocos. No fue el caso de Wanamaker, aunque la decepción le duró el tiempo justo y necesario para reafirmarse en la convicción de hacer realidad el sueño que dibujó en su infancia. “Fue algo decepcionante no poder ir al draft porque todos los chicos que van a la universidad están enfocando su trabajo y sus sueños en poder ser profesionales. Sí, fue una desilusión, pero no permití que eso me hiciera agachar la cabeza y continué con mi deseo de dedicarme al baloncesto. Sabía lo que quería y tuve la suerte de poder ser profesional cuando vine a Europa”, reconoce. Como otros tantos chicos, abandonó el hogar en busca de un futuro del que desconocía la forma pero ansiaba el fondo. Quería ser profesional y poco le importó que su primera experiencia en Italia fuera frustrante por una lesión en los abductores que no le permitió destacar en Banca Teramo Basket. De allí fue cortado para posteriormente terminar una discreta temporada en el Fulgor Libertas Forli de la Lega Due.

Ese verano se dio una segunda oportunidad con el sueño americano y después de probar en varios campus de pretemporada inicio el año con los Austin Toros antes de emprender definitivamente el viaje a Europa. En 2012 firmó con Limoges pero la experiencia no acabó de ser positiva (el equipo no cumplió las expectativas pese a ganar la Supercopa en Francia) y regresó a Italia para firmar con el discreto Giorgio Tesi Pistoia. Bien entendido un paso atrás sirve para coger impulso, para encontrar una zona de confort y replantar muchas cuestiones… No era la primera vez que sentía que sus pasos no iban por el camino deseado, pero, esta vez, ese teórico retroceso se convirtió en el momento donde su vida cambió. “En Pistoia fue la primera vez donde pude demostrar todo lo que podía hacer y eso me permitió viajar a Alemania donde conseguimos dos años seguidos alcanzar el título de liga. Desde aquel momento no he dejado de crecer en Europa hasta alcanzar Fenerbahce en la actualidad y eso genial para mí”, señala. La fantástica temporada en Italia le permitió clasificar al equipo para Playoff y convertirse en uno de los grandes nombres de la LEGA tras promediar 16,1 puntos y cinco asistencias por partido.

Suficiente carta de presentación para llamar la atención de Brose Baskets, un potente equipo alemán que por el año 2014 anhelaba ser un grande de Alemania y competir en Europa. Lo que no imaginaría ni club ni jugador es que la unión de ambos daría grandes beneficios convirtiendo al equipo de la coqueta ciudad alemana de Bamberg, en un referente continental, y a Wanamaker en estrella de la Euroliga. En los dos años con Brose Baskets, el base logró dos ligas y ser elegido MVP de las finales en aquellos dos años. Sintió entonces que tenía sentido todo aquel largo camino que comenzó en Philadelphia y le hizo bordear el desánimo.

“Sí”, alarga la respuesta como si fuera una metáfora del tiempo que si carrera tardó en llegar al punto deseado. “Siempre tuve confianza en mis posibilidades. Sabía que no sería fácil jugar al máximo nivel en Europa, pero soy un chico ambicioso y todo lo que he conseguido en la vida lo he hecho, paso a paso, sin pensar en el futuro y manteniéndome firme”. Brad Wanamaker nunca dudó de que podría conseguir su deseo de ser profesional, quizá nunca pensó que lo hiciera en una pequeña ciudad en el centro de Alemania, pero al destino no se le cuestiona, se le acepta.

Ahora, y tras pasar por el millonario proyecto de Dogus Darussafaka, Brad Wanamaker sonríe siendo una de las piezas importantes de Fenerbahce, el actual campeón de la Euroliga. Sabe que debe disfrutar del momento y agradecer haber superado los momentos duros que le dejaron todos estos años. “Lo más difícil fue la lejanía con la familia. A veces no salen las cosas como uno quiere, entonces necesitas confianza y ahí la clave es el apoyo de la familia. En mi caso, mis amigos y mi familia siempre han estado detrás mío y siempre tuvieron palabras de apoyo, me animaron a no rendir y a continuar con mi carrera. Eso me ayudo a ir superando los obstáculos”, señala el jugador.



Acostumbrado a crecer las últimas temporadas en equipos donde él era el referente ofensivo del equipo y el hombre de los balones calientes, llegar a Fenerbahçe supone no sólo un salto cualitativo en lo deportivo, sino también en lo personal aunque asegura que “no ha sido difícil cambiar mi mentalidad. Sé que tengo que esperar mis momentos en el partido. Sé que tengo mantener concentrado y agresivo en los partidos porque en este equipo hay mucho talento, todo el mundo quiere jugar lo mejor que pueda y eso es exactamente lo que trato de hacer”.

Precisamente, Wanamaker ahonda en la profundidad de plantilla para hablar de uno de los grandes cambios que ha experimentado en su nuevo club. En las últimas temporadas comprobó la dureza que suponía medirse al equipo de Estambul y ahora desde dentro reconoce que la clave del equipo es “la generosidad” a la hora de jugar. “Tenemos una profunda plantilla con grandes jugadores que no son egoísta y que quieren ganar. El objetivo de todos es que el equipo gane y sabemos que para ello es necesario compartir el balón y ayudarnos los unos a los otros”, dice. Wanamaker sabe que conforme crece su carrera también crece las expectativas que hay sobre él y las exigencias competitivas. No le asusta el miedo de defender el título de Euroliga aunque es cauteloso. “Debemos mantenernos ambiciosos y saber que debemos ir paso a paso. El año pasado se logró algo fantástico, pero debemos de estar tranquilos, mantener la concentración y llegar lo más alto posible en la liga regular para tener el factor pista en los Playoffs y poder llegar a la Final Four. Sabemos que todo es diferente cuando se llega a la Final Four, pero antes debemos de estar concentrados, ir cogiendo ritmo y confiar los unos en los otros”, afirma.

La paciencia, la concentración y la confianza han sido durante años las auténticas claves del éxito que permitieron a un chico de Filadelfia crecer y llegar a triunfar al otro lado del Bósforo. Brad Wanamaker aprendió que no hay camino extraño ni largo, sino pasos necesarios para llegar al destino soñado… Él siente que cada día está más cerca del suyo.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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