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Pau Ribas: 480 noches y un anhelo
Del 26 de octubre de 2016 al pasado domingo 18 de febrero. 481 días y 480 noches que se hicieron largas, especialmente en los primeros 11 meses. De muletas y paciencia, de miedos y esfuerzo. De una lesión a la gloria

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Redacción, 21 Feb. 2018.- Pau Ribas se abrazó con Víctor Claver nada más sonar el bocinazo final. Su FC Barcelona Lassa era campeón de la Copa del Rey y él, en ese momento más que en todo el torneo, más que en toda la temporada, recordó cuánto había deseado desde el 26 de octubre de 2016 un momento como ese. Todo había merecido la pena.

Han pasado ya casi 16 meses. Aquella temporada 2016-17 había empezado tan solo unas semanas antes y su equipo jugaba en Belgrado contra el Estrella Roja. Durante unos segundos, el ruido infernal del Kombank Arena se detuvo cuando el barcelonista cayó de repente al suelo. Como confesó después en una entrevista para Sport, en ese instante supo perfectamente que tardaría mucho tiempo en volver a pisar una pista de básquet. "Supe que me había roto. Fue como si alguien te da un disparo desde atrás, te giras y no hay nadie. Supe que era el tendón de Aquiles. Cuando llegaron los médicos, me preguntaron por el tobillo y les dije que trajeran la camilla, ya que el tendón se había ido de vacaciones".

Foto: Eurolegue/Getty


"Lo peor fueron los 15 minutos después. Ahí me di cuenta que no iba a volver a jugar esta temporada. Después pude relajarme pero vi la cara de los fisios asustados... Es curioso que estaban casi más jodidos que yo", añadió el de Badalona. Su equipo, esa misma noche, confirmó su lesión en el talón de Aquiles de su pie izquierdo, a falta aún de saber un diagnóstico a su regreso. No tardó en llegar: 9 meses de baja.

Todo el mundo del baloncesto se volcó con él. Compañeros, rivales, seguidores del Barça Lassa, de la Selección Española, del Baskonia, de la Penya, del Valencia Basket, de otros equipos. El apoyo fue tal que el jugador, en un simbólico tuit, hizo ver que, para él, el apoyo y cariño recibido por amigos, compañeros de equipo y aficionados, estaba aún por encima del dolor de la lesión.




En ese momento comenzó una carrera silenciosa, lejos de los focos. Un recorrido lleno de plazos, esperanzas y bajones, días de dormir con incertidumbre y otro lleno de esperanza. Una carrera de fondo, repletas de pequeñas victorias. Del primer día con muletas al primer día sin muletas. Del primer día andando al primero trotando. Del primer tiro al primer entrenamiento. Y cuántas cosas entre medias.

Días de ver relajado Merlí en TV3, tumbado en la cama. Otros de sufrir con su equipo, primero por la tele, luego de forma presencial, sin poder jugar y con una mala racha de su equipo para hacerlo más complicado, con un único mandamiento: recuperarse bien y comenzar la temporada siguiente lo mejor posible. El calendario a cámara lenta, las semanas que no avanzaban. En una entrevista en mayo en Barça TV, en la recta final de su recuperación, Ribas reconoció no haber vivido una lesión así de grave. "Siempre fui positivo y sabía que esos momentos vividos sirven para el futuro, no solo para el baloncesto sino para la vida".

Los resultados tampoco mejoraban su situación. "Desde fuera intentas ayudar lo que puedes, pero no es lo mismo. No sabes qué decir porque no estás jugando". Eso sí, la dimensión del básquet cambió para un jugador, tras tantos años observándolo solo desde el parqué. "Ves cosas desde otra perspectiva que no valoras cuando estás jugando. Desde entonces, un mal momento de juego es gloria si lo comparamos con la gravedad de una lesión".





Lo que más costó, curiosamente, fue mantener la calma después del primer entrenamiento con balón. "Hasta ese momento, estuve tranquilo y paciente. Sin embargo, nada más coger la pelota sí que he empezado a ser más impaciente", confesaba entre risas. Tras 119 largos días, por fin pudo tirar. ¡Nada más y nada menos que 300 balones!

"Estoy más fuerte de piernas que nunca", bromeaba cuando ya se veía la luz al final del túnel, tras tanto entrenamiento específico para fortalecer el tren inferior. Ribas, incluso, viajaba con el equipo, empezaba a entrenar en solitario y seguía descontando días en esa cuenta atrás iniciada en octubre.



Su gran incentivo, además, la llamada de un Scariolo que estuvo en contacto con él durante toda su lesión. El seleccionador le llamó para la primera convocatoria de España, para una concentración en julio en la localidad malagueña de Benahavís, algo que aumentó su moral, su deseo... y hasta su impaciencia por estar ya ahí, con el resto de sus compañeros. "Ha sido un periodo largo de recuperación, llevo ya un mes entrenando con contacto. Es un pasito más, entrenar con jugadores de primer nivel y con más sesiones seguidas. La verdad es que estoy contento de cómo está respondiendo el tendón, el cuerpo en general. Poco a poco", aseguraba.

"He hablado con el seleccionador durante todo el año, quería saber cómo estaba y cómo evolucionaba mi lesión", confirmó. "Surgió la oportunidad de venir a Benahavís a ayudar al equipo, sobre todo porque es un equipo joven. Y además, a mí me viene bien para coger ritmo, mi principal objetivo, así que muy contento de estar aquí", aseguró un 17 de julio, el mismo día en el que puso en sus redes sociales el mensaje más esperado: "Adiós lesión... hola, baloncesto".


Adiós Lesión 👋🏻👋🏻👋🏻 Hola Baloncesto 🏀🏀🏀 #altamedica

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Sin embargo, cuatro días más tarde, Pau Ribas volvió a ser actualidad. Otro golpe de mala suerte. Otra lesión. Durante un entrenamiento con la selección, sufría una rotura parcial del ligamento lateral interno de la rodilla izquierda. Dos meses más de lesión y fin a la concentración con la Selección Española. En ese momento, con todos sus seguidores lamentando el infortunio, él los tranquilizó con un punto de vista muy diferente: "Que por pura mala suerte alguien te caiga encima y te lesiones, es duro. Pero sentir que tu lesión de 9 meses está superada, no tiene precio".

Hubo que esperar un par de meses más para verle en acción por fin. Un 24 de septiembre, 11 meses después de aquella lesión en Belgrado, Ribas volvió a sentirse jugador de baloncesto en un amistoso contra UCAM Murcia disputado en Platja d'Aro. El último de la pretemporada blaugrana. No anotó... ¿acaso importaban los números? Pau Ribas había vuelto. "Tras mucho tiempo sin jugar, necesitaba estos minutos. Con el entrenador creíamos quera un buen momento. Me falta muchísimo ritmo, aunque me sentí muy bien en pista y contento de estar a punto para el inicio liguero".





"La recaída fue dura, una recuperación de 9 meses y otra de 2, un palo duro. Sin embargo, esto es el deporte y estoy contento de volver a ser jugador. Espero que la temporada sea muy larga para mí y para el equipo", aseguró tras el encuentro.

Aún así, parecía que le quedaba aún más camino para poder debutar en la primera jornada liguera, como sentenció el mismo Sito Alonso a dos días del estreno de lat emporada. "No queremos que recaiga de su lesión y hasta que no esté perfectamente, como en el caso de otros lesionados, no jugará. Sin embargo, lo que le falta a nivel físico lo suple con conocimiento". Tras esas declaraciones del miércoles, el viernes ya estaba jugando. Y decidiendo.




Menudo debut liguero. Cualquier gesto iba a parecerle un triunfo, tras tanto tiempo deseando volver a pisar un partido en la élite. Su primera canasta, un triple desde la esquina para adelantar a su equipo. Finalmente, fue el héroe de la remontada contra Baskonia, merced a 11 puntos, 4 rebotes, 3 asistencias y 15 de valoración, con +20 para los suyos mientras él estuvo en pista. "Las emociones que tenía te ayudan a empujar al equipo. Después de once meses, les había echado de menos y espero que ellos a mí también. En este partido me lo han demostrado desde que he saltado a la pista, durante la presentación. Con muchas emociones, pero tienes que controlarlas para poder ayudarles".

A lo largo de este curso, de menos a más, y con especial buen rendimiento justo en las dos semanas previas a la disputa de la Copa del Rey, Ribas se olvidó del todo de su lesión a base de triples, siendo al mismo tiempo un Top15 en Liga Endesa tanto en número de canastas de tres puntos (14º, con 1,78) como en porcentaje (13º, con 42,7%).



Durante esta Copa del Rey, su trayectoria fue ascendente, especialmente en el plano anotador. En el primer partido, contra Baskonia, 9 puntos, con 8 asistencias de guinda. Al segundo, frente al anfitrión Herbalife Gran Canaria, 12. En el tercero, la finalísima contra el Real Madrid, 21, anotando en momentos decisivos y siendo el principal referente del equipo en el plano anotador, ayudando al despegue barcelonista.

Diez años después, en el aniversario de su gesta con el Joventut, otra vez campeón de Copa. El abrazo esperado, la celebración anhelada, el torneo soñado. En total, una media de 14 puntos y 17,3 de valoración por partido, algo que cierre del todo esa lesión, de la que se acordó en plena celebración, en las cámaras de Movistar+: "Todo el mundo que haya esado lesionado un año, entenderá lo que se siente". 481 días más tarde, con sus 480 noches y sus 480 despertares deseándolo, Pau Ribas entierra su herida. De la lesión a la Copa hubo un largo camino.

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