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El viaje de ‘Calde’
Esta es la historia de cómo un chico de 13 años salió de un pequeño pueblo extremeño para vivir un sueño, de cómo un niño con deseos por jugar a baloncesto se hizo profesional, y de cómo un jugador se convirtió en estrella… esta es la historia de José Manuel Calderón

Redacción, 6 Jun. 2018.- Los recuerdos naufragan en el mar del tiempo, muchos son arrastrados por las mareas del olvido y solo unos pocos flotan en la memoria a lo largo de los años. Son fragmentos de las historias personales que cargan con un peso emocional y un significado que les hacen perdurar por más que se quiebre la mirada. Muchos de ellos se agarran a la efímera memoria que traza retales visuales y emocionales de las circunstancias en las que se produjeron, los más afortunados, además, cuentan con un soporte material que confirman que no son un vago recuerdo o una construcción imaginaria.
(ACB Photo)


Para José Manuel Calderón el recuerdo del baloncesto en su vida se difumina con el día a día que marcó su infancia. Ligado a él por la pasión de su padre (jugador del Doncel La Serena), el pequeño José Manuel creció dando botes al balón en el patio de su casa, llegando tarde a clase por apurar un último lanzamiento antes de coger los libros o trasnochando en el pabellón donde veía a su padre jugar. Recuerdos imborrables que configuran el desarrollo de una pasión. Pero entre esos recuerdos hay uno especial: una foto junto a los americanos Essie Hollis, Terry White y Josean Querejeta el día en el que el Caja Álava (el actual Baskonia) ganó su primer título nacional en Villanueva de la Serena.

Además del valor simbólico de la foto, ésta guarda una muestra más de como el universo juega con el destino de las personas y, 10 años después, aquel jugador que posaba con un niño de tres años le fichó para comenzar hacer realidad el sueño de Calderón. Sólo era un cadete, pero José Manuel tenía que tomar una decisión. Antes sus padres consultaron a amigos, profesores y psicólogos para tener la certeza de acertar con la elección. Sopesados los inconvenientes del reto, la ilusión de pelear por su sueño alentó los ánimos de Calderón y su maleta rumbo a Vitoria se llenó de esperanzas y objetivos. “Era un chico normal, de un pueblo pequeño como es Villanueva de la Serena y viví el momento con las sensaciones normales de un niño de 13 años al que le dicen sus padres que si se quiere ir a jugar al baloncesto al TAU Cerámica. Estaba encantado y dije sí, sin pensar en las consecuencias o qué podía pasar más allá. Fue complicado, principalmente el primer año, porque no había salido mucho y me iba a 800 kilómetros de mi casa para vivir una experiencia que podía salir bien o mal. En esas edad no lo piensas, sé que mis padres tomaron la decisión preguntando a mucha gente, desde psicólogos a entrenadores, para saber qué decisión tomar”, relata Calderón.

Ganarse los minutos en el TAU Cerámica no resultó fácil y José Manuel tuvo que emprender el camino de otros tantos jugadores y foguearse en cesiones y categorías inferiores del baloncesto. Así, Alicante y Fuenlabrada, moldearon el talento de un jugador que fue domando con su juego aquellas primeras críticas que no le veían como un base. Su potente físico distorsionaba el que muchos le vieran como director de juego, pero él no cejó en su empeño y fue configurándose como un base capaz de ser el líder que todo equipo requiere. Esos días guardaron también el instante que toda joven promesa no olvida y le acompaña durante su vida profesional: su debut. “Alguna vez subí con el primer equipo del TAU, pero sin llegar a debutar y recuerdo estar en Alicante, después de haber subido con el equipo en un año que fue increíble jugando de base titular, y jugar contra el Cáceres, que es el equipo de donde vengo. Es uno de esos partidos que se te quedan siempre en la memoria”, recuerda. Pagados los peajes que la alta competición exige, en Vitoria cincelaron a un jugador cuya progresión no parecía tener límite cuando en la temporada 2004-05 se convirtió en figura clave para que el TAU Cerámica fuera subcampeón de Euroliga y liga ACB. Esa temporada para Calderón guardaría además el recuerdo de dos tiros que pudieron cambiar su historia: el primero hubiera evitado la remontada imposible del Real Madrid en liga y hubiera clasificado a España para la final del Eurobasket de 2005.

Pero si algo entendió la carrera de Calderón fue de tropiezos y de volver a comenzar. Había perdido dos grandes oportunidades, pero ante sí se abría la gran puerta de la NBA y un nuevo futuro le esperaba. Nuevamente el nómada de la canasta debía hacer las maletas para perseguir su sueño.
(Foto EFE)


VIVIR EL SUEÑO

En 2005 fichó por los Raptors y Toronto se convirtió en el primer hogar de un sueño del que nunca olvidará su primer recuerdo y también el mejor: “El debut y el creerme ser jugador NBA es en sí el momento de más felicidad en estos años”, confiesa. Por suerte, su trayectoria deportiva le ha ido viviendo muchos días importantes “como cuando ganamos la División o ganamos el primer partido de Playoff, e incluso los partidos que vivo ahora son emocionantes porque significan llegar a una final de la NBA y disfrutar de ello”, señala José Manuel Calderón.

En Toronto terminó de hacerse como jugador, pasó de ser un base suplente a referente de la franquicia y soñó con el All-Star en 2008. Él siempre se ha mostrado sereno al recordar aquellas fechas donde muchos analistas creyeron que merecían formar parte de ese elenco de privilegiados y el no verse finalmente en ese listado no le decepción. Más allá de estar o no en el fin de las semanas de las estrellas, aquel año certificó el crecimiento global de un jugador que fue puliendo detalles de su juego para ser el base que siempre quiso ser y ganar la fiabilidad en el tiro que tanto se le achacó cuando llegó a la liga. Fue tal el esfuerzo aplicado a la tarea que Calderón pasó de ser un discreto lanzador, a tener el récord de tiros libres en una temporada (98,1%) y ganarse una fama de gran triplista.

Incluso durante años su nombre también sonó para participar en concurso de triples, fueron años donde Detroit, Dallas o Nueva York configuraron una etapa profesional de altibajos. Durante un tiempo Calderón anheló ser libre y poder elegir su destino, pero cuando lo hizo éste duró poco y Dallas Mavericks lo envió en 2014 a Nueva York. José quería el anillo, sentía que Dallas era una franquicia que podía pelear por él, pero las reglas de la NBA son implacables y los jugadores son valiosas mercancías que viajan de destino a destino según las fluctuaciones del mercado deportivo. “Es verdad que fue un poco feo el momento y las formas porque estaba muy contento. Yo creo que incluso ellos, por lo que he hablado con ellos después, se arrepintieron también de haberlo hechos. Creo que fue más forzado de hacerlo por la necesidad que ellos tenían de fichar a un ‘cinco’ y pensaba que en aquel momento era más fácil encontrar a un base que a un pívot y por eso querían a Chandler de vuelta. Al final desde que me fui ellos quizá no han tenido un base sólido durante tantos años seguidos. Tengo la sensación que me podía haber quedado allí un par de años y haber hecho cosas interesantes”, cuenta.
(Foto EFE)


Por delante quedó una larga travesía en el desierto competitivo con unos Knicks que nunca acabaron de reconstruirse y un año muy complicado en Los Angeles Lakers y Atlanta Hawks. Calderón era ya por entonces un base maduro de esos que la NBA les ofrece dos caminos: ayudar a reconstruir franquicias aportando experiencia a jóvenes jugadores o pelear por títulos en grandes equipos, pero a sabiendas que los minutos serán escasos. “No fue una decepción porque para mí nunca lo fue, sino objetivos diferentes. Puede ser como en España y estar en un equipo que juegue en Europa, en otro que luche por la salvación o por meterse en el Playoff. Aquí es cierto que es diferente el tema de la reconstrucción. Son diferentes conceptos, diferentes estilos pero he disfrutado y he aprendido mucho como jugador en esos equipos”, señala el base extremeño.

Uno no elige cuándo le pasan las cosas y si durante años el destino le fue adverso en su deseo competitivo, éste le abrió de manera inesperada una puerta cuando, a mitad de la temporada 2016-17, Golden State Warriors le ofreció un contrato. El mejor equipo de los últimos años era la mejor opción de pelear por el anillo y durante unas horas fue jugador de la franquicia californiana. Sin embargo, una vez más una lesión marcó su destino. Al igual que lo hizo cuando se lesionó y no pudo jugar el Mundial Júnior de 1999 o cuando la lesión de Raül López le permitió debutar con España en el Mundial 2002, el infortunio propio o ajeno transmutó la realidad de José Manuel Calderón. Y así la desdichada caía de Zaza Pachulia sobre Kevin Durant y la lesión de este obligó a los Warriors a cortar a Calderón horas después de su compromiso y hoy sólo queda de aquella historia una breve aparición en el grupo de Whattsapp del equipo y varias camisetas con su número y nombre. Pese al duro revés del instante, Calderón confiesa que “nunca le di muchas vueltas porque es algo que no pude controlar. Fueron días de estrés porque tienes todo casi preparado para mover a tu familia a otra ciudad y luego no pasa de un día para otro. Pero realmente es algo que pasa y que puede suceder en cualquier momento y que está fuera de tu alcance. No fue porque era mejor o peor jugador, sino por una lesión de un alero y que cambió su planteamiento”.

Con 36 años no cabía la opción de la tristeza o el reproche, ni siquiera cuando la franquicia finalmente no hizo válida la opción de entregarle un anillo como legítimo integrante del equipo. Él nunca lo hubiera reconocido como tal pero tener el objeto en casa reconoce que hubiera dado validez a la historia que sin duda contará cuando sea mayor y los nietos le pregunten por sus años de gloria.
(Foto EFE)


LA ÚLTIMA FRONTERA

José Manuel Calderón siempre ha querido ganarse en la pista todo lo que ha conseguido. No entiende de regalos y por eso se ha labrado una fama en la liga de gran compañero y gran jugador. Notoriedad que, además, siempre le convirtió en el tipo de jugador que todo entrenador desea tener a su lado. En sus años de Toronto incluso cedió la titularidad que se había ganado en la pista para que T.J. Ford se sintiera cómodo y el equipo pudiera rendir más; noble gesto que es una rareza dentro de una liga llena de egos sobredimensionados por el dinero y la popularidad. Pero como no hay esfuerzo ni gesto que cae en saco roto, todos los méritos que construyó Calderón durante muchas temporadas tuvieron su recompensa cuando ficho en el verano de 2017 por Cleveland Cavaliers. Nuevamente estaba en un equipo con aspiraciones, sabía que su rol cambiaría totalmente, que los minutos y la relevancia caería, pero tener la oportunidad de jugar una final y pelear por el anillo hacía valer cualquier sacrificio.

Y así comenzó un camino que como el personal, ha sido de todo, menos fácil. Cleveland Cavaliers se tuvo que reconstruir dos veces en pocos meses y durante mucho tiempo nadie hubiera creído que pudieran alcanzar la final de la NBA. Fueron meses con turbulencias donde la salida de Kyrie Irving, Isiah Thomas, Derrick Rose o Dwayne Wade desmembró al equipo y le obligó a recomponerse para lograr un pequeño milagro. “Ha sido un año difícil, pero muy interesante porque ir superando acontecimientos, jugar muchos partidos, tener que ganar muchos partidos para estar al final en Playoffs y luchar por el cuarto puesto nos ha hecho avanzar en Playoffs porque nos ha hechos ser fuertes mentalmente. Haber pasado por malos momentos como lesiones o traspasos, más lesiones, diferentes alineaciones cada partido hizo que haya sido un año interesante y por eso da más felicidad estar en esta situación”, No ha resultado fácil el camino, sobre todo, cuando en febrero se tuvo casi que volver a comenzar de cero y llevar en un tiempo récord la misión de volver a crear el sentimiento de equipo dentro y fuera de la pista. Tarea sólo posible “jugando en equipo, intentando ayudar a todos dentro y fuera de la cancha, y comunicándote con tus compañeros. Nos dimos cuenta que ese primer equipo después del traspaso de Irving no iba a funcionar y cuando llegó el momento de los traspasos, la franquicia pensó que era lo mejor. A partir de ahí hubo mucho entrenamiento y poner más hincapié en los partidos, y recuperar para que los jugadores estuvieran sanos de cara al tramo final”, indica el jugador.
(Foto: EFE)


Durante ese tiempo, Calderón aprovechó las circunstancias para hacer lo que mejor se le da y aportó estabilidad al equipo desde la sobriedad de su juego. Los piropos a veces tienen el riesgo de caer en la subjetividad, pero estos tienen todo el sentido cuando se sustentan en hecho cuantitativos y nada mejor para corroborar el valor de Calderón en Cleveland como el récord del equipo de 28 victorias y 9 derrotas cuando jugó 14 o más minutos. Cuando no jugó o estuvo menos de 14 minutos, los Cavaliers obtuvieron un registro perdedor en liga regular de 22-23. “En algunos partidos es suerte y en otros mucho trabajo”, sonríe. Pese a lo notorio del dato, el prefiere centrarse en su trabajo e “intentar que todos mis compañeros jueguen en equipo, que todo el mundo esté involucrado y feliz en la cancha”. Sabedor de sus características y la realidad del equipo, José Manuel se marcó el objetivo este años de “intentar pelear cada balón, defender como sea y ayudar a mis compañeros y contagiar esa intensidad. Tenía claro que cada oportunidad podía ser la última y así me lo he tomado. Era salir y pensar: ‘aquí vamos’. Defender, pasar, tirar… he hecho lo que necesitaba el equipo y unos días podía salir mejor o peor, pero al menos intentaba contagiar a mis compañeros de ganar cada día o que cada jugada fuera importante”.

Su trabajo no cayó en saco roto y fue elogiado por compañeros de equipo y leyendas de este deporte como Wade o LeBron James. “Para mí significa mucho porque ese respeto que han dicho sobre mí lo tienen también sobre el baloncesto español y es el que hemos ido ganando, sobre todo, en muchas competiciones olímpicas”, señala un jugador cuyo bagaje profesional es la mejor carta de presentación en la NBA: “Son muchos años en la liga, la gente sabe lo que puedo hacer, lo que no puedo hacer y la gente está muy contenta conmigo como profesional y compañero de equipo. Eso muchas veces está muy bien visto. Además, al final saben que salgo a competir y que salgo a dar el 200% y yo creo que cuando lo das todo por tu equipo y tus compañeros es normal que la gente pueda hablar bien de ti. No digo que hablen bien cuando metes 20 puntos o 30, al revés, creo que lo importante es cuando dicen esos cumplidos cuando no eres el jugador más importante por eso me tomo esas palabras con mucho más cariño”.

Ahora disfruta del momento de las finales, sabe que el objetivo es el más ambicioso pero también el más complejo de conseguir por eso, en el tramo final de su carrera, relativiza el sentido del éxito. “Estoy contento y feliz porque siempre he dado el máximo. Ha habido años en los que han salido bien las cosas y años en los que no tan bien. Ha habido éxitos y también derrotas porque no se pueda ganar siempre y hay gente que tiene la suerte de estar en grandísimos equipos y ganar, y otros que te cuesta más y sufres. A veces cuando ganas menos resulta más satisfactorio por todo el trabajo que pones pero estar aquí tantos años no es fácil. Tuve un sueño que es ganar el anillo y este año estoy cerca y lo estoy disfrutando. He pasado por todo tipos de equipo y a veces puede costar más o menos, tu tomas decisiones o no y eso es lo que cuesta en la NBA. En ocasiones hay equipos que ganan tres anillos y es cuestión de estar o no estar ahí. Un primer paso ya está dado que es estar en unas Finales de NBA, también he estado en una final de Euroliga, en una en una final de Juegos Olímpicos que he perdido, pero he ganado un mundial y Eurobasket… He ganado y perdido títulos pero estoy contento de cómo ha ido mi carrera y de poder disfrutar y dar el máximo. Esa es la clave y por eso estoy feliz”, concluye.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

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