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La nueva vida de Greg Oden
Joven promesa, número uno del draft y jugador retirado antes de tiempo. La vida de Greg Oden ha quemado muchas etapas con inusitada celeridad. Con 30 años ha vivido muchas vidas (algunas buenas y otras malas) y ahora se dispone a comenzar otra… aunque todavía con el balón de baloncesto de por medio

Redacción, 11 Ago. 2018.- Una única vida puede contener a su vez muchas vidas. Los procesos vitales, los ciclos emocionales o las circunstancias que la envuelven la convierte en una especie de cebolla con diferentes capas, diferentes etapas. En más ocasiones de las deseadas las personas sólo perciben esta realidad en avanzada edad, cuando las experiencias (las buenas y las malas) se acumulan como piedras en una mochila. Sin embargo, el destino acelera sus jugadas sobre algunos y antes de lo normal advierten lo volátil que es la realidad y cuan cambiante puede ser una misma vida.

Este es el caso de Greg Oden, un niño cuyo físico le predestinó al baloncesto, un adolescente con un talento que le hizo ser famoso antes de tiempo, pero un jugador jubilado apresuradamente. En el verano de 2007 tenía el mundo a sus pies tras ser elegido número 1 del draft, pero una década después esa vida maravillosa que se le abría se ha esfumado y ahora vuelve a la casilla de salida, a la universidad de Ohio State.

Tras una efímera carrera NBA (sólo disputó 105 partidos), Oden tuvo un breve paso por el baloncesto chino antes de colgar las botas definitivamente y regresar a la universidad para terminar sus estudios de Sports Industry e incorporarse a la estructura deportiva del equipo de baloncesto como Student Assistant Coach. Casado y con una preciosa hija de la que presume, Oden no mira hacia atrás, no renuncia a lo que fue, pero se siente feliz con el momento por el que atraviesa. “Estoy contento de cómo me están yendo las cosas”, nos dice durante la visita que su universidad realizó a Valencia en un tour español gestionado por Gerard Solé y la empresa Anthony Travel.

“Cuando sentía que mi carrera deportiva había terminado, comprendí que tenía que comenzar un nuevo capítulo en mi vida y decidí regresar a la universidad para remprender mis estudios”. Allí surgió la oportunidad de colaborar con el equipo donde fue un ídolo recientemente y él quiso devolver el afecto recibido con su experiencia y conocimiento deportivo. Sobre su aporte al grupo universitario, Oden tiene claro que “soy una especie de mentor. En la pista puedo aportar cosas a los hombres grandes, pero también fuera puedo ayudar a los chicos en la mentalidad que hay que tener para saber administrar muchas cosas que rodean al baloncesto”. “En un momento de mi carrera incluso llegué a ser bastante bueno”, nos dice con una sonrisa, “por lo que mi trabajo en pista sobre todo se centra en los hombres grandes, intento ayudarles en sus movimientos, en aspectos de su defensa y cómo atacar".

Él conoce bien las dos caras del baloncesto: la brillante donde todos te sonríen al pasar y el dinero llama a tu puerta, pero también la más oscura la de las lesiones. Quizá por ello uno de los primeros consejos que se apura a dar a la nueva camada de Buckeyes. “Les diría que no paren de trabajar, que tiren mucho a canasta y que, sobre todo, disfruten jugando. Ahora no tienen que pensar demasiado, sólo tienen que disfrutar”, cuenta. Él mismo está en esa fase de goce después de una mala época. Ahora Oden disfruta de pequeños placeres como una buena paella, picarse con sus jóvenes jugadores en los entrenamientos y viviendo una transición personal y profesional que le debe llevar a su segunda vida.

De la primera le queda un buen colchón económico (algunas fuentes americanas hablan de más de 24 millones de dólares), reconocimiento profesional y un gran cariño en el entorno universitario. Éste último se nota desde la distancia pues es la figura que más fotos reclama antes de los partidos allí donde va.

Oden es un hombre feliz por lo que dicen sus palabras, pero también por sus gestos. De fácil sonrisa y trato cordial incluso los recuerdos de su etapa como jugador se tiñen de cosas positivas. En él no hay rastro de decepción por lo que pudo ser y no fue. En 2007 ganó a Kevin Durant el debate sobre quién debía ser número 1, pero ahora sólo tiene palabras de elogio al que ha sido MVP de la liga y dos veces MVP de las Finales. “KD es un jugador increíble y estoy contento porque haya sido dos veces MVP de las Finales. Se lo ha merecido porque ha trabajado muy duro para conseguirlo. ¿Qué más se puede decir de él? Es un gran jugador y me alegro por él… ¡incluso llevo sus zapatillas!”, bromea mostrándonos el último modelo que llevan la marca del jugador de los Warriors.

De aquel draft también es Marc Gasol un pívot como él de los clásicos que gusta fajarse en la zona y brilla por sus movimientos cerca del aro. “Me encanta Marc Gasol. Juega junto a uno de mis mejores amigos que es Mike Conley. Le he visto jugar muchas veces y es fantástico. Espero que esta temporada pueda estar sano y Memphis haga un buen año”, dice. Aunque no coincidió con él en Portland, Oden también sabe que está en la tierra de Claver y nos recuerda con una sonrisa “si lo ven, denle recuerdos. Es mi hermano de Portland”.

El ex jugador sin duda que sabe ganarse al público y seguro que sería un excelente relaciones pública. Durante su visita se muestra fascinado con L’Alqueria del Basket y si le explica el proyecto de nuevo pabellón que hay planeado, y cuando se le pregunta por si valencia podría albergar partidos NBA en el futuro, él lo tiene claro: “¡Por supuesto!”, exclama. “¿Por qué no iban a haber partidos NBA aquí? Sobre todo, si hay aficionados a la NBA. Si en Valencia a la gente le gusta el baloncesto por qué no va a haber partidos NBA aquí. La ciudad tiene instalaciones y da facilidades a los equipos NBA para que puedan venir”.
(ACB Photo)


El nuevo paradigma

Todavía con sus recuerdos deportivos muy calientes, Greg Oden es sin duda una opinión perfecta para hablar de muchos de los temas que hay en el debate actual de la liga. Uno de los que siempre salen en verano es sobre la edad correcta para dar el paso al profesionalismo. Él mismo fue un caso de precocidad ya que sólo estuvo un año en Ohio State antes de jugar en la NBA. La idoneidad de formar técnica, táctica, pero también físicamente es el argumento que se esgrime desde las atalayas convencionales que apuestan por largos ciclos universitarios. Empero, Oden cree que “si un jugador es lo suficientemente bueno debe de jugar con los mejores. No todos los chicos de 18 son maduros, pero algunos sí lo son y pueden tener una carrera exitosa llegando desde el instituto”.

Preguntado sobre otro pívot número uno del draft como Deandre Ayton, cree que “Es muy bueno. Es alto, fuerte, tiene muy buenos movimientos de pies, sabe cuándo pasar el balón fuera… parece que es un buen compañero. Ahora es bastante bueno, pero creo que va a mejorar muchos en los próximos años y va a ser mejor jugador en Phoenix”. En los tiempos modernos por los que atraviesa el baloncesto casi es una rareza lo ocurrido en este draft donde los hombres altos han dominado las posiciones principales de la lotería y Oden sólo tiene buenas palabras para los Marvin Bagley, Mo Bamba o Wendell Carter Jr.. “Todos ellos son pívots que pueden hacer muchas cosas: pueden tirar, driblar, hace de bases y a la vez ser pívots que protegen el aro en defensa. Creo que los pívots que van a llegar a la liga van a ser realmente buenos”, afirma.

Sobre la tendencia actual hacia el small ball y a ver como los interiores salen fuera a tirar trples, Greg Oden asume que “los tiempos están cambiando mucho desde que yo llegué a la NBA hasta hoy en día. Los pívots se suponen que tienen que estar cerca de la canasta y ahora se pasan más tiempo lejos de ella. Joel Embid es un ejemplo de ello. Es un chico realmente bueno que puede hacer de todo. Ahora los pívots que hacen tantas cosas pueden llegar a ser Hall of Famers. Él no tuvo tiempo de vivir plenamente esa transición por lo que es una duda el saber cómo su juego clásico se hubiera adaptado a esta nueva era aunque él no duda que podría hacerlo si sus rodillas lo hubieran permitido. “ya volví a la NBA en su día (la temporada 2013-14 la disputó con Miami Heat perdiendo las Finales contra los Spurs) y creo que, si mis rodillas me dejaran, hubiera mejorado mi tiro para ser capaz de jugar en esta nueva NBA… pero eso nunca lo sabremos”.

Eso es cierto, pero a él no le lleva más tiempo del necesario pensar en hipótesis que nunca se harán realidad. Sabe que su tiempo en la pista pasó y que se encuentra inmerso “en el proceso de cambio entre ser jugador y entrenador” por lo que todavía no tiene muy claro hacia dónde se dirigirán sus próximos pasos. Puede que haga carrera como entrenador, tal vez su carisma le haga ser comentarista deportivo o puede que simplemente de uso a sus estudios y se introduzca en la industria del deporte y la gestión deportiva. “No tengo ni idea”, asegura. “Cualquiera de esas opciones son increíbles, pero ahora estoy centrado en mi licenciatura y veremos qué será lo siguiente”. Hace tiempo que a Greg Oden no le preocupa alzar en demasía la mirada para ver un futuro que siempre es incierto. Descubrió de la peor forma posible, a través de una desgracia, lo volátil que es el éxito y la felicidad, por lo que ahora simplemente disfruta con un presente que le ilusiona como un día lo hizo el baloncesto.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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