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Marta Xargay: La Chica Maravilla
De la niña que colgó las zapatillas de ballet, de la joven que asombró al mundo con su baloncesto total, pero también de la mujer que superó sus dudas y de la que sueña con el futuro. Esta es la historia de Marta Xargay

Redacción, 05 Sep.2018.- El sol se pone y por la puerta entra una niña corriendo. “Mamá, quiero ser basquista, dice prendida por la emoción. Apenas tiene cinco años y ni siquiera saber pronunciarlo bien, pero la pequeña Marta tiene claro lo que quiere ser de mayor. Como toda niña vive en un mundo de ilusiones y fantasías, pero las suyas son diferentes a las de los demás. Practica la danza, prueba con la música y se divierte haciendo manualidades… podría soñar con ser artista, pero sabe que sus píes y manos tienen otra función: ella quiere jugar al baloncesto. Sólo los niños tienen esa divina virtud de decir las cosas sin el freno de la corrección y Marta sentía que el gusanillo de jugar al baloncesto crecía cada día. Comenzó como la excusa perfecta para jugar después del colegio con sus amigos y eternizar las tardes. La agenda del día se llenaba con actividades para la pequeña Marta, pero sentía que el tiempo corría de forma diferente cuando, después de pasar la escoba y barrer el cemento del colegio de Vedruna, se ponía a botar el balón. Esa sensación de goce acelera la decisión y va dejando de lado el resto de aficiones. Por cierto, no le pregunten si alguna de ellas le ayudó en su juego porque ella responderá rápida y claramente: “Para nada, jajaja” suelta una sentida carcajada. Viéndola jugar y sabiendo como se mueve en el poste bajo uno pensaría que su juego de pies tiene algo de bailarina, pero ella insiste: “Ni eso”, se ríe.
El baloncesto siempre formó parte de la vida de Marta (Foto: Marta Xargay)


“El ballet era porque mi madre quería, a mí no me gustaba mucho y fue un: ‘lo siento mamá, pero no es lo mío’. Luego hubo unos años que estaba con la música: toqué el contrabajo, el fagot… bueno, pasé por todos los instrumentos raros que había”, recuerda. Desde entonces no hay un día en el que se haya arrepentido de su decisión y eso que los comienzos no fueron fáciles. Jugaba en un equipo mixto y ya se sabe que los niños nunca fueron de compartir mucho el balón. Tardó en convencerles de que ella valía para meter canastas, pero no olvidará jamás el día en el que lo hizo. “No sé si se dieron cuenta de que jugaba bien o fue una casualidad, pero me acuerdo perfectamente jugar un sábado en el colegio Mas Mitjà y, de repente, en ese encuentro empezaron a pasarme el balón y fue como: ‘mira, no se me da tan mal’. Ganamos y ese fue el primer día que empezamos a jugar chicas y chicos juntos porque antes era solo chicos… y las chicas de vez en cuando”.

La primera vez nunca se olvida y aquel sábado es el primer recuerdo de muchos fines de semana donde la sonrisa de jugar al baloncesto era el alimento de sus ilusiones. Una flor no hace primavera, pero aquel primer destello adelantará el brillo de una carrera que germina sin el apabullante físico con el que luego marcó la diferencia. “Hasta infantil era de las bajitas. En la selección catalana era la segunda más bajita”, señala. “Medía 150 centímetros con un 41 de pie… que no me ha cambiado, ahora tengo un 42. Entonces sólo se veía mi pie”. Lo de ser la pequeña no era algo exclusivo en el baloncesto y, naciendo el 20 diciembre, Marta se ve como la peque de cole. “Era la pequeña en todos los lados”, dice. “Mi madre me ha contado que empecé el cole con tres años y me quedaba dormida en clase. Iba un poco más tarde que los otros, pero el tener una hermana mayor me espabiló antes y mis padres también eran muy activos”. La genética primero y luego las circunstancias de la vida hicieron que Xargay siempre supiera activar su sentido arácnido y espabilar antes de tiempo.



Eso le hace ser una chica lista y una jugadora que empieza a llamar la atención según va quemando etapas en las categorías de formación. Consigue ganar en los campeonatos de España de selecciones en alevín, infantil y cadete; por entonces ya es la estrella que aparece en todos los blocks de notas de los ojeadores nacionales pero en 2007 agota todos los calificativos cuando en el Campeonato de España Júnior es nombrada MVP del campeonato tras ser la máxima anotadora y reboteadora de un torneo donde quedará para la historia la fecha del 19 de mayo de 2007. Ese día Marta Xargay registra una actuación descomunal con 64 puntos de valoración en la semifinal y Don Piso Girona supera al UNI Cajacajanias (69-59). “Creo que tiré 17 tiros libres y 0 triples. Ese partido era de bajar el balón y ponerme a postear”, recuerda. Por entonces, la calidad de Marta con el balón y un físico privilegiado le hace ser una jugadora dominante, capaz de jugar de base, cruzar el campo botando y llegar para postear aprovechando su altura. ¿Abusona? “un poquito”, reconoce con cara de niña buena que confiesa su “delito”. “Pero fue algo muy natural, no recuerdo pensar que me las estaba tirando todas” dice como alegato del día en el que hizo historia… ese donde fue The Amazing Xargay.

Son años frenéticos en la carrera de Marta, se suceden los acontecimientos tanto con su club como con España (es oro con la U16 y plata con la U17), pero entre medias llega un partido que nadie recordará por su resultado, que jamás aparecerá en su curriculum, pero que en casa de los Xargay nunca olvidarán: por primera y única vez se enfrenta a su hermana Txell. “Jugamos un partido en contra y nunca más”, asevera con rotundidad. “Mi madre sufrió más que nunca”. Ambas comenzaron en el mismo colegio, Vedruna, pero la diferencia de edad (Txell es tres años mayor) imposibilitó el duelo hasta que Marta es júnior. Ese día, por suerte para su madre Montse, no hay duelo directo (Marta juega de alero y Txell de pívot), las hermanas no se cruzan en pista y la madre no padece más de la cuenta. “No había rivalidad porque la familia es la familia, pero fuera de la pista sí que hasta ahora mi cuñado, que era el entrenador, lo hablamos”, recuerda. Los piques forman parte de las cenas familiares y en la de los Xargay el nuevo componente, Eric Sulis (actual entrenador del Spar City Lift Girona), tarda poco en recordar los días donde se imponía al equipo de Marta. “Me acuerdo de un día que nos ganó 30 a 150 o algo así… y eso nos lo recuerda día sí y día también.
Una joven Marta (10) junto a sus compañeras de equipo (Foto: Marta Xargay)


UN GRAN PODER CONLLEVA UNA GRAN RESPONSABILIDAD

La carrera de Marta está lanzada, el baloncesto español conoce muchos biotipos de jugadoras, pero ninguno como el suyo. Posee virtuosismo con el balón, pero no le importa pegarse en defensa, lanzarse al parqué para recuperar balones o dejar que otras brillen en beneficio del bien común. “Me gusta pasar desapercibida, no me gusta la atención y soy más feliz haciendo feliz a la gente que me rodea que pensando en mí misma. Es algo que he visto en mi casa, daríamos todo por todos los de alrededor y me gusta cuidar de mi gente”, asevera.

Marta no deja de ser una niña cuando le llega la oportunidad de jugar con el primer equipo de Girona. En su casa y con su gente recibe el honor y la responsabilidad de ser un referente en el ambicioso proyecto que busca ascender a la Liga Femenina. Son muchos los días de gloria que ha vivido, partidos donde su nombre ha levantado exclamaciones entre la grada y donde los ojos se han abierto al ver alguna de sus clásicas puerta atrás y aro pasado, en cambio, en ella permanece el recuerdo de “los inicios de jugar con profesional: el día que te dicen que vas a jugar con el primer equipo o el día que te presentan a la americana, no hablas inglés y no sabes ni cómo comunicarte con ella”, apunta. Hay detalles que son significantes durante muchos años, pero el partido más especial es aquel en el “debuté y estaban mis padres”, confiesa.

La benjamina Xargay sorprende a todos haciéndose un hueco entre las importantes del Uni Girona y es la cuarta jugadora del equipo más valorada en una liga regular donde el equipo cumple con el objetivo de clasificarse para la Fase de Ascenso. No tenía edad legal para conducir coches, pero dirigía al equipo de su casa a la máxima división como un desparpajo y una naturalidad impropias de la edad. “He tenido suerte de estar en el club de mi ciudad y que apostaran por mí. El talento está, pero tienes que demostrarlo en la pista”, reconoce una jugadora que, pese a su naturaleza tímida y humilde, se transforma en la pista siendo una jugadora de increíble desparpajo. “En esa edad ni me daba cuenta de la responsabilidad que podía tener. Creo que ayudó el hecho de jugar libre, tranquila y sin presión. Tienes la presión porque sabes que el club quiere subir, pero estás ahí intentando ayudar al equipo y, sobre todo, disfrutando”. La experiencia no puede salir mejor, el equipo asciende y ella es la MVP de la Fase de Ascenso en Badajoz.
No fue sencillo el inicio dentro del profesionalismo (Foto: Álvaro Paricio)


Ha cumplido el sueño de su vida, sabe que será profesional y jugará con las mejores, aunque lo hará en Salamanca y en el Perfumerías Avenida. El club salmantino es el ávido cazador que atrapa el talento de una Xargay que antes de aterrizar en el profesionalismo tiene tiempo de ser nombrada mejor jugadora del Mundial Júnior. En Tailandia vive una experiencia tan increíble como maravillosa, donde la selección española, entrenada por Lucas Mondelo, comienza el torneo imponiéndose a la todopoderosa selección norteamericana en uno de esos partidos que son imposible de borrar por el resultado, pero también por el surrealista trasfondo que esconde. “Las de mi generación recuerdo que veníamos de ser plata en la U20, la generación de abajo venía de su U18 y nos encontramos en el aeropuerto. Nos fuimos a Tailandia, entrenamos un día, al día siguiente jugamos contra Estados Unidos y estábamos todas: ‘ya verás tú la que nos va a caer aquí, jugamos contra Estados Unidos y no hemos entrenado en todo el verano’… ganamos”, recuerda Marta.

La alero reconoce que son “estas cosas que tiene Lucas… de llegar y ganar”. Ese día anota 21 puntos y Leo Rodríguez añade 23 para tumbar a un equipo donde destaca Skylar Diggins y Nneka Ogwumike. El torneo avanza y España alcanza la final pero ahí Estados Unidos sí que impone su superioridad. “Ahí ya nos pasaron un poco por encima, pero la disfrutamos. Era pensar: ¿Cuántas veces se puede ganar a Estados Unidos? ¿una? Pues ya lo hemos hecho y ahora toca disfrutar. Si podemos ganar genial, pero lo conseguido fue todo un logro. Nadie pensaba llegar a la final del Mundial”. En un torneo plagado de estrellas que hoy dominan el baloncesto y en el que Liz Cambage fue máxima anotadora, el afán de superación y las lecciones de esfuerzo inculcadas en casa convierten a Marta Xargay en un referente mundial.

Todo sonríe en el horizonte de la joven promesa, pero ni la más grande jugadora puede ganar la batalla al tiempo y cuando Marta Xargay llega a Salamanca se da cuenta de la dura realidad que espera a toda joven deportista. Da igual la calidad o el nombre que se tenga, la edad es un muro que debe superarse sin prebendas. La madurez se gana en el baloncesto y en la vida dando pequeños pasos, entendiendo los reveses del entorno y haciendo de la constancia la principal virtud. Atrás quedan los días de brillo y de mimos, en Salamanca Xargay no es la niña prodigio del baloncesto español, simplemente es una más en un equipo plagado de talento. Años atrás recordaba aquel momento asegurando que “desde joven siempre lo tuve fácil, era la importante de las categorías inferiores, pero llegué a Salamanca y era el último mono y nadie te hacía caso”. Ahora, la sabiduría que otorga el tiempo le hace entender esa prueba de madurez que supuso salir de casa persiguiendo su anhelo. “Fue complicado porque, aunque tienes una idea de que puede ser difícil a nivel deportivo yo pensaba que sería porque no jugaría, pero ahí nadie se preocupaba por mí… que es lo que pasa en los equipos profesionales porque eres tú quien se tiene que espabilar”, reconoce. Es inevitable la adaptación al deporte de élite con dobles entrenamientos, pero también a la vida cotidiana, aquella donde hay que sacar tiempo para cocinar y organizar la casa. Con solo 18 años, hoy reconoce que aquella experiencia fue “difícil porque yo no estaba preparada mentalmente para espabilar solita”. Para ayudarla estuvo Isa Sánchez, pieza fundamental para que el puzle emocional y deportivo de Xargay no se desmoronara. Ella es junto a Alba Torrens, una amiga y un reflejo donde seguir viéndose para crecer en el baloncesto. “Tuve la suerte de tener a Isa que me cuidó muchísimo”, confiesa.
Xargay es una jugadora referente dentro de la Selección (Foto: FEB)


Sobre el parqué, Marta sigue bajo el influjo de los éxitos y de Lucas Mondelo. Con Avenida conquista la Euroliga en un histórico triplete en la temporada 2010-11 mientras se abre paso en la Selección. Es la 10 de España, la mujer perfecta aunque la elección de dorsal reconoce que nada tiene que ver con la excelencia de su juego. “Empecé con el 10… casualidad... es un número que me gusta y ahora me siento muy identificada, pero fue casualidades de la vida”. La perfección no existe, pero Xargay muchas veces la roza durante los encuentros. “Ella tiene un equilibrio brutal entre los tangibles y los intangibles. Ella hace buenos tangibles que se ven y están en los números, pero también hace mucho intangible por esa polivalencia, esa capacidad de bajar el balón y repartir asistencias, así como la capacidad de postear desde el alero alto o defender a una pívot tras un cambio defensivo. Eso la convierte en una jugadora muy valiosa”, señala Lucas Mondelo. Su perfil bajo y discreto le hacen eludir los focos, reconoce ser una mala publicista de su valía y durante años esquiva a la prensa con la misma sutileza que se zafa de las rivales sobre el parqué. Pese a ser toda una estrella incluso hoy tiene reminiscencias de la niña tímida que abusaba en el parqué y se sonroja cuando recibe halagos.

En su virtud, Marta encuentra el obstáculo para imitar a los dos referentes de su infancia: Laia Palau y Núria Martínez. Pasan los años y las necesidades de sus equipos le hacen alejarse de la dirección de juego, aunque encasillarle en una posición es como pretender poner puertas al campo… imposible. “Al final lo que quiero es jugar ¡qué más da donde sea!”, señala mientras reconoce que “hay momentos que, aunque esté al dos también tengo algo de base”. La polivalencia de Xargay la hace indispensable en la selección donde se convierte pese a su juventud en un baluarte básico. Son años de crecimiento, pero también de tropiezos y sin sabores como el Eurobasket de 2011 donde a la desgracia de una pronta eliminación se suma los problemas físicos acabando el torneo con un esguince de tobillo y un golpe en la nariz que le obliga a jugar con máscara… la superheroína también sangra.

Sin embargo, no es el dolor físico el que más hace sufrir a la jugadora durante estos años. El éxito nunca baila solo y a éste siempre le acechan enemigos como la crítica, dudas y miedos. Rivales que no se materializan en rostro y cuerpo pero que golpean con más dureza que cualquier adversario. Bien lo sabe Marta Xargay que en su despedida de la Liga Femenina vive uno de los momentos más amargos de su carrera. En Girona pierde la Liga 2014-15 y es pitada allí donde nació. “Me dolió ver el pabellón lleno y que me silbaran en mi ciudad, porque, una cosa es que te piten en el partido y otra es que lo hagan en la presentación cuando dicen tu nombre, en tu ciudad y delante de tu gente. Yo hacía mucho tiempo que no veía Fontajau así de lleno, de hecho, creo que desde la época ACB no lo veía y esperaba otra cosa”, confiesa. Es un momento complicado como jugadora, pero, sobre todo, como persona porque sabe que en el pabellón tiene a su familia y sufre por ellos. “Sufres por ti misma y más por la familia porque sé que mi madre lo pasó mal y eso es lo que más dolió. A mí me han silbado, me han dicho de todo y al final no pasa nada, es el juego y lo asumo, pero no a la familia”, reconoce. Es el precio de la rivalidad y del forofismo de una parte del público que, sin seguir el baloncesto, se acercó a animar a su equipo y no reconoció a una chica que se crio entre sus calles. Duro peaje que no todos ven pero siempre se paga cuando la fama te llega.
Xargay pudo disfrutar de la experiencia WNBA (Foto: WNBA)


Es el reverso de una moneda que esconde una cara más alegre, aquella que habla de una jugadora por la que pelean los grandes clubes de Europa y que ficha por los dos mejores equipos del mundo. Ese año en enero firma por el USK Praga, campeón de la Euroliga, y unas semanas más tarde ficha por Phoenix Mercury, campeón de la WNBA. Todos quieren jugar con Marta, todos quieren a Xargay. “Tuve la suerte de fichar por los campeones o la mala suerte porque luego no ganamos nada”, sonríe. El infortunio de esos meses ya son cosa del pasado, le curtió y hoy puede incluso bromear con el mal fario que supuso su fichaje. “Cada vez que fichaba por un equipo que ganaba, no ganó”, dice riéndose de la mala fortuna que le acompañó esos meses. Sabe que las circunstancias en las que llegó no eran las mismas y la presión no fue igual “Era responsabilidad firmar por un equipo que había ganado Euroliga y WNBA, pero no iba con la presión de volver hacerlo. De hecho, Praga no ponía presión por volver a ganar y en Phoenix no estaban ni Diana (Taurasi) ni Penny (Taylor) por lo que creo que tampoco iban a por el anillo”, vuelve a sonreír.

Incluso más cruel que la derrota fue el momento anímico que vive Marta en Praga. Ni la madurez precoz ni sus superpoderes baloncestísticos evitaron que las dudas asaltaran su cabeza cuando dejó España. Fue su etapa más complicada en el baloncesto y en la vida, ese odiado, pero muchas veces inevitable, instante donde el baloncesto deja de ser un juego divertido y pasa a ser un problema. “Dejó de ser divertido y a raíz de eso empecé a trabajar con una psicóloga porque lo que era mi pasión y divertimento comenzó a ser un sufrimiento. Recuerdo estar en el banquillo y pensar: ‘no quiero que me saquen porque no me siento cómoda haciendo lo que me gusta’. Yo no podía estar así porque el baloncesto es mi pasión y mi diversión”, se sincera Marta.

Por fuera todo está bien, Xargay sigue siendo una jugadora admirada por la afición y temida por los rivales, pero cuando una persona está mal poco importa el exterior… el problema está dentro de una misma. “Todo estaba en mi cabeza. Ahora lo digo en voz alta y pienso en cómo podía montarme esa película de creer que no sabía jugar al baloncesto. Pero es que te creas algo y estás insegura. Encima sales a la pista, no te salen las cosas como tú querías que salieran y todo se convierte en una bola que cada vez se va haciendo más grande hasta que necesitas ayuda porque no se puede salir de esa bola”, relata. Fue entonces cuando afrontó el problema, escuchó a su voz interior, la de aquella niña que disfrutaba jugando en Vedruna, y dejó de oír todo el ruido que agitaba su cabeza. Desprovista de cualquier duda, Marta usó su propia mirada para definir su futuro.

“Estoy en un buen momento, estoy contenta, disfruto. Gracias a Dios me he vuelto a encontrar. Tuve un gran año en Praga con muchos minutos y mucha confianza. Nata (Heljkovà) me ha dado la libertad de hacer y deshacer lo que yo quisiera y estoy a gusto y muy ilusionada”, el brillo de sus ojos realza la sinceridad de su afirmación. Marta hoy nuevamente es Xargy y promete seguir siéndolo por muchos años. Ahora tiene por delante el reto de volver a unirse a Lucas Mondelo, un técnico fetiche para ella. “Llevamos juntos desde el 2009, si no nos hemos cansado ya…”, cuenta en tono de broma. Ha sido una carrera en paralelo con éxitos que han convergido en la Selección y Lucas no duda en deshacerse en elogios para una jugadora única. “Lo que la hace tan especial es la famosa palabra combo. Es una jugadora capaz de jugar en todas las posiciones del campo. Tiene un componente mágico de la naranja mecánica de Rinus Michels y la Holanda mágica de Cruyff de los años 70 que tenía jugadores polivalentes y jugaba un fútbol total. Ella es un baloncesto total”. Cada uno con su rol pero ambos forman un tándem de ganadores que pocas veces ha fallado. “No nos gusta perder a nada y eso es una droga”, asegura Xargay.
Lucas y Marta, una pareja de ganadores (Foto: FEB)


CUANDO LOS FOCOS SE APAGAN

La cara más visible de Marta Xargay es la que muestra sobre una pista de baloncesto, pero es sólo la mitad de quién es. Cuando se descalza las botas, toda la fiereza que manifiesta en la pista se transforma. En su caso, el reflejo del parqué distorsiona la realidad y la jugadora con cara de pocos amigos no hace justicia con la afable chica que resulta en el trato cercano. Reconoce ser muy tímida, sobre todo, cuando se le conoce poco. “Me gusta observar mucho, soy muy tímida y por eso observo bastante, pero en círculos pequeños y con mi gente soy una chica normal, me gusta mucho reír y estar con mi gente. Tengo a poca gente, soy una persona que no se dé mucho a conocer, pero mi gente cercana es lo que más valoro. Me gusta hacer felices a los de alrededor y querernos mucho.

Asume con naturalidad que el gesto serio que muestra jugando puede intimidar y frenar a quien quiere conocerla, pero asegura que “en el momento que me conoces, cambio. Sí que la primera imagen que doy es de una persona seria, pero creo que es por el hecho de ser tímida y hablar poco…. Ya sabes, pasar desapercibida. Pero me gusta mucho reír y hacer el tonto”. Dentro de la Selección es de las bromistas junto a Anna Cruz o Bea Sánchez y con los años se desenvuelve mejor antes los focos mediáticos.

Lo que no ha cambiado es su manía por la limpieza y el orden. “¡Buah! y eso con la edad va a peor… es enfermizo”, recalca. En cada viaje y en cada concentración le falta tiempo para desembalar la maleta y organizarlo todo. “Tengo todo ordenadito, dobladito...”, asegura. Es tal su obsesión por la limpieza que reconoce que muchos días pasaba la aspiradora a las nueve de la mañana antes de irse a entrenar. Un hecho que, sorprendentemente, no levantó la protesta de ningún vecino ni en Salamanca ni en Praga. “Porque me conocen o les pago…” bromea. “Ahora me he comprado la Roomba y la dejo ahí trabajando y por eso ya no lo hago a las nueve de la mañana. Me voy, la dejo programada y hasta luego”. Además, tantos años viviendo en casa le han hecho ser una buena cocinera, le encanta tirar mano de la plancha para hacer verduras o pescado, pero dice con orgullo que “hago una tortilla de patata muy buena”.

Como dice la sabiduría popular, Xargy es una chica muy apañada y hace de todo. Fuera del baloncesto también demuestra ser multitarea y brilla especialmente en el mundo de la moda. Hace años que comenzó a estudiar un Máster de diseño y es propietaria junto a su hermana y madre de su propia empresa de ropa: UnaUnica. En Girona tiene una tienda y el negocio le va bien pues ha aumentado las instalaciones a una segunda planta. Todo comenzó para dar rienda a una pasión familiar, ella y Txell se encargaban de los diseños y su madre Montse era quien cosía piezas únicas que destacan por su originalidad y la calidad de los acabados. “Ahora hemos cambiado y, como ya no cosemos nosotras, cogemos diseñadores españoles o hecho en España. Es una apuesta clara por la calidad”. La excelencia que aplica al baloncesto también la extiende al mundo de la moda. “Cuidamos mucho los detalles. Queremos que sea algo único y especial. Nos turnamos entre las tres para mirar cosas porque tenemos claro lo que nos gusta a las tres: que sea diferente y que nadie lo tenga”, señala.
Marta, junto a su madre Montse y su hermana Txell (Foto: Marta Xargay)


A Marta lo de la moda le encanta, reconoce tener algo de compradora compulsiva y que tiene que ser su madre quien la frene porque el vestidor de casa no da para más y le faltan días para ponerse toda la ropa que ya tiene. Ella se defiende y cuenta que “es por pasión. A alguien que le gusta leer se compra muchos libres, a mí me gusta mucho la ropa...”. Eso sí, ella reconoce que también está empezando a controlar aunque no puede dejar de ver cosas en revistas y videos, algo que le hace ser una empresaria “estresadísima porque veo muchas marcas que me gustan y no puedo. De hecho, ahora le paso el marrón a mi madre. Le digo: ‘mira estas marcas’ y la pobre se resigna. Me vuelvo loca, contactaría con mil marcas y es un follón. Está claro, que en el mundo de la empresa le queda mucho recorrido y todavía no controla todo como en la pista… No, aquí sí que me estreso mucho”. Tanto la moda como el baloncesto son dos aficiones que las vive intensamente y de las que ha conseguido tener el privilegio de convertir en profesión. “Son dos cosas totalmente diferente y las dos son mis pasiones. Cuando me pongo con Internet me puedo pasar horas viendo cosas y viendo videos de moda… pero en el momento que me pongo a jugar me quedaría las 24 horas en pista. No puedo elegir, ¡me quedo con las dos!”, dice.

Con las dos. Con la chica maravilla que deslumbra con un balón de baloncesto, pero también con la tímida chica que sonríe cuando habla de moda, nos quedamos con las dos personas que son una. Esa que ha vivido mucho aunque sabe que lo mejor de la vida es el mañana y mira al futuro con optimismo porque “me queda mucho camino y mucha vida para disfrutar”.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

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