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Una dinastía que no tiene fin (56-73)
Estados Unidos conquistó su tercer título mundial consecutivo frente a una Australia que sufrió sin una Cambage desconocida en ataque

Redacción, 30 sep. 2018.- Estados Unidos extendió su hegemonía en el baloncesto mundial y ganó a Australia en la final de la Copa del Mundo (56-73). El dominio norteamericano fue incuestionable y dejó resuelto su tercer título mundial en el tercer cuarto.
Foto EFE


El 21 de septiembre de 2006 perdió su último partido oficial. Fue contra Rusia en las semifinales de una Copa del Mundo que ganó Australia. 12 años después las aussies querían repetir triunfo, pero se encontraron a un equipo inalcanzable y que se marcha del torneo extendiendo su racha ganadora a las 46 victorias consecutivas.

Definitivamente el equipo norteamericano más humano que se recuerda en los últimos años es superior a cualquier otra selección de este planeta. Australia se mostró como un digno rival, con una plantilla equilibrada que plantó cara a su rival, pero a la que le faltó si gran estrella. Liz Cambage, abucheada durante todo el partido, anotó cuatro puntos en la primera mitad. A poco que hubiera firmado unos buenos minutos la igualdad hubiera sido mayor (27-35).

Pero Estados Unidos es una especialista en marcar a las grandes estrellas internacionales que juegan en su liga. No exhibieron una gran defensa en todo el torneo, pero a Cambage le amargaron la noche (2/10 en tiros de campo para siete puntos y 14 rebotes). Contenido el principal peligro del rival, las norteamericanas mantuvieron las ventajas que construyeron en los primeros minutos y fueron jugando los tiempos del encuentro y las necesidades del marcador para no sufrir en lo que es su tercer título mundial consecutivo.
(Foto FIBA)


Marcando distancias

A Estados Unidos le dio por jugar bien el último día, dos triples de Breanna Stewart (10 puntos y ocho rebotes para la MVP del campeonato) y Diana Taurasi. Un relevo generacional, pasado y futuro para eternizar el dominio presente del equipo norteamericano. No hubo atisbo de duda o de siesta americana y, antes de que Australia estrenara el marcador, ya vencía por 10 puntos (0-10). Cuando lo hizo Liz Cambage ya sabía que tendría una noche larga. Abucheada en cada acción donde intervenía, se llevó un tapón de Brittney Griner mayor felicidad de las gradas.

Si algo malo tiene ser el rival a batir es que esto te granjea enemistades. Allá donde fue, Estados Unidos era el equipo al que se le pitaba, pero en esta Copa del Mundo el enemigo era otro. Una Cambage desacertada salió de la pista, pero eso, lejos de ser un problema, liberó a Australia de su tara y comenzó a meterse en el equipo. Las aussies son un equipo muy completo lo evidenció su segunda unidad. Con las reservas, Australia logró un parcial 9-2 y consiguió minimizar el daño inicial de su adversario (15-20).

Los minutos cayeron durante un insulso segundo cuarto donde la diferencia fue bailando sobre la decena de puntos. Australia encontró puntos inesperados como los de Alanna Smith o Ezi Magbegor per le seguía faltando su faro anotador. En el otro lado, Estados Unidos parecía controlar con solvencia la situación y siempre encontraba los puntos para no sufrir agobio, unas veces Sue Bird, otras Tina Charles y siempre Diana Taurasi (13 puntos, tres rebotes y cuatro asistencias para acabar en el quinteto ideal del torneo).

Diana Taurasi es una jugadora de leyenda, la mejor de todos los tiempos porque, por encima de todas sus virtudes, ha sido la mejor competidora de este deporte en los últimos 15 años. En infinidad de ocasiones se vistió de heroína para protagonizar actuaciones inimaginables sobre el parqué y llevar a sus equipos a la victoria. Una deportista que siempre dio lo mejor de sí en las grandes citas y que en España siempre hizo fortuna. Jugó tres finales y las tres las ganó. En 2009 y 2010 jugó finales en Salamanca y Valencia, y en ambas ocasiones fue elegida la jugadora más valiosa entre la hostilidad local. En 2018 delante no tuvo un rival español y pudo disfrutar del calor de un público que la despidió como la gran estrella que es. Si fue la última vez que jugó a baloncesto en España, fue el más hermoso punto final. Diana, fue un placer verte jugar.
(Foto FIBA)


Evidencia empírica

Unas y otras tenían motivos para ver con esperanza la segunda parte, pero ambas repitieron inicio y el partido realmente se puso cuesta arriba para las australianas. Estas estuvieron cinco minutos para anotar, tiempo suficiente para que Estados Unidos hubiera puesto la directa hacia la medalla de oro (27-44).

Alanna Smith quiso responder a la escapada del rival, pero no es que Cambage no anotara, es que tampoco encontraba el equipo los puntos de Bec Allen. Cuando Estados Unidos registró una máxima diferencia de 20 puntos la escolta y la pívot sumaban un triste 3/14 en tiros de campo, además, la pívot sólo había anotado uno de sus cuatro tiros libres. Sin duda que la hostilidad ambiental ejerció una mala influencia en su concentración… y Brittney Griner no le facilitó la tarea. Era el duelo más esperado del mundial y la norteamericana lo ganó claramente el duelo individual con 15 puntos y tres rebotes que le llevaron a ser la mejor jugadora de la final.

Sin sus dos principales aportes ofensivos era lógico que Australia sufriera para sumar puntos y contener la batería de puntos que tenía delante. La traslación cuantitativa de los hechos en ambos lados de la pista mató la final antes de tiempo. El tercer cuarto se cerraba con un 38 a 61 definitivo.

Ya no hubo historia. Estados Unidos jugó su mejor partido cuando sintió la necesidad y perpetuó una hegemonía que no tiene intención de perder. Hace 12 años cometieron un fallo al infravalorar al rival pero como dijo Sue Bird al inicio del campeonato: “A veces tu mayor victoria es una derrota”. Aprendieron la lección.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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