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Marko Popovic: "Aquí las cosas pequeñas hacen muy feliz a la gente"
Como el errante buscador de fortuna, la carrera de Marko Popovic ha sido tan longeva e itinerante como el baloncesto así lo quiso. Hoy, a sus 36 años, ha descubierto en Montakit Fuenlabrada un club al que ya considera parte de su familia. “He encontrado una casa aquí y voy a recordarla con mucho cariño”, confiesa

Redacción, 8 Nov. 2018.- Este sábado volvió a ser fiesta en Fuenlabrada y, como en las grandes ocasiones, en el Pabellón Fernando Martín sonó “Mi gran noche”. Montakit Fuenlabrada acababa de vencer al Barça Lassa y recomponía su felicidad después de un complicado arranque liguero y tras dos derrotas en los días previos.
(ACB Photo/E. Cobos)


Entre la algarabía propia del festejo el pabellón rendía pleitesía a sus jugadores y estos devolvían el afecto saludando a quienes tanto ayudaron durante el encuentro. Una perfecta comunión que tuvo en Marko Popovic al anfitrión. Y es que el escolta croata se ha convertido en algo más que el líder en pista o capitán del equipo; es la cara más visible de un conjunto con el que su afición se identifica y al que idolatraba.

Rompiendo los estereotipos actuales donde apenas hay fidelidad entre jugadores y clubes, y contradiciendo su propio curriculum deportivo, el jugador nacido en Zadar ha hallado en Fuenlabrada el lugar ideal para echar raíces, el club perfecto con el que identificarse y unos seguidores a los que rendir homenaje en la pista. Popovic reconoce que en la ciudad madrileña ha encontrado “una tranquilidad para mí y mi familia. He encontrado respeto por parte del club, algo que es mutuo”.

Después de una longeva carrera por grandes clubes de todo el continente, Marko llegó a Fuenlabrada en 2015 como la gran estrella de un proyecto que trataba de olvidar sustos del pasado y asentarse en Liga Endesa. “Nunca dudé de la calidad que tengo, pero nunca sabes si vamos a tener una química buena o no. Cuando llegué al equipo el año anterior sufrió mucho de estar en la liga, pero Zan Tabak me dijo los objetivos y a partir de ahí hemos ido construyendo el equipo día a día, sobre todo defensivamente. Después de la marcha de Tabak a Maccabi, el mando lo cogió Jota Cuspinera que hizo un gran trabajo y luego Néstor García hizo un gran año con nosotros. Ha mejorado a todos los jugadores, nos ha hecho sentir mejores todo el año y lo hemos disfrutado, pero ahora toca hacerlo de nuevo”, dice. Hoy, cuatro temporadas después, el escolta es el capitán de un conjunto que se ha convertido en asiduo a la Copa del Rey y que es sinónimo de equipo competitivo.
(ACB Photo / E. Cobos)


En buena medida, el salto de calidad de Montakit Fuenlabrada se la debe a Marko Popovic, quien, pasada la barrera de los 30 años, volvió a sentirse feliz siendo importante en una pista de baloncesto. Con la veteranía propia de tantos años al más alto nivel y la felicidad del entorno, el escolta no tardó en despuntar y llamar nuevamente la atención de los grandes clubes europeos. Sin embargo, más importante que la promesa de más dinero y opciones de título, fue la promesa que Marko dio a un club y una afición. “Tuve dos ofertas: una de Málaga en el primer año y otra de Panathinaikos, pero como después de mi primer año firmé mi renovación de dos años más he dado mi palabra al presidente de que me voy a quedar. No quería dejar al equipo porque era el capitán del equipo”, se sincera.

Tal es la implicación con el conjunto fuenlabreño que terminó la pasada campaña jugando con un dedo roto. Antepuso la necesidad de un equipo lastrado por los problemas físicos de otros jugadores a su interés personal. Un compromiso digno de alabar y que sus seguidores no dudan en reconocer a la mínima oportunidad que tienen.

Este verano anunció que, por primera vez en su carrera, jugaría cuatro años seguidos en un mismo club y ha superado el centenar de partidos con el conjunto fuenlabreño en Liga Endesa. En total, han pasado 15 temporadas desde que Popovic aterrizó en Valencia y debutó en Liga Endesa, una experiencia fugaz pero de la que guarda un buen recuerdo. “Llegué sin experiencia a un equipo ya hecho con muchas estrellas, esperaba mucho de mí mismo pero las cosas no fueron bien sobre todo por jugar dos competiciones. Pero esta etapa pasó y no tengo un mal recuerdo de Valencia, me gusta volver y jugar contra ellos. Me ayudó mucho sobre todo en mi fuerza mental y tras Valencia mejoré mucho”. Croacia, Turquía, Lituania, Rusia… Media vida en la carretera da para mucho, entre otras cosas para reconocer el cariño de una afición y el sentimiento de hogar encontrado en Fuenlabrada. “Nunca me ha gustado jugar por un equipo con aficionados que no tienen ambición, este deporte se hace por ellos, para que se pongan caliente, los jugadores enchufan mejor y sobre todo me gusta jugar fuera de casa cuando se ponen loca. Estoy acostumbrado porque en Croacia y Turquía los aficionados son un poco más calientes… agresivos y después de esto todo fue más fácil para mí. He encontrado una casa aquí, es mi casa por cuarto año y voy a recordarla con mucho cariño”, confiesa.
(ACB Photo/E. Cobos)


Quizá ese sentimiento de pertenencia le hizo rechazar otras ofertas y apostar fuerte por un club donde cada victoria se festeja como un día de alegría. “Los éxitos son cuando se ganan títulos, pero cuando llegué sabía a donde venía y aquí las cosas pequeñas hacen muy feliz a la gente, sobre todo a nuestros aficionados y a una ciudad que es muy humilde y trabajadora. Cuando los veo felices después de una victoria en casa, parece que hemos ganado un título. He venido de uno a otro nivel, pero disfruto del baloncesto, vengo con mucho gusto a entrenar y, sobre todo, me encanta competir. Cuando pierda esta pasión ya me iré”.

A sus 36 años, Marko sabe que el fin del trayecto se aproxima. Sin embargo, todavía se divierte entrenando y jugando porque, como él mismo cita: “Duda Ivkovic dice: “No hay jugadores viejos o jóvenes, hay jugadores con calidad y sin calidad, que pueden o no pueden y ya está”. Yo intento mejorar cada día y con esta mentalidad cuando salgo intento mejorar, no sé si lo consigo o no, pero cuando pierda esta mentalidad dejaré el baloncesto”. Por el momento, días como el pasado sábado le recuerdan las grandes sensaciones que solo el baloncesto le pueden dar y por eso no quiere dejar de competir y ganar.

“Quiero acabar bien el año aquí, los anteriores tres años han sido muy bonitos: conseguimos estar dos veces en la Copa del Rey, una vez en Playoff, y vamos a luchar para meternos este año en Copa del Rey y ver si también podemos llegar a Playoff”, señala. Marko sigue disfrutando del baloncesto y lo hace con pasión en Fuenlabrada. Siente que lo tiene todo: un equipo con el que competir, un club donde es valorado y una afición con la que vive en perfecta comunión. Si Marko es feliz, Fuenlabrada también.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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