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Sergi Vidal, la geografía del recuerdo
Efervescente anotador, yugo defensivo de la estrella, hombre de equipo y estandarte de un club. El baloncesto de Sergi Vidal se viste de tantos trajes como vivencias nos deja. A los 37 años el escolta badalonés es historia viva de la Liga Endesa

Redacción, 20 nov. 2018.- Pocas ciudades se identifican tanto con un deporte como Badalona lo hace con el baloncesto. Por sus calles el sonido de los vehículos y el rumor de las conversaciones se entremezcla con el bote de un balón. Ahí l@s niñ@s no sueñan con ser artista o dar patadas a la pelota, en los barrios hay una pasión más fuerte y es la que tiene que ver con el baloncesto.

Sergi Vidal fue uno de tantos niños cuyo recuerdo de infancia no se puede desligar del deporte de la canasta. Como otros muchos creció driblando rivales imaginarios por las aceras, lanzando en los aros del parque de casa… corriendo arriba y abajo mientras esculpía un anhelo: ser profesional. Las calles de Badalona vieron ese sueño, escucharon el deseo y hoy, tres décadas después, sonríen por ver como aquel niño hoy es un histórico en la Liga Endesa.
(ACB Photo)


BADALONA, LA CUNA DE UN SUEÑO

“Durante mi niñez no existía mucho más que baloncesto a mi alrededor. Para empezar, estudié en un colegio donde en el recreo no podías practicar otro deporte que no fuera baloncesto porque no había porterías de futbol y no había espacio para más, simplemente había canastas. Luego estaba el Joventut como estandarte en la ciudad y todo lo que venía después. Además, mis amigos y familia todos practicábamos el mismo deporte, por la ciudad veías a las canchas llenas y los fines de semana lo que veías, más que niños con botas de fútbol, era a niños y niñas con zapatillas de baloncesto yendo a sus entrenamientos y partidos”.


Como el adulto que camina por la vida, el baloncesto fue desarrollándose en Sergi Vidal con el hábito del día a día y la esperanza de hacer realidad un deseo.

EE.UU., LA PELÍCULA SE HACE REALIDAD

Y el niño fue creciendo, y los primeros botes dieron paso a canastas, a rebotes, a pases… La carrera del joven Vidal fue precoz y pronto todo el mundo baloncestístico empezó a hablar de un portento anotador, de un chico capaz de subir el balón y colgarse del aro gracias a su capacidad atlética.

Su fama no entendió de fronteras y si en 1999 disputó el Nike Eurocamp en Barcelona, un año después cumpliría un sueño: Viajar a Estados Unidos. Allí participaría con la selección internacional del Nike Hoop Summit. Él, que tanto fantaseó con el planeta americano, pudo vivir en primera persona la película de su infancia.


“Para mí era todo increíble. Me encontré un poco en una película porque, al final, no había tantas opciones de internet ni facilidades para conocer tantas cosas como ahora y las imágenes que se tenían de Estados Unidos son las que se tenían de las películas. En cierta forma te sorprende ver los coches, la ciudad, la gente y el estilo de vida. Era tal cual se veía en las películas y recuerdo ir andando y ver el típico callejón que no puedes encontrar aquí con la escalera de hierro en la que tiras de la cuerda y bajas, y donde siempre pasa algo malo. Me sorprendió un poco el estar allí y cruzar el charco por primera vez en mi vida y, además, haciéndolo con esa experiencia de jugar contra chicos de todo el mundo”.


Una semana de entrenamientos en Chicago, en la ciudad de su ídolo, y poder jugar en el Conseco Field House de Indianápolis completaron un recuerdo del que hoy todavía asoma una mueca de felicidad cumplida.

MADRID, LUCES Y SOMBRAS

La bola de nieve de Sergi Vidal crecía y crecía hasta que llegó el momento donde el niño dejó de serlo y se convirtió en profesional. En Liga Endesa debutó un 24 de octubre de 1999 (nueve puntos y tres recuperaciones en ocho minutos), el Estudiantes fue su rival y en el recuerdo una doble sensación.


“Si por algo destacaba en mi época de formación era ofensivamente y en ese partido no me costó mucho meter en esas canastas, pero ese día me di cuenta del camino que me quedaba por recorrer para jugar como profesional. Me sentía como una pegatina, me quedaba enganchado en todos los bloqueos y no era capaz de defender a prácticamente ningún jugador de ese nivel”.


No volvió a jugar más aquella temporada, pero la imprenta quedó marcada… también las lecciones aprendidas.
(Foto Sonia Cañada)


Pasaron años, en Vitoria construyó fama, ganó títulos y se hizo profesional. Fueron nueve temporadas donde Madrid se convirtió en un lugar común, una ciudad que le vio campeonar en las Copas del Rey de 2006 y 2009 con el equipo vitoriano y quizá pensando que podía ser un buen lugar para seguir creciendo emprendió un viaje donde, deportivamente, nada salió según imaginó.


“Siempre saco lo positivo de las cosas y, en este caso, en Madrid no tuve la suerte cuando jugué pero sí gané títulos allí (con el TAU Cerámica) y allí estuve en un equipo donde, más allá de que no salieran las cosas, me hicieron sentir muy a gusto, me trataron superbién y del núcleo duro del día a día: físios, médicos, utileros, compañeros y gente que está pendiente de ti, sólo puedo hablar maravillas. De la experiencia de Madrid aprendí de lo bueno y de lo malo, y es lo que hay. Ojala fuera distinto y pudiera también hablar de años increíbles en lo deportivo pero eso me sirvió para ser más fuerte y para demostrar al año que siguiente que no era tan malo para, prácticamente, no jugar ni un minuto.”


VITORIA, PASIÓN POR UN EQUIPO

Pero sí hay un lugar, un club y un equipo con el que todos identificamos a Sergi Vidal ese se encuentra en Vitoria-Gasteiz. Aún cuando tenía mucho que aprender, el club vitoriano apostó por un joven al que hizo hombre y capitán de un equipo con el que logró marcar una época en la Liga Endesa.

En Vitoria, Sergi encontró algo más que un club donde hacerse un hueco entre la elite, descubrió que el baloncesto puede traspasar los límites de los pabellones y quedar impregnado en el ADN de la gente. Allí descubrió que el Carácter Baskonia era algo más que un lema.


“Es difícil encontrar las palabras para definir un sentimiento. Creo que es la filosofía de siempre luchar y nunca dar nada por perdido. Al final creo que el equipo de esos años solía ser un rodillo, no había suficiente con ganar, siempre se quería ganar de más y estar preparado para lo que pudiera venir.

Es una suerte vivir el baloncesto en Vitoria y esos años que pasé allí fueron increíbles. Cuando tienes esa comunión con la grada es fantástico porque al final la gente pide que te dejes la piel en todo momento y la afición va a hacer lo mismo, va a dar todo por ti. Evidentemente después de nueve temporadas y haber vivido grandes alegrías y golpes muy duros, para mí es el sitio más especial en mi carrera y donde la gente más me quiere”.


EL ASALTO A BELGRADO

Convertido en referente nacional, la última frontera cayó en el sueño de Sergi Vidal. El 19 de septiembre de 2005 debutó con la selección española en el Eurobasket de 2005, un torneo que para muchos se difumina en el recuerdo, pero que jamás podrá olvidar el badalonés.


“Fue uno de mis sueños y objetivos cumplidos. Siempre he querido llegar a lo más alto posible y estar en la Selección absoluta y debutar así, con un gran partido de todo el equipo, para mí fue especial. Hay cosas que se olvidan y ese campeonato se puede olvidar, pero es normal cuando en los últimos años lo que ha hecho la Selección ha sido increíble y la gente se acostumbra a lo bueno”.


Es lógico que entre tantas alegrías un verano de decepción pueda olvidarse, pero es injusto hacerlo más si se tiene en cuenta que ese día Sergi Vidal (siete puntos, cinco rebotes y cuatro recuperaciones en 23 minutos) ayudó a que España venciera a Serbia en Belgrado. Un partido histórico por el momento personal, pero también por el ambiente que se vivió. Ese día los pitos con los que la Selección fue recibida se convirtieron en aplausos de una afición que reconoció el talento de los españoles.

“Para mí personalmente ese partido no es de los que más recuerdo el sentimiento de intimidación porque cuando fui a la Selección había jugado unos cuantos partidos en el OAKA, encuentros de esos donde las escaleras no existen, sólo hay gente. Creo que el que más me impresionó fue uno que jugué contra Partizan en la sala Pionir donde una hora y media antes estaba lleno, la gente no paraba de animar y eso parecía un hervidero. De alguna manera ya iba a visado de lo que me podía esperar”.

(Foto EFEDOS / Ortzi Omeñaka)


SAN SEBASTIÁN, VOLVER A SONREIR

Con el alma competitiva erosionada por temporadas de decepción, Sergi Vidal tomó la carretera de nuevo y viajó a San Sebastián. Un lugar que muchos turistas admiran por la belleza de playa y el encanto de sus calles. Para Vidal, además, la ciudad donostiarra le regaló una segunda juventud deportiva.

“Me lo dieron todo, me dieron la alegría y me devolvieron la ilusión, la sonrisa y sentirme jugador de nuevo. A San Sebastián, al GBC, a Sito y a todos mis compañeros les debo mucho después de dos años complicados deportivamente. Cuando tomas decisiones nunca sabes si son buenas o malas hasta que pasa el tiempo y, visto lo visto, no podía haber tomado una mejor decisión que ir allí y encontrarme un entorno tan favorable para mí. Siempre recuerdo que a Sito había gente que le preguntaba: “¿qué has hecho para recuperar a Sergi?” y su respuesta era: “yo sólo le he puesto a jugar y le he dado libertad para que haga lo que sepa hacer”. Para mí eso fue importante. Después de una carrera donde siempre he tenido un rol enfocado a trabajar para el equipo en labores más oscuras, ese año lo disfruté más desde otro rol”.


Tras San Sebastián llegó Málaga y la noria siguió girando en la vida del escolta. Después de una buena experiencia llegó otra que no satisfizo profesionalmente su anhelo y por eso replanteó su caminar.
(ACB Photo/D. Grau)


DESANDAR LOS PASOS

Como el protagonista del tango, Sergi Vidal volvió a Badalona. Había pasado mucho tiempo pero nada había cambiado. Es cierto que por entonces eran otros los niños que buscaban la foto y que sus cabellos lucían algunas canas, pero las imágenes y los olores le evocaban a una etapa pasada.

“Al final, 15 años después había muchas de la gente que todavía había en el club y, de alguna manera, todo seguía estando en su sitio. A veces lo olores son característicos y nos traen muchos recuerdos a la mente. El olor de Badalona seguía estando ahí y al llegar de nuevo fue como volver a estar muchos años atrás”.


Lo hizo en una etapa de cambio en el paradigma verdinegro, él se convirtió en el tutor de una nueva generación y ayudó a mantener al equipo en Liga Endesa en los momentos duros que vivió.

UNA NUEVA ILUSIÓN NACE EN LUGO

19 temporadas después, el niño que descubrió Madrid es hoy un hombre que desprende serenidad en su epílogo deportivo. Sabe que el tiempo se agota y exprime cada segundo en el baloncesto como si fuera un regalo. Quizá por ello este verano decidió volver a salir de casa y tomar rumbo al norte, allí donde el baloncesto le dio sus mejores recuerdos, y en Lugo ha vuelto a saborear sensaciones que parecían olvidadas.

“Me he encontrado mucha ilusión, mucha afición y mucho apoyo de todo el mundo. Es un club que quiere instalarse en la Liga Endesa y trabaja todos los días por conseguirlo. He llegado y he encontrado las puertas abiertas tanto del club como de la ciudad.

Creo que es clave que haya ese movimiento de ciudades y equipos en ACB porque, es como en la vida, cuando te acostumbras a algo no lo valoras. Hay equipos como Cafés Candelas Breogán donde estar en la ACB es especial, la ilusión que tiene la gente y lo que lo valora no es la mismo que en otras ciudades donde es como estar otro día más en la oficina. Estos equipos nuevos en la liga son los que realmente ves que tienen las aficiones más volcadas, animan sin parar y llenan el pabellón”.


Hoy pasea por las calles de Lugo compartiendo una misma ilusión con aquellos que le paran y animan, desea disfrutar con la permanencia del Cafés Candelas Breogán.
(ACB Photo / J.L. Vega)



Ciudades y fechas hay muchas, la geografía del recuerdo se llena con lugares y días que han descrito una carrera espectacular. El niño que paseaba por Badalona para ver en el Olímpic recorrió muchos kilómetros, conoció muchas localidades y personas... de todas ellas está hecho el hombre que es Sergi Vidal.


“Al final momentos importantes o claves hay muchos, las fechas no las tengo grabas pero el primer día de estar en cualquier da las ciudades y equipos donde he estado es un día especial porque se llena de nervios al afrontar una nueva temporada y un nuevo reto, y lo que es un primer día donde todo es desconocido luego se acaba convirtiendo en tu casa; el primer día de una nueva ciudad es especial.

Fechas he tenido mucha suerte, he estado en grandes ciudades y de todas me llevo cosas positivas. Deportivamente, pudieron salir mejor o peor las cosas, pero ahí están esas vivencias. Me considero un afortunado porque difícilmente otro trabajo te podría dar algo así”.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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