Artículo

El camino de Nico
De la butaca de un cine a Badalona. El viaje de Nico Laprovittola comienza de la manera más inesperada y transcurre por parajes variopintos como la calidez de Río de Janeiro o el frío ruso. Mil y una curva para hoy poder disfrutar de un trayecto que le sitúa como referente del resurgir verdinegro y estrella de la Liga Endesa

Redacción, 18 abr. 2019.- Cuestión de genes, producto de un encuentro causal, o la persistencia de terceras personas… el origen del baloncesto en muchos jugadores es una cuestión azarosa y tan diversa como la vida de sus protagonistas. Para Nicolás Laprovittola la piedra fundacional de su pasión se halla en una butaca de cine, esa que en una sesión vespertina le abrazó para ver Space Jam, la mítica película de Michael Jordan estrenada en 1996.

Nico, con siete años, estaba lejos de ser un fan de la superestrella de Chicago Bulls, el chico de Morón quería ver junto a su primero a Bugs Bunny, el Pato Lucas y al resto de Looney Tunes, lo del baloncesto era un elemento colateral. Pero hete aquí que esa dichosa casualidad devino en curiosidad y al salir del cine le sobrevino una idea.

- “¡Che! quiero probar otro deporte, otra cosa que hacer", dijo en casa con la excitación que sólo la gran pantalla puede crear en un niño.

Pocos días después, vio un cartel en el barrio donde invitaban a jugar en la escuela de baloncesto y así comenzó una historia que no es ficción sino realidad y que tiene días de luces y pasajes grises, pero es que, sin su paleta de colores, la vida no se podría contar con todos sus matices.


Nico rápidamente se encandiló con el deporte que descubrió en el cine (Foto: Nicolás Laprovittola)



El Nene Maravilla

“En mi casa nadie era del palo del baloncesto, mis dos hermanos y yo éramos fanáticos de los Looney Tunes y el primo de mi mamá nos llevó al cine a ver Space Jam. Tras verla pensé que podía probar con el baloncesto, con un deporte nuevo… yo jugaba al fútbol y hacía natación, pero quería sumar algo”, cuenta el base. La inquietud del niño le predispuso a ver que todo aquel mundo de fantasía que le contaban en 90 minutos también podía ser realidad pese a que Argentina siempre fue tierra de futbolistas y su primera pulsión deportiva fue la de patear una pelota. “El fútbol era el deporte que a mí me gustaba porque el entrenador de la escuelita de fútbol era el profe del colegio y era muy allegado a mí, pero luego empecé con el baloncesto. Ya el primer día hice amigos nuevos, conocí un lugar diferente y desde los siete u ocho años hasta los 14 años los tres hermanos compaginamos los dos deportes”, dice.

Como piezas del Tetris que se encajan para poder completar la parrilla de partidos, la familia Laprovittola tenía que organizarse para cubrir a todos los horarios de competición y apoyar la creciente pasión de sus tres hijos. “Era un papá para cada lado”, relata Nico. La doble sesión deportiva comenzaba bien pronto y se alargaba hasta el final de la tarde. Con la ropa, las botas y material de aseo siempre a cuestas, las mochilas se cruzaban y viajaban de un coche a otro con cuidado para no perderse por el camino “Los domingos eran bastante lío para mi familia, pero lo pasábamos muy bien”, añade Nico. Eran los primeros años, los del bendito desenfreno y explosión física. En ellos, no importaba la carga física porque la ilusión del niño podía con todo y el deseo de ganar se apoderaba de todo. Nico, además, tuvo la suerte de compartir esa pasión con su hermano Federico en el mismo equipo.

“Yo era el mayor y yo mandaba” bromea. Líder en la pista y en casa, Nico confiesa que a veces hacía de mentor en los partidos que jugaban en el patio de casa o en el garaje de los abuelos y donde también se sumaba, Juan, el hermano más pequeño. “Él era más chico y yo apretaba, pero siempre jugábamos bien y competíamos mucho. Jugábamos en el patio de casa los tres e incluso llegamos a jugar un partido los tres juntos… fue una linda época”, apunta.

Más allá de la sana rivalidad entre hermanos, Nico reconoce que “siempre fui muy tranquilo” sobre la cancha de juego aunque con la edad, esa pasión por competir tan propia de los deportistas argentinos comenzó a bullir en su interior. “Ya cuando de grande empecé a destacar en el club donde estaba, me enojaba un poco y en cadete me dolía perder o no jugar bien y era capaz de volver a casa sin hablar. Podía hacer un viaje de media hora con mis papas y no hablar o estar el resto de día sin hablar porque había perdido un partido de baloncesto. Era bastante duro conmigo mismo”, afirma. Afortunadamente hubo pocos días de enfado, pronto se habituó a la victoria y ya como infantil ganó un torneo provincial con la selección de Capital Federal. Como todo niño, el recuerdo de vencer agrada, pero emociona más revivir los días que pasó de viaje en Tucumán con los amigos y la mirada de los orgullosos padres que seguían la itinerancia de los sueños de su hijo.

Nico fue desarrollando su juego en un entorno muy familiar (Foto: Nicolás Laprovittola)


Los primeros pasos sobre el parqué aceleran su cadencia, su juego deja atrás a compañeros y llega el momento donde tiene que tomar una decisión y elegir un deporte. “Fue alrededor de los 13 o 14 años. En ese momento quedé en un equipo en Capital Federal, en una selección de mi provincia, y dije: ‘puede ser que al basket sea mejor que jugando al fútbol’ y pensé que era mejor dedicarme a esto”, señala. Por entonces ya jugaba con chicos de categorías superiores y su deseo primario de ser deportista tomó una dirección, la de la canasta. “Mi camino fue el basket”, confiesa sabedor que no fue fácil emprenderlo en una familia donde la voluntad era que continuara los estudios y la senda política materna.

“Mi mamá quería que fuera diplomático, que representara a mí país, pero a mí me salió por el lado deportivo”, nos descubre. Hoy pocos embajadores representan con tanto orgullo a un país como sus deportistas. Ellos muestran el liderazgo del presente y lo hacen con humildad, gran profesionalidad y calidad humana. Por ahí, la feliz mamá puede estar contenta y ver que su hijo es un gran embajador de Argentina y luce sus valores por todo el mundo.

En un intento de hacer realidad los deseos de su madre, Nico llegó a matricularse en la licenciatura de Turismo aunque bromea al señalar que “no sé si la empecé para terminarla o la empecé por empezar…”. Margarita Stolbizer quería que su hijo siguiera su vocación política, pero, como siempre pesa más el amor materno que el deseo personal, ella no sólo comprendió sino que alentó el sueño de su hijo éste se lo hizo saber.

- “Quiero dedicarme a esto, voy a ponerlo todo al baloncesto porque es donde quiero ir y estar”, confesó a sus padres.

No hubo réplica, todos en casa comprendieron que este camino era sin retorno y supieron que lo emprenderían todos juntos… como siempre hasta ahora. “Era un momento en el que coincidió con la Selección sub18 y me quitaba mucho tiempo. Era una época donde tenía la cabeza en el aro y la pelota, y ellos lo entendieron. Comprendieron que quería tomar otro camino, ir por otro lado y siempre me han apoyado. Por suerte, las cosas me han salido, de chico fui consiguiendo resultados y eso ayudó a que me apoyaran en esta vida. Ahora están disfrutando de cómo me está yendo”, cuenta.

Desde muy pronto Nico se acostumbró a la victoria (Foto: Nicolás Laprovittola)


Eso se nota también en las reuniones familiares donde el baloncesto monopoliza las conversaciones cuando se reúnen los tres hermanos. Pese a la notoriedad pública de su madre (fue candidata presidencial y líder del Partido GEN), el espacio para la política se reduce en la esfera hogareña si bien ésta siempre fue asumida con naturalidad. “Para mí es normal que se hable de política o que la política esté presente en la familia. Desde que tengo cinco años e iba al jardín de infante mi mamá tiene un cargo político y siempre fue de estar muy relacionada con la política y hacer campaña durante nuestra adolescencia. Es raro para los demás, pero yo lo tomo con total naturalidad”, afirma. No es fácil que los caminos de la política y el deporte se crucen, es una rara avis ver a un deportista mojarse en temas sociales y hablar, si bien Laprovittola piensa que “para poder hablar primero uno tiene que estar informado y tiene que saber, quizá los que no hablan es porque no están informados. A mí me ha pasado que en ocasiones no me he sentido informado o capacitado para dar una opinión y por eso prefiero estar al margen. Para que uno pueda opinar tiene que estar preparado para hacerlo y después depende de cada uno. No depende tanto de si es deportista, médico u otra cosa, depende de estar informado y preparado para opinar”.

Nico Laprovittola, es un ídolo en el Deportivo Morón (Foto: Nicolás Laprovittola)



Viajar para encontrarse

Los años, los títulos… las piezas se van encajando y devienen en el momento en el que todo cobra su sentido más profundo y el baloncesto deja de ser un deseo para materializarse en realidad. El frío del pabellón del Básquet del Gallo (el equipo de Morón donde comenzó), los dobles viajes diarios a Lanús… todo conduce a que en 2008 juegue el Torneo Nacional de Ascenso a la Liga Nacional. “Fue un año bastante lindo. Era un equipo que se armó de últimas porque en principio íbamos a jugar en la tercera categoría, pero al final jugamos el TNA para ascender a la Liga Nacional. Fue un poco sorpresivo, pero fue algo muy bueno”, recuerda.

Con el 7 a la espalda, Lanús encontró a un chico especial. Son años donde la calidad del equipo era limitada y el entrenador debía jugar largas posesiones y exprimir los ataques buscando la mejor opción. En ese hábitat Nico crece más como asistente que como anotador. Poco importa porque los resultados llegan y vienen acompañados de las oportunidades que toda promesa necesita en sus inicios. “A mí me dieron lugar, jugué bastante. Estar el primer año, ascender a Liga Nacional y tener un poco más de experiencia me dio mucho aire y espacio para seguir creciendo”, señala. En poco tiempo Álvaro Castiñeira le dio el timón de un club histórico que buscaba ser nuevamente grande, aunque para ello hubiera que sufrir. Así, Lanús sobrevive en la 2008-09 y, tras un año con cambios de extranjeros y lesiones, se impone a El Nacional Monte Hermoso en un Playoff por la Permanencia donde Laprovittola explota evidenciando una astucia, inteligencia y madurez sobre parqué impropia de su edad.

El base crece, se hace mayor a ritmo acelerado y dota a su juego de ese punto de locura que le hace dar pases de espadas, gambetear con la pelota o tirar caños como el que recuerda hacerle a Facu Campazzo, rival en sus duelos con Peñarol. El detalle de calidad le costó aquella vez tres collejas de amigo que le dejaron el cuello rojo, pero es el precio que tiene criar una fama de artista. Quizá ese día dejó de ser conocido como el hijo de la candidata y Margarita pasó a ser la mamá del nene maravilla (apodo que nace del ingenio del periodista Juan Martinich), aquel al que todos rinden pleitesía pese a que todos le recuerdan como el chico que cargaba los bolsos del equipo antes de meterse viajes de 24 horas para jugar un partido. Lanús vive la explosión del chico tranquilo y disfruta en la 20121-13 de una temporada histórica donde vence en semifinales a Peñarol, el eterno rival, en un quinto partido de sabor agridulce para Nico pues todavía hoy recuerda que fue eliminado por cinco faltas. Perder en la final liguera con Regatas de Corrientes no deslució la gesta, pues todos saben que escribieron una página en la historia del club que tuvo su continuidad con el subcampeonato de la Liga de las Américas.

Lanús disfrutó del despegue profesional de Laprovittola (Foto: Nicolás Laprovittola)


Nicolás Laprovittola es ya una estrella y el mundo de Lanús se le queda pequeño en sus anhelos de progresión. Sabe que es el momento de partir y decir adiós al club al que llegó con 17 años. “Yo ya llevaba varios años en Lanús, había crecido y quería salir de Argentina. Quería crecer y conocer lugares nuevos. La idea siempre fue venir a España, pero no contaba con el pasaporte y era muy difícil”. La oportunidad llegó desde Brasil, un país económicamente potente, y de un club histórico, tanto en fútbol como en baloncesto, como Flamengo. “Cuando surgió la oportunidad de ir a Río de Janeiro no lo dudé y la verdad es que salió bien. Sí que era algo raro porque sonaba que pudiera venir a España y Brasil no sonaba mucho, pero la verdad es que estoy agradecido de haber jugado en la liga brasileña y en Flamengo. Fue un gran paso en mi carrera porque me dio la oportunidad de ganar títulos. Ganamos muchos títulos, también competimos con equipos de Europa y NBA, así que me abrió muchas puertas y para mí fue un placer”, asegura.

De su estancia, además de ganar dos ligas nacionales, una Liga de las Américas y la Copa Intercontinental (fue elegido el MVP), guarda muy buenos recuerdos, una gran amistad con el técnico José Neto y miles de anécdotas con sus amigos brasileños. Nadando a contracorriente del tradicional pique entre deportistas de ambos países, Nico sostiene el gran ambiente que vivió en Brasil y la fraternidad creada… menos cuando hablaban de fútbol. “Eran 10 brasileños contra mí, por lo que mucho no podía hablar. Justo ese año, además, fue la Copa del Mundo de Brasil y perdimos la final… bueno, fue un momento duro para ser argentino” dice con resignación.

De Brasil, también queda la imagen de la lustrosa barba hípster que le hizo situarse a la misma altura que Sergio Rodríguez y James Harden como los barbudos más reconocibles del baloncesto. Nico ha reconocido alguna vez que, más que ir a la moda, le gusta cuidarse y sentirse cómodo, y durante esa etapa le vino el deseo de lucir barba. “Fue en el último momento de mi paso por Brasil, y la verdad es que dio bastante de que hablar la barba”, sonríe aunque asegura que “fue algo que surgió y me gustó, pero hoy en día no me gustaría recuperarla. Sé que mucha gente lo pidió o le gustaba, pero creo que fue un momento de mi vida en el que surgió tener barba y nada más”. La historia de la barba concluyó un par de días después de aterrizar en España y como promesa a un amigo que le visitó en Lituania e incitó al cambio de look.

Laprovittola lució calidad y look en su etapa brasileña (Foto: Nicolás Laprovittola)


Aún con ella, el viaje de Laprovittola continuó y, como todavía no tenía el pasaporte que le facilitara su aterrizaje en España, tuvo que volar hasta Lituania para seguir visitando países donde apenas hubo huella criolla. Estar en un club potente como Lietuvos Rytas, competir en Eurocup y sentir el apoyo del técnico Marcelo Nicola le animaron a dar el salto, pero la realidad no fue como esperaba tal y como él mismo se encarga de reconocer. “Me gustaba mucho la apuesta, pero la verdad es que no salió muy bien”. Pese a la decepción inicial por el cambio de entrenador y cierta desorganización, hoy el base considera que aquella experiencia “fue un paso importante porque abrió las puertas de Europa y me dieron a conocer una manera diferente a jugar al baloncesto”.



Y ahora sí, por fin llegó el ansiado momento de jugar en España que siempre mostró y alentó Lucas Victoriano, ídolo y compañero en Lanús. Movistar Estudiantes fue su destino y allí tuvo un papel relevante en un año complicado para la entidad. Se convirtió rápidamente en líder ofensivo pues ya para entonces no sólo era un base creativo y que arriesgaba en el pase, también era el anotador (13,8 puntos y 4,4 asistencias) de triples arqueados y el temerario que se adentraba en la zona para retar a los pívots adversarios. Un sinfín de virtudes que le asentaron en la selección argentina como relevo de la Generación Dorada. Responsabilidad para una nueva hornada de talentos, pero también un orgullo que colateralmente le brindó la oportunidad de disputar la NBA y coincidir en San Antonio Spurs con Manu Ginóbili. “Surgió un poco a raíz de jugar unos partidos en Las Vegas. Jugamos unos amistosos con la selección argentina y Popovich estaba presente. Mencionó a Manu que quería invitarme a la pretemporada, pero como una invitación y sin nada garantizado. La idea fue tomando forma y aproveché la oportunidad. Fue un momento de mi carrera bueno porque no tenía contrato y podía arriesgar. Tomé la apuesta, fui a sumar una experiencia y la aproveché al máximo”, dice. Como ya hizo cuando fichó por Lanús o viajó a Brasil, Laprovittola apostó por el instinto y vislumbró una cima que hasta entonces quedaba nublada. Poco importó que el poderío atlético de los rivales contuviese su virtuosismo sobre el parqué y no superara el corte de mitad temporada, el renombre adquirido le permitió volver a España para jugar en Vitoria y viajar más al norte para firmar por el Zénit San Petersburgo.

Debía ser su equipo, era la estrella de una buena plantilla que ambicionaba competir con las grandes potencias rusas, pero el anhelo de ser importante se transformó en su peor momento como profesional. “No estaba jugando, apartado del equipo. Mi situación era una mierda”, describió en una entrevista a Robert Álvarez en El País. Entrenando con el equipo filial, Nico Laprovittola se sintió desconcertado y fuera de lugar. “Las cosas no me salían, el equipo no contaba conmigo, el entrenador no me usaba… era un momento complicado que a mí me afectó bastante, sobre todo, a mi estado de ánimo. Empecé a dudar si valía la pena todo”, revela.

Todo el brillo que hoy transmite su juego era gris y su figura se entristeció por algo que no llegaba a comprender. Ser invencible es algo tan de ficción como los dibujos animados que solía ver cuando era niño, por ello es de valientes reconocer la duda y el miedo, y apoyarse en otras personas para superar un mal momento. “Lo fui procesando, fui hablando con mucha gente, trabajé con un psicólogo para poder acomodar mi cabeza y de ahí salir a delante”, relata. “En esos momentos malos en los que uno no encuentra el camino, creo que hay que apoyarse en la gente que le hace bien, en la gente que uno valora y sentirse protegido y cuidado. Creo que me ayudó mucho encontrar un lugar como Badalona y un club como la Penya para recobrar toda esta confianza”, nos descubre.

En mitad de la tormenta sonó el teléfono, era Jordí Martí, Director Deportivo del Joventut de Badalona, quien le hacía una propuesta que cambió su realidad.
- ¿Y ahora…? ¿Qué hacemos?, sonó una voz en su interior
- Seguir, no sé hacer otra cosa todavía, respondió sonriendo.

Y de repente, Badalona (ACB Photo/D.Grau)


VOLVER A SONREÍR

Es difícil avanzar cuando se carga sobre la espalda con el diablo de la duda. Un pesado lastre que arrastra los pies y mina la confianza. Cuando eso sucede es fácil hacer alegres discursos vacuos de contenido, pero la vida suele ser más compleja y requiere incluso retroceder pasos para coger nuevamente impulso.

Nicolás Laprovittola necesitaba sentirse cómodo y seguro para recobrar el ánimo y dar sentido a su juego e inesperadamente encontró la vitalidad emprendiendo un viaje redentor que le llevó a orillas del Mediterráneo. “Es un club humilde, más familiar, con otro trato y eso me ayudó a recuperar confianza y mi juego”, reconoce el jugador. “Es difícil de explicarlo, pero, en un momento en el que tenía mucha incertidumbre, me hicieron volver disfrutar de este juego, de esta vida… me hicieron volver a disfrutar de cosas buenas, a divertirme y pasarlo bien”.

En contraprestación al cariño y crédito recibidos, el base ofreció el mejor catálogo de su juego y se convirtió en el líder de un conjunto que iba a la deriva. Nico se adueñó del rol anotador que carecía el equipo y encabezó una remontada espectacular cuando éste se dirigía inexorablemente al cruel destino del descenso. Con ocho triunfos en los últimos 10 encuentros, el Divina Seguros Joventut se salvó y encumbró a su nuevo ídolo (promedió 17,2 puntos y 7,6 asistencias en esos 10 encuentros).

Jugador y club crearon la perfecta unión y, pese a los cantos de sirena que escuchó en verano, Nico fue fiel a su nuevo hogar. Su deseo era prolongar el dulce momento y seguir creciendo, pero jamás pensó que la 2018-2019 sería la temporada de su gran eclosión… la de su particular Space Jam. “Es un año muy bueno”, señala destacando las buenas noticias que llegan a la entidad. “Es muy positivo no sólo conseguir resultados, sino también ver como los jóvenes de la Penya crecen y se hacen un lugar en la liga, y comprobar como el club crece porque económicamente la institución está mucho mejor”.

Un día para no olvidar (ACB Photo)


Líder en puntos (16,6) y asistencias (6,4) de la liga, y empatado en el primer puesto del Ranking ACB (16,7) Nicolás Laprovittola reparte el mérito de su extraordinario año asegurando que “mi temporada personal es gracias a mis compañeros, al entrenador y club. La verdad es que lo más importante es que sigamos consiguiendo incluso más victorias de las esperadas”. Es tal la confianza que el club tiene depositada en él que incluso el base reconoce tener algún déjà vu y recordar sus años de Lanús cuando le daban libertad para ciertos excesos y locuras en su juego. Por suerte, hoy no es el chico de antaño y sabe cuando se equivoca y echa el freno de mano.

Y dentro de una temporada fantástica, hay una fecha que no se puede olvidar y queda enmarcada dentro de la historia de la Copa del Rey. El 15 de febrero, Nicolás Laprovittola superó la máxima anotación de un jugador de la Penya en Copa del Rey en era ACB (36 puntos) y, sobre todo, con su 50 de valoración batió el récord absoluto en un partido de fase final de la Copa del Rey. Preguntado por si ha visionado su actuación, Nico muestra su timidez al asegurar que “a veces me cuesta verme en video”, aunque recuerda que “ese día salió todo y cuesta creerlo. Todavía no me puse a pensar, quizá cuando me retire podré pensar profundamente en su significado. Fue un partido especial. El equipo llegaba muy motivado, con mucha energía. Estábamos muy hambrientos porque nos habíamos ganado un lugar de privilegio y queríamos demostrarlo. Fue un trabajo de todos, las cosas me salieron, pero todos hicieron las cosas para que a mí me saliera ese partido”. Al final retoma la modestia del primer instante, la pulsión humilde vuelve a surgir como en la entrevista realizada a pie de pista tras su exhibición. “No me sale otra cosa”, bromea.



Con el 10 a la espalda, hoy sigue emulando a su ídolo futbolero, Juan Román Riquelme, y no sólo quiere ser un líder dentro de la pista, sino que también se involucra en el club y es un ejemplo para la cantera verdinegra. “Ahora estoy aquí, viendo entrenar a los júniors y eso es la Penya… es ver a los chicos entrenando como un club humilde y familiar… es especial. A todo el mundo le cae bien la Penya, todos saben que la Penya es historia y parte de la liga ACB, y nuestro trabajo es representar bien a Badalona y conseguir resultados para que el equipo vuelva a estar donde históricamente se merece”, asegura.

Seguro que, al igual que él se enganchó al baloncesto viendo Space Jam, hoy en Badalona hay jóvenes que se enamoran viendo jugar a un tipo que logra acciones de fantasía como caños o triples ganadores sobre la bocina. Tipo humilde donde los haya, Nico reconoce que “me cuesta ponerme en esa posición en la que soy mirado por los más pequeños”.

“A veces me cuesta estar en esa posición o ver que los chicos pequeños usan mi camiseta. A mí me cuesta, pero lo disfruto porque creo que siempre es bueno tener un ejemplo o alguien a seguir”, dice. Cercano en el trato, Nico disfruta cuando tiene la oportunidad de estar con chicos ya sea en Badalona o en el campus que comparte con Facu Campazzo en Argentina. Ahí le toca hacer de mentor y tiene claro el consejo que dar a los chicos: “les diría que estudien y entrenen todo lo que puedan, que es lo que a mí me enseñaron. Es muy importante el estudio”. El deseo materno del ayer cobra hoy vida en su propio discurso.

A sus 29 años, Nicolás Laprovittola ha recorrido un largo camino para llegar donde quería cuando el baloncesto dejó de ser una quimera infantil. Durante el mismo comprendió que no hay atajos para el éxito y en el deporte casi siempre hay curvas que tomar y descensos que realizar para, al final, llegar al destino. Nico condujo por tramos complejos, pasajes de su carrera donde las dudas le acompañaron como el pesado copiloto que no deja de decirte qué camino seguir sin preguntar si lo puedes tomar... si lo quieres tomar.

Saborea el presente sabedor de que para alcanzarlo no siempre encontró la compañía de la dicha. Quizá por ello no piensa en la próxima estación, sencillamente ya descubrió lo caprichoso que puede resultar el hado para pensar más allá del siguiente partido. “He pasado por muchas etapas a la hora de decidir mi futuro. He decidido en base al club donde he querido estar, en base a mi familia, el dinero... he pasado por todas”, dice mientras confiesa que “la decisión del año que viene tiene que ser buena en general y espero tomar la mejor decisión para mi carrera… pero no tengo nada decidido”.

Laprovittola ha encontrado un nuevo hogar en Badalona (ACB Photo/D.Grau)


Todos queremos contar nuestras vidas con potente voz y una mano firme que trace un relato perfecto. Sin embargo, esa narrativa sólo pertenece a la ficción pues la vida rara vez responde al guion con el que soñamos y ésta se escribe con renglones torcidos. Altibajos que cincelan nuestra personalidad, dan perspectiva a logros y fracasos, y llenan el equipaje vital con experiencias y souvenirs tan propios como los que la maleta del viajero Nico recuerda al ser abierta.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

Últimos artículos relacionados con Club Joventut Badalona S.A.D.
Últimos artículos relacionados con N. Laprovittola
Últimos artículos del autor



© ACB.COM, 2001-

Aviso Legal - Política de cookies - Política de protección de datos