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La reinvención de Sam
Un adiós que se convirtió en hasta luego y una carta de despedida reinterpretada en declaración de amor. En mitad del éxito de 2017 Sam Van Rossom se marchaba de Valencia para volver meses después y retomar su idilio con un vestuario, un club y una afición que le venera. Pocas veces una marcha fue tan efímera, rara vez un regreso fue más festejado

“La verdad es que me he enamorado de Valencia porque en este tiempo he conocido a gente que ya considero mis amigos. Valencia y su gente siempre estarán en mi corazón”. La frase corresponde a la carta despedida de Sam Van Rossom publicada en junio de 2017. Después de cuatro temporadas en Valencia Basket y con el reciente título de Liga Endesa en su poder, el base belga sentía que era el momento de su adiós.

Era el mensaje de un viajero que descubrió en Valencia algo más que un club. La idiosincrasia de la entidad valenciana, los compañeros y trabajadores, pero, sobre todo, la afición taronja había calado en sus sentimientos hasta el punto de mimetizarse con aquellos a los que vio como extraños tiempo atrás.

“Me he enamorado de Valencia”, escribía. En los párrafos de su adiós, no hubo lamento y mucho menos rencor por el amor que creía perdido. Pragmatismo con aroma a resignación por lo que pudo ser y unas lesiones no permitieron. Recuerdos y agradecimientos para todos los que llenaron su vida de júbilo por cuatro años que entendía habían concluido con la felicidad del campeón.

Y, sin embargo, Sam sigue en Valencia.

Dos años después, el adiós se tradujó en un breve hasta ahora que duró lo que dura el verano. Jugador y entidad se reencontraron donde lo dejaron y en la actualidad el base sigue siendo uno de los jugadores más queridos por el público de la Fonteta, uno de los referentes más importantes del equipo de Jaume Ponsarnau y un elemento decisivo para volver a levantar títulos.
(ACB Photo / M.A. Polo)


LUZ ENTRE TINIEBLAS

Y lo más curioso es que el idílico romance entre Sam Van Rossom y Valencia Basket comenzó con derrota. Aquella que le endosó jugando con el CAI Zaragoza en cuartos de final del Playoff de la liga 2012-2013. Para el recuerdo, el segundo partido con tres prórrogas (victoria aragonesa por 122-120) donde se batió el récord anotador en Playoff y donde el belga jugó 45 minutos. Días después, él sería uno de los principales protagonistas del histórico triunfo en Valencia y que clasificó para semifinales por primera vez al club zaragozano.
Aquel que un día fue verdugo pronto se convirtió en ídolo. “Es un gran reto y espero que disfrutemos mucho y por muchos años”, dijo en su presentación y durante el sexenio que ya dura su estancia no ha defraudado al deseo primogénito.

Pronto se le vio integrado en el vestuario y cumplió con su promesa en apoyar en aquello que necesitará el equipo. Aportó dirección y puntos, pero también liderazgo y carácter. Fue protagonista de los progresos del club y ese primer año besó la gloria al conquistar en Rusia la Eurocup. Eran días de felicidad y de flirteos con terceros. Se escucharon pretendientes de cerca y de lejos, muy lejos, pero la relación se mantuvo fiel y el rendimiento del belga fue estable mientras las lesiones lo respetaron. Entonces entró en un bucle pernicioso.
(Foto EFE)


Todas las personas quieren caminar por la vida con paso firme y sin tropezar, que el aprendizaje sea por acumulación de éxitos y dolor sólo exista como antónimo a nuestra descripción existencial… pero, por desgracia, la vida no es la ficción y ésta se construye de triunfos y fracaso, penas y alegrías… caídas y recuperaciones. Nadie quiere caer, pero es inevitable y el simple hecho de poner las manos en el suelo y flexionar piernas y rodillas mientras alzamos la cabeza nos hace más fuertes. La física biológica impulsa la psicología.

Sam Van Rossom nunca necesitó de un diccionario castellano ni de ninguna persona que tradujera para comprender el significado de la palabra resiliencia. Pequeños problemas en los tobillos le sobrevinieron en temporadas consecutivas, pero aquello sólo fue un ligero malestar con el verdadero drama que supuso operarse dos veces de la misma rodilla en poco más de un año.
En febrero de 2016, el base fue intervenido tras varios meses tratando de esquivar el quirófano. El resultado fue una larga recuperación que le dejó sin disfrute veraniego y una larga espera de 10 meses sin jugar un partido oficial. Fueron meses de altibajos, con incertidumbre sobre su regreso, pero con la certeza de su firme voluntad por estar junto a sus compañeros y un perenne optimismo que no tiene receta médica, pero actúa como calmante cuando no hay pastilla que alivie el dolor.

A finales de septiembre vivió ese momento que todo deportista ansía y volvió a pisar el parqué para nuevamente sentirse jugador profesional. Parecía que el camino de Sammy se enderezaba, la sonrisa nunca la había perdido, pero era verle con chispa sobre la pista lo que de verdad reconfortaba su espíritu . Y en estas regresó la fatalidad cuando en mayo de 2017 se resintió de sus dolencias en la rodilla izquierda y tuvo que ser operado durante el Playoff.

El deporte puede ser muy cruel, mas deja resquicios para la redención. Ésta llegó a modo de inesperado triunfo en la Liga Endesa 2016-2017, cuando el equipo y la ciudad todavía se secaban las lágrimas por la derrota vivida meses antes en la final de la Eurocup. Bajo el sofocante calor del verano levantino y en mitad de la invasión vivida, un tío vestido de calle se permitió el lujo de olvidar la pena interior para alzar el trofeo que nunca se soñó y por eso se conquistó.

“Sam vas a levantar la copa conmigo”, le susurró al oído Rafa Martínez y ambos juntos y emocionados alzaron el trofeo. “He sentido mucha emoción al levantar el trofeo porque es de las cosas más grandes que te pueden pasar ya que la Liga Endesa es la liga más grande de Europa”, dijo ese día entre la algarabía y la euforia del momento. Justicia poética escribiría el más plumilla de los pensados.


LA SUERTE COMPARTIDA

Cuentan que los habitantes de Gante son gente testaruda y cabezona. Personas que persisten en sus propósitos y que triunfan en sus objetivos por su capacidad de ingenio. La historia les avala como pueblo que ha visto construir fortunas gracias al comercio y que también ha sabido defenderse como cuenta su pasado y leyendas como la de su famoso cañón Dulle Griet, convertido hoy en una atracción turística.

Tras el gozo no llegó el duelo, pero sí lo que se creía un adiós. Sam Van Rossom se marchaba de la ciudad que lo adoptó y se pasó todo el verano libre de contrato y de pensamiento. Por su mente sólo pasaba la idea de volver a ser el jugador que quería ser y para ello completó sesiones maratonianas en el gimnasio. Pasaron dos meses desde la despedida escrita hasta el recuentro, aunque no hubo gestos grandilocuentes ni pompas fastuosas para el hijo pródigo, simplemente el abrazo que se le da al amigo que se le dejó de ver durante la época estival.



Quizá porque aprendió en casa la esencia de este deporte (su padre fue entrenador de baloncesto), durante toda su carrera ha evidenciado que su implicación y compromiso van más allá de lo profesional. Principios de valor incalculable en el deporte de élite y que siempre fueron apreciados por un club que aboga por el esfuerzo y el colectivo. Ese fue el mejor aval para su vuelta y en su regreso también quedó patente su testarudez por volver a ser importante allí donde siempre quiso serlo. Ese carácter inabordable al desaliento hoy le ha llevado a convertirse en referente de un nuevo Valencia Basket campeón.

Sam ha demostrado que puede ser muchas cosas sobre la pista, pero por encima de todas, es el hombre encargado de hacer que encajen las piezas en el engranaje de un entrenador. Tiene la personalidad y capacidad asertiva para reclamar al compañero y generosidad para regalar unas zapatillas al novato que pasa de jugar en el EBA a debutar en la ACB, posee picardía para enfurruscar al rival sin perder su temple y nobleza para abrazar al enemigo caído. Es frío para anotar bajo presión pero también un volcán que hace erupcionar a las masas cuando la situación lo requiere. Sam Van Rossom encierra muchos jugadores en uno solo y hoy, en ausencia de Matt Thomas y la mejor versión de Antoine Diot, es, sobre todo, el jugador de Valencia Basket con mayor capacidad de desborde y generación de puntos que hay en la plantilla.

Esta temporada no ha estado exento de percances físicos, pero la madurez también le ha permitido regular esfuerzos y no estará equivocada la persona que piense que está viviendo el período más longevo a máximo nivel desde que comenzaron sus percances físicos. Al igual que el joven que anotó un triple ganador para asaltar el Palau Blaugrana con el CAI Zaragoza, hoy Sam sigue siendo el temible clutch player que gana partidos con tiros sobre la bocina . Van Rossom es un tipo listo, sabe que no puede exprimir el físico durante tanto tiempo como antes, pero es capaz de permanecer agazapado esperando su momento en el encuentro. Puede pasar por debajo del radar rival durante gran parte de los partidos y aparecer cuando nadie lo espera. Porque lo que nunca ha perdido el base, es su carácter competitivo. Como los grandes killers del baloncesto, es capaz de acabar con el adversario mientras te sonríe y te convence de que es un buen tipo aun siendo consciente de que te está robando la victoria.
(ACB Photo / E. Casas)


Y así es como se cuenta la despedida que no fue tal, el adiós que se dilató en el tiempo y el regreso de quien nunca se fue. Sam Van Rossom tiene la misión de llevar a su equipo a lo más alto en este Playoff… y lo mejor de todo es que la seguirá teniendo la próxima temporada.

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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