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Leyendas del Playground (XV)
Tras acabar su etapa profesional, Fly Williams cayó en el peor de los olvidos, entrando en una etapa de autodestrucción, plagada de momentos salvajes. El mundo de las drogas, las peleas y la cárcel le llevaron a acariciar la muerte en varias ocasiones. Su leyenda le precedía e incluso Mike Tyson se sintió atraído por su figura. A pesar de todo, sobrevivió a los peores momentos y todavía hoy en Nueva York mucha gente le conoce aunque nadie ha vuelto a verlo nunca más


El joven Tyson hizo todo lo posible por encontrar a Fly Williams

Poco baloncesto recoge esta cuarta y última entrega de Fly Williams, la más desoladora por cuanto en los últimos setenta ya se perfilaba el desastre. No tanto por la frustración de su figura deportiva como por la caída de su existencia, otra más, a los abismos. Parece que toda Leyenda del Playground esté condenada a portar en sí misma una importante carga autodestructiva. Fly Williams, uno de los pioneros de la rebeldía estética de este juego, caería pronto en el peor de los olvidos, lo que suele actuar como estímulo para acelerar el proceso de destrucción en espíritus más bien frágiles como era el suyo. 'En parte una estrella y en parte un carácter insólito', decía Anthony McCarron en aquel monográfico publicado en SLAM en 1998 ('FLY ON THE REBOUND - An update on a basketball legend'), el mejor de cuantos se hayan escrito sobre Fly hasta ahora. El Boletín Interno de la Universidad de Austin Peay lo publicó íntegramente aquel año para que pudiera ser leído por todos los alumnos.

Aquella entrevista no fue más que un prolongado y sereno paseo al azar entre ambos que arrancó en la New Lots Avenue, al este profundo de Nueva York. McCarron advirtió enseguida con qué tipo de personaje se las vería. Fly hablaba por los codos, animado por ese ingenuo narcisismo propio de las Leyendas del asfalto todavía vivas. Habló del juego y de sus proezas, repitiendo hasta la saciedad lo bueno que era, el más grande de todo Brookyn, decía, conocido y admirado por todos. 'All city, baby, all city, yeeeahh'.

Pero omitimos la parte relatada en las tres entregas anteriores para dar el obligado salto cronológico en la entrevista y situarnos en el punto que nos interesa, el de su decadencia deportiva y rápida precipitación a los infiernos. 1982 es el año en que Fly acude a una de tantas fiestas nocturnas por los aledaños de Brownsville. Y aquella noche pasó lo que más que temprano que tarde tenía que pasar, su primera y atropellada experiencia con las drogas. 'Solíamos buscar cosas nuevas, nuevas sensaciones, y claro... las drogas. Ya entonces vivía un absoluto desorden'. Fly lo pasó muy bien aquella noche, demasiado bien. A partir de aquel momento ya no habría freno para él porque anímica y mentalmente no encontraba razones para detenerse. 'Fueron momentos salvajes. Incluso hay muchas cosas que no recuerdo. Cuando tienes la cabeza fuera de su sitio lo más normal es que no seas consciente de lo mucho que haces. Sí, es una parte de mi vida que no me gustaría haber vivido en absoluto'. Todo aquel desenfreno no se detuvo hasta 1988, momento donde acarició la muerte por segunda vez cuando llegó a pesar apenas 48 kilos con una estatura de 1.96 (una desproporción mucho más grave que los raquíticos 79 kilos de Manute Bol en 1985). Pero aquella artificial anorexia vino precedida del peor intervalo en la vida de Fly Williams, cuando curiosamente se convirtió en una increíble celebridad al este de Brooklyn, casi de la de un modelo a imitar.

Nacido igualmente en la suburbia de Brownsville, un jovencito de apenas quince años llamado Mike Tyson, que dos años atrás fuera ya detenido por robar una cartera antes de ser expulsado de la secundaria de Catskill, decidió por sí mismo ir en busca de aquella leyenda de la que tanto se hablaba. Contra la satisfacción que producía en algunos el mero consumo de grandes rumores, Tyson quería dar vida a la leyenda en carne y hueso. Había oído tantas cosas sobre él, su atrevido estilo de vida, la forma en que ninguneaba a sus oponentes, que el joven Tyson se sintió ingenuamente atraído por su figura. Cuando por fin dio con su domicilio llamó a la puerta. Fly dormitaba la 'modorra' a pleno mediodía en algún rincón de la casa tras una noche de espanto. Pero el joven, como era de esperar, no se dio por vencido y aporreó fuerte la puerta. Le habían jurado que Fly estaba dentro. Mucho rato después, Fly se incorporó pesadamente y tambaleándose acudió hasta la ventana, desde la que después de escuchar las súplicas del chico por conocerle, le despachó de mala manera seguramente avergonzado por no poder pronunciar ni palabra. Es posible que pese a verle, Tyson cayera profundamente decepcionado al contemplar aquel delirante espectro del que poco menos que un dios le habían hecho intuir que era.

Es curioso. Pero como auténtica celebridad suburbana que dispone de todos los lujos de la calle, el caso de Fly recuerda muchísimo al de Joe Hammond en algunos aspectos y especialmente en uno. 'Muchas veces no tenía que pagar por ello. Había tanta gente que me conocía y yo era tan popular... Toda aquella gente estaba presente incluso en los partidos que yo jugaba. Me doy cuenta que casi toda la droga que consumí no tuve que comprarla. La tenía a mi disposición y en cualquier momento me la ofrecían'. Pero como suele ocurrir, al paulatino adiós del esplendor, el entorno fue paralelamente esfumándose. Y así llegó el momento en que Fly tuvo que vender e incluso pedir dinero para poder saciar su adicción. 'Aquellos fueron los peores momentos. Vender claro que vendí. Hice todo tipo de cosas para poder sobrevivir. (...) Ya no vivía en ningún sitio'. Puede que la diferencia entre un amigo y un conocido resida en que los segundos acuden a uno en los buenos momentos al ser llamados mientras que los primeros lo hacen en los malos sin que nadie se lo pida. Pues si damos validez a la idea, Fly se quedó solamente acompañado de su gran amigo Ronald Jones, al que Fly, cierto es, no le hizo demasiado caso. 'Su nombre llegó ser sinónimo de droga, vandalismo y problemas graves 'se lamentaba Jones-. Ocurrió años después de su relación profesional con el baloncesto, momento que tenía que haber aprovechado para elegir un camino. Yo fui su amigo y estuve a su lado. Pero de poco parecía servirle. Conocí a gente muy peligrosa y yo sabía que Fly no era como ellos. Él era básicamente una buena persona, lo puedo asegurar, pero terminó haciendo lo mismo que ellos. Estaba justo en ese punto donde sabes que algo va a pasar y no va a ser nada bueno', y eso que Fly, gracias a los programas de atención a zonas y sectores sociales desfavorecidos, había conseguido un pequeño empleo en el hospital de Coney Island.

Pero de nada sirvió. Al término de un partido de exhibición en 1987, mientras era felicitado por los presentes, Fly mantuvo una discusión muy fuerte con un tipo que nadie conocía por allí (un aduanero según se supo más tarde). Una jugosa cantidad de dinero parecía ser el motivo. Pocos días después alguien llegó a su casa y sin mediar palabra le disparó a bocajarro. Fly Williams llegó a estar clínicamente muerto. 'Qué rápido se empapó toda mi ropa de sangre. Estuve muerto. Te lo aseguro. Mi corazón se detuvo pero me devolvieron a la vida 'relata el propio Fly sin perder nunca el humor-. Después de recibir el disparo pude ver una luz brillante y una especie de fuego por debajo de mí... y una lengua alcanzaba mi pierna. En serio te lo digo. El sacerdote que vino a darme la unción en el hospital me dijo después que había visto el infierno'. Fue un auténtico milagro. La fragmentación de la bala, que había entrado por su costado izquierdo, le afectó a un riñón, un pulmón y parte del estómago.

Fly fue acusado después de amenazas, intento de robo y posesión ilícita de armas. ¿Había más gente envuelta en todo aquello porque en el juicio aparecieron un montón de tipos que me acusaron de haber tratado de robar al hombre que me disparó. Y que él se había defendido con un revólver al sacarle yo un cuchillo. 'Una pistola contra un cuchillo? 'Yo, que por entonces trabajaba en el hospital de Coney...? Aquello no tenía ningún sentido, pero no me hicieron caso'. Fly fue finalmente condenado y pasó catorce meses en la legendaria Attica y otras dos prisiones más. Curiosamente no le vino mal y mejoró bastante su vida anímica allá adentro. Organizó torneos movilizando a un buen número de brothas' que le conocían. Muchos presidiarios llegaron a pedirle autógrafos. Pero Fly era incorregible. Años después de salir, regresó otras dos temporadas a chirona entre 1993 y 1995, cuando tras una redada fue acusado de hallarse en posesión de una considerable cantidad de cocaína. Sin embargo, aquella sería su última larga visita a las rejas, tiempo suficiente para cumplir pena y quedar además limpio de adicciones según examen oficial de la propia prisión. 'He had completed the drug program', sentenciaba su informe final.

Hoy día mucha gente al este de Nueva York se acuerda perfectamente de él. Pero nadie le ha visto más y todos aseguran, por el modo de vida que llevó siempre, que muy probablemente Fly murió hace tiempo. Pero no es así. Actualmente aprovecha su experiencia pasada para que otros no caigan en sus mismos errores. ¿Trato de enseñar a los chicos que el mal camino no es el camino. Hablo constantemente con las comunidades. Me cargo yo mismo las cosas malas que me pasaron y trato de dar todo lo bueno que aprendí de ello y muchas veces, sí, les cuento mi vida porque quizá aprendan algo de todo ello'. En el gimnasio de una Junior HS integrada en el programa Home Improvement y delante de unos cincuenta chicos que nada sabían sobre él, Fly se mostraba sincero: 'Fui muy buen jugador en mi época, 'sabéis? Pero no podemos confiarlo todo al Baloncesto'. Acto seguido dirigió su dedo a uno de los chicos diciéndole: 'Hey, put your heart and soul in the classroom, baby'.

Parece increíble que después de todo lo ocurrido, Fly se mantenga intacto. ¿El 18 de febrero (decía terminando el año 98) cumpliré 45 años. Guau... 'y he llegado hasta aquí? La verdad, nadie lo diría'. Una vez terminada aquella maravillosa entrevista y habiendo dejado ya lejos la inmensa Lots, McCarron se atrevió a poner en cuestión su grado de popularidad en Brooklyn... tantos años después. La casualidad quiso que en aquel preciso instante cruzaran una de las avenidas bajas de Brownsville, por donde el metro emergía a la superficie en un tramo alto. Fly aguardó en silencio unos instantes y agarró después a McCarron de la chaqueta espetándole:

-'¡Eh, rápido, mira ahí arriba!'

En el vagón número tres del metro se podía distinguir fugaz pero claramente una vieja pintada a modo de grafitti que decía: ¿FLY FROM THE VILLE'. McCarron se quedó anonadado y no pudo evitar imaginar que aquellas noches de locura y desenfreno en sus lejanos setenta habían dado para mucho. 'Cuántas cosas más se escondían para siempre en el recuerdo de aquel grotesco artista anónimo? 'Fui un pionero, amigo. Nací demasiado pronto'.

Gonzalo Vázquez
ACB.COM



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