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Leyendas del Playground (XVII)
El verano de 1971 se produjo el debut de los Westsiders en la Rucker. El equipo dirigido por un joven y audaz Peter Vecsey se proclamó campeón en dos ocasiones gracias a los excelentes jugadores que lo conformaban. Entre ellos, el gran Julius Erving dejó muestra de su capacidad y talento en aquel asfalto que le permitió desarrollar su mejor baloncesto. El propio 'Doctor J' ha reconocido en muchas ocasiones que allí se sintió realmente libre como jugador de basket


Julius Erving dejó muestras de su gran clase en la Rucker

El fabuloso especial que SLAM publicó el pasado verano (STREETBALL: For the Love of the Game), no podía prescindir en ningún caso de Peter Vecsey, una de las personalidades más influyentes en la Edad de Oro de la Rucker. En páginas interiores aparecía un reportaje que parafraseando la biblia de Telander llevaba por título 'Heaven was a Playground' y tenía a Vecsey como protagonista principal de un monólogo recogido por Lang Whitaker, quien subtitulaba: 'Peter Vecsey saw the whole thing': Peter Vecsey lo vio todo. Es de recibo entonces atender su opinión.

A principios de los setenta Vecsey era un joven y audaz reportero que arrancaba su carrera en el New York Daily News como cronista de los Nets. Amante del Baloncesto y las relaciones sociales, Vecsey no dejaría pasar la ocasión de formar un equipo en la Rucker y vivirla desde dentro durante más de una década. Así la entrevista era toda ella una sola respuesta, una entera crónica en primera persona que iniciaba de modo íntimo y sincero: 'Sin duda alguna aquellos fueron los mejores días de mi vida'.

Todo comenzó en los últimos días de la primavera de 1971. Pese a ser muy joven aún, Vecsey conocía los círculos de interés y se movía muy bien entre ellos. Su primera presa, la más difícil, fue el entonces propietario de los Nets, Roy Boe, al que terminó convenciendo para esponsorizar el equipo. Boe era hombre de basket y cedió desinteresadamente los 500 dólares necesarios (buena cifra en 1971) sin contraprestación publicitaria. Vecsey comenzó la casa por el tejado porque inmediatamente después dedicó todos sus esfuerzos a encontrar jugadores. El primero un amigo suyo, Dave Brownville, con quien había compartido pachangas en Hofstra años atrás. Brownville era íntimo amigo de Julius Erving y le persuadió de la idea. El Doctor conocía ligeramente a Vecsey tras una entrevista realizada años atrás como estrella de Massachusetts. El 6 de abril Virginia Squires había comprado los derechos de Julius como agente libre tras su año junior y él consideró una buena opción prepararse para los pros en aquella liga de verano que tan bien conocía. Todo se consumó en pocos días merced al infatigable y frenético proyecto de Vecsey, quien tiraría después de un magnífico contacto, Butch Parcell, nativo de Harlem y muy popular allí. Parcell sería su asistente y Brownville inscribió al equipo en la Rucker después de un par de semanas de recolecta de jugadores, todos del ala oeste de Manhattan. Así el nombre de aquel equipo sería el de los WESTSIDERS. Además de Brownville y Dr J, formarían escuadra:

Billy Paultz - pívot de los Nets ('LA ABA (XVII): Los mejores (V)').
Joe DePre - base de los Nets
Ollie Taylor - escolta de los Nets (uno de los más grandes voladores anónimos de la década)
Manny Leaks - alero de los Chaparrals
Mike Riordan - alero de los Nets
Charlie Scott - escolta de los Squires

El equipo estaba listo y buena parte del grupo se conocía muy bien, demasiado bien, tanto que ni el propio Vecsey podía haber imaginado lo que en realidad iba a dar de sí aquel primer boceto, un conjunto perfectamente profesional.

El verano del 71 fue el verano de Julius Erving, el verdadero comienzo de su Leyenda. Hubiese transformado el juego en la competición que hubiera pisado pero una divina solidaridad con los ingredientes de aquella época le hicieron despuntar allí, en la Rucker, su líquido elemento. El completo perfil de su figura reflejaba a la perfección el más bello estilismo del asfalto: libertad, espectáculo, talento, estética y orgía de juego. Como jugador en bruto su grado de libertad fue mayor allí incluso que en la propia ABA y ni remotamente comparable a su carrera NBA. 'At Rucker, Doc didn't have any restraints', subrayaba Vecsey, a lo que añadía la primera impresión que le ganó al hacerse con él: 'Julius había abandonado la UMass tras su año junior. Así que su preparación en ligas de verano previo a su paso a profesionales lo realizó con nosotros. Venía de promediar más de 20 puntos y 20 rebotes, algo al alcance de muy pocos en el college. Pero todavía era universitario. Y venía de una competición donde no se podía machacar. Sabíamos que era bueno pero ignorábamos todo lo bueno que era en realidad'.

La jornada de debut de los Westsiders llovía generosamente, pero parecía no hacerlo para Julius, que no se cansó de machacar a placer como si necesitara de aquel torneo para dar rienda suelta a sus impulsos más básicos, a su entero perfil de dibujo animado. ¿La primera vez que Doc cogió el balón, penetró y machacó (por encima de Sid Catlett y Marvin Roberts, ambos de Brooklyn y en unos 2.05) recuerdo haber agarrado a Butch para gritarle: What the fuck was that? (...) No terminamos de creer muy bien lo que estábamos viendo'. Tras cuatro partidos con ellos, Vecsey quedó tan asombrado de Julius que llamó al propietario de los Squires, Earl Foreman, convencido de que no tenían ni idea de quién era Doc en realidad. 'Simplemente le dije: Oye, 'de veras sabes lo que realmente tienes?'. Después de aquella llamada tanto Johnny Kerr, GM de Virginia, como su técnico Al Bianchi, no abandonarían la Rucker hasta su último día de competición.

El legado de Doctor J en la Rucker es uno de los tesoros desgraciadamente mejor guardados en la historia del Baloncesto. Todas y cada una de sus acciones fueron allá adentro un despilfarro impagable de imaginación, improvisación y talento que convirtió el microuniverso del Holcombe Rucker Park en un muestrario potencialmente similar al que ofreció Michael Jordan como depositario de audiencias universales en los primeros noventa. 'When someone mentions the name Rucker Park to me 'reconocía el propio Erving- it reminds me of a time in my life when I felt a very special type of freedom as a basketball player'. Algo que Vecsey extendía como testigo principal a todo aquel experimento, el más grande anarcobaloncesto que se haya dado nunca: 'En la Rucker no teníamos ninguna restricción y jugábamos mayormente para el público. No sólo me refiero a los mates; me refiero a todo lo que hacíamos'. Y más concretamente reconoce que algunas acciones históricas que ha dado la NBA fueron allí divinas pioneras. Como por ejemplo el célebre aro pasado de Julius en las Finales de 1980 contra los Lakers, algo que según Vecsey, Doc acostumbraba en la Rucker. 'He would do that five, six times a game, all from different angles. He would just go up in the air and just start hanging, then switch hands, then switch legs in midair. Guys would be swarming on him, hitting him. Every dance down court was an adventure. It was unbelievable'. Qué difícil resultaba anotar en aquellos aros duros, no retráctiles, donde los puntos provenían las más de las veces en cortos tablazos de los jugadores interiores (la Final del 70 se fraguó entre hierros escandalosamente inclinados). Las bandejas altas, el balón al aire, el finger-roll o toque de dedos representaban un complejo recreo al alcance tan sólo de los más finos estilistas (pobladores de esta serie), y de entre todos ellos... 'nobody like Julius Erving'.

En cuatro años con ellos, los Westsiders lograron los títulos de 1971 y 1973 convirtiéndose en uno de los equipos más legendarios en la historia del Torneo. Al cabo, Vecsey concentró los esfuerzos en su carrera profesional. 'Era difícil conseguir buenos jugadores así que finalmente lo dejamos'. Sin embargo, el apodado 'The Viper' por la facilidad en el manejo social de importantes personalidades, regresó en los primeros ochenta picado por el gusanillo y la inesperada presencia de un nuevo sponsor: la firma de calzado deportivo PONY, nombre final del equipo. El nuevo conjunto recogió interesantes college del entorno aderezados por talibanes del asfalto. Aquel reportaje de SLAM venía encabezado por una maravillosa instantánea a doble página donde aparecían todos los integrantes de aquel verano de 1982. Junto a Vecsey como entrenador, su asistente Butch Parcell, el veteranísimo Cal Ramsey y el resto de jugadores: Louis Orr, Pat Cummings, Sam Worthen, Clyde Bradshaw y Bobby Willis entre ellos. Tras lograr nuevamente otros dos títulos el equipo se dispersó al adiós de Vecsey y para muchos, la edad de oro de la Rucker llegó a su fin.

En lo que a Vecsey se refiere, su balance fue legendario: cuatro títulos de seis posibles es el mejor recuerdo del hoy día influyente columnista del New York Post. 'Ahora, de vez en cuando, regreso allí para ver jugar a mi hijo', sin poder evitar la dolorosa nostalgia de una era que ya pasó y nunca volverá.

Gonzalo Vázquez
ACB.COM



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