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El loco de los 200 puntos
Muchos amantes del basket consideran a Paul Westhead su loco favorito. No es para menos, pero hay que ahondar en el personaje de la forma que lo hace G Vázquez para darse cuenta de que, en su enfermiza obsesión ofensiva, Westhead llegó a desquiciar a su propia plantilla e incluso se llegó a hablar de un plan de asesinato. Una vez más, G Vázquez borda sus retratos con innumerables anécdotas y datos inéditos. Imprescindible


Paul Westhead durante el clinic que realizó en España

No es el baloncesto moderno un deporte muy propenso a extravagancias técnicas, y es que a lo largo de su historia ha habido un buen número de ellas que, por desgracia, han ido cayendo en el olvido porque simplemente la experiencia ha demostrado que nunca obsesión y gloria fueron demasiado juntas. Explicar el caso de Paul Westhead es considerar el modelo de un entrenador para quien el juego contaba con una sola canasta, la del rival, la que literalmente había que incendiar. La propia simplemente no existía, o lo que es lo mismo, la defensa carece de importancia para ganar. 'Hay que dejar tirar rápido al contrario para poder atacar cuanto antes' .

La carrera de Westhead como técnico tiene un punto y aparte después de nueve dignos años al frente de La Salle College, donde la prudencia y un sistema de ataques rápidos le acreditaron como posible técnico en profesionales, cosa que ocurrió entrada la temporada 79-80 con los Lakers. Jack McKinney, primer técnico del equipo, sufrió un grave accidente de bicicleta transcurridos 14 partidos y Westhead tomó el mando de una de las mejores plantillas de la liga (Magic, Nixon, Cooper, Jones, Chones, Wilkes, Abdul-Jabbar, Haywood, Lee, Landsberger). Su baloncesto es el precursor del 'showtime' de la década angelina, el mejor que practica Westhead en toda su carrera. 'Teníamos un buen equilibrio de juego exterior e interior. Combinábamos el juego rápido con ataques estáticos en torno a Kareem' . 50-18 y 12-4 en Playoffs le convierten en su primer año en campeón de la NBA. Crecido en arrogancia, comienza a obsesionarse con la carrera frenética en pista y su tiranía empieza igualmente a obrar fino. Aun así, la calidad del equipo asume un 61-32 al año siguiente, justo antes de caer en tres partidos con los futuros subcampeones, los Rockets. El inicio de la 81-82 es insostenible para el casi total de la plantilla. Magic asume el riesgo de enfrentarse a él transcurridos once partidos (7-4) después de que la reestructuración ofensiva que planteaba Westhead redujera notablemente su protagonismo: 'Ya no puedo seguir jugando aquí. Quiero que me traspasen a otro equipo' . Jerry Buss, propietario, toma nota y al día siguiente el técnico es fulminantemente despedido. Los siguientes partidos en el Forum fueron los más difíciles en la carrera de Magic. Difícil de creer hoy en día, cada vez que tocaba el balón, los abucheos colmaban el pabellón. Cuenta una arriesgada biografía de Spencer Haywood que varios compañeros odiaban a tal punto a Westhead, que llegaron incluso a tramar un intento de asesinato contra él. Mejor no ahondar en tan espinoso trasunto, en especial para el elegido: 'Fue una época que ya pasó' , sentencia Westhead. Al año siguiente, unos pocos partidos con unos desastrosos Bulls y otros tantos con Denver pasan por ser meramente anecdóticos.

El despertar de su carrera tiene lugar en la universidad de Loyola Marymount a partir de 1985. Allí permanece cinco años y no lo hace mal del todo (105-48). Llega a colocar al equipo como posible Final Four en 1987 después de 14 victorias consecutivas, en parte, todo hay que decirlo, merced a un extraordinario jugador ya fallecido, Hank Gathers (precursor de Kenyon Martin). Mantiene una polémica abierta con su opuesto, Bobby Knight (Indiana), por razones evidentes y deja alguna marca para la historia. Febrero de 1989: Loyola 181 - US International 150; al descanso, 94-76; 331 puntos en conjunto y nada menos que 8.3 puntos por minuto. Westhead hizo entonces acopio de ironía: "No podíamos protestar a los árbitros ninguna acción, porque te preguntaban: ¿cuál?" .

La gran orgía de Westhead llega con la oportunidad que le da Bickerstaff en los Nuggets de 1990. Paul se obsesiona con vengarse de su despido en la liga una década atrás y pretende hacer historia como sea. De hecho, lo consigue. Su temporada es la más ridícula de la historia, por encima incluso de los Sixers del 72 (9-73). El baloncesto de Denver es menos serio que el de los Globetrotters. Aquel año reciben 130 puntos de media por partido y Paul casi logra su anhelo: los 200 en un choque, pero no de su equipo, sino del rival. San Antonio les endosa 161 pero la gran ocasión la tienen los Suns de Fitzsimmons. Llegan al descanso con ¡107 puntos! Los micros acuden raúdos en el descanso al vestuario de los Nuggets. Acosado por el pánico de caer en su propia trampa, alguien capta la orden más grotesca puesta en escena en el curso de la liga: 'Chicos, esto va claramente contra mis principios pero' ¡habrá que retener el balón!' . La segunda parte pasa a la historia como un flagrante despropósito y hasta la propia NBA llama la atención a Westhead; su equipo agota numerosas posesiones sin lanzar y algunos jugadores (Lane, Rasmussen) se arrinconan con el balón como el púgil en un cuadrilátero. El Veterans Memorial Coliseum asistió aquella noche a un lamentablemente cómico número de circo. Todavía los Nuggets (Jackson, English, Ellis, Adams, Lever) logran 20 victorias, pero por primera vez cierran la Midwest, la Western y la NBA al completo.

Las declaraciones de Westhead aquel verano son para enmarcar. Después de seleccionar a Mutombo y tras el ridículo del año, disfraza su discurso con nuevos aires que no engañan a nadie: 'Tendremos que reestructurar las cosas para llevar a Dikembe a la línea de fondo. No quiero decir que vayamos a jugar en ataque con él como lo hicimos con Abdul-Jabbar, pero al menos nos sirve como referencia. Lo que sí significa es que tendremos que practicar un baloncesto que sirva para aprovechar claramente nuestra ventaja en la posición de pívot. Puede parecer un equipo convencional de la NBA. A veces subiremos el balón andando y si el marcador es 100 a 99, perfecto, no estoy demasiado preocupado por el número de puntos que anotemos' . Sin embargo, lo que sigue desnuda las verdaderas intenciones obsesivas de Westhead y casi pone como excusa al propio Mutombo, a quien, en efecto, quería como apunta llevar a la línea de fondo, para apartarlo. 'Pero como Dikembe es nuevecito, esta temporada estaremos en una especie de proceso evolutivo' . Proceso que llevó al equipo a ganar únicamente 4 partidos más que el año anterior, gracias en buena parte a la intimidación bajo aros del zaireño. Las cosas no sólo no cambiaron, fueron casi a peor. Algunos pesos pesados, como Lever, abandonaron el equipo y Adams, con la mayor de las indolencias se llegó a jugar hasta ¡20 triples! en un solo partido. El caos es absoluto.

Ese fue el triste final de Westhead en la NBA y difícilmente alguien dará una nueva oportunidad a este díscolo técnico. Quien sí que dio ocasión de largar al proscrito fue Bob Ford, avispado periodista del Enquirer de Philadelphia. El dominical dedicó el pasado mes de febrero un buen espacio a Westhead, quien expuso sin tapujos su filosofía del baloncesto, un absurdo nihilismo de cosecha propia: 'Yo no tengo método. Además, el tiempo es estúpido. Hay que correr la cancha para crear ataques instantáneos, dejar tirar al rival para poder lanzar cuanto antes. Buscar buenas posiciones de tiro rápidamente y en el contraataque. Nunca renunciaré a ello. Nunca voy a preocuparme si siete segundos más tarde el balón llega a alguna opción de tiro y encestamos a doce de la posesión. No voy a preocuparme de cuánto tiempo queda en el reloj. Pero tampoco quiero irme al otro extremo y dejar pasar ese tiro a los doce segundos y tener luego que tirar cuando quedan cuatro. Yo no quiero aferrarme a un juego predeterminado. Trataré de aprovechar siempre al máximo toda mi munición ofensiva' .

Sus contradicciones discursivas parecían no tener fin. Durante un clinic en España en el verano del 91, Paco Torres tuvo oportunidad de charlar con él. 'Los jugadores deben tener habilidades atacantes. Ofensivamente, tienes que ser experto en todo' . O lo que es lo mismo, dominar la técnica. Tratar sin embargo de relacionar esta premisa con la siguiente resulta del todo complicado. 'Para ser un buen base en mi equipo es preciso ser un buen atleta, no un gran driblador. Si no se corre, mi baloncesto no tiene sentido y a los jugadores, aunque digan lo contrario, no les gusta correr porque yo les hago sufrir corriendo' . 'Técnica, pues, o despilfarro de velocidad? Donde no parece corregirse, sin embargo, es precisamente en su más fiel obstinación. 'Siempre les digo que tiren, que tiren, si a alguien se le pasa un balón es para que tire. Una vez un 'cuatro' me preguntó que si siempre tiraban los jugadores de fuera cuándo lo podría hacer él; yo le contesté que fuera a por el rebote y cuando fallara su compañero, cogiera el rebote para tener su oportunidad' . Da la impresión de que su mentalidad anárquica quizá hubiera calado hondo en aquel primer partido de la historia, en 1891, donde el viejo Naismith puso en el gimnasio simultáneamente a 50 jugadores en pista. A buen seguro sus chicos hubieran superado el 2-0 con que terminó la batalla.

Hoy en día, Westhead, amante de ¿su baloncesto', una caprichosa interpretación del viejo Fast Break Offense, todavía tiene ocasión de seguir enganchado a él entrenando a Los Angeles Stars de la renacida ABA. Allí todavía puede ver cumplido su sueño. 'Algún día mi estilo se acabará imponiendo. Lograré 200 puntos en un partido. Entonces me podré retirar tranquilo' . Nunca hubo un entrenador que dejara tan claro que su obsesión, más que la victoria, es conseguir un registro de mero escaparate que de con su nombre en algún almanaque de curiosidades o cierre un informativo nocturno con algunos segundos anecdóticos. No quisiera, sin embargo, concluir sin hacer referencia a un apunte suyo al que, no si cierta discrepancia, presto algunas de mis más radicales consideraciones: 'En la NBA todos juegan igual, con los mismos parámetros y yo creo que el público empieza a buscar algo distinto' . 'Será Westhead, quizá, el remedio a la siguiente era post-Jordan?

G Vazquez
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