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Leyendas del Playground (XXVI)
Sus excelentes promedios en la Universidad le abrieron pronto las puertas de la NBA, pero para Billy ´The Kid´ Harris la etapa profesional terminó pronto. Su difícil carácter le devolvió a la calle donde pudo expresar todo lo que sentía jugando al baloncesto. Sus espectaculares condiciones físicas y sus vuelos sobre el aro le hubieran convertido en el primer Michael Jordan


Billy Harris aprovechaba cualquier posibilidad para volar sobre los aros

Jackson, Manigault, Knowings, Erving, Taylor, Green, Sellers, Mitchell, Fields' Cuántos y qué grandes voladores anónimos dieron las calles americanas el último tercio de siglo. En general se complica hablar de alguna figura urbana que no haya fraguado buena parte de su leyenda allá arriba, como si fuera el aire un terreno de obligado brillo para toda estatura y condición: un 5'11' como Darin 'Munchy' Mason machacaba sobradamente gracias a un salvaje vertical de 43 pulgadas. Abrimos ahora los dos últimos episodios con el vuelo como eje central, pero urge aclarar en el protagonista de hoy que su perfil rebasa con creces la categoría de mero volador. Hay, pues, que entender la fotografía 'en la profunda K-Town de 1974- como un fabuloso pretexto para abordar al último grande de la serie.

Durante toda la década de los setenta, las calles de Chicago tuvieron el privilegio de contemplar las evoluciones de un atleta extraordinario y casi igual jugador, a cuyo destino le pesarían demasiado dos infortunios: ni era de Nueva York ni probablemente hubo nunca un bocazas como él. Su nombre: Billy Harris, una figura desaforadamente convencida de sus condiciones y la hostilidad del Baloncesto profesional hacia él. Un ejemplo: las palabras destacadas por Scoop Jackson en SLAM cuando Harris superaba ya los cincuenta: 'Entre los 16 y los 30 años, me los habría f' a todos'. Pero no a cualquiera, no. Literalmente: '(Michael, Doc, Larry, Big O, Magic, any of 'em. You gotta shoot this muthafucka in the hole to win). Les habría dejado 22 de ventaja en partidos de 24 y' hazme caso, no me habrían ganado nunca, nunca'. Chulo era un rato, la verdad, pero por citar un solo ejemplo, Fly Williams hizo y dijo cosas mucho peores. Sin embargo la NYC siempre fue mucho más centro de atención que cualquier otro rincón del país (que se lo digan a Raymond Lewis) y, a iguales condiciones, los nativos de la Gran Manzana parecían estar condecorados de antemano. Como indicaba el periodista Shawn Parker, 'some of the most intriguing stories are about players relatively unknown outside of Harlem (outside of NYC)'.

Llamarse Billy facilitaba muchísimo el apodo de 'The Kid' ('Da Kid', que dirían hoy), pero es que a Harris el sobrenombre le vino al pelo porque en realidad nunca dejó de ser un auténtico niño. Siempre se comportó con la misma infantil ingenuidad como si los años no obraran mentalmente en él. Ya crecido, lo que en el deporte se considera como un 'atleta' 'destacó igualmente en Fútbol y Atletismo- bien podría en él considerarse más allá de la pista como un auténtico 'semental' por su pletórica generosidad con el sexo femenino. Jackson lo resumía al detalle: 'Michael Jordan de día, Don Juan de noche'. El capítulo 12 de las divertidísimas '100 Historias del Basket' a cargo de Julián Felipo y Jordi Román y publicadas en esta misma página, sobrevolaba con mucha ironía su figura bajo el título 'Hubo un Michael Jordan antes de Michael Jordan'. De allí recogemos su primera ubicación biográfica: 'Harris nació en la zona sur de las viviendas Robert Taylor (el 12 de noviembre del 51) y destacó tanto en la escuela Dunbar como en la universidad de Northern Illinois'. En realidad, fue otro enorme talento más que pretendía el Baloncesto 'además de como mujer- como el único trampolín posible para salir de la miseria.

Entre 1970 y 1973 Harris cuajó en Northern Illinois tres años de auténtico lujo: 1331 puntos a razón de 24.1 en su última campaña. Medía 1.90 y adoraba jugar de base 'que no era su posición natural- sólo por el protagonismo que subir la bola permitía. Como pieza netamente ofensiva, era rapidísimo y entrando en carrera con el balón en las manos ya podía olvidarse el defensor de detenerlo. Sin una técnica excesivamente depurada, la mínima posibilidad que tuviera de volar al aro la aprovechaba por unas condiciones físicas asombrosas, ahí sí de auténtico Jordan. Terminada la temporada del 73 decidió que tres años en la Universidad eran más que suficientes y voló esta vez al draft. Pese a su indiscutible calidad apenas era conocido en la escena profesional y tan sólo su Chicago natal le prestaría atención, quizá no demasiado honrosa. Cayó elegido en el número 115 de la séptima ronda, muy por detrás de un convidado de piedra como Kresimir Cosic (Lakers). Pero fue elegido y el primer paso estaba ya dado: tendría acceso al campus de verano de unos Bulls que atravesaban entonces su momento de la década. Walker, Van Lier o Sloan eran piezas intocables pero Harris contaba con todo a su favor para anticiparse al relleno de Howard Porter, Bob Weiss o Rick Adelman.

Sin embargo, la triste realidad fue que 'The Kid' no dio más que problemas desde el primer momento. Pensó que ya todo estaba hecho con estar allí pero fue incapaz de dar una sola señal de disciplina táctica. Su tremenda arrogancia y continuo cacareo provocaron además el inmediato rechazo de todos. Y como lejos andaba el cuerpo técnico -con el severo Dick Motta a la cabeza- de romper el fino equilibrio del equipo, decidieron cortar por lo sano y enviaron a Harris de nuevo a la calle. Chicago hizo pública una nota oficial donde tachaba al jugador de 'difícil' y el resto de posibles NBA captaron enseguida el mensaje. La mala fama de Billy corrió como la espuma y ya nadie llamaría a su puerta.

Pero un año después su tesón le abrió otra como hecha a su medida: el ¿Hardship Draft' de la ABA. Agotadas las demás vías oficiales, el 'hard' era el último mercadillo posible, el de los condenados al fondo e incapaces de graduación. Y así, aquel verano del 74, mientras St Louis contrataba los servicios de otro 'niño' como Fly Williams, San Diego hacía lo propio con Billy Harris. Allí coincidió con una mala bestia como Warren Jabali (La ABA (X): Estado salvaje (III)) y otras dos lamentables circunstancias: primero, Alex Groza había relevado en el banquillo a Wilt Chamberlain evitando como debutante toda revolución (el 6 de enero, con 15-23, sería reemplazado por Beryl Shipley) y segundo, la cercana quiebra de San Diego: en febrero la liga se hizo cargo de una parte de la franquicia, que sobrevivirá tan sólo 11 partidos en la siguiente campaña (3-8) antes de desaparecer. El escenario para Harris era desolador: 31-53, cola del Oeste y apenas dos mil espectadores por velada. Nadie le dio una oportunidad real. Apenas 16 minutos por noche apuraron ocho puntos de media que no iban a ningún lado. Y la única vez que lo dejaron jugar, el 1 de abril frente a San Antonio, The Kid se marcó 28 puntos en una exhibición de vuelos y mates que con toda justicia le habrían abierto hueco en el concurso del año siguiente (si no en el mismísimo All Star). Pero no hubo nada que hacer. Harris naufragó con toda la franquicia. No renovó y pasó a deambular sin alegrías por liguillas y torneos de verano 'allí se ganó toda su fama- hasta desaparecer finalmente en el marasmo urbano de su ciudad donde sólo rivales y vecinos supieron de él.

La incomprensión de que fue objeto unida a su singular personalidad desembocaron en que a la mínima declaración posterior no disimulara en absoluto su resentimiento hacia todo lo que sonara a oficial. 'Nací en una sociedad que no me pagaba por lo que yo sabía hacer. Nací para jugar a Basket. Fui una leyenda'. De hecho siempre estuvo convencido: 'Yo podría haber sido el primer Michael Jordan de la historia'. Con todo, calificar a Harris como mero volador sería faltar a su verdadero legado, el de una especie de anónimo David Thompson que no entendía la utilidad de los entrenadores. De bravucones y vocingleros estuvieron siempre repletas las calles, pero su insólito espíritu combativo, la depredadora competencia, el cara a cara, mucho antes que sus chiquilladas, fueron sus primeros y genuinos rasgos distintivos. Lástima que no topase en la NYC con Hammond o Kirkland porque cuesta creer, caso de duelo, que alguno de ellos hubiera salido con vida. Todas sus declaraciones posteriores, y es aquí donde hay que incidir, revelaron una dura crítica a lo que él consideraba una excesiva tolerancia económica en el profesionalismo, la principal diferencia entre el Basket de cemento y el Basket de fino parqué, entre la pasión desnuda del juego en la calle y el vil metal que lo ensucia en el más alto nivel. Harris contaba que en sus tiempos de gloria, la vida transcurría de forma sencilla: los días batallando bajo los aros y las noches charlando sobre la batalla. Así el Baloncesto era un maravilloso pretexto para la vida, para combatir su miseria y ser incluso un insomne' feliz. Esa firme convicción la terminó condensando Harris en una sentencia lapidaria: 'The game is to be told, not sold'.

Desde Kirkland a Vecsey, muchos han tratado de poner de manifiesto esa radical diferencia entre el profesionalismo y la calle, pero quizá vengan al caso como nunca las palabras de Greg Tanner en la mejor página británica dedicada al asfalto (streetball.co.uk). Su hermano Stuart Tanner encabeza el pequeño grupo de streetballers ingleses que no pasó por alto aquel especial de SLAM. Previa publicación del número, su responsable Russ Bengtson recibió una llamada de Greg pidiendo un pequeño hueco para ellos y así nombres como Luol Deng, Niel Fingleton, Ryan Cadogan, Germayne Forbes y el legendario Marvin Olactan dejaron al menos su firma. Para proclamar con fuerza la idea, Tanner encontró en Billy 'The Kid' a su modelo ideal de jugador, y quizá sea esta breve reseña el mejor homenaje a su figura: 'Those who saw him play were affected by what he did on court, they saw a player who came to play. A player who wouldn't back down from anyone, a player who would not lose and who never had a bad game. A player who would talk the talk and then out do even what he though he could do. A player that was looking for that perfect game and came so close far too often'. Ese era en realidad 'The Kid', y en cualquier serie que se precie, aun mucho más reducida que ésta, será siempre obligada su presencia entre los más grandes.

Desde su regreso definitivo a la calle mediados los setenta, Harris estuvo completamente perdido para el mundo del Baloncesto. Pocos, muy pocos, sabrían en lo sucesivo de él. En el año 2001, la universidad de Northern Illinois celebraba el centenario de su programa académico de Baloncesto, y pusieron en marcha una serie de partidos entre los mejores jugadores que habían pasado por allí (The N.O. Men's Basketball Centennial Alumni Games). No fue tarea fácil dar con el paradero de Billy pero finalmente se consiguió. La tarde del sábado 17 de febrero 'The Kid' formó parte de un combinado de jugadores donde, por pasado, él y Andre Williams gozaban del mejor renombre. El partido fue disputadísimo y se llegó a los últimos segundos con empate a 65. Tras una serie de rechaces el balón fue a parar a las manos de Harris, quien sin apenas pensarlo, como en sus mejores tiempos, soltó una dificilísima suspensión que besó la red en el mismo instante en que sonaba la bocina. El protocolo habitual en este tipo de partidos reparte los minutos escrupulosamente y nadie estuvo en pista demasiado tiempo. Pero 'The Kid', como para que nadie olvidara su apodo pese a los 49 años que lo contemplaban, no se esfumaría de allí sin dejar su sello en forma de 24 puntos, el máximo, mostrando una forma física fuera de toda lógica y una clase que, como suele decirse, nunca se pierde. O lo que es lo mismo, genio y figura hasta'

Gonzalo Vázquez
ACB.COM

Las 'Leyendas del Playground' de G Vázquez, al completo


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