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Leyendas del Playground (XXVII)
'Quién no ha oído alguna vez aquella leyenda urbana según la cual a Herman 'Helicóptero' Knowings le fueron señalados tres segundos... en pleno salto?. Para muchos es sólo un clásico de la rumoloría mítica del basket, pero lo cierto es que este hecho se encuentra rigurosamente documentado en la prensa estadounidense de la época. Más allá de este hecho, esta nueva entrega de la serie de G Vázquez nos introduce en la figura de uno de los mayores voladores de la historia del asfalto


La falta de técnica hacía que Herman 'Helicóptero' Knowings saltara a por cada balón

Herman Knowings aparece en todas y cada una de las reseñas genéricas sobre la mitomanía histórica del Playground. En todas. Pero más allá de adornar su nombre a los Manigault, Hammond y Kirkland, apenas se cuenta algo más de él. Se le suele despachar con una escena reiterada y cada vez más escueta que viene a decir: 'Una vez le señalaron tres segundos' mientras estaba en el aire'. Y con eso basta. En realidad, hay una explicación para todo esto. Knowings no estuvo nunca afectado por ningún tipo de secretismo 'como Ray Lewis- sino por el hecho de ser un 'tapado'. Compartir batallas con los tres más grandes que haya dado el asfalto neoyorquino y carecer de una técnica que le hiciese un jugador completo rebajarían para siempre el grueso de su figura. En aquel entonces era difícil brillar por el mero juego sucio y defensivo 'como Richie 'The Animal' Adams años después-, y es ahí y sólo ahí donde verdaderamente cabe encuadrar a Herman Knowings, un armario humano de 1.93, un auténtico mandinga urbano, una especie natural de Ben Wallace: musculoso y enconado como nadie, su ingenuidad técnica le hacía saltar constantemente a todos los balones, a todos los tiros, a todos los rebotes, a toda acción en juego. Él, simplemente, no sabía jugar en el suelo. De ahí que su sobrenombre, uno de los más recordados y a juicio de un sondeo reciente de ESPN, uno de los veinte mejores que haya dado el Baloncesto americano, fuera 'The Helicopter' (que a su muerte recogería el Edgar Jones profesional).

Pese a sus carencias, conviene subrayar que Knowings participó en todas y cada una de las grandes proezas que dio la Rucker en los últimos sesenta y toda la década siguiente. Mucha de la gloria apuntada al legendario trío fue posible gracias a la presencia y trabajo atrás de Herman Knowings, un buen tipo nacido en y para la calle (el 11 de junio del 42) a quien compañeros y amigos llegaron a adorar como un talismán. En la jungla nunca estuvo de más hacerse amigo del más fuerte y así Knowings, como Scoop Jackson recuerda, 'became the most famous player in Harlem not named Manigault'. Tan fiel compañero era que igualmente compartió con aquellos tres cada una de sus miserias: él no traficaba pero sí consumía, y cabe señalar que donde en aquellos podía valer una dosis, en un físico portentoso como el suyo, cabía el doble. Así pues, un perfil tan singular estaba condenado a fraguar su propia leyenda, sólo que en su caso las gestas fueron de otro color, más primitivo y sincero, más bestia y tribal, y por ello pueden ser revisadas hoy como auténticas joyas del deporte bizarro. World. B. Free, otra joya de la época, marcaba así la diferencia entre la elegancia, la sutileza, y la pura brutalidad: 'When Julius Erving dunks' he dunks. When Darryl Dawkins makes it, he 'DAAANKS''. Herman Knowings pertenecía genéticamente a este segundo grupo, si es que vale incluir a Knowings en algún grupo común. Y quizá por este motivo el cronista Clay Latimer lo retrató a secas como 'a cultlike figure', una figura de auténtico culto de la que realmente, todo hay que decirlo, muy poco se sabe.

Volviendo a la intriga de los 3 segundos, la más celebrada en su biografía deportiva, cabe preguntarse si no se trata de una genuina leyenda nacida del imaginario urbano, cuando las más asombrosas suspensiones oficialmente registradas 'las de Dominique Wilkins- alcanzaron como mucho el 1.7 apurando incluso el ligero enganchón al hierro o el azaroso contacto con algún jugador que acolchara parcialmente la caída. Parece entonces imposible lograrlo sin algún tipo de 'efecto especial', un milagro de precisión similar al de Beamon en México. Y lo encontramos, para decepción de muchos, en la excesiva prisa del árbitro por señalar algo seguramente falso. Toda leyenda puede hinchar a capricho un suceso real pero en ningún caso mentir y, los 'Tres Segundos de Knowings', efectivamente, se produjeron. En una edición dominical del Rocky Mountain News, Clay Latimer recogía así lo ocurrido: 'He went for a ball fake in the lane, and as the opponent waited for him to return to the asphalt, Herman treaded air, witnessed swear, until the referee whistled the opponent for a 3-second violation'. Y casi en los mismos términos coincidía otro cronista, Eddie Oliver, en HoopsUsa: 'He went for a ball fake in the lane, and as the man waited for him to come down, witnessed swear he treaded air until the ref' called three-seconds'. El árbitro entendió que cuando Knowings capturó la bola en línea de fondo llevaba demasiado tiempo allí, lo que unido después a una suspensión seguramente colosal 'tuvo que serlo porque aquella escena fue la que le dio fama eterna- terminó de provocar la anécdota, en todo caso, legendaria.

Milagro o broma arbitral, no hay que olvidar que lo más asombroso en 'The Copter' no era tanto su ansia por no pisar el suelo como el gran número de ocasiones donde no parecía importarle cómo, cuándo o sobre quién caer (era mucho más temerario que Jackie Jackson), y sobre todo, el llamado Hang Time, el tiempo de suspensión en el aire ('He can levitate', destacaba Theworldebon.com). Cada vez que Knowings saltaba lo hacía a lo bestia y algunas de sus batidas fueron las más salvajes 'por poco sofisticadas- de una época, como hemos podido comprobar en la serie, de pura pornografía aérea. Scoop Jackson escribía: 'He could jump outta any gym, climb tall project buildings in a single bound' y Vincent Mallozzi aseguraba que le llamaban ''The Helicopter' because he could rise above everyone else on the court', vamos, que, como Manigault, frecuentaba a menudo el prodigio de Carter sobre Weiss en Sydney. Para Mallozzi el auténtico 'Half Man, Half Amazing', sobrenombre del actual AND1 Anthony Heyward, era en realidad Herman Knowings, el tercer hombre tras 'Jumpin' y 'The Goat' en realizar la hazaña tótem de la época: 'Fly to your money!'. En 1970 los hermanos King, Albert y Bernard, de 10 y 13 años, lo pudieron comprobar por sí mismos. 'Cuando estaba en noveno grado 'contaba el mayor- vi con mis propios ojos cómo atrapaba un dólar de lo alto del tablero para ganar una apuesta'. Como a cualquier otro niño, hechizado entonces en mitad de 'the crowd', ver aquello era tatuar su recuerdo en la memoria. 'And I was a complete shock'. Así es como funcionaron siempre las leyendas del Playground, por auténtica y sincera tradición oral.

Eddie Oliver añadía otro episodio de la Rucker con Knowings como protagonista, enfrentado esta vez a un equipo de profesionales liderados por Willis Reed. Scoop Jackson incluía la misma historia en su reseña del especial de SLAM en boca de otro testigo de excepción, Bob McCullough, compañero de Reed y sufrido rival de Knowings aquella tarde. ¿I'm not going to mention names, but there was one play where the Rucker Pros brought the ball down, and Copter blocked a shot. Whap! The guy passed the ball to a teammate, who tried to shoot. Whap! Blocked again. The next guy passed the ball to a third Pro. Whap! Get the picture?'. Knowings consiguió tres taponazos seguidos sobre tres profesionales distintos en una misma jugada. En la NBA sólo Manute Bol alcanzó una proeza similar en 1992 al taponar cinco veces un mismo ataque de Orlando, así que 'cómo no iba a adorar aquel público, entregado siempre a 'los miserables', los suyos, a aquella bestia parda?

A lo largo de la serie hemos venido contando que los primeros refinamientos en el arte del mate ('The Dunk') vieron la luz en el corazón del asfalto neoyorquino. Y no se debe olvidar que algo similar ocurrió con 'The Block'. Ambas acciones provocaban espontáneamente el júbilo de todos porque algo inflamable llevaban dentro: la pulsión venal y el espectáculo. Era tal el número de tapones y su relevancia en el juego que la propia NBA decidió incorporarlos a su Estadística en 1973. Y si Manigault, por aquel entonces, pudo ser el más grande matador, Knowings deslumbraría como el más salvaje taponador. Una tarde (la escena la relataba para Yesbasket.ch el miembro del Rucker HOF Tom Lockhart, Bucks draft '76, Univ. Manhattan), H.K. formaba pareja con Dave Bing para enfrentarse en un dos para dos contra Lenny Wilkens y Wilt Chamberlain. El duelo se disputaba a 15 canastas y se llegó al término con empate a 14. Con la bola en su poder, Lenny y Wilt salieron al perímetro para rifarse un simple 'pick&roll'. Wilt quedó libre y recibió el balón adentro para el mate. Pero tan fácil lo debió de ver que, sin fintar, llevó el balón arriba en el preciso instante en que Knowings, en pleno vuelo, se comía literalmente el aro con sus dos brazos (''and covered the rim with his arms'). Y como ahí era donde la fuerza bruta del Helicóptero alcanzaba su punto álgido, consiguió arrebatar salvajemente el balón a Chamberlain con las dos manos. Allí donde otros hubieran corrido serio peligro de quebrar su antebrazo, Knowings era un muro infranqueable, otro hierro intermedio. 'Wilt was so shocked he dropped the ball and Helicopter grabbed it'. Bing anotaría en la siguiente jugada (por aquel entonces el unísono grito de 'bing' era sinónimo de canasta como años después lo sería el de 'magic' en los barrios de Michigan)' 'and his team ended up winning'. Una parte infinitesimal en la trayectoria de Bill Russell y Lew Alcindor vendría dada por ser los únicos capaces de provocar una intimidación real sobre Wilt Chamberlain en forma de tapón. Pues bien, parece ser que hubo además un tercer hombre del que nunca se dijo gran cosa.

La mayoría de las fuentes apuntan a que Knowings llegó a mantener con la droga ese tipo de adicción donde la vida cotidiana no parece quedar afectada, como quien come cuatro o cinco veces al día. Es difícil pensar otra cosa cuando su más íntima camarilla, más que adicta, era la droga misma en Harlem. Entrados los setenta, Hammond y Kirkland controlaban el monopolio de todo aquel sector urbano y Manigault se deshacía en su profunda adicción. Nada confirma que Knowings fuera camello pero superada la treintena consiguió honradamente lo que otros ni hubiesen soñado: reunió el dinero suficiente para crear su propia empresa de alquiler de vehículos ('He owned a cab company in NYC', S. Jackson). Nunca dejó de jugar porque la droga parecía no hacer mella en su cuerpo 'alternó varios años con los Globetrotters- pero seguramente sí en su cabeza. Todo parecía ir sobre ruedas cuando aquel fatídico sábado noche (el 12 de abril de 1980), sin ningún destino prudente, la fiebre de la velocidad ''Too Fast, Too Furious'- alcanzó una temperatura de alto riesgo pese a que fue otro coche, según fuentes policiales, quien dio primero. ('The cab he was in was hit by another car', Oliver; 'While driving one of his cabs, an oncoming car hit him, killing him on the spot', Jackson;). Herman Knowings, el superhombre, falleció en el acto, y como no podía ser de otro modo, en un accidente. 'El 'Helicóptero' aterrizó a la temprana edad de 37 años', terminaba Jackson.

Ese mismo periodista lamentaba la desgracia, otra muerte más, culpando casi directamente -como hizo Alan Paul con Connie Hawkins- al otro Baloncesto, una situación de la que no se vio libre la gran mayoría de integrantes de la Old School. 'Algunos creen que si el poder le hubiese dado a Knowings una sola oportunidad 'la burocracia blanca que rechazaba dar oportunidades a los negros nativos del corazón urbano- nunca habría ido en ese coche porque nunca habría tenido que crear una empresa para tener que ganar dinero', para poder sobrevivir. Probablemente. Como casi con toda seguridad ni él ni Manigault ni Hammond ni Kirkland, ni tantos otros, porque haber sido profesionales les habría alejado forzosamente de un peligroso estilo de vida muy difícil de esquivar cuando no has conocido otra cosa. Ni ellos ni Raymond Lewis, abandonado a su miseria en la chabola de un guetto angelino donde agonizó sin una pierna hasta la muerte. De otro modo las cosas, esta serie no habría sido posible.

Un periodista preguntó una vez a Knowings cuál era la razón por la que siempre estaba saltando, y él, con la misma ingenuidad de siempre, respondió: 'Well, it's fun to fly'. Imaginamos que debe andar divirtiéndose de lo lindo en el mejor escenario posible, el cielo.

Gonzalo Vázquez
ACB.COM

Las 'Leyendas del Playground' de G Vázquez, al completo


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