Artículo

Leyendas del Playground (XXX)
Se cierra el capítulo dedicado a Lloyd Daniels con esta tercera entrega en la que conoceremos el debut del neoyorquino en la NBA. Su paso por los San Antonio Spurs estuvo marcado por los diferentes técnicos que le dirigieron. Tras un buen comienzo, poco a poco fue perdiendo el protagonismo y decidió cambiar de aires. Varios equipos NBA, Europa, Sudamérica' 20 equipos y 7 países en 10 años resumen el final de la carrera de un genio del asfalto que no tuvo suerte como profesional


Lloyd Daniels, en su etapa en los Spurs, fue perdiendo protagonismo con el paso del tiempo

En 1992 San Antonio cayó a las primeras de cambio a manos de Phoenix (3-0). El varapalo obligó a la directiva texana a un drástico cambio de rumbo, situando como técnico jefe a Jerry Tarkanian, veterano debutante en la arena profesional. Este hombre parecía condenado a ser el ángel de la guarda de Daniels, ofreciéndole por segunda vez la oportunidad de su vida: previo paso por el campus de verano jugaría en la NBA con San Antonio Spurs. Después de tantos y tan terribles avatares, el neoyorquino por fin podía ser profesional. En los primeros 20 partidos Lloyd formó parte de una tímida rotación pero el 9-11 inicial puso rápido fin al periplo profesional de Tarkanian. 'Su sustituto? Nada menos que John Lucas. La suerte para Lloyd venía de cara. El técnico demostró al llegar su terapéutico manejo del grupo, creó muy buen ambiente y arriesgó una táctica de rotación valiente (12 jugadores superarían los 500 minutos). Hasta la llegada de J.R. Reid al equipo, Daniels alternó con Vinny Del Negro el rol de sexto hombre al quinteto formado por Johnson, Elliott, Ellis, Carr y Robinson. Y Lloyd cumplió con creces. Integración, correctos porcentajes y aplomo en pista fueron sus credenciales culminando su debut como sexto anotador del equipo (9.1). Durante toda la temporada la rotación fuerte de Lucas no olvidó a un jugador cuyo pasado despertó rápido la admiración y el cariño de los seguidores del HemisFair. A muchos kilómetros de allí, en lo profundo de la Gran Manzana, quienes habían compartido con él horas de calle y tropelía, no le quitarían ojo sintiendo además un orgullo especial. Lloyd estaba allí. El 55-27 de la Regular convalidó finalmente la apuesta.



Lloyd Daniels era un jugador físicamente extraño: calvo, frente huidiza, carente de músculo, vello, hombros y labios, ojos achinados y fina nariz europea, su piel era tan clara que parecía un negro albino. Ligeramente braquicéfalo 'cabeza ahuevada como Payton, Cassell o Thierry Henry- y de anatomía romboide 'menguando a partir de las caderas- llegaron a apodarle 'Alien Nation' por su tremendo parecido con el alienígena principal de la serie de TV. Semejante ejemplar merecía al menos una reseña, cosa que no se produjo hasta desaparecer Lloyd de la escena. Tom Scocca se atrevió en el City Paper (8 dic. 99) aludiendo además a su eterno problema disléxico: 'Daniels is pigeon-toed and thin, unmuscled, with a narrow face. He tends to talk in an amalgam of jock phrases and recovery-speak'. Tampoco su apariencia técnica era muy común: herencia de su pasado playmaker, su bote era corto y bajo para una estatura generosa, inclinando hacia delante el cuerpo en dos partes como un aspa: piernas y espalda permanecían rígidas. Para quienes no le habían visto jugar pero conocían su pasado, Daniels era como una exótica pieza de feria, una rareza. La gente parecía transigir su fealdad por un pasado anémico y violento, y sobre todo, por la famosa bala alojada en el hombro, el morboso motivo de su primera, y casi única, popularidad. Y es que muchos se preguntaron entonces cómo podía jugar en la NBA alguien afectado por un parásito de metal.



En lo que al Daniels jugador respecta, mucho habían cambiado las cosas. Contrariamente al desparpajo y la osadía que presidieron la actitud de otras leyendas urbanas, el Lloyd Daniels profesional era un jugador técnicamente tímido, de muy escaso recorrido, reprimido de cuantas virtudes le habían dado fama como prematuro genio urbano. Lucas no le prestó nunca la dirección de juego porque ya no lo era. Y tampoco él parecía desearlo cuando apenas retenía el balón, como urgiéndole el pase elemental y corto al compañero más cercano para no provocar pérdidas ni desorden alguno al encaje general. Básicamente se había convertido en un escolta muy alto, todo exterior, cuya mayor virtud era la seguridad de enchufar el tiro una vez la jugada había sido cocinada por todos en elaborados estáticos. En suma, una velada represión de lo que representase en otro lugar y tiempo que recuerda muchísimo al caso Kukoc: de soberano a vasallo, de eje a tornillo, de sobresaliente a común. Incluso el juego de Lloyd, de tempo muy lento y cerebral, era más propio de la sangre europea que del playground americano (de la primera rotación tan sólo Antoine Carr perdió menos balones). Ya no era en ningún caso el Lloyd adolescente, y fuera por voluntad propia o por mera táctica, tendría que asumir su nuevo papel y, por desgracia, una merma física evidente (parecía moverse con sumo cuidado). Al año siguiente su presencia perdió peso y terminó por aceptar que ser profesional costaba un precio muy alto. Todo esto explica que Lloyd no se sintiera del todo a gusto.



Así que transcurrido ese tiempo pudo equivocarse. Tan seguro se vio ya como profesional que se ofreció al mercado para conocer su valor real, cosa que no gustó demasiado en el despacho texano. Nadie superó la oferta de los Spurs y tras decidir la directiva el despido del técnico, su sustituto Bob Hill haría lo mismo con Lloyd. A partir de ese momento su itinerario perdió cualquier sentido constructivo. Lucas acabó en Philadelphia llevándose consigo a Daniels, que a mitad de temporada emigró a los Lakers. Tras el verano del 95 vendría a Europa, a la Scavolini, y sin ser ni mucho menos un anotador cerró el año con 24 por partido. Pero a toda costa quería regresar a la NBA y sendos contratos cortos en la 96-97 le brindaron 22 partidos con Sacto y New Jersey. Al año siguiente irrumpe en Toronto, donde disputa tan sólo seis partidos 'de nada sirvieron sus 21 puntos en uno de ellos- antes de firmar con Atlanta, con los que ni siquiera llegará a debutar perdiendo además su derecho a pensión pese a bastarle un solo contrato más para lograrlo. Y es que por muchos años que pasaran, Lloyd seguía ignorando cierta lógica en el juego social que, mal que pese, permite progresar o echar raíces en algún sitio. Así lo aclaró años atrás una editorial de la Publishers Weekly: 'Coaches and colleagues tried to discipline him, yet Daniels emerges as a man whose skill is exceeded by his laziness and arrogance, a player who cuts practice, blaming poor performance on injuries or on teammates, but never on himself'. El final de la 97-98 lo repartió entre el Galatasaray turco y la CBA (Idaho). Al inicio de la siguiente emigrará a Puerto Rico (Cangrejeros de Santurce), retorna a la CBA (Idaho y Sioux Falls) y termina el año en el AEK de Atenas. Vuelve a su país y Herb Brown lo rescata para sus Baltimore Bay Runners de la IBL, donde coincide con el pequeñísimo Shawnta Rogers (1.62), que encabeza aquel año la liga en puntos, asistencias y robos. Daniels ya no era la estrella en ningún sitio y aún le deparaba el destino una ironía mayor.



En febrero del año 2000 regresa con 32 años a la IBL de manos de Trenton debutando en el Thomas&Mack Center de Nevada Las Vegas, precisamente el lugar donde 13 años atrás lo tuvo todo a su favor para la más prometedora carrera imaginable antes de ser detenido. Así lo señalaba Steve Carp ('Lloyd Daniels: ALIVE AND WELL') en la Review Journal del 15 de febrero: 'But life has a funny, if not ironic' Lloyd Daniels, a survivor in the game of life, finally got to play at the place that was supposed to be 'his house''. No, su casa nunca sería Nevada Las Vegas sino L.V. Silver Bandits, más irónicamente aún, 'Los Bandidos de Plata 'ni siquiera de oro- de Las Vegas'. Ni tampoco recibiría el pabellón aquel lunes las 18 mil almas habituales para ver a la UNLV, sino apenas unas 300 y por un motivo, como apuntaba Carp, más bien poco deportivo. 'And those who were there may have shown up out of morbid curiosity'. Pero al menos recibió una fuerte ovación al salir, logrando 22 puntos y la victoria de su equipo por 109 a 113. En Trenton aguantaría nada menos que año y medio. Transcurrido el verano renovó liga, ahora la USBL, jugando para Long Island Surf antes de terminar su rocambolesca carrera, al término de la 2002, en la remota Venezuela. Así terminó todo. En suma, un triste deambular por 20 equipos y 7 países distintos en apenas 10 años. 'I got to see a lot of beautiful places', decía Lloyd a modo de triste epitafio.



Su nombre quedaría inexorablemente unido a la bala 'todos sabían de ella pero nada de su origen- y al de Jerry Tarkanian, sobre el que la Liga Universitaria había abierto en abril del 87 una investigación por flagrantes irregularidades en el reclutamiento del jugador ('Violation of NCAA rules in UNLV recruitment of Lloyd Daniels', titulaba el expediente en noviembre del 91). El proceso duró cinco años y terminó por puro desgaste con la carrera del técnico cuando hizo pública su renuncia en marzo del 92. Una vez más se repetía la historia; bastaba que una Leyenda del Playground acariciase el terreno oficial para quedar maldita. Y esta es la lectura más importante que puede hacerse del caso Lloyd Daniels más allá del rápido vistazo público que lo contemplaba como otro genio urbano apagado y convertido en parche reciclable en equipos de quinta fila. Sobra añadir que muchos detractores de la calle se subieron con gusto al carro de su fracaso.



Hoy día Daniels es un hombre feliz. Feliz de estar vivo y feliz de poder disfrutar de una familia de la que le privaron al nacer. Está casado y tiene 3 hijos: Aubrey (11), Shaina (9) y Lloyd Jr. (5). Habita una bonita casona en Colt's Neck (New Jersey) y aunque reconoce ser feliz por las cosas que no se pueden comprar, tampoco se priva de su Mercedes y su Lexus. Dedica ahora su tiempo a evangelizar su comunidad, entrenar a chavales desfavorecidos y de vez en cuando se anima a participar en algún torneo estival. 'When you get older, you change. The main thing is you have responsibilities to others. I have a wife and three kids to support. I got people to look after now. Before, I was just looking after Lloyd Daniels'. Por lo recurrente, parece ser ésta la feliz condena de las leyendas que sobrevivieron a la muerte, de aquellos que una vez fueron grandes y hoy' lo siguen siendo.

Gonzalo Vázquez
ACB.COM


Las 'Leyendas del Playground' de G Vázquez, al completo


Últimos artículos del autor



© ACB.COM, 2001-

Aviso Legal - Política de cookies - Política de protección de datos