Artículo

Leyendas del Playground (XXXVI)
Desde que, allá por 1947, Holcombe Rucker fundara un pequeño torneo para jóvenes negros que terminó convirtiéndose en el más célebre de la ciudad, muchos han sido los que han jugado al auténtico baloncesto de asfalto. El Playground de aquellas míticas estrellas se sigue disputando en muchos parques de la ciudad de Nueva York. G Vázquez nos ofrece una guía para aquellos viajeros, que no turistas, interesados en conocer los lugares donde se puede ver hoy en día Playground del bueno


El buen viajero puede encontrar los mejores lugares para disfrutar de Playground de calidad

A decir verdad, buena parte de esta serie se concentra en un reducido espacio geográfico –para un país tan grande- dominado por una raza, la negra. Es bien conocido el éxodo de los afroamericanos a las ciudades del norte una vez abolida la esclavitud en 1860. Pero el mayor movimiento migratorio se produjo en los posteriores años 20, cuando grandes masas de población negra hacen de Nueva York, y más concretamente de Harlem, su nuevo hogar, creciendo en pocos años de 83 mil a 204 mil almas. Esta urgente llegada, como era lógico, no se dio en las mejores condiciones y en medio de esta masificación nació en 1926 Holcombe Rucker, una figura que dedicó su corta existencia a mejorar en lo posible la vida de aquella colmena humana.

Rucker creció en Manhattan y fue uno de los alumnos del instituto madre de tantas figuras del Playground, el Benjamin Franklin HS. Entre 1948 y 1964 abrió numerosos locales a pie de calle donde cualquier vecino, especialmente los recién llegados, podía solicitar ayudas o simple información para obtenerlas. Cuando el Baloncesto profesional y universitario era un terreno vetado a los negros, Rucker fundó en 1947 un pequeño torneo que con el tiempo se convertiría en el más célebre de la ciudad, la Rucker League. Su lema era sencillo: “Each one, teach one”, y pretendía armonizar la educación de los jóvenes con el recreo de que disfrutaban los blancos en muy distintas condiciones académicas. Él mismo se encargó de enseñar los fundamentos a los muchachos, ayudarles en sus deberes escolares e incluso contactar gradualmente con universidades y pequeñas ligas, llegando a conseguir más de 700 becas de estudios para ellos. En 1962, mientras continuaba su propia formación en el NYC College, impartía clases de inglés en un pequeño instituto de la calle 139. Entretanto el torneo aumentaba la participación y calidad, y la progresiva presencia de jugadores como Chamberlain, Reed o Alcindor actuó de reclamo no sólo de espectadores sino de futuras presencias profesionales, por aquel entonces, mucho más comprometidas con los primeros valores que alumbraron el torneo. Así la Rucker se convirtió en aquella década en toda una institución que, pocos años después, en pleno esplendor, será lugar de peregrinación para infinidad de negros que veían en el Baloncesto, más que su salvación, una Religión de su difícil existencia suburbana. De hecho, la decadencia del torneo coincidirá en los primeros ochenta con la reticente participación de profesionales y su recelo a posibles lesiones (y humillaciones) dado el formidable nivel de exigencia de aquella pequeña liga que, a ojos de los presentes, tenía mayor valor que la propia NBA, que era percibida entonces a caballo entre “el gran sueño” y un escenario de señoritos. La Rucker, en cambio, nunca prostituirá sus “amateur roots”.


Infografía del Holcombe Rucker Park tras su reforma

En un principio el torneo se disputaba en el Colonel Charles Young Playground, situado inmediatamente al norte de la 155 y flanqueado por el Frederick Douglas Boulevard y el Harlem River Side. El 23 de febrero del 56 aquella improvisada pista original fue oficialmente investida como parque. En 1965 Holcombe Rucker falleció a la edad de 38 años traicionado por un prematuro cáncer y nueve años después, en 1974 y bajo la administración del alcalde Lindsay, el parque será renombrado como Holcombe Rucker Park a justa gloria del fundador. En 1980 Greg Marius fundó un torneo alternativo en el parque Mount Morris de la calle 120 y lo llamó “The Entertainers” por la masiva afluencia de raperos que armonizaban con el espíritu urbano el torneo. Tres años después se trasladaron a la 139 y tras dos veranos, en 1985, recalaron en el Holcombe Rucker Park cuya liga madre, la Rucker, pasaría a llamarse en adelante “Entertainment Basketball Classic”, la EBC, disputada hoy en la 155 de la octava avenida. En 1993, obligado moralmente con lo que ya era un auténtico patrimonio de la ciudad, el presidente del área de Manhattan, Ruth Messinger, financió la reforma del parque con 423.000 dólares dentro de una serie de programas sociales impulsados por la administración Clinton (el Neighborhood Park Improvement Program). La intención era conceder el mayor grado de oficialidad al torneo y revitalizarlo con todo tipo de nuevos servicios. “The resulting facility contains play equipment, swings, safety surfacing, a spray shower, a flagpole with yardarm, a comfort station, four handball courts, seal animal art, and a baseball diamond” (History of WaHI, NYC Dept. of Parks&Recreation, marzo 2001). Desde entonces los partidos se adentran felizmente iluminados en las tórridas noches del verano neoyorquino tanto en el EBC (del que es dueño y señor el brillante relaciones Fat Joe) como en el Each One Teach One Tournament, que incluyen torneos para niños, highschoolers, universitarios y pros. Películas como Above the Rim, On Hallowed Ground o White men can’t jump reflejan la diversa realidad de ese particular Streetball, todavía hoy el más importante y genuino de todo el planeta.

Al margen del esqueleto social, retrato de toda la serie, nada como el clima para entender la B-Ball Fever al aire libre. Entre junio y agosto los días en Nueva York son largos y soleados, siendo julio el mes de más horas de sol. En invierno los días se acortan pero brilla el sol a menudo y en otoño suele llover menos que en primavera. La densidad de parques y canastas allá adentro no tiene parangón en el mundo. El curioso que se atreva a la aventura no será un turista: será un viajero. Y como tal, sabrá responder a su libre improvisación. Pero en ningún caso debería eludir algunos consejos previos. Es de suponer que nadie querrá verse en la inquietante encrucijada en que dio Bruce Willis en el Bronx en la tercera entrega de La Jungla. Los Brownstones (edificios colmena de Harlem de color rojizo y material barato con porche de escalerillas stoop y sótano foso) son territorio exclusivo de negros que como en el mismísimo corazón del África no han visto ‘blancos’ ni quieren verlos por allí. Harlem, el Bronx y una parte de Brooklyn no son territorios demasiado aconsejables para el viajero debutante que camine solo mirando a todos lados por pura ingenuidad turística. Rincones como el Lower East Side, Chinatown, el Midtown al oeste de Broadway (excepto la plaza del Lincoln Center) y la zona del Uptown (por encima de la 82) pueden ser zonas no demasiado seguras. Todo parque allí, cuanto menos desierto mejor. Y es que haya basket o no, siguen siendo el hogar preferido del tráfico de drogas y demás sombras del crimen.

En todo caso, sería injusto detenerse en esta excepción. Puede que ninguna ciudad en el mundo esté mejor diseñada que Nueva York para hacer disfrutar al viajero del más puro Playground. La Rucker no es más que la NBA del asfalto, pero hay otras muchas Ruckers que poder encontrar. Mediado el mes de agosto tiene lugar la HARLEM WEEK y el Baloncesto en verano se dispara por toda la ciudad. Sólo hay que encontrarlo, por ejemplo, entre la 116 y la 155. Para llegar hasta allí, nada mejor que el metro. El viajero puede tomar los trenes locales 1 y 9 que van de la 7ª Avenida de Broadway a la calle 116 de St. Columbia University. También los autobuses M4, M5, M11 y M104 hacen un recorrido paralelo. Las líneas A, B, C y D de metro llegan hasta la 125 de Harlem así como los buses M1, M2, M7, M101 y M102. Es habitual además que los hoteles cercanos dispongan de rutas guiadas en autobús, deteniéndose el interesado donde le plazca y regresar después por libre.

Ahora bien, ¿dónde detenerse? ¿Dónde encontrar Baloncesto de Playground? Vamos con algunos puntos calientes:

  • El área de RIVERSIDE PARK: en especial las calles 76, 84, 96 y 110.

  • Un determinado borde de CENTRAL PARK: justo encima del Great Lawn.

  • El ASPHALT GREEN: yendo por la York Avenue, las calles 91 y 92. Antes de llegar muchos preguntan: “Who’s got winners?”, haciéndose entender aprisa por los indígenas, que sabrán perfectamente dónde se encuentran los Hoop Junkies.

  • La CALLE 96 en el cruce entre la First Avenue y la Franklin D. Roosevelt.

  • Los PARQUES DE LA 37 en Second Avenue.

  • La WEST 4TH STREET en Sixth Avenue, allí donde rodó Nike aquellos primeros anuncios de Jordan.

  • En el WEST SIDE HIGHWAY, la calle 24 y la West Street. Esa área comprende seis parques de puro Playground y la llaman BASKETBALL CITY. Para el fanático espectador se hará incluso difícil caminar por allí porque cualquiera de las pistas donde discurra la escena obliga a detenerse. Allí está abierta de lunes a viernes en horario de 9 a 15 una oficina que informa de horarios y calendario de los torneos. Muy cerca de allí, en Chelsea Piers, está el Field House, un complejo de pabellones abiertos en verano donde se diputan multitud de liguillas.

  • Las oficinas de la YMCA (www.ymcanyc.org) para torneos que ellos mismos organizan por lo general bajo techo y en ocasiones nocturnos. Las principales son tres: la West Side YMCA (calle 63 del Oeste de Central Park), la Vanderbilt YMCA (la calle 47 entre la Segunda y la Tercera Avenidas) y la Harlem YMCA (calle 135 del Oeste). Las entradas suelen costar entre 10 y 20 dólares con abonos asequibles para seguir cada torneo.

  • Y por último, dos oficinas de panorama mayor en lo que a la ciudad se refiere. Una la NEW YORK CITY PARKS&RECREATION DEPARTMENT, situada en el Arsenal Building en el cruce entre la calle 64 y la Quinta Avenida, y dos, la HACKERS, HITTERS&HOOPS de la calle 18 del West Side. Un grupo de viajeros puede reservar en la primera oficina una pista de juego previa obtención de pase más datos personales a razón de 50 dólares la hora y con un mínimo de una semana de antelación. En este caso, el viajero tendrá la suerte de protagonizar su propio Playground en el mismísimo corazón de Nueva York. Hay pistas privadas al aire libre durante las 24 horas del día.


  • ¿Se comprende ahora la sutil diferencia entre el turista y el viajero? El Playground pertenece sin ninguna duda al atrevido y fascinante universo íntimo del viajero. En cambio, el turista accederá sin mayores traumas, en una de las muchas rutas guiadas, a cualquier Stadium de la poderosa NBA. Incluso encontrará casos, como en Toronto, donde si el grupo es pequeño tendrá la ocasión de probar suerte con algún balón a pie de pista. Al turista le interesará más anotar en el Madison o el Staples. En cambio el viajero podrá verse satisfecho con unos instantes de contemplación del más genuino Playground. Quizá porque sabe que es una experiencia que no puede vivir en ningún otro lugar del mundo.

    Recomendaciones del autor: el mejor Streetball se disputa en la EBC de la 155 (mediados de junio a mediados de agosto), donde tendrá que pelear a muerte su lugar en la barrera, y es que hablamos del Playground más poblado del planeta. Allá podrá ver seguramente algún NBA Player pero donde más profesionales se dejan caer es en The Greater New York Pro-Am Summer League, disputada entre mediados de junio y principios de agosto en el Riverside State Park de la 145 de Riverside Drive. “Pure Basketball, baby, pure B-Ball to see...”.

    FUENTES:
    - NEW YORK CITY DEPARTMENT OF PARKS AND RECREATION (www.newyork.citysearch.com – www.nycgovparks.org.

    - EYEWITNESS TRAVEL GUIDE, New York, Dorling Kindersey Limited, London, 2001.

    - GUÍA TOTAL, Nueva York, Grupo Anaya, S.A., Madrid, 2002.

    - Una COMPLETA GUÍA en la red de torneos estivales en Nueva York: http://www.nysol.com/hoops2.html


    Las 'Leyendas del Playground' de G Vázquez, al completo

    Gonzalo Vázquez
    @GVazquezNY

    Últimos artículos del autor



    © ACB.COM, 2001-

    Aviso Legal - Política de cookies - Política de protección de datos