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La lucha de Rubén Martínez
No acapara portadas, tampoco mete canastas ni diseña jugadas, pero merece tanta atención como cualquier estrella de la ACB. Por su pundonor y valentía. Se llama Rubén Martínez del Pino y ejerce de responsable de material del TAU Cerámica desde hace tres temporadas. Hasta aquí todo normal. Lo que hace especial a este vitoriano de 26 años es su particular lucha por sobrevivir. El pasado 22 de diciembre se sometió al segundo trasplante de riñón de su vida. Y, pese a la complejidad de la operación, se reincorporó al vagón del líder de la ACB para la Copa del Rey. David González nos cuenta su historia


Rubén Martínez, un ejemplo de supervivencia para todos en el TAU Cerámica

Rubén Martínez siempre ha vivido pendiente de sus defectuosos riñones. Nunca han podido seguir su ritmo vital. Tanto es así que a sus 26 años ya va por su segundo trasplante. La última operación tuvo lugar el pasado 22 de diciembre, el día de la Lotería de Navidad. Su premio gordo consistió en un órgano nuevo para su maltrecho cuerpo. La delicada visita al quirófano se complicó, lo que provocó una nueva operación una semana más tarde. Pero él ha superado todos los obstáculos y, desde la Copa del Rey, trabaja como uno más en el club vitoriano.

Y es que el Fernando Buesa Arena es su segunda casa. “No podía estar en el sofá parado, como un abuelo. Necesitaba volver al trabajo, un poco también para olvidarme de estas últimas Navidades, que han sido un poquito duras”, indica con una franca sonrisa. Ese empeño se traduce una recuperación milagrosa. Apenas necesitó un mes para volver a su puesto. Parece poco tiempo, pero Rubén está acostumbrado a luchar desde niño. En cuanto aparecieron los primeros síntomas, sus padres le llevaron de consulta en consulta. “Fuimos a médicos de Bilbao, Barcelona, Valencia... Me he recorrido media España”, desvela.

Fue una lucha contra el reloj, que sus dañados riñones no aguantaron. Se pararon cuando tenía 16 años. “Los siguientes dos años fui a diálisis”, rememora. Hasta que llegó el primer trasplante. En aquella ocasión, sólo tardó quince días en volver al instituto. Era época de exámenes y los cumplimentos como cualquier otro estudiante.

Al fin un rayo de esperanza después de tanto sufrimiento. Por poco tiempo. Porque la vida le reservó otro golpe bajo. El órgano implantado comenzó a fallar a los cinco años de la operación. Tres más tarde, dijo basta. Rubén debió retomar las tediosas sesiones de diálisis. Tres visitas de casi cuatro horas cada una por semana. Así desde julio a diciembre. Haciendo encaje de bolillos para no descuidar sus responsabilidades laborales. Desde el Baskonia siempre intentaron que pudiera acomodarse a sus periódicas visitas al hospital. “El club se ha portado muy bien conmigo. Mis compañeros me tapaban cuando tenía que irme”, agradece. “En la última operación, todos me han llamado para interesarse por mi estado”.

No en vano, Rubén es mucho más que el encargado del material. Su ascendencia en este conjunto va más allá. Así lo certifica el capitán baskonista, Luis Scola. “Para nosotros, es un tema especial porque el equipo le tiene un cariño terrible”, describe. “No hubo uno que no se preocupara por su situación. Cuando ves que un chico como Rubén, que sale de una operación y después, lo primero que quiere hacer es venir a ayudarnos te hace reflexionar y pensar que gente como él no hay mucha”.

"Me ha dado la vida"

A finales del pasado mes de diciembre, los médicos encontraron un riñón compatible. Viaje de urgencia a Cruces. Quirófano. Nacer de nuevo. “Sientes un agradecimiento tremendo hacia esa familia que ha tenido la entereza de donar en momentos tan duros”, considera Rubén. No conoce nada del donante, pero añade tajante que “me ha dado la vida”. En principio, la operación transcurrió por los cauces establecidos. Pero pasaron los días y surgieron complicaciones inesperadas. Su cuerpo se quejaba. Al quirófano de nuevo. Así que se pasó todas las navidades en el centro médico. “No te puedes imaginar lo tranquila que es una Nochevieja en un hospital”, bromea.

Esos días siguió por la televisión a su querido Baskonia. “Me ha puesto de los nervios en la Euroliga. Estaba quemadísimo con el partido del CSKA Moscú, porque se celebró un día antes de que abandonara Cruces. Una amiga mía me llamaba desde el pabellón para contarme cómo íbamos”. Reconoce que se pone “nervioso” cuando no sigue los encuentros en directo.

A finales de enero volvió a Vitoria, donde continuó su recuperación. Y sorprendió a todos al reincorporarse a su puesto justo antes de la Copa. “De momento todo funciona al cien por cien, que es lo importante. He olvidado la diálisis y el ir al médico todos los días”, apostilla. La ingesta de unas pastillas representa ahora el único recuerdo de esa experiencia. Rubén se encarga de nuevo de que todos los uniformes estén a punto, abre la cancha, pasa la mopa... Un engranaje más para el correcto funcionamiento del segundo clasificado de la ACB.

David González
Periodista de El Correo

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