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El entrenador que sobrevivió a Bin Laden
'Crees que lo has leído ya todo sobre los atentados del 11 de septiembre? 'Que en la radio has escuchado ya todas las versiones habidas y por haber de lo acontecido en Estados Unidos? 'Que no hay ninguna otra historia por contar? Pues por lo visto quedaba una de baloncesto. Un tema tan rocambolesco que sólo podía caer en manos de ... Mateovic


Marco Marcos vivió de forma muy directa todos los sucesos del 11 Sept.

Redacción, 17 Ene 2002.- 'Aquella mañana todavía estaba durmiendo cuando me despertó la llamada de teléfono de un amigo. ''Has visto lo de las Torres Gemelas?', me preguntó. 'No. 'El qué? Me he levantado ahora mismo''. 'Pon la tele, pon la tele, tío''. Así hice, rápidamente. Y te puede imaginar mi reacción. ¡Madre mía! Entonces, después de estar unos veinte minutos sin apartar la vista de la pantalla, me puse a hacer las maletas. Porque yo ese día me volvía para España. Entre todo este trajín, de repente, escucho un estruendo impresionante. 'Que el qué era? Adivínalo: yo residía a cinco minutos del Pentágono'.

Las palabras del primer párrafo pertenecen a Marco Marcos, un entrenador español que hace un par de temporadas decidió proseguir su formación deportiva en la Universidad de George Washington, de la que aceptaba una interesante propuesta para trabajar allí como técnico invitado. Atrás quedaban su paso por el Guadalajara de, entre otros, Vladimir Thachenko o el Femenino Tres Cantos, perteneciente a la Liga Femenina, siempre como entrenador ayudante, bien de Luis Buceta o con José Ignacio Goñi.

'La aventura me pareció interesante y, prácticamente, ni lo dudé. Y la verdad es que he aprendido mucho con estos tíos, lo que pasa es que llega un momento en que decides regresar y lanzarte a la arena como primer entrenador de un equipo profesional', cuenta este madrileño de 31 años, que no pudo escoger peor fecha para retornar a nuestro país. 'Sí, mi vuelo salía a las seis de la tarde y sufrió un pequeño retraso de' ¡¡¡nueve días!!! Con los seis controles que tuve que pasar en cuatro interminables horas. Un coñazo, vamos'.

Vaya papelón, pensarán, aunque todavía no conozcan el resto de la batalla. Resulta que Eva, la esposa de Marco, trabajaba (trabaja, mejor dicho, pues todavía anda por allí hasta una de estas semanas, en la que expira su contrato) en una base militar perteneciente al Pentágono. Consecuencia inmediata, que la pobre mujer vive ahora con los teléfonos -el de la oficina y hasta el de su propio domicilio- pinchados. Como para bromear con un chiste de Osama'

No obstante, peor lo ha pasado aún el vecino de arriba, uno de los cámaras de la cadena Univision, que tuvo la mala fortuna de encontrarse en el Capitolio el día que remitían a un senador aquel famoso sobre blanco cargadito de Ántrax, que ha obligado a todos los que se hallaban en el edificio a seguir, desde entonces, un severo tratamiento de medicación que conlleva ciertos efectos secundarios la mar de molestos.

Por eso Marco respira ahora tan tranquilo en Ibiza. ¿Ibiza? Sí, allí dirige actualmente -y con rotundo éxito, porque el que vale, vale- el 'Sa Graduada Ibiza Patrimonio de la Humanidad', un equipo de la Primera División Nacional Masculina (deberían ir conociendo la categoría, pues de allí viene también nuestro Aarón Cuellar), con el que trata de conseguir una de las cuatro plazas que dan derecho a competir en la Fase de Ascenso a la Liga EBA.

'Me gusta el baloncesto ofensivo (su equipo promedia unos 90 puntos, marca no muy corriente en esta categoría), aunque, por supuesto, soy consciente de que hay que defender si quieres llegar a algo. He tenido buenos maestros -son muchos años de entrenador ayudante- y mis ambiciones son las máximas porque, sinceramente, creo que valgo para esto'. Así se autodefine como profesional del basket, una afición, una filosofía de vida, que le ha podido costar muy cara, aunque sus mayores problemas sean ahora conseguir partidos amistosos de verdadera enjundia (no es fácil hacerlo sin poder salir de las Baleares) o poder conciliar el sueño pese a los ruidos de la discoteca Pachá, colindante a su apartamento actual. 'Cualquiera lo compara con estar en Washington aquel día, viviendo en un piso catorce, como era el mío. Quita, quita' Allí sí que pasé miedo de verdad'.

Mateovic
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