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Walter Szczerbiak, el misionero anotador (y II)
La cuarta entrega de la serie sobre los Históricos de la Liga Nacional nos ofrece la segunda parte de la vida de Walter Szczerbiak. En esta ocasión, Gonzalo Vázquez detalla la trayectoria de este excelente tirador en el Real Madrid, equipo con el que conquistó 4 Ligas y 3 Copas de Europa. La integración de Walter en el equipo blanco fue inmediata y sus buenos resultados llegaron ya en el primer encuentro que disputó con la camiseta del Madrid en el que anotó 47 puntos ante el Barça. Un par de años después, establecería el récord de anotación en un partido de liga: 65 puntos ante el Breogán


Con el Real Madrid, Walter Szczerbiak ganó 4 ligas y 3 Copas de Europa

  • Walter Szczerbiak, el misionero anotador (I)


  • Redacción, 17 jul. 2005.- El día de su debut, la jornada que abría aquella liga del 74, los blancos no podían tener enfrente un mejor rival: el Barcelona de los nacionalizados Thomas y Carmichael, junto a su flamante estrella (¿?), el portorriqueño Héctor Blondet, máximo anotador en los Juegos de Munich. No extrañó que los blancos ganaran sino la forma en que aquella victoria se produjo. “Lo recuerdo perfectamente. Ganamos al Barça por 60 puntos de diferencia” (125-65, 11/XI/73). Bastó un solo partido para demostrar que el Madrid había diseñado un superequipo y Walter era el mejor extranjero de la liga. A los 47 puntos al Barça siguieron los 30 al Estu, 30 al Olympique, 33 al Heidelberg, 33 al Manresa, 29 al Círculo, 34 al KAS...

    Walter caló tan rápido en el madridismo como en el idioma. Se le entendía todo al mes de estar aquí. “Tuve la suerte de encontrarme con un equipo de ganadores natos. Encajamos a la perfección”. Aquella campaña del 74 el Madrid se paseó por todas las competiciones incluyendo la guinda de la quinta Copa de Europa, donde ganaron 12 de 13 enfrentamientos. La final se disputó en Nantes frente al Ignis de Varese (84-82) de Bob Morse, a quien literalmente secó Walter en defensa. El Madrid se mantuvo invicto en Liga, gana la Copa y el Torneo de Navidad, donde el americano suma 95 puntos en 3 partidos.

    Antes de terminar la temporada por encima de los 30 de media y con la liga decidida, Walter pidió permiso al club para viajar a Estados Unidos. Quería probar de nuevo. “En primavera disputé un torneo en Nueva York y creo que no lo hice nada mal”. Walter no solamente terminó como máximo reboteador del torneo sino que en el partido escaparate final anotó la friolera de 49 puntos. Al zurdo Dick Barnett, ojeador entonces de los promotores del asunto, los Knicks, no se le ocurrió mejor forma de rellenar su prospecto que un “juega demasiado cerca del aro”. Aquella sería su última aventura transatlántica. El mal de ojo de Ferrándiz, precedido por sus ganas de olvidar a Aiken, había dado una vez más resultado.

    El Madrid de Walter (1973-1980) se define primeramente por la solidez del grupo fuera cual fuese la nueva incorporación. “Todos teníamos una magnífica relación, dentro y fuera del campo. Ramos, Luyk, Rullán, Brabender, todos éramos una piña”. Pero por encima de todos, hubo alguien sumamente especial para su carrera en España: Carmelo Cabrera. “Nosotros salíamos siempre como un bloque sólido, pero al principio permitíamos a los rivales jugarnos de tú a tú. Como a los 10 o 12 minutos Carmelo salía del banco y allí se acababa todo. Empezábamos a correr y el marcador con nosotros. Adquiríamos ventajas con una facilidad increíble, muchas veces escandalosas y a menudo de más de 20 en Copa de Europa. Respeto muchísimo a Corbalán pero Carmelo era un genio, puede que el mejor base que haya visto en mi vida. Nadie me encontraba como él”. Su estilo desenfadado, de transición, magia y poca o nula defensa, iba como anillo al dedo a Walter, que las anotaba de todos los colores. “Mi arma preferida era el tiro desde cuatro o cinco metros en transición, cuando la defensa no estaba aún formada”. Como anotador Walter jamás desestimó ninguna posición de ataque.

    La temporada del 75, la última de Ferrándiz, el Madrid logra nuevamente el doblete y pone fin a una racha de 88 jornadas invicto, más de tres años. Walter deja en 30 su casillero final y establece frente al Mataró el récord de anotación en un partido de Liga: 53 puntos. Aquella marca no perduraría vigente ni un año. El 8 de febrero de 1976 tiene lugar un hito en la historia del Baloncesto nacional. En la Ciudad Deportiva el Real Madrid aplasta al Breogán por 92 puntos de diferencia: 140 a 48. Szczerbiak tocó el cielo entonces anotando 65 puntos. Precede a esta proeza una curiosa circunstancia. En el partido anterior Walter había anotado 16 puntos al Aguilas. “Lolo había decidido que jugásemos repartiendo mucho la anotación y así lo hicimos, y ganando”. Sin embargo el diario AS no lo entendió así y en las fichas que acompañaban a la crónica, Walter se llevó la peor nota. “Me pusieron una raya, indicando que yo jugaba mal por las mañanas, que fue a la hora en que jugamos, que no me gustaba madrugar y tal. Como no había anotado los 30 de costumbre, empezaron a decir eso. Me molestó tanto que decidí vengarme”.

    Walter tuvo la suerte de que ese siguiente partido se jugara también de mañana. “Fui a por todas. Sentí que tenía caliente la muñeca, que me entraba todo. Mis compañeros se dieron cuenta y empezaron a facilitarme pases, no de canastas fáciles pero sí para que tirase yo”. Así fue como se fraguó la mayor proeza anotadora que haya vivido nuestro Baloncesto. La estadística final aterra: 25 de 27 en tiros de campo, la mayor parte desde lejos y sin triple, y 15 de 17 desde la línea. “Lo que más rabia me dio fue fallar esos dos tiros libres”. Curiosamente Walter, siempre cortés con los rivales, reconoce no sentirse todo lo orgulloso que cupiera esperar. “No me gustó hacerle aquello al Breogán. Ellos no tenían ninguna culpa. Pero en el fondo no me disgustó saldar la cuenta con quienes sí llegaron a dudar de mi profesionalidad”.

    Poco antes de comenzar la temporada 77-78, después de ganar las cuatro ligas que disputó con un promedio de anotación superior a 30, el papel de Walter en el equipo sufriría un cambio notable. Lolo Sáinz se decantó por Coughran para jugar todas las competiciones mientras que Walter sería tan sólo utilizado en Copa de Europa. Y así fue en los tres años posteriores. “Te sientes extraño cuando tienes que entrenar tú solo. Fue algo que me costó asimilar”. El cambio únicamente fructificó allá donde jugara Walter.


    Wally Szczerbiak, ahora estrella de la NBA, observa los trofeos conquistados por su padre

    El 6 de abril los italianos del Varese, presentes en todas las finales de la década, se enfrentaban por cuarta vez en cinco años a los blancos en la finalísima europea. “Ellos fueron nuestros grandes rivales. En aquellos años sólo los italianos sabían cómo pararnos, aunque a veces sus maniobras dejaran que desear. Fue una rivalidad legendaria”. Con 26 puntos Walter fue el máximo anotador de aquel choque que no tenía al Madrid como favorito. “Recuerdo que me desaté en cuanto entró Carmelo. Anoté 13 de los últimos 14 tiros que lancé. Y eso que me echaron por 5 faltas, 4 de ellas en ataque”. El Madrid lograba así (75-67) su 6ª Copa de Europa. Un mes antes Walter vio lesionado su tobillo y se obligó al milagro de recuperarse en la semana previa al partido. Aquel año 78 gana su 3ª Copa Intercontinental consecutiva derrotando al Obras Sanitarias en Buenos Aires. “Entre Coughran y yo sumamos más de 60 puntos”. Pero los argentinos dieron el MVP a uno de los derrotados, Eduardo “Tola” Cadillac. Como siempre Walter ni rechistó.

    Protagonizando el relevo generacional en el equipo (Romay, Llorente, Iturriaga), Walter aún tuvo tiempo de lograr la 7ª Copa de Europa en 1980 frente al Maccabi (89-85), con Meister como pareja y Rullán en plan estrella (27). Para demostrar que podía cumplir toda orden táctica, fuera cual fuese, Walter tocó defender aquel partido y así su par, el majestuoso Lou Silver, firmó una de las peores actuaciones de su vida (0 de 10). Terminada la campaña Walter recibió una noticia tan inesperada como desagradable. No renovaría. “Me dolió. Creí que había contribuido lo suficiente, pero el club estaba cambiando muy aprisa”. Después de 7 años de gloria hizo las maletas y huyó a Italia. El Udine de la A-2 le ofreció dos años de contrato y allá que los cumplió. “Menudo nivel había en la Lega. Dalipagic, Haywood, John Brown... Había tanto nivel como presión”.

    Terminando el segundo año aceleraría su adiós una extrañísima lesión durante un entreno. Trabajaba un recurso propio de Delibasic cuando de repente sufrió la rotura de un capilar interno que encharcó de sangre su escroto hasta inflarlo como una pelota de tenis. “Fue muy doloroso. Me operaron. No cerraron bien y volví a sangrar. Estuve un mes ingresado en el hospital”. De esa infame forma cerraba un periplo italiano en que volvió a representar su papel de siempre (24.3). La temporada siguiente Walter regresó a Estados Unidos.

    Todo parecía haber acabado cuando su gran amigo Carmelo Cabrera le propuso una última aventura. “Carmelo quería juntarnos a unos cuantos excompañeros en su Canarias natal”. Y lo consiguió. Walter ficharía en 1983 por un crecido Cafisa Canarias donde coincidirían cuatro veteranazos de sangre blanca: Cabrera, Prada, Meister y él. Sólo falló Brabender, que prefirió seguir en la capital (Cajamadrid). “La experiencia fue bonita pero la presión de ganar era igual en todas partes. Un año y dije basta”. Se apagaba la primavera de 1984.

    Así fue como terminó la trayectoria de uno de los mejores americanos –si no el mejor– que han pasado por Europa, escenario del que hizo trono madridista junto con las otras leyendas hermanas, que era como se sintieron con él los Luyk, Brabender, Cabrera, Ramos, Rullán, Corbalán y demás insignias blancas. Quienes le conocen o le conocieron saben que por encima del deportista, está ese inmenso samaritano que tantas veces hizo las de padre con todo americano caído por España. Representando a este Baloncesto no es posible un mejor embajador en la NBA, una liga que nos concedió la inmensa fortuna de dejarlo escapar. Por eso no yerran quienes piensan que Walter... nunca se fue.


    FICHA PERSONAL

    Walter Szczerbiak
    Hamburgo (Alemania), 21/08/1949. Alero, 1,97 metros

    Trayectoria deportiva
    - 1967-71 : George Washington University (NCAA)
    - 1971-72 : Pittsburgh Condors (ABA)
    - 1972-73 : Wilkes Barre Barons (Eastern League)
    - 1973-77 : Real Madrid
    - 1977-80 : Real Madrid (sólo juega la Copa de Europa)
    - 1980-82 : Tropic Udine ( Italia )
    - 1983-84 : Cafisa Canarias

    Títulos
    4 Ligas (1974, 1975, 1976 y 1977)
    3 Copas de Europa (1974, 1978 y 1980)
    1 Copa (1977)
    3 Copas Intercontinentales (1976, 1977 y 1978)

    Logros individuales
    Ostenta la mejor anotación en un partido de Liga, 65 puntos ante el Breogán el 8 de febrero de 1976. En las cuatro temporadas que disputó la Liga promedió 30.3 puntos por partido.

    Gonzalo Vázquez
    @GVazquezNY

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