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Eduardo Kucharski: El primer genio del baloncesto español
Estrella del baloncesto desde muy joven, no se puede negar que Eduardo Kucharski ha sido, sin duda, una de las figuras clave en la historia del deporte de la canasta en España. Allí donde él jugaba, llegaban los títulos, convirtiéndose en el mejor jugador y en uno de los máximos anotadores de su época. "Kuchi" colgó las botas y continuó en las canchas como entrenador, donde también vivió algunos éxitos. Juan Antonio Casanova nos ofrece una completa visión de este genio del baloncesto español que se incorpora a la serie de Históricos de la Liga Nacional


Eduardo Kucharski marcó una época gracias a su enorme talento

Eduardo Kucharski fue un adelantado a su tiempo. En muchos aspectos. A los 15 años jugaba en el primer equipo de uno de los grandes de la época, el Laietà de Barcelona, y en la temporada siguiente, recién cumplidos los 17, era ya una estrella y lograba el primero de sus cinco títulos de campeón de España. Durante muchos años, tener a Kucharski en el equipo suponía poco menos que una garantía de títulos. “Pues sí –reconoce ahora sin un atisbo de petulancia-. ¿Para qué voy a decir otra cosa? A las pruebas me remito”. En 1960, dos años después de dejar de jugar, se convirtió en el primer entrenador español -aún son muy pocos los que lo han conseguido- que entrenaba en el extranjero. Y en un grande, "la" Virtus de Bolonia. Físicamente era un desastre -la palabra es suya y además confiesa que en su época "no se cuidaba nadie, yo bebía y comía de todo"-, pero su enorme calidad técnica, sus condiciones para dirigir el juego y a la vez anotar puntos en grandes cantidades -como dos jugadores, un base y un alero, todo en uno- le convirtieron en el primer auténtico genio del baloncesto español.

Empezó a jugar en el Laietà, un club histórico del centro de la ciudad de Barcelona, y al cabo de un año, a los 15, ya estaba en el primer equipo. “Tampoco entonces era eso normal, pero yo vivía al lado del club y me pasaba muchas horas en la pista, y a los 15 años ya tenía la constitución física de un adulto”. Se había hecho socio al acabar la Guerra Civil, cuando tenía 14 años, más que nada por la piscina, a instancias de su madre, deseosa de apartarle de las posibles lesiones del fútbol, que había sido su primer deporte. Allí, en el Laietà, empezó a practicar todos las especialidades posibles en el club, que no eran pocas: tenis (fue campeón del torneo social), baloncesto, natación, tenis de mesa...

Del infantil pasó directamente al primer equipo y en su segunda temporada (1941-42) ya fue campeón de España, en Zaragoza, al ganar al Barcelona por 30-28 en la final de la Copa, que era entonces la competición más importante porque aún no existía la Liga. La canasta decisiva fue suya y en alguna parte hemos leído que la consiguió desde la mitad de la pista, aunque el protagonista, 63 años después, no está seguro de que fuera de tan lejos.

Kucharski y su Laietà jugaron cuatro finales seguidas, alternando victorias y derrotas. Estas dos, ante el Barcelona y después de prórroga. En la de 1943 no hubo más que dos puntos, del equipo azulgrana, en los cinco minutos extra. “No; tampoco entonces era normal que ocurriera algo así”, afirma.

Lo que sí era normal es que “Kuchi” anotara aquel día 13 puntos, más de la mitad de su equipo, que perdió por 27-25. Y aún hizo más en la final del año siguiente: marcó 23 puntos en el triunfo por 32-18 sobre el Real Madrid. “Es que en aquella época las funciones de los jugadores estaban muy definidas. Los que éramos tiradores, los aleros, tirábamos, y los otros no. Los demás jugaban para que nosotros tirásemos”.

En 1946 el Barcelona pasó de ser su gran rival a su propio equipo. Con los azulgrana jugó –y ganó, sin perder ningún partido- un precedente de la Liga nacional, que no se pondría definitivamente en marcha hasta once años después. Aquella la jugaron ocho equipos de Madrid, Cataluña y Canarias, uno de los cuales, el América de la capital, se retiró nada más comenzar.

En aquella época se llegaba a un acuerdo de palabra con un club y lo que daba validez oficial al compromiso era la firma de la ficha. Eso le causó un grave problema a nuestro hombre en 1948. Había jugado una temporada en el Joventut (entonces Juventud, en castellano), con el que ganó la cuarta de sus cinco Copas como jugador; firmado la ficha para una segunda campaña e incluso disputado con los badaloneses algunos amistosos. Entonces quiso volver al Barcelona, que estaba al mando de su buen amigo Fernando Font. La Penya se negó a devolverle la ficha. Nadie dio su brazo a torcer y eso le costó un año de inactividad en partidos oficiales, aunque sí actuó con los azulgrana en algunos amistosos. Y también con la selección.

Que nadie piense que esos cambios constantes de club obedecían a razones económicas. El dinero no existía entonces oficialmente en el baloncesto. Explica Kucharski que “uno fichaba por un determinado equipo simplemente porque era amigo de alguien o porque le ofrecían un trabajo; más adelante empezaron a dar alguna cosa, algo así como 5.000 o 10.000 pesetas al año, o a regalar una gabardina, que a los jugadores del Espanyol les costó una descalificación”.

Nuestro personaje no tenía que solicitar un puesto de trabajo, porque su familia poseía una industria de tornillería que fue creciendo con el tiempo y sigue hoy en marcha, a cargo de sus hijos. Pero recuerda que “para mí cambiar de club podía suponer conocer a nuevos clientes, aunque mi padre protestaba porque dedicaba demasiadas horas a entrenarme” y asegura que él sólo ganó dinero con el baloncesto cuando se fue a entrenar a Italia, a “la” Virtus de Bolonia, y luego en el Barcelona, ya al final de su carrera.

Como jugador, aunque era el mejor de su época, prácticamente nada, hasta que en 1953 se fue al Aismalíbar de Montcada para simultanear esa función con la de entrenador. Empezaron en tercera categoría, subieron a segunda y a primera, ganaron el Campeonato de Cataluña y no ganaron el de España (1956) porque el Real Madrid les superó en la prórroga de la final después de que el delegado del equipo blanco corriera el reloj hacia atrás. “Nos robaron, está claro. Todo el mundo lo reconoció”, asegura. Para más detalles, les invitamos a leer el reportaje dedicado a Alfonso Martínez en esta serie.

"En el Aismalíbar -explica- hacíamos un baloncesto diferente, con mucho contraataque, que entusiasmaba a la gente. Teníamos un orden, pero no sistemas estudiados, que a veces son un cuento chino de cara a la galería. Yo mandaba, pero cada jugador podía escoger entre tres posibilidades: tiro, pase y continuación o pase y bloqueo indirecto. Siempre había varias soluciones y libertad de elección. Recuerdo que al Madrid le propinamos una buena paliza porque ellos siempre hacían la misma jugada".

Kucharski fue 50 veces internacional. Bonita cifra, pero si hubiera pillado la época actual la habría multiplicado por cinco. Estuvo en la selección desde los 17 años hasta los 33, sin perderse más partidos que los de los Juegos Mediterráneos de 1951 en Alejandría, que coincidieron con su boda. Un año antes había participado en el primer Mundial de la historia, en Buenos Aires, en el que España perdió ante cuatro equipos que ahora no son precisamente potencias (Egipto, Chile, Perú y Ecuador) y sólo esquivó el último puesto -acabó novena- gracias a que Yugoslavia –de cuya selección formaba parte Borislav Stankovic, que fue después mandamás de la FIBA durante muchísimo tiempo- se negó a jugar contra los "súbditos de Franco" por razones políticas. “Nos enteramos en el último momento. ‘Que no se presentan’, nos dijeron. Y yo pensé: ‘Pues peor para ellos’”.

A pesar de las derrotas, Kucharski guarda “muy buen recuerdo” de aquel Mundial. Un recuerdo ligado a que en casi todos los partidos tuvieron opciones hasta poco antes del final, pero “entonces podías mantener el control del balón indefinidamente y si te hacían falta optar por sacar de banda, lo que hacía casi imposible remontar un marcador desfavorable. De hecho, los partidos terminaban a falta de tres minutos. Por eso acabaron quitando aquella regla”.

Él fue el segundo anotador del equipo, con 10,4 puntos por partido, gracias sobre todo a los 26 que le endosó a Egipto el primer día (derrota por 56-57), superado sólo por los 13,7 de Álvaro Salvadores, un español afincado en Chile que había pedido por carta una oportunidad al presidente de la Federación Española, el general Querejeta, adjuntando unos recortes de prensa que avalaban su capacidad anotadora.

Salvadores se unió al grupo ya en Buenos Aires y Kucharski reconoce que “marcar puntos los marcaba, pero es que lo tiraba todo, desde donde fuera. Además, lo hacía de una forma muy extraña. Yo, por ejemplo, marcaba muchos puntos, pero daba más que los que marcaba. Me di cuenta de que era una tontería lanzar a canasta en cuanto cogías la pelota". Salvadores jugó luego en Francia y ya no volvió a la selección.

En 1958 Kucharski dejó de jugar. Le fastidiaba la rodilla y la empresa familiar le exigía cada vez más. Continuó dirigiendo al Aismalíbar y se hizo cargo al mismo tiempo de la selección, tras despedirse de ella como jugador en un amistoso contra Suiza, el día en que debutó Emiliano. Oficialmente era sólo entrenador, no seleccionador, aunque "por supuesto, llevaba a los jugadores que yo quería".

Su mejor recuerdo es la participación es los Juegos Olímpicos de 1960 en Roma, los primeros en la historia para el baloncesto español. "Teníamos un equipo justito. Los cinco titulares y poco más. Cuando 'se moría' uno salía otro", dice Kucharski. Clasificarse en el preolímpico de Bolonia, donde había sólo tres plazas en juego, fue un éxito que sorprendió a la propia empresa, hasta el punto de que nadie sabía qué hacer en los quince días que transcurrieron entre el final del preolímpico y el comienzo de los Juegos. "Estábamos tirados en una pensión en Bolonia, hasta que se presentó la ocasión de jugar un amistoso en Suiza contra Estados Unidos".

Luego, en Roma, nadie les esperaba. Tanto es así que el propio Kucharski tuvo problemas para entrar en la Villa Olímpica –"¡no veas lo que comieron los jugadores cuando se vieron ante un repleto self service!"-, pues su lugar, y el de otros miembros del equipo, ya estaba ocupado. "'No están en la lista', nos dijeron. La primera vez que pude entrar fue colándome, pasándonos la acreditación de uno a otro. Así íbamos. Luego me dieron mi credencial".


Kucharski siguió triunfando en los banquillos

La preparación ya había sido de lo más peculiar. La Federación dijo que no había presupuesto, pero gracias a las buenas relaciones de Kucharski y de Jorge Guillén -uno de los seleccionados, zaragozano, desde hace muchísimos años médico del Juventud- con gente del Helios, la mayoría de los internacionales (Lluís, Navarro, Emiliano, Buscató, Alfonso Martínez, el propio Guillén...) pudieron jugar un torneo en Francia bajo el nombre del equipo aragonés.

Después de los Juegos "Kuchi" se quedó en Italia para entrenar en Bolonia, donde le admiraban desde que fue elegido el mejor jugador de un torneo amistoso que había disputado con el Barça y ya le habían propuesto ir a jugar allí. Le fue muy bien la primera temporada, en el que estuvo a punto de ganar la Lega, pero luego "la" Virtus pasó por grandes dificultades económicas al fallar el patrocinador ("siempre me pasaba lo mismo:el club se quedaba sin dinero") y los jugadores tenían problemas de cobro, hasta que apareció Knorr, revitalizó el equipo y en el tercer año volvieron a quedar subcampeones. "Pero los dos grandes rivales, el Ignis de Varese y el Simmenthal de Milán, eran los que manejaban más dinero", lamenta Kucharski.

Regresó a España, al Aismalíbar y luego al Juventud, del que había salido de mala manera en su época de jugador. A Badalona lo llevó Dani Fernández, uno de los grandes directivos de aquellos tiempos, que consideraba a "Kuchi" el número uno. Aquella Liga 64-65 era la primera con un contrato con TVE, lo que desató la fiebre de los patrocinadores pero también la retirada de aquel histórico Aismalíbar, un club de empresa que no quería entrar en una profesionalización imparable. Eso sí, dio el nombre de uno de sus productos, Fantasit, al equipo de Badalona, al que además de Kucharski se fueron tres grandes jugadores: Baturone, Ramón y nada menos que "Nino" Buscató. Este último había llegado al Aismalíbar en 1960, justo cuando se fue -un relevo entre quienes serían los dos mejores españoles de su época- Emiliano, a quien Kucharski había podido tener dos años a sus órdenes antes de que se marchara al Madrid "porque prometí a sus padres que cuidaría de él, que lo tendría en mi casa como a un hijo más". Decididamente, eran otros tiempos. Emiliano fue el máximo anotador de la Liga 58-59, la de su debut en la elite.

Con Kucharski en el banquillo y un grandísimo equipo en el que figuraban Lluís, Buscató, Alfonso Martínez, Gol, Oleart y los hermanos Enric y Narcís Margall, el Juventud consiguió en la temporada 66-67 el primer título de Liga de su historia. Sería también el único de Kucharski en toda su carrera. Por una sencilla razón: no existía la Liga en su mejor época de jugador.

Dos años después los badaloneses ganaban la Copa y eran subcampeones de Liga frente al Real Madrid, pero Kucharski dejó su puesto a Lluís, capitán del equipo hasta entonces. "Había abierto otra fábrica y tenía cien trabajadores", explica. "Yo no vivía del baloncesto, porque no cobraba. Estaba allí por amistad. No sé si un año nos dieron 100.000 pesetas de prima por ganar algo, pero de ficha no cobré ni un duro".

Volvió en 1975, con Buscató, después de seis años sin entrenar, "pero había muchos líos en el club y además yo nunca acabé de caer muy simpático en la Penya, supongo que por aquel follón que había tenido cuando me fui al Barça (aunque de eso hacía entonces más de un cuarto de siglo), y algunos siempre me tuvieron manía". Una increíble eliminación en semifinales de la Copa Korac, derrotados en Turín por el Chinamartini por 25 puntos tras ganar en la ida por 24, precipitó la crisis directiva. Dimitió Dani Fernández, y Kucharski y Buscató lo hicieron también, por solidaridad con él. Se hizo cargo del equipo el entrenador del júnior, José María Meléndez, y le llevó a ganar la Copa.

Kucharski le prometió a Dani Fernández que no volvería a entrenar, pero al cabo de un año éste se fue al Barcelona -¡insólito cambio de club el de un directivo!- y se lo llevó con él al Palau Blaugrana. En la primera temporada dio la alternativa a los jovencísimos Epi, Solozábal y Sibilio y consiguió la Copa, pero "Kuchi" no oculta que "había que hacer una limpieza, porque era un equipo viciado, con algunos jugadores sin disciplina" y recuerda que "en la época anterior, en mis equipos no cobrábamos, pero éramos profesionales en el sentido de la disciplina, con las mismas obligaciones que si lo fuéramos, y en aquel Barça, en cambio, donde sí cobraban, algunos se lo tomaban a cachondeo y cuando surgieron ciertos problemas económicos tuve que convencerles para que salieran a jugar".

Aquel título de Copa en Zaragoza fue el primero de la larguísima era Núñez, que acababa de ser elegido presidente del club. La Liga 78-79 no pudo empezar mejor: en la segunda jornada el Barça ganaba por 20 puntos (82-102) en la pista del Joventut de Antonio Serra y Moka Slavnic, campeón vigente. Pero luego se torció el rumbo y una derrota por la mínima en Manresa (94-93) provocó la dimisión de Kucharski, harto "de las camarillas que se habían formado entre los jugadores, que reclamaban primas por las victorias importantes y llegaron a negarse a jugar si no se las pagaban; para mí, aquello era un mundo desconocido, un desastre". Como había sucedido en su despedida de la Penya, su sucesor, Eduardo Portela, acabó ganando la Copa.

Aquél sería el adiós definitivo de "Kuchi" al baloncesto. Se fue con su esposa a Tánger (Marruecos) a montar otra fábrica –"si hay campo de golf, vale", pensó; luego hablaremos de su gran afición- y estuvo allí cinco años. Al regreso se encontró con el gran "boom" del baloncesto en los años ochenta. Tuvo algunos contactos, "por curiosidad", pero no cuajaron. "No quise meterme, porque no lo vi nada claro", confiesa.

Paulatinamente fue dejando incluso de acudir al baloncesto como espectador, porque el que ahora se practica no le convence: "Lo primero que me molesta es el ruido de los pabellones. Tanto follón no me deja concentrar en el juego. Hay mucho físico, pero se olvida el contraataque y la distancia de la línea de tres puntos es ridícula. Debería estar más lejos. Hay muy pocos buenos pasadores. Parece mentira en gente que está todo el día entrenándose. Y algunos equipos parece que no juegan a nada. Sí es verdad que se ha mejorado mucho en el tiro. Ahora casi todo el mundo puede anotar. En mis primeros tiempos sólo lo hacía uno en cada equipo. Luego, cuando empecé a entrenar, ya eran tres o cuatro".

En cambio, sigue entregado a su otra gran pasión: el golf. Lleva treinta años jugando, desde que lo descubrió gracias a Bob Cousy, figura mítica de la NBA, cuando éste vino a España para un "clínic" y "Kuchi" le vio bajar del avión con la bolsa de los palos. "Hasta entonces -recuerda- llevaba años pasando cada día con el coche delante del club de golf de Sant Cugat y nunca me había interesado. A través de un amigo llevé a Cousy a jugar allí y al verlo todo tan verde pensé que era una maravilla. Cousy me hizo probar y me picó la curiosidad".

Se hizo socio, junto a su esposa. Y hasta ahora, cuando ella le hace de "caddy" y le ayuda a situar el hoyo, porque una enfermedad en la retina le impide ver bien la bandera. A pesar de ello continúa jugando tres o cuatro veces por semana. Deportista completo, prcaticó el fútbol, el tenis ("cuando estaba en el Barça jugaba un partido antes del de baloncesto") hasta que una lesión de cadera le obligó a dejarlo a los 50 años y desde entonces el golf, en el que llegó a tener un hándicap 6.

FICHA PERSONAL

Eduardo Kucharski González
L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona), 22/V/1925

Clubs
Como jugador: Laietà (1941-46), Barcelona (1946-47), Juventud (1947-48), Barcelona (1949-53), Aismalíbar (1953-58)
Como entrenador: Aismalíbar (1953-60), selección española (1959-60), Virtus Bolonia (1960-63), Aismalíbar (1963-64), Juventud (1964-69 y 1975-76), Barcelona (1977-79)

Títulos
Como jugador: Dos Copas con el Laietà (42 y 44), dos con el Barcelona (47 y 50) y una con el Joventut (48)
Medalla de oro en los Juegos Mediterráneos de 1955
Como entrenador: Una Liga (67) y una Copa (69) con el Joventut y una Copa (78) con el Barcelona

Selección
50 veces internacional
Participó como jugador en el Campeonato del Mundo de 1950 y en los Juegos Mediterráneos de 1955 y como entrenador en los Juegos Olímpicos de Roma'60

Juan Antonio Casanova
Redactor Jefe de "La Vanguardia"

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