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Essie Hollis: El chico que se vengó del basket
Su altura no le sirvió para destacar en sus inicios en el baloncesto. De hecho, Essie Hollis recibió de su entrenador el consejo de que lo abandonara. Sin embargo, decidió vengarse de todos aquellos que se habían reído de él y, tras horas de entrenamiento en las calles, logró promediar 38 puntos en su primer año de high school. Así comenzó la leyenda de "El Helicóptero". Su primera oportunidad le llegó de España, donde disputó la temporada 1977-78 con el Askatuak y, a partir de ahí, forjó una impresionante trayectoria en la que siempre destacó como anotador. Quique Peinado nos revela todos los secretos de este gran jugador en un nuevo capítulo de la serie de Históricos de la Liga Nacional


Essie Hollis fue una de las máximas figuras de la Liga española (Foto Gigantes del Basket)

Era tan enclenque y tan torpe que era el último mono de su equipo del colegio. Aunque medía 1.90, apenas promediaba dos puntos por partido en el Gridley Junior High. Sus amigos se reían de él y su entrenador le decía que lo dejase. De hecho, cuando éste tuvo que promocionar a algunos de sus jugadores para que fueran a high schools no reparó en Essie Hollis: "Si quieres míralo, porque es alto, pero no vale", dijo. Entonces Essie, el mayor de nueve hermanos de una familia humilde, decidió que sería el mejor jugador posible para vengarse de sus amigos. El verano en el que acabó el noveno curso empezó su plan: jugaría tanto al baloncesto y sería tan hábil que callaría la boca a todo el mundo. En su cabeza estaba humillar a los que se habían reído de él. Así, iba a un playground de cerca de su casa a las ocho de la mañana y no regresaba hasta la una de la madrugada. Así todos los días. Por su cuenta luego entrenaba el bote con pelotas de tenis e incluso de ping pong y ganaba fuerza (y algo de dinero) recogiendo la basura con un amigo suyo, cargando barriles de 50 galones. Como tenía que cuidar de sus hermanos, se los llevaba al parque para que cogieran los rebotes de sus interminables sesiones de tiro, ése tan poco ortodoxo que se fue creando él solo.

En el siguiente curso, ya en el high school, jugó con el equipo de primer año del instituto. El tal Hollis, al que nadie conocía, promediaba 38 puntos. "Aquel verano tengo calculado que jugué el equivalente a tres temporadas", dice hoy riendo. Su venganza se había consumado y empezaba el asalto a una carrera mítica que le llevó a ser una de las grandes leyendas de nuestro baloncesto. Había nacido "El Helicóptero".

El profeta señor Hogan

En mis intentos de contactar con Essie Hollis le envié un e-mail. Su primera respuesta fue: "Perdona que escriba sin puntuacion, pero te escribo desde un teclado americano". Ahora, Hollis se gana la vida como profesor de castellano para niños de 5 a 11 años. Jugó 10 temporadas en España y se convirtió en un mito en nuestras canchas.

Sin embargo, Essie no sabía nada de España cuando en el 77 le llegó una oferta del Askatuak de San Sebastián. Tanto, que cuando estaba en el instituto el profesor de castellano, el señor Hogan, siempre le decía que se apuntase a sus clases y Hollis no lo veía muy claro. "Pensaba que no me iban a servir de nada. De hecho, estudié dos años en el instituto y uno en la universidad diciéndome: "¿Para qué estoy haciendo esto?". Y mira, la primera oferta que me llegó fue de España", nos cuenta.

En aquel momento la carrera de Hollis no estaba muy clara. Tras ganar el Torneo NIT con la Universidad de St. Bonaventure (un campeonato mucho más prestigioso de lo que es ahora) fue escogido con el número 44 en el draft por los New Orleans Jazz, que lo cortaron en el rookie camp. En estas que andaba el Askatuak buscando un "segundo americano" para la campaña 77-78, en la que se había ganado el derecho de disputar la Copa Korac. Para jugar las dos competiciones ficharon al "bueno" de los dos, Ken Beasley, un 2.17 metros. El dinero que les sobró iría para el segundo, que jugaría sólo en Europa. Josean Gasca le pidió a Jim McGregor, un conocido intermediario y entrenador, que le buscara un jugador, y eligió a Essie. "Nada más verlo jugar nos dimos cuenta de que era un hallazgo, una maravilla. Driblaba, tiraba, pasaba… ¡Y qué físico! Hacía cosas que no habíamos visto jamás. Enseguida supimos que el bueno era él", cuenta hoy Iñaki Almandoz, uno de los fundadores del club donostiarra. Aquella primera temporada fue brutal: "Fue un año fabuloso, jugué como si estuviera en un sueño. Además, mis compañeros eran geniales, todavía intercambio e-mails con muchos de ellos. La ciudad me encantó, San Sebastián es un sitio para quedarse. Cuando no tenía nada que hacer me iba a la playa de La Concha y me encantaba. Creo que no bajé en ningún partido de los 30 puntos", dice Hollis. Promedió 39.2 tantos por encuentro. Brutal, descomunal. Un día, contra el Joventut en Copa, metió 61 puntos. "Me quedé a uno de Szczerbiak. Aquel día me defendieron Filba, Margall y Juan Ramón Fernández, pero estaba en racha. Salía del poste bajo, me giraba y las metía todas. 16 seguidas, creo, y algunas desde más allá de 6.25, aunque por entonces no había línea de tres. Perdimos 90-93", recuerda con impresionante precisión.

Otra vez las risas

Al verano siguiente se fue a probar con loa Detroit Pistons. "Llegué al campus y me preguntaron cuántos puntos por partido había metido ese año. Respondí que 40, y todo el mundo se reía de mí", cuenta Hollis. De nuevo necesitaba vengarse. "En los primeros partidos promedié 33. Ya me miraban con otra cara", añade. No sabían bien aquéllos que esa no era la manera de anular a Hollis. Quien sí la encontró fue Dick Vitale. El, desde hace más de dos décadas, analista de la ESPN iba a entrenar en la 78-79 a los Pistons, su única experiencia NBA, después de haber entrenado a la Universidad de Detroit. En el campus para elegir jugadores estaban Terry Tyles y John Long, ex jugadores suyos en el college, y Vitale tenía claro que los quería a ellos a toda costa. "Me dijo: "No sé qué voy a hacer contigo. Te quiero cortar porque voy a elegirlos a ellos dos, pero a los dueños del equipo les gustas más tú". Así que lo que hizo fue ponerme en el mismo equipo que ellos y no me pasaron una", cuenta Hollis. Se fue a la CBA, a los Rochester Zeniths, y era el máximo anotador, reboteador y taponador cuando los Pistons le volvieron a llamar. Jugó unos meses y de nuevo prescindieron de él. Regresó a Rochester y lo hizo campeón de la Liga Continental. Era el momento de regresar a Europa.

Tras un año en Italia (Chieti), volvió a España para jugar dos años en el Areslux Granollers (80-82). Su regreso a la Liga Nacional fue la portada del número 1 de la legendaria revista "Nuevo Basket", un día histórico para el baloncesto español. En el artículo que escribió Franco Pinotti se hablaba del nuevo Essie, menos atlético –menos Helicóptero– por una lesión pero más inteligente, tratando de aportar a un equipo en el que ya no era el único referente: "(…) Hollis sabe que no lo tenía que hacer todo personalmente. Hay ahora quien le puede respaldar con eficacia, quien defiende, quien sabe entenderle. Y Essie, jugador inteligente, ha sabido amoldarse a esta nueva situación. Ya no fuerza el tiro; su abanico de soluciones técnicas es micho más amplio". Ángel Palmi, actual director deportivo de la FEB y por entonces (80-81) entrenador del Areslux recuerda que "habíamos perdido a Creus, fichado por el Barça, y él vino a intentar cubrir su hueco. Y causó un impacto grandísimo en la afición, que ya estaba acostumbrada a ver baloncesto de elite pero no a ese nivel. Era un jugador que vivía a otro ritmo en la pista. Daba pases que sus compañeros no veían y perdía muchos balones por eso. Mi esfuerzo iba encaminado a que viera que tenía que bajar el pistón para que el resto pudiera seguirle". Fue un adelantado a su tiempo. Un jugador con tantas dimensiones que terminó siendo un incomprendido. "Mi segundo año en el Areslux era el segundo máximo anotador del equipo tras Mendiburu. Él era buenísimo: metía 27 puntos por partido y yo, 24 y unas siete asistencias. Yo estaba contento con mi juego, pero un día me llama mi agente y me dice que me van a cortar si no meto más puntos. Yo no lo entendía, pero hice lo que me pedían. ¿Quieren puntos? Pues en los tres siguientes partidos hice 46, 45 y 48. Y echaron al entrenador, Pedro Zorrozúa", recuerda Essie. De él se decía que era egoísta, que condicionaba el juego demasiado. Mikel Cuadra, compañero suyo en Vitoria y León y hoy genial columnista en el diario "El Correo", le da la vuelta a la tortilla. "Era tan imaginativo que para el entrenador metódico era un fastidio. Yo le he visto dar pases por debajo de las piernas y hacer alardes físicos como ponerle un tapón a Romay arriba del todo y sentarlo. Lo tenía todo, pero si el entrenador decía que había que hacer la 4 y él veía que haciendo la 3 la iba a meter, hacía la 3. Lo suyo era anarquía, pero una anarquía maravillosa. Yo creo que por eso jugó tantos años en Primera B, donde el baloncesto era mucho más libre que en la ACB". Cuadra recuerda que "en el entrenamiento te decía: "Me voy a ir por la derecha", y te pusieras como te pusieras se iba". En la cancha lo hacía alguna que otra vez. Demasiado para las cabezas de algunos entrenadores.

Recuerdos imborrables

Hollis seguiría impartiendo magisterio en Vitoria (83-85), Askatuak (85-86), León (86-88), Syrius Mallorca (88-89) y Hospitalet (media temporada 89-90, después de regresar una vez se había retirado). Protagonizó algunos de los duelos más maravillosos que se recuerdan con Nate Davis –"Él era una especie de dios entonces, lo admiraba mucho", dice Essie– y dejó en las retinas de la gente demasiadas imágenes bellas como para olvidarlas –"Me da mucha pena que no tuviéramos por entonces una cámara súper 8. Su primer año en Donosti hizo cosas inolvidables. Él hizo los primeros alley oops del basket español", rememora Iñaki Almandoz–. Siguió volviendo por España, a campus en San Sebastián, Vitoria y León, pero el recuerdo de todos los que lo conocieron es de la excelente persona que fue. Iñaki Garayalde recuerda una anécdota muy gráfica: "Jugábamos en Granollers y de Barcelona a allí nos cayó una nevada tal que nos dijeron que nos vistiéramos en el autocar, que no llegábamos y que teníamos que ir andando. Y allá que fuimos, todos pensando en el partido y en que no nos daba tiempo. A Essie, sin embargo, sólo le preocupaba la gente que se iba quedando tirada por la carretera. Ayudamos a todos. Imagínate la estampa: vestidos de jugadores, él con su afro y yo con una barba que parecía el Yeti. Al llegar a la pista nos tuvieron que dar friegas con alcohol, estábamos congelados de meternos en la nieve a ayudar a la gente. Luego perdimos el partido con él fallando el último tiro. Sin embargo, Essie sólo preguntaba si la gente de la calle estaba bien. Él es así".

Actualmente Hollis vive en Florida. Solía jugar pachangas hasta que en una le golpearon un ojo y le desprendieron la retina. Lleva dos operaciones y ha perdido la visión de ese ojo temporalmente; se encuentra en proceso para recuperarla. Sin embargo, vive volcado en su hijo Damian. Ha terminado el high school y le han llamado más de 50 universidades, algunas dirigidas por viejos conocidos suyos, como Boston College (a la que entrena Al Skinner, ex del Joventut). En su barrio le siguen llamando "Bee" (Abeja) como toda la vida y poca gente sabe que es una leyenda en España. Cultiva una memoria prodigiosa (y dice, además, que el jugador que mejor le defendió fue Indio Díaz) y ayuda a su hijo. "Déjame que te cuente algo de los jugadores estadounidenses. Aquí hacen un crossover y la gente se vuelve loca. Yo le digo a mi hijo que piense el baloncesto, que no se quede en lo físico. Y es bueno físicamente, ¿eh?, que es el que más tapones hace de su equipo, donde hay un siete pies… Muchas veces nos hemos peleado por eso, pero vale la pena. Si trabaja, puede llegar a la NBA", dice Essie.

Hollis hizo su último mate hace cuatro años, un "in your face" jugando contra su hijo en San Sebastián. Dice que no ha vuelto a hacer otro. "Tío, es que duele mucho. Hay que poner a funcionar músculos que hace años que no se mueven", dice riendo. Hace unos días se volvieron a reunir todos los que jugaban en el playground en el que Essie se vengó del baloncesto. Ahora, el profesor de castellano es el que manda. Ha sido profesional y, aunque nadie lo sepa, por aquí es una leyenda. La venganza la disfrutamos nosotros. Gracias, Essie.

FICHA PERSONAL

Essie B. Hollis
Erie, Pennsylvania (USA). 16/05/1955. Alero, 1.98 m

Trayectoria deportiva
- 1976-77 : St. Bonaventure College
Elegido por New Orleans en 2ª ronda del draft de 1977 ( nº 44 )
- 1977-78 : Askatuak
- 1978-79 : Detroit Pistons (NBA) y R ochester Zeniths (CBA)
- 1979-80 : Rodrigo Chieti ( Italia )
- 1980-81 : Areslux Granollers
- 1981-82 : Areslux Granollers
- 1982-83 : Lebole Mestre ( Italia )
- 1983-84 : ARABATXO BASCONIA
- 1984-85 : CAJA ALAVA
- 1985-86 : Askatuak San Sebastián ( Primera B )
- 1986-87 : Elosúa León ( Primera B )
- 1987-88 : Elosúa León ( Primera B )
- 1988-89 : Syrius Mallorca ( Primera B )
- 1989-90 : Cirsa Hospitalet ( Primera División )
Se incorpora al Hospitalet a media temporada, después de estar retirado, sustituyendo a Russell Cross.

Logros individuales
- Máximo anotador de la Liga Española con Askatuak con 862 puntos ( 39.18 por partido ) en la temporada 1977-78
- Segundo máximo anotador de la Liga ACB con el Arabatxo Basconia con 761 puntos en la temporada 1983-84.

Quique Peinado
Periodista de laSexta

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