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En tierra de gigantes: Spud Webb (I)
A pesar de los intentos de muchos por encontrar paralelismos entre Muggsy Bogues y Spud Webb, es difícil hallarlos y no sólo porque desplegaron un juego muy distinto el uno del otro, sino porque también sus vidas fueron muy diferentes. Álvaro Paricio nos acerca a la figura de Webb, segundo personaje de la serie “En tierra de gigantes”. En esta tercera entrega repasamos los primeros pasos de Spud en el mundo del baloncesto superando los obstáculos que sus 170 centímetros le iban colocando en el camino


Spud Webb debió recorrer un largo y espinoso trayecto hasta llegar a la NBA (Foto spudwebb.net)

Esta historia no comienza ni en un barrio marginal ni en un entorno conflictivo, sino en una zona residencial a las afueras de Dallas. Allí creció Anthony Jerome Webb, alejado de la violencia y la marginalidad de otros barrios. Y no es que los Webb fueran una familia adinerada, pero el padre, David, había conseguido ser propietario del supermercado donde había comenzado a trabajar y la madre, Katie, trabajaba como secretaria. Suficiente para poder mantener una familia donde Spud (apodo que recibe siendo un bebé porque decían que su cabeza recordaba al Sputnik), fue el quinto de seis hermanos.

Sin preocupaciones económicas y educado dentro de unas fuertes convicciones cristianas, el mayor problema en la juventud de Spud fue el creciente complejo de inferioridad que le causaba su estatura (mide un poco menos de 1.70 m.). No había en el mundo cosa que le molestara más que le incapacitasen para realizar ciertas tareas por su estatura. Por suerte, pronto apareció Alvin Jordan, la persona que más le ayudó a superar sus complejos de inferioridad. Alvin era monitor del Turnkey Boys Club, una asociación deportiva que intentaba ayudar a alejar a los chicos de las calles a través del deporte. Con sus padres todo el día trabajando fuera de casa, Spud pasó gran parte de su juventud en Turnkey practicando los diferentes deportes que ahí se ofrecían. Curiosamente, el primero que despertó el interés del joven Spud fue el boxeo, un deporte que no se ajustaba a sus cualidades físicas aunque que, según Webb, “aquellas lecciones de boxeo fueron muy practicas después cuando tuve que esquivar los codos que los matones del baloncesto profesional ponían en mi caminos”. Tras competir en el peso mosquito, probó con el ping-pong y el fútbol americano, pero fue el baloncesto el que le cautivó. Alvin fue su entrenador en el equipo de baloncesto y el encargado de convertir sus atributos físicos en cualidades deportivas. Su estatura le hacía endiabladamente veloz y hábil para recuperar balones con lo que, poco a poco, el inseguro Spud se fue convirtiendo en un pequeño base con una sorprendente capacidad de salto.

Comenzaba a conocer el potencial que llevaba dentro, pero para los demás simplemente era un chico demasiado bajito para jugar a baloncesto. Por ello tuvo que esperar a una casualidad del destino para poder formar parte del equipo del colegio. Antes de cada temporada era preceptivo pasar un reconocimiento médico que costaba unos 5 dólares. Sin embargo, sucedió que el primer año de Spud en el equipo, algunos de los compañeros de Spud decidieron gastarse el dinero de la revisión en el cine. El entrenador como castigo relegó al banquillo a aquellos muchachos y dio la oportunidad de debutar a un Spud Webb que estaba destinado a la suplencia. En su primer encuentro, lideró la victoria del equipo con 20 puntos. Desde entonces, ya nunca abandonaría la titularidad del equipo.

Más complicado fue jugar en el instituto. En las pruebas de acceso para el equipo de baloncesto del Wilmer Hutchings High School, Spud hizo méritos para entrar en el primer equipo, sin embargo el entrenador Homer Smith no pensó lo mismo. Según el propio Spud, “estaba siendo de nuevo descartado por mi talla”. Aunque la realidad es que el entrenador Smith sólo incluía en el primer equipo a jugadores que estuviesen en el último año del instituto. Durante tres años, Spud jugó en el equipo Junior Varsity (el segundo equipo del instituto) destacando en cada uno de los encuentros y convirtiéndose, como el propio Webb señala, en “el líder de los marginados”.

Como era lógico, el nivel de los rivales no era el apropiado para que su juego pudiese mejorar y por ello, además de los entrenamientos del equipo, pasaba largas horas en el gimnasio del instituto jugando con compañeros y amigos del primer equipo. Precisamente fue durante uno de esos entrenamientos, cuando Spud vivió una de las experiencias más angustiosas de su vida. Fue testigo directo de cómo un tornado arrasó el instituto. “El tornado destripó el techo del gimnasio, lanzando trozos del edificio por todas partes y volcando las canastas. Las gradas quedaron totalmente destrozadas”, comenta. Pero más allá de este incidente, aquellos entrenamientos sirvieron para que Spud incrementase su capacidad de salto. Spud había transformado un simple interés por emular a Julius Erwing (su ídolo de la infancia) en un entrenamiento intensivo. Diariamente, programaba todo tipo de ejercicios destinados a incrementar la fuerza de sus piernas y a potenciar el salto. Por norma general, una persona es capaz de saltar un tercio de su altura, es decir, si uno mide un metro y medio, podrá saltar unos 50 centímetros y si mide 180 centímetros, saltará 60 centímetros aproximadamente. Pues bien, como resultado de aquel entrenamiento, ya en el instituto Spud era capaz de saltar 107 centímetros, ¡2/3 de su altura!

En su último año, Spud logró por fin hacerse un hueco en el primer equipo y jugar toda la temporada como titular promediando 26 puntos de partido. A pesar de realizar un gran año, el tiempo pasado en el ostracismo del Junior Varsity fue una losa demasiado pesada para que alguna Universidad se fijara en él. Spud pensaba que había hechos méritos suficientes para captar la atención de universidades como UCLA o la UNLV, pero en cambio sólo logró recibir la invitación de dos pequeñas universidades como eran la North Texas State University y la Midland Junior Collage. Con todo, NTSU no parecía una mala opción pues en ella jugaba su amigo de la infancia Mookie Smith. Desgraciadamente, la universidad ya contaba con dos bases y por ello el propio entrenador de NTSU, Bill Blakeley, le recomendó que aceptara la oferta de Midland en espera de nuevas oportunidades.


Nunca tuvo miedo de los rivales ni de los obstáculos (Foto spudwebb.net)

Midland recibe este nombre por situarse precisamente a mitad camino entre las ciudades de Fort Worth y El Paso. Para Spud, Midland estaba en el medio de la nada, estaba en el último lugar donde esperaba convertirse en famoso. Era una ciudad de poco peso en el estado de Texas con la universidad como uno de los pocos servicios especializados de los que disponía. La Midland College era una universidad pequeña (apenas contaba con 3.000 estudiantes), un centro que en España equivaldría a una diplomatura por lo que sus equipos deportivos no podían competir con las grandes universidades estatales y, en su lugar, tenían que jugar en la NJCAA. Por si esto no fuera suficiente, el estilo de juego del equipo también causaba una especial frustración en Spud. Y es que el equipo de Midland jugaba poniendo mucho hincapié en la defensa y jugando largas posesiones en ataque. Un juego lejos de la vistosidad y rapidez a la que estaba acostumbrado a jugar en el instituto. Spud odiaba la forma de entrenar de Jerry Stone. “De repente, este chico blanco con largos rizos y camisa vaquera estaba intentado enseñarme cómo tenía que jugar a baloncesto”, comenta. La verdad es que Stone tenía métodos de entrenamiento algo peculiares; en el tablero tenía escrito la palabra “equipo” y en cada discurso trataba de inculcar a sus jugadores la idea de que formaban parte de una unidad y que si fallaban no sólo se fallaban a sí mismos sino también al colectivo al que pertenecían.

Con el tiempo, estas lecciones fueron calando en el juego de Spud y ya no sólo se limitaba a ser un anotador compulsivo, sino que también valoraba aspectos del juego como la defensa o asistir a sus compañeros. De igual modo que el juego de Spud crecía, los resultados del equipo les llevaron a disputar la fase final de la NJCAA que se celebró en Kansas. La empresa parecía harto complicada ya que el equipo de Spud debía disputar cuatro partidos en cinco días con los únicos 8 jugadores disponibles que tenía el equipo. Con todo, Midland logró ir superando a los diferentes adversarios para acabar imponiéndose por 93 a 88 al Miami-Dade College en una final igualadísima y que sólo se resolvió tras dos prórrogas. Spud Webb fue nominado Outstanding Small Player. Un trofeo exclusivo para jugadores menores de 183 centímetros que reflejaran en la pista valores de liderazgo y compañerismo. Más allá de lo que significó la victoria y el galardón individual, la final de la NJCAA supuso para Spud poder demostrar lo equivocados que estaban todos aquellos que decían que era demasiado pequeño para jugar a baloncesto. “En lo profundo de mi corazón siempre supe que podía hacer algo grande y finalmente, lo había probado. Desde ese momento decidí que nunca escucharía ninguna otra crítica.

La intención de Webb nunca fue la de permanecer mucho tiempo en Midland, él esperaba que aquella pequeña universidad fuera un trampolín para alcanzar una Universidad de mayor prestigio. Y de hecho, al siguiente año estuvo apunto de jugar para la NTSU. Sin embargo, una serie de acontecimientos le hicieron cambiar de parecer. Durante el otoño del 82, Spud recibió la noticia de que su padre había sido arrestado por vender drogas. David Webb había distribuido en su establecimiento anfetaminas, delito por el que fue condenado a 2 años de cárcel. Un castigo suavizado por su historial de ayuda a la comunidad y, sobre todo, por haber ayudado a encontrar al distribuidor de las drogas. El sentimiento de deuda con la Midland College y la nueva situación familiar hicieron que Spud permaneciese un año más en aquella universidad. Pero tras terminar aquel segundo año, Dios tenía nuevos planes para Spud. Sin saberlo, iba a pasar de ganar la NJCAA a defender el título de la NCAA en sólo dos temporadas. La universidad de North Carolina State había logrado en 1983 el título nacional, pero la marcha a la NBA de Sydney Lowe y el fichaje por Arkansas de su suplente, Kenny Hutchinson, había dejado al campeón sin un base puro para poder defender el título en la siguiente campaña.

Las rápidas tareas de scouting del entrenador asistente de NC State, hicieron que Tom Abatemarco se fijara en un pequeño base de una pequeña universidad de la que había conseguido por casualidad unos videos. Previa a la primera entrevista, sólo Abatemarco conocía a Spud Webb, por lo que no es de extrañar la reacción del entrenador Jim Valvano cuando vio al pequeño jugador en el aeropuerto de Carolina. “Tom, si ese niño con gorra de jockey es Spud Webb, estás despedido”, bromeó Valvano.

Lejos de las dudas iniciales, Valvano no tardó mucho tiempo en percibir el tremendo potencial que tenía ese “niño”. De hecho, ya en los entrenamientos previos a su elección Valvano lo enfrentó a los mejores jugadores consciente de que Spud iba a superar aquella prueba. “No hay grandes personas. Sólo hay grandes oportunidades y yo sabía que ésa era la mía”, señala ahora Webb. Fueron dos años duros a nivel colectivo. El equipo, que venía de ganar el campeonato, no fue capaz ni siquiera de defender el titulo ya que en una nefasta primera temporada no logró la invitación para el torneo final de la NCAA, y en su segundo y último año, cayó eliminada frente a la universidad de St. John’s en la final del Oeste, el paso previo a la Final Four universitaria. Además, en lo personal, Spud vio como ese segundo año perdía la titularidad con la llegada al equipo de Nate McMillan y su objetivo de llegar a la NBA se complicaba.

(Continuará en la siguiente entrega)

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
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