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En tierra de gigantes: Spud Webb (y II)
En esta segunda parte de la historia de Spud Webb, Álvaro Paricio nos relata cómo este "pequeño" jugador pudo alcanzar su sueño de llegar a la NBA y, no sólo eso, sino que fue protagonista en su primer año en la competición de un acontecimiento que sobrepasa los límites del deporte para adentrarse en los de las proezas sobrehumanas al ganar el concurso de mates del All-Star. A partir de aquel momento, su carrera estuvo marcada por ese hecho, tanto para lo bueno como para lo malo. La historia de Webb, junto a Bogues y Boykins, conforma la serie "En tierra de gigantes"


La participación de Spud Webb en el concurso de mates marcó su carrera para bien y para mal (Foto NBA Photos)

  • En tierra de gigantes: Spud Webb (I)

    Al terminar su ciclo en el baloncesto universitario, Spud Webb era consciente de que sus posibilidades de acceder a la NBA eran escasas y por ello su único pensamiento se centraba en terminar los créditos necesarios para poder graduarse. Con todo, no renunció al sueño de jugar en la gran liga y se puso en manos de Bill Blakeley (quien ya le quiso para la NTSU) y su agencia de representación. Gracias a las gestiones de Bill, Spud pudo participar a lo largo del verano en varios torneos e incluso llegó a jugar en la USBL en el equipo de Rhode Island, donde coincidió con Manute Bol, con quien entabló una gran amistad. Las buenas actuaciones cosechadas en aquellos partidos lograron obrar el milagro y así Spud Webb era seleccionado por los Detroit Pistons en la cuarta ronda del draft de 1985.

    Antes de ver cumplido su sueño, Spud aún tenía que superar una última prueba: el campus de entrenamiento de los Pistons. Tras cinco días de intensos entrenamientos junto a estrellas como Isiah Thomas y el rookie Joe Dumars, Spud regresó a su casa de Dallas a la espera de recibir una llamada telefónica para firmar el contrato con los Pistons. Sin embargo, esa llamada nunca llegó y, en su lugar, sólo recibió una carta de despido de los Pistons en la que se agradecían los servicios prestados. Después de la decepción inicial, Spud sopesó la posibilidad de aceptar una oferta que había recibido por parte de los Harlem Globetrotters. Por sus condiciones físicas, era un elemento que encajaba perfectamente en el espectáculo que ofrecían los Globetrotters. Pero la idea de ser una atracción circense le molestaba; Spud siempre había luchado para que le tomasen en serio y no iba a “venderse” ante el primer imprevisto que surgiese. Ahora todas las esperanzas se centraban en un rumor que comenzaba a circular por Atlanta.

    Glenn “Doc” Rivers, el base de los Atlanta Hawks, se había fracturado la muñeca y su entrenador, Mike Fratello, necesitaba un recambio de urgencia por lo que él mismo fue el encargado de invitar a Spud a realizar la pretemporada con los Hawks. La noticia no tardó en llegar a la prensa local quien acogió con escepticismo el hecho de que un universitario de 170 centímetros fuera el encargado de sustituir a toda una estrella como ya era por entonces Doc Rivers. Más allá de este rechazo, Spud aún tendría que superar una prueba más dura. Durante su primer entrenamiento, Cedric Toney le partió el labio con su codo en un choque entre ambos. Del encontronazo Spud salió con 44 puntos de sutura y un diagnóstico de dos semanas de baja. Demasiado tiempo para un chico que estaba buscándose un hueco entre profesionales. Como en todos los momentos difíciles, Spud decidió encomendarse a Dios y sólo dos días después del incidente se incorporó al grupo para jugar un partido frente a los New York Knicks. No sabemos si sus plegarias fueron escuchadas, pero lo cierto es que aquella muestra de valor y determinación le hicieron ganarse el respeto de prensa y compañeros. “Este es mi hombre. No quiero que nadie se meta con él”, comentó Dominique Wilkins tras aquel partido. Pero más importantes que aquellas palabras, fueron las que poco después oiría de boca de su entrenador Mike Fratello: “Probablemente sabrás que todos eran escépticos sobre tus posibilidades de estar en el equipo, pero quiero que sepas ahora que creo que eres un joven jugador con un gran talento y estoy orgulloso de ofrecerte un lugar en este equipo. Bienvenido a la NBA”.

    Spud Webb firmó un contrato por un año a razón de 70.000 dólares, el mínimo que establecía la liga, cantidad que pronto se vio que era insuficiente para un jugador que había superado todas las dudas iniciales y se consolidaba como el base titular de los Hawks al comienzo de la liga. Incluso con la recuperación de Doc Rivers, Spud se mantuvo como una pieza importante dentro del esquema de juego de unos Hawks que alcanzarían los Playoffs de la mano de su estrella Dominique Wilkins.

    Si un jugador toca techo en su primer año en la liga y es recordado por un momento concreto de aquel año, podríamos pensar que se está ante un jugador de escasa trayectoria profesional o, simplemente, de un jugador sin apenas prestigio. Pero este no es el caso que nos atañe. Spud Webb sería protagonista en su primer año en la NBA de un acontecimiento que sobrepasa los límites del deporte para adentrarse en los de las proezas sobrehumanas al ganar el concurso de mates del All-Star.

    De todos era conocida la habilidad de Spud Webb para realizar mates. Una destreza que el mismo Webb se había encargado de potenciar realizando alguno mates durante la primera parte de aquella temporada. Sin embargo, y a pesar de que su estatura le otorgaba un espectacularidad propia para la ocasión, pocos le situaban en la lista de aspirantes a participar en el concurso de mates de All Star de 1986 que se celebraba en Dallas. De hecho, sólo la ausencia del lesionado Michael Jordan y las cientos de cartas enviadas por su agente hicieron que la liga finalmente le invitase al concurso de mates.

    Las semanas previas a la cita, lejos de entrenar los saltos, Spud se dedicó a esquivar las preguntas y bromas que sus compañeros hacían sobre el concurso. “Los chicos estaban haciendo una gran broma de todo ello, pero no era una broma. Yo podía hacer cosas que ellos no sabían. Ninguno de los chicos conocían lo que era capaz de hacer”, advertía Webb. Incluso la noche anterior voló hasta Los Ángeles para participar en el show de Johnny Carson y sólo a la mañana del concurso comenzó a pensar en la estrategia a seguir. Ajeno a la atracción de las cámaras que se centraban en los hermanos Wilkins (Dominique y Gerald), Spud pasó el día disfrutando del partido de veteranos con Slater Martin y Calvin Murphy, dos pioneros en liga por lo que respecta a jugadores inferiores a los 6 pies (180 centímetros). Tras la victoria de Larry Bird en el concurso de triples, la espera de Spud Webb había concluido: era el turno del concurso de mates.

    Justo antes de realizar su primer mate, Spud se colocó debajo de la canasta para mostrar al publico la dificultad de su misión. “Era como el escalador que inspecciona la cumbre”, describe Webb. Sin duda que el consejo dado por Bill Needle (relaciones públicas de los Hawks) surtió efecto ya que al realizar su primer mate (un mate tras salto a dos piernas), el publico quedó rendido ante lo que acababan de ver. “La gente no esperaba que hiciese eso”, recuerda Webb. El mate consiguió 46 puntos y encauzó la clasificación de una primera ronda que completó con un mate a una mano girando en el aire y un sube y baja de espaldas que le dieron en conjunto 141 puntos. Ya en la segunda ronda, Spud incrementó el nivel del concurso realizando un mate lanzando primero el balón para, tras un bote, recogerlo cerca del aro y machacarlo a dos manos. Público y jueces (que lo premiaron con un 50) enfervorecieron con aquel mate. Sin embargo, para Webb lo más divertido de realizar aquel mate “fue mirar la cara de mis compañeros de equipo”. A la final del concurso llegaron Spud Webb y su compañero Dominique Wilkins. Para abrirla, Spud eligió un mate con un giro de 360º a una sola mano, algo muy complicado si se tiene en cuenta el tamaño de la mano de Webb y la dificultad que ello supone para agarrar el balón. Pero eso no importaba, aquella era su noche y el resultado de aquel mate tan arriesgado fue de nuevo un 50 perfecto al que contestó Wilkins con otro 50. Ahora todo se decidía en un sólo mate y Spud tenía una carta guardada. Un mate donde lanzó el balón contra el tablero para posteriormente recogerlo y machacarlo a una mano. “Cuando golpeé el tablero y oí la reacción, de algún modo supe que podía vencer. Fue un pandemonium, y no pude disimular una tremenda sonrisa de mi cara”, confiesa Webb. Cuando realizó con éxito aquel mate el concurso no había terminado pero ya tenía un claro vencedor. Para la posterioridad quedará la imagen de Jordan llevándose las manos a la cabeza o el emotivo abrazo con el que se fundieron Spud y Dominique tras ser proclamado el primero vencedor del concurso de mates.


    Webb vivió su último éxito en las filas de los Sacramento Kings (Foto NBA Photos)

    Aquel concurso marcó la carrera de Spud, para lo bueno y para lo malo. Desde entonces se convirtió en un reclamo para las empresas y se multiplicaron sus contratos publicitarios. Había un menú Fried Chicken (con alitas de pollo y refresco de cola) con su nombre, incluso la marca cervecera Budweiser llegó a pensar en él para lanzar una campaña nacional con el slogan “This Spud’s for You” (Esta Spud es para ti). Sin embargo, esta campaña chocaba plenamente con la moralidad de Spud, pues como él mismo comenta, “nunca promocionaría nada con alcohol o tabaco; no me importa cuanto dinero me ofrezcan”. Su triunfo en el concurso de mates también trajo consecuencias negativas. A partir de aquella noche, poco importó lo que hiciese Spud el resto de su carrera, siempre tuvo que convivir con el estigma de aquella hazaña. “Quizás la gente no aprecia las otras cosas que yo era capaz de hacer y eso duele. Por ello es por lo que paré de participar en los concurso de mates.”

    A la conclusión de aquel año, los Hawks y Spud Webb alcanzaron un acuerdo para prolongar su relación con un contrato de cuatro años por un millón anual más incentivos. Sin duda, fue la consecuencia más agradable de su victoria en Dallas ya que la cantidad fue lo suficientemente generosa para retirar a su madre y ayudar al resto de la familia. Durante los seis años que vivió en Atlanta, disfrutó de la, posiblemente, mejor etapa de los Hawks, siendo su mayor éxito la final de la Conferencia Este que perdería frente a los Detroit Pistons en 1988. En 1991 fue traspasado a los Sacramento Kings a cambio de Travis Mays, Antoine Carr y Ralph Sampson. En los Kings y con la ayuda Mitch Richmond lideró la transformación de una franquicia perdedora que alcanzaría en 1996 sus primeros Playoffs tras nueve años. Curiosamente, Webb no pudo disfrutar de aquellos Playoffs porque ese mismo año había regresado a Atlanta. Tras una breve estancia en Minesotta Timberwolves, probó suerte en Europa disputando tres partidos en la liga italiana con el Scaligera Verona. En 1998 aceptó un contrato de 10 días con los Orlando Magic y jugó en la CBA con los Idaho Stampede poniendo aquel año punto y final a su trayectoria profesional.

    En la actualidad interviene como comentarista deportivo en diferentes medios locales de Dallas donde vive junto a su mujer e hija. Ha cambiado el balón de baloncesto por los palos de golf, un deporte que disfruta en compañía de amigos y que, de vez en cuando, le ofrece la posibilidad de organizar eventos benéficos en los que recauda dinero para alguna de las distintas fundaciones a las que pertenece. Desde su retirada dice que apenas ha jugado a baloncesto, aunque tiene una pagina web donde cualquiera puede contratar sus servicios para acudir a eventos sociales y comprobar si aún es capaz de saltar como hacía antaño, porque como Spud dice: “por el precio adecuado puedes hacer cualquier cosa”.
  • Álvaro Paricio
    @Alvaropc23
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