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G Vázquez: El partido que fueron dos
La NBA vivió en la temporada 1978-79 un episodio único en su historia, un partido entre Philadelphia y New Jersey… que en realidad fueron dos. En un caso poco común en el mundo del deporte y jamás repetido en la liga estadounidense, la NBA ordenó repetir los últimos 17:50 por un error técnico arbitral, disputándose cuatro meses después en increíbles circunstancias: se jugó como añadido a otro encuentro entre ambos equipos y con varios de los protagonistas iniciales vistiendo la camiseta del que entonces era su rival y apareciendo en ambos lados de la estadística. G Vázquez se adentra en este asombroso y desconocido episodio


¿Pudo Harvey Catchings jugar contra sí mismo en aquel partido?

Hace bien poquito que el deporte en España ha asistido al resurgir de un término de raro uso y casi nula práctica: la impugnación, un recurso contra la validez de un resultado. Su sentido es muy sencillo. Si un equipo considera que se ha visto gravemente perjudicado por un flagrante incumplimiento del reglamento, puede, llegado el caso, impugnar el resultado y solicitar la repetición del partido. Aquí al final no llegó la sangre al río, pero sí a nuestra memoria uno de los sucesos más sorprendentes e insólitos en la historia no solamente de la NBA, ni siquiera del Baloncesto, sino del deporte mundial. Tras la lógica espera del Eurobasket, damos ahora fe del hecho en estas líneas.

El 8 de noviembre de 1978 Philadelphia recibía en el Spectrum a New Jersey en uno de esos duelos que en EE UU, por razones de proximidad geográfica, se viven y contemplan de manera similar al derby europeo. A la velada de aquel jueves llegaba cada equipo del siguiente modo: Philadelphia (Cheeks, Collins, Erving, B. Jones, C. Jones, Bibby, Dawkins...) en cabeza del Este, sumaba 6 victorias consecutivas para un total de 7-1, mientras que New Jersey (Money, Williamson, E. Jordan, B. King, G. Johnson, Washington, Van Breda Kolff...), en otro año difícil por lo corto y descompensado de la plantilla, registraba un respetable 8-5. Desde que Philadelphia arrebatase en 1976 a la gran estrella ‘net’, Julius Erving, la rivalidad entre estas dos franquicias vecinas se había visto recrudecida y en aquellos últimos setenta sus relaciones no eran precisamente buenas.

El partido no hizo más que refrendarlo. Transcurrían los minutos y algunos emparejamientos subían gradualmente de temperatura, más aún cuando el técnico local, Billy Cunningham, buscó redoblar los marcajes al comprobar que New Jersey, que incluso había perdido al inicio a Bob Elliott por lesión, estaba en perfecta disposición de ganar el partido. Así de apretado corría el encuentro cuando a mitad del tercer cuarto y atacando Philadelphia la estrella visitante Bernard King y su perro de presa, el alero blanco Steve Mix, forcejearon violentamente en los aledaños de la pintura en la lucha por la posición. No pasó nada. Otro calentón más y a seguir. Pero a la siguiente jugada dio la bola en Bernard King, quien en el preciso instante de lanzar sobre el agobiante marcaje de Mix fue castigado con falta en ataque, una falta mucho más que rigurosa que acabó con la paciencia del alero. El reloj se detuvo a 5:50. King corrió despavorido a protestar al árbitro Roger McCann que ya antes le había señalado una técnica. En cuanto tuvo delante al jugador el árbitro le impuso la segunda. Expulsado. Al comprobar Kevin Loughery, técnico de los Nets, que perdía a su mejor hombre y de manera injusta, salió disparado del banquillo a la caza del árbitro. Loughery se había ganado fama de protestón en la liga como probaban las 43 técnicas recibidas la temporada anterior. El árbitro no dudó un instante y con el silbato al rojo señaló al entrenador dos técnicas en cinco segundos. Se armó la gorda. La práctica totalidad de integrantes de los Nets rodearon al colegiado valiente poco antes de que el legendario Richie Powers, el otro árbitro de pista, acudiera a la melé a castigar con otra técnica a King, que acababa de desatar una violenta patada a una silla, y otra más para Loughery. En ese preciso momento jugador y técnico acumulaban... seis técnicas, tres por cabeza.

¿¡Tres técnicas!?

Por encima del ensordecedor caos de pista hubo alguien que comprendió aprisa la gravedad de la situación. Era el mánager general de New Jersey, Charlie Theokas, que montado en cólera bajó corriendo desde el graderío a continuar la protesta, tratando de hacer ver a los árbitros que estaban incumpliendo el reglamento, que no se podía castigar a nadie con tres técnicas. Pero tanto lo airado de sus formas como el desorden general provocaron que los árbitros hicieran oídos sordos y reclamaran la inmediata intervención de la seguridad para continuar jugando. Así se hizo. King y Loughery fueron conducidos a vestuarios y el partido se reanudó a falta de cuarto y medio por disputar. Phil Jackson, aún de corto, fue el encargado de relevar a Loughery. Aquella sería la primera vez que Jackson actuaba de entrenador.

El partido adquirió entonces un tono épico. Pese a las mermadas fuerzas de unos reducidos Nets, todo lo ocurrido pareció estimular al máximo su competencia al punto de forzar una prórroga a los todopoderosos Sixers. Y cinco minutos después, una segunda prórroga, transcurrida la cual los Nets cayeron derrotados por 137 a 133. Ni los 37 puntos de su base, el pequeñísimo Eric Money, fueron suficientes y los jugadores de New Jersey abandonaron el Spectrum con una intensa mezcla de indignación y rabia. Sin embargo, pocos imaginaban lo que habría de ocurrir.

Impugnado

Los Nets se pusieron de inmediato manos a la obra. Dos días después el equipo jurídico formalizó una protesta ante el comité de competición de la liga, presidido por el comisionado Larry O’Brien. A decir verdad, no iba a resultar muy sencillo obviar una prueba tan concluyente. Los árbitros habían cometido un error gravísimo al interpretar el reglamento de un modo para el que no había precedente. Nunca nadie había sido castigado con tres técnicas. El árbitro Richie Powers fue el principal acusado. Ya entonces Powers se había granjeado fama de excéntrico, una fama de la que recelaba la propia liga. Mientras dos años atrás, al término de la segunda prórroga del quinto partido de las Finales de 1976, Powers había sido considerado un héroe tras ser agredido en el Boston Garden luego de atreverse a dar por válida la canasta in extremis de Gar Heard en medio de una invasión de campo, sus excentricidades eran de sobra conocidas. Powers era un tanto libertario en la interpretación del reglamento. “Siempre andaba cambiando reglas. El año anterior nos enfrentábamos a los Hawks –recordaba Kevin Loughery–, entrenados por Hubie Brown. Los dos equipos practicábamos defensas muy duras. Era algo que sabía todo el mundo. Antes de comenzar el partido Richie se acercó a nosotros y nos dijo: ‘Venga, chicos, para evitar peligros innecesarios hoy os dejaré defender en zona, pero sólo hoy, ¿eh?’”. Nada de esto pasó por alto Larry O’Brien a la hora de tomar la decisión. Finalmente se vio obligado a ceder por dos motivos: uno, la NBA estaba en el punto de mira (y él en particular) después de la violentísima temporada anterior en la que se había registrado un total de 40 peleas severas y un jugador, Rudy Tomjanovich, estuvo incluso al borde de la muerte. Y dos, como consecuencia la NBA probó a incluir aquella temporada del 79 un tercer árbitro para reforzar la vigilancia de los contactos. Si aquel error quedaba impune, de poco habría servido el cambio. El prestigio mismo de la competición estaba en juego. Así pues, dos semanas después del accidentado partido O’Brien resolvió hacer lo siguiente:

1. Suspender de empleo y sueldo al árbitro Richie Powers con un total de cinco partidos y 2500 dólares, según indicaba la sentencia, “por incumplimiento grave en el reglamento de la competición”.
2. Repetir el encuentro a partir del momento en que se cometió el error: con 5 minutos y 50 segundos en el reloj del tercer cuarto. Todo lo ocurrido a partir de ese momento no tendría pues validez.

La fecha se fijó para el sábado 23 de marzo de 1979, día en que tal y como fijaba el calendario oficial, Sixers y Nets se enfrentarían por cuarta y última vez de la temporada a dos semanas de terminar la Regular. Aquella noche se jugarían entonces dos partidos, o mejor, un partido y cuarto y medio.

Un inesperado trade

Con casi cuatro meses por delante, la temporada siguió su curso por los cauces previstos, con Philadelphia cumpliendo las expectativas de candidato al título y New Jersey sufriendo para colar la cabeza en los Playoffs. Pero inesperadamente, a poco de iniciarse 1979, el escolta titular de los Sixers, Doug Collins, cayó en desgracia por una lesión y terminó apartado del equipo. Philadelphia se vio entonces en la urgente necesidad de un intercambio para compensar la pérdida en el perímetro. Y... ¿adónde miraron los Sixers? A un equipo que cumplía a la perfección su propósito: New Jersey Nets. Los Sixers querían a toda costa a Eric Money. Fueron astutos. Money había sido comprado en verano por Kevin Porter vía Detroit, y pese a cumplir su papel con creces en su nuevo equipo, aún representaba fácil moneda de cambio, más incluso cuando los Sixers pondrían sobre la mesa dos jugadores y dinero. Sobre esas premisas las dos franquicias llegaron a un acuerdo el 7 de febrero de 1979. Philadelphia enviaba a New Jersey a Harvey Catchings, un especialista defensivo de pintura, además de Ralph Simpson, un anotador muy venido a menos desde sus tiempos de ABA. A cambio recibía dos fogosos pequeños, Eric Money y Al Skinner, de los cuales tan sólo el primero gozaría de verdadero minutaje al gusto de Cunningham.

Ahora bien: había un problema. Si el día del fatídico encuentro de noviembre Money y Skinner formaban parte de New Jersey, y Simpson y Catchings de Philadelphia, ¿con quién jugarían el cuarto y medio que restaba por disputarse ahora que cada pareja vestía precisamente la camiseta rival? El molesto asunto llegó otra vez a los despachos de la Quinta Avenida y las suspicacias se concentraron ahora en dos aspectos: para el 23 de marzo, día de la repetición, los cuatro jugadores llevarían demasiado tiempo jugando ya en sus nuevos equipos, y además, incorporarles a sus viejos clubes por una sola noche suponía el peligro de cosechar un rendimiento sospechoso dado que eran rivales directos en la Atlantic. Finalmente O’Brien actuó con sentido común y dictó sentencia: “The players are eligible to play for their new teams, and all statistics from the old game –up to the point of the protest– are valid”. Así pues, los cuatro jugarían con su nueva camiseta.

Cuando por fin llegó el viernes 23 de marzo el aforo del Spectrum alcanzó su máximo de temporada: 16.271 espectadores abarrotaban el viejo pabellón. No era para menos. Se pagaba una sola entrada para poder asistir, por lo pronto, a cinco cuartos y medio de juego. Antes de disputarse el partido oficial que el calendario fijaba para ese día y cuya victoria corrió a cargo de Philadelphia por 110 a 98, tuvo lugar la esperada reanudación del partido suspendido cuatro meses atrás con el reloj a 5:50 del término del tercer cuarto. Sin Loughery en el banquillo ni Bernard King en pista, los Sixers no dieron opción llevándose de nuevo el gato al agua, esta vez por 123 a 117, alcanzando la velada conjunta una agotadora duración de casi cuatro horas.

Un Box Score surreal


Las guías de los Nets no olvidan

Supongo que ya lo habrán advertido. La consecuencia más llamativa de “aquel partido que fueron dos” reside en el Box Score. Por primera y única vez en la historia de la NBA (y del Baloncesto profesional) la estadística de un partido reflejaba a tres jugadores acumulando registros válidos para los dos equipos. Tres en realidad porque Al Skinner no disputó ningún minuto en los dos encuentros, pero su nombre aparecería también junto al de Harvey Catchings, Eric Money y Ralph Simpson en cada uno de los dos bandos. Y no sólo eso. El cuadro reza que el partido fue dirigido por 6 árbitros y fueron señaladas nada menos que 11 técnicas. Los 37 puntos que había conseguido anotar Eric Money el 8 de noviembre fueron reducidos a 23 cuando curiosamente había anotado para los dos equipos. Así Ralph Simpson había jugado 2 minutos para los Nets y 13 para los Sixers. En fin, un Box irrepetible.

Para colmo el destino quiso que dos semanas después ambos equipos se vieran de nuevo las caras en primera ronda de Playoffs. Por entonces la primera ronda, de la que quedaban exentos los dos campeones de División, se disputaba al mejor de tres partidos. Philadelphia solventó la papeleta por la vía rápida y ganó los dos encuentros: tanto en casa el 11 de abril por 122 a 114 como dos días después en New Jersey por 101 a 111. Algunos miembros de la franquicia ‘sixer’ no escatimaron gestos ni la prensa sorna sobre sus eternos y humillados rivales.

Así no es de extrañar que cuando cinco años después, en 1984, los Nets apearon en primera ronda a los vigentes campeones, los Sixers –en la que es considerada como una de las mayores proezas nunca vistas en la NBA– todavía quedaran tiempo y ganas en New Jersey de ofrecer aquella victoria como la justa vendetta sobre una herida que no había cerrado aún. Hoy todo este relato queda lejos en el tiempo, pero ni la NBA olvida el precedente ni nosotros la ocasión de reflejar un caso verdadero de impugnación y sus fenomenales consecuencias.

Gonzalo Vázquez
@GVazquezNY

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