Artículo

Johnny Báez: La cantera del Caribe
La serie sobre los "Históricos de la Liga Nacional" se va acercando a su final, pero no podría concluir sin hacer una parada en la estrella que llegó del Caribe, Juan Ramón 'Johnny' Báez. Pasó tres años en el Real Madrid, viviendo el inicio de la nueva competición, y demostró que un pívot también podía moverse, driblar y superar a los rivales por potencia o velocidad. Sorprendido por las temperaturas, los largos viajes y las canchas, Báez supo, sin embargo, adaptarse a las nuevas circunstancias para disfrutar de su etapa en España. Jorge Dioni López nos acerca en este capítulo de la serie la figura de este gran jugador, una de las últimas perlas de la cantera del Caribe


Johnny Báez sorprendió por su velocidad (Foto Archivo Fundación Pedro Ferrándiz)

El baloncesto español nació en el Caribe. Vamos a explicarlo. James Naismith, el mítico profesor de Massachussets que inventó esto de la canasta, pertenecía al YMCA, el Young Men’s Christinan Association, el guaiemsiei de la canción de los Village People, y los centros de esta asociación fueron los grandes difusores del nuevo deporte, primero en Norteamérica y después en su área de influencia más próxima, México y el Caribe, especialmente, en Puerto Rico y Cuba. En esta última isla ejerció de misionero durante años el Padre Eusebio Millán y allí conoció un juego llamado basket-ball que jugaban los estadounidenses, ‘propietarios’ de la isla desde la derrota española de 1898. El resto de la historia es más conocida. El Padre Millán volvió a España en 1921 y comenzó a dar clase en las Escuelas Pías de Sant Antoni Abad, Can Colapi, donde se puso como objetivo que la semilla del baloncesto prendiera entre los chavales, un objetivo en el que había fracasado el pionero, Eladi Homs, en 1912. El Padre Millán sí lo logró aunque, para ello, tuvo primero que esconder los balones de fútbol y, después, llegar a un acuerdo con los chicos para alternar el balompié con eso de meter una pelota gorda en un aro. Su mayor éxito llegó tan sólo un año después, en 1922, cuando un grupo de ex alumnos de su colegio fundó el Laietà, el primer club de baloncesto español. Poco tiempo después, la semilla germina definitivamente con el primer torneo que disputan ocho equipos de la ciudad de Barcelona y que se lleva el Patrie, el primer gran equipo. Eran tiempos en que se jugaba siete contra siete, en campos de fútbol y sin tablero.

La fiebre del Baloncesto pasó a Madrid. El primer club de la capital fue el Rayo y sus primeras estrellas también procedieron del Caribe: los hermanos Emilio, Pedro y Luis Alonso Arbeletche, todos por encima del 1,80, una cifra decisiva en la época. El Rayo pronto encontró su rival en la sección de baloncesto del Real Madrid, fundada por Ángel Cabrera, un emigrante que acababa de regresar de Argentina con fortuna y afición a la canasta. Los clubes de la capital, sobre todo el Real Madrid, pronto se nutrieron de jugadores de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, ex colonias españolas que habían pasado a estar bajo la órbita, también deportiva, de Estados Unidos. Solían ser jóvenes que venían a hacer sus estudios universitarios y que tenían un nivel bastante superior a los jugadores nacionales por su relación más cercana con EEUU, donde ya había liga profesional desde 1898, la Nacional Basketball League. Los jugadores caribeños que llegaban a España habían jugado con y contra jóvenes norteamericanos, habitualmente soldados, que conocían las décadas de evolución del deporte en su país de origen: las primeras tácticas de ataque y defensa, entre las que todavía no se encontraba el corte de UCLA. Su aportación es más evidente después del aislamiento provocado por las guerras, Civil y Mundial, y fue el Real Madrid quien más apostó, pagando en una época en que no era muy habitual hacerlo, por la cantera del Caribe. Y su estrella más brillante fue Johnny Báez.

Una razón y media

Pero no corramos. En los 50, el Real Madrid resucita gracias a la aportación de tres jugadores llegados de Puerto Rico, Freddy Borrás, Willo Galíndez y Rafa Deliz. Todos ellos vinieron a España por una razón y media: estudiar la carrera en un país en el que era más barato y fácil acceder a la universidad que en Estados Unidos o el mismo Puerto Rico. La media razón era huir del posible reclutamiento para la Guerra de Corea, el primer enfrentamiento de la guerra fría. Borrás tenía una grandes dotes de organizador con sus 1,80, una altura propia de pívot de entonces, y encontró un complemento perfecto en Galíndez, un tipo fibroso con una velocidad y potencia en la entrada a canasta que le permitían superar cualquier marcaje. Los tres dieron al Madrid su primer título tras la Guerra, la Copa del 51 en San Sebastián frente a un Barça dirigido en la cancha por Kucharski. Galíndez hizo 20 puntos y, entre los tres portorriqueños, consiguieron 36 de los 47 de los blancos. El trío repitió el año siguiente en la plaza de toros de Alicante frente al Joventut de Brunet y Bassó y con el desaparecido ex seleccionador de balonmano Txomin Bárcenas en las filas blancas. En el 54, Borrás y Galíndez firman su tercera Copa frente a la Penya en el Frontón Fiesta Alegre. Fue su último triunfo de blanco. Ambos, ya con los estudios terminados, regresaron a su país dejando al Madrid sin sus dos principales estrellas justo cuando iba a comenzar la Liga Nacional. El equipo blanco se resintió por su marcha y, aunque se hizo con la primera Liga, su dominio no fue tan claro como en los años anteriores.

En Puerto Rico, Guillermo, Willo, Galíndez se fijó en un joven de 21 años que acaba de convertirse en el máximo anotador de la liga portorriqueña con su equipo de toda la vida, el Río Piedras. Era Juan Ramón Báez, aunque todos le llamaban Johnny, y había firmado una media de más de 24 puntos por partido. Willo fue el personaje clave en la llegada del jugador al Madrid; fue quien puso en conocimiento de Saporta el nombre de Báez y quien le comentó al jugador la posibilidad de recalar en el Madrid. Johnny, que sigue viviendo en Río Piedras, recuerda que fue un cambio tremendo pasar de Puerto Rico, del soleado Caribe, a una España otoñal, meteorológica y anímicamente. “Fue un cambio muy grande. De entrada, fueron 17 horas de vuelo con una escala en las Azores. Al llegar a Madrid, fui el primero en salir del avión y todo el mundo me miraba”. La España de los 50 no estaba acostumbrada a ver personas tan altas y, sobre todo, tan oscuras fuera de las pantallas de cine. Los ojos del aeropuerto lo siguieron hasta que llegó hasta la altura de Raimundo Saporta, que fue quien lo recibió en Barajas. Báez se unió a sus compatriotas Bridle y Casillas, que había sustituido a Murati, bajo las órdenes de Ignacio Pinedo para afrontar la segunda edición de la Liga.

Una derrota en el primer año


Johnny Báez recuerda con cariño su etapa en el Real Madrid (Foto Archivo Fundación Pedro Ferrándiz)

Con Alfonso Martínez bajo los tableros, Joaquín Hernández en la dirección y otros jugadores como Trujillano o ‘Nene’ González-Adrio, el dominio madridista fue incontestable en la segunda Liga. Báez, como antes Galíndez, era un jugador completísimo, una muestra de que los pívots también podían moverse, driblar y superar a los rivales por potencia o velocidad. En aquellos tiempos, la gran mayoría de hombres altos solían quedarse bajo los tableros y, cuando cogían el rebote, entregaban el balón enseguida a los bajos para que lo movieran o tiraran a canasta. Baéz, como Alfonso Martínez, sentaron cátedra porque cambiaron el modo de jugar. Aún así, el Madrid se estrelló en la final de Copa contra el Joventut, donde las estrellas eran jugadores nacidos en Badalona como Brunet, Bassó, Parra, o Enseñat. Sin embargo, Báez, que conserva una mirada positiva de las cosas, no tiene un mal recuerdo: “era un gran equipo y fue el único partido que perdí el primer año”. Ese año el equipo blanco debutó en la Copa de Europa y cayó eliminado sin perder. “El Gobierno de Franco no nos dejó ir a jugar a Rusia y nos dejaron fuera por eso”.

Lo que más le llamó la atención a Johnny de su país de acogida, además del mal tiempo, fue que se viajaba mucho. Puerto Rico es algo más grande que la provincia de Almería y los viajes de entonces por la península, habitualmente en autobús, se le hacían eternos. Además, en su segundo año en la Liga se decidió dar entrada a equipos que no fueran de Barcelona o Madrid, como el Iberia de Zaragoza o el Águilas de Bilbao. Eso significaba más kilómetros porque, en los primeros años, se aprovechaba el traslado Barcelona-Madrid para jugar contra varios equipos. También le sorprendió que las canchas, muchas veces, fuesen instalaciones adaptadas, sobre todo, frontones o plazas de toros. “Recuerdo que, en los frontones, el balón botaba diferente según en la parte del campo que estuvieses pero hay que acostumbrarse a todo”. Ese segundo año, con Jacinto Ardenívez de entrenador y Gabriel Fernández en lugar de Casillas como ‘tercer’ portorriqueño, fue el peor. El Madrid no se llevó ni la Liga ni la Copa y tampoco hizo un buen papel en Europa. Seguramente, el equipo blanco notó la marcha de Alfonso Martínez. Sin embargo, Báez siempre ve la parte buena y ese año llegaron dos de sus mejores compañeros. Lluís, “con quien tuve una buena amistad”, y Antonio Díaz-Miguel al que llama “mi hermano”. Johnny recuerda que compartieron piso y que la última vez que estuvo en España intentó localizarlo pero no lo consiguió. “Al volver a Puerto Rico, leí la noticia de que había fallecido y fue una gran tristeza”.

Ferrándiz mira a EEUU

Los malos resultados propiciaron la llegada a los banquillos del entrenador del filial, Pedro Ferrándiz, un hombre que haría historia, entre otras, cosas, porque fue el primero que apostó, con dinero contante y sonante, por traer jugadores profesionales estadounidenses cerrando la cantera portorriqueña. El primer yanqui fue Montgomery, que llegó de Italia. Báez recuerda otros jugadores norteamericanos en Zaragoza o Estudiantes, por ejemplo, pero se sorprende al saber que eran amateurs que procedían de las bases militares y cuya presencia no estaba garantizada. El Madrid se llevó con autoridad la Liga y la Copa, este último título ante su filial, el Hesperia. El buen resultado hace que el Real Madrid se decida a cambiar definitivamente Puerto Rico por Estados Unidos. El ex entrenador explica que fue una decisión personal suya porque los jugadores estadounidenses se ajustaban más al estilo rápido y contundente que él quería imponer en el equipo. Sin embargo, Ferrándiz tiene un gran recuerdo de los jugadores portorriqueños, especialmente, de Baez, al que destaca por su profesionalidad, “aunque era el único que no vino a estudiar”. Las flores son recíprocas porque, puestos a elegir al mejor entrenador que tuvo en sus tres años, Johnny se queda con Ferrándiz.

Los recuerdos de esos tres años son excelentes: “aparte de los compañeros, hice amistad con jugadores del equipo de fútbol, como Zárraga o Mateos”. El equipo del que guarda un ‘peor’ recuerdo como rival es el Joventut y prefería tener a Alfonso Martínez a su lado que enfrente. Pero el rival que más le llamó la atención fue un jugador muy joven “de un equipo de Bilbao que hizo un torneo impresionante en la Copa de mi primer año. Ha pasado mucho tiempo pero no se me olvida”. Era Emiliano y su actuación en la Copa del 58 hizo que saliera del Águilas al Aismalíbar, desde donde llegó al Madrid justo el año en que Johnny se iba. A su regreso a Puerto Rico, volvió a Río Piedras, con el que volvió a ser el máximo anotador del campeonato en el 61 y en el 64 y el más valioso en el 63 y en el 64. Tras retirarse, trabajó para Converse 20 años y, después, para un banco. Ahora, descansa en Río Piedras y mira la vida con esa tranquilidad que sólo se cultiva en el Caribe. “¿Quién entrena ahora al Real Madrid? Maljkovic ¿Quién?”

FICHA PERSONAL

Juan Ramón ‘Johnny’ Báez Mariño
1,83 m. Pívot
14 de abril de 1936 en San Juan (Puerto Rico)

Trayectoria en la Liga Nacional
57-58 Real Madrid
58-59 Real Madrid
59-60 Real Madrid

Títulos en España
2 Ligas (57-58 y 59-60)
1 Copa (59-60)

Jorge Dioni López

Últimos artículos del autor



© ACB.COM, 2001-

Aviso Legal - Política de cookies - Política de protección de datos