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La Copa del Rey vuelve a sus orígenes
La Copa del Rey regresa este año a sus orígenes. Retorna a Madrid 46 años, pero evoca un guiño al pasado al celebrar su 70º aniversario... ¡en la misma calle donde se disputó la primera final! El número 24 de la calle Goya acogió en 1933 el duelo entre el Rayo, victorioso, y el Madrid C.F.. Hoy, 73 años después y unos números más arriba, el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, con acceso en c/Goya 96, acogerá la que será la séptima Copa celebrada en Madrid a lo largo de la historia


El Real Madrid fue uno de los primeros dominadores de la competición (Foto Archivo Fundación Pedro Ferrándiz)

EL PRIMER CAMPEÓN, EN MADRID EN 1933

La Copa echó a andar en 1933, más de dos décadas después de la llegada a España del baloncesto gracias al padre esculapio Eusebio Millán. Cuando arrancó el torneo, hacía ya 10 años que había empezado el Campeonato de Cataluña, cuya primera edición (1923) ganó el Patrie por 8-4. Cuatro años después se celebraría el primer Campeonato de Castilla ganado por el Rayo. El año 1932 se celebró el primer partido entre un equipo catalán, el Español, y uno castellano, Madrid. Ambos sin el “Real” pues España era entonces una República. El Madrid ganó a domicilio por 19-24.

Tras diversos avatares, la Federación Española de Baloncesto pudo por fin organizar en 1933 la primera Copa, denominada entonces Campeonato de España. En un principio estaba abierto a todos los campeones provinciales pero por evidentes motivos económicos y profesionales (los jugadores eran absolutamente amateurs) la competición quedó circunscrita a los campeones y subcampeones de los campeonatos de Cataluña y Castilla. Los equipos participantes fueron Juventus de Sabadell, Iluro Mataró, Madrid C.F. y Rayo Club Madrid.

El sistema de competición, marcado por los condicionantes económicos, nada tiene que ver con las actuales “Final Four”. Las semifinales se disputaban a doble partido, desplazándose juntos los equipos que actuaban como visitantes para conseguir unas mejores condiciones económicas en los billetes de ferrocarril.

Los partidos de ida se disputaron en Sabadell y Mataró. El Juventus se impuso al Rayo Club por 40-25 y el Iluro al Madrid 21-17. La vuelta se celebró en una cancha escogida de común acuerdo por ambos equipos de la capital y estaba ubicada en los llamados Jardines del Cine Goya, situados en la calle Goya, número 24.

Estos encuentros se vieron envueltos en una gran polémica pues al no existir criterio alguno de homologación de superficies, jugándose ambos partidos sobre una superficie arenosa que impedía prácticamente el bote del balón. El resultado fue que el Iluro se retiró antes de que el encuentro finalizara y el Juventus Sabadell vio superados los 15 puntos de renta del partido de ida al ceder ante el Rayo por 23-6.

La final del primer Campeonato de España se disputó el 29 de octubre de 1933 en la misma cancha y enfrentó a Rayo Club y Real Madrid, proclamándose el campeón el Rayo al vencer por 23-14.

Los anotadores fueron:
Rayo - 23: Pedro Alonso, 6; Emilio Alonso, 7; Claudio Alonso 5; Luis Alonso 1; Vitórica 2; Albiñana, 0.
Madrid C.F. – 14: Castellví, 8; Ortiga, 1; Arnáiz, 2; Villate; Olíes; Braña, Tormo.

LA COPA EN MADRID: 46 AÑOS DESPUÉS

Madrid ha sido escenario de la final de Copa en seis ocasiones sin contar la actual edición. Estos han sido los campeones coronados en Madrid:

Año Campeón Subcampeón Resultado
1933 Rayo Club Real Madrid 21-11
1936 Rayo Club Societé Patrie 23-20
1941 RCD Español CB Hospitalet 35-24
1949 F.C. Barcelona Real Madrid (liguilla)
1954 Real Madrid Joventut 56-41
1960 Real Madrid Hesperia 76-64

La Copa ha tardado 46 años en regresar a Madrid. Esta cifra podía haber sido mayor pues en primera instancia la final de Copa de aquella temporada 59-60 debía jugarse en Pamplona pero al acceder a la final dos conjuntos de la capital, la Federación decidió que el encuentro se jugara en Madrid, en la cancha del frontón Fiesta Alegre.

El Hesperia fue el equipo revelación de aquella edición ya que eliminó contra pronóstico a dos equipos de la categoría del Aismalibar (4º clasificado de la Liga) y Joventut (subcampeón) mientras que el Madrid, que entraría en liza en semifinales, no tuvo mayores problemas para eliminar al Barcelona. La lógica se impondría en la final y el Real Madrid, entrenado por Pedro Ferrándiz, se proclamaría campeón.

El encuentro se jugó el 29 de mayo de 1960 en el ya mencionado frontón Fiesta Alegre, la cancha tradicional del equipo blanco. Los anotadores fueron:

Real Madrid – 76: Montgomery, 27; Sevillano, 17; Báez, 14; Lluis, 10; Parra, 8; Laso; Díaz Miguel; Capel; Nadal.
Hesperia – 64: Sainz, 6; Herreras, 4; Hernández, 2; Sañudo, 2; Llop, 2; Pleguezuelos, 18; González, 11; Puig, 10; Crespo, 9.

LA COPA DEL REY DISPUTA SU 70ª EDICIÓN

Desde hace casi medio siglo, la Liga ha sido y es la máxima competición que vertebra el baloncesto de élite. Sin embargo, es la actual Copa del Rey la competición más antigua, con más largo recorrido y la primera que proclamó al mejor equipo español.

Esta competición nació bajo la denominación de Campeonato de España y su primera edición se celebró en Madrid el año 1933. Desde aquel primer envite baloncestista se han disputado 69 hasta el año 2005 y solamente dejó de jugarse durante los tres años que duró la Guerra Civil, convirtiéndose en un claro nexo entre los primeros pioneros y la actualidad.

Los avatares políticos han dejado su huella en la denominación de la competición. Mantuvo su nombre inicial hasta el año 1936, pero la quinta edición disputada en 1940 pasaría a denominarse Copa del Generalísimo, que mantendría hasta 1976. Con el advenimiento de la Monarquía la competición decana del baloncesto español se convirtió en la Copa del Rey.

Desde 1933 a 1956, la Copa fue la principal exponente del progreso del baloncesto español. La lenta expansión geográfica del deporte de la canasta marcó la incorporación de nuevas provincias a los dos polos clásicos de conocimiento baloncestista como eran Barcelona y Madrid.

Con el inicio de la década de los cuarenta se marcó una tendencia en el sentido de que los equipos pioneros (Laietà, Patrie, Rayo, etc...) fueron dejando lugar a las escuadras clásicas que acabarían formando el núcleo de equipos que disputaron las primeras Ligas bajo el formato de todos contra todos que conocemos ahora.

Este reemplazo de pioneros por clásicos fue provocado por un incipiente y encubierto profesionalismo, una palabra que ahora evoca contratos millonarios pero que, por ejemplo, en 1941 tenía otro significado. El Español, vencedor de la Copa del Generalísimo aquel año, vio sancionados a sus jugadores con cuatro partidos de suspensión para la siguiente edición por haber recibido una gabardina de premio cada uno de ellos. Esta sanción hace sonreír bajo el actual modo de ver las cosas pero desató una gran polémica en su momento y fue incluso muy criticada porque marcaba una tendencia que no se abandonaría: la retribución por jugar. No todos los equipos pudieron afrontar este cambio de mentalidad pero algunos de los más competitivos entrarían esta vía para crecer y ganar potencial.

Los clásicos entran en escena

Durante la década de los cuarenta entrarían en liza equipos clásicos que han llegado a la actualidad como Barcelona, Real Madrid, Joventut, Estudiantes y Español. Ciudades como Valencia, Zaragoza, Huesca, Gijón o La Laguna empezaron a dejarse notar en la Copa pero a lo largo de estos diez años el dominio del baloncesto catalán fue absoluto. De 1940 a 1951 los títulos de Campeón de Copa se repartieron del siguiente modo: Hospitalet (1) otro para el Español (1), uno para el Joventut, dos para el Laietà y cinco para el Barcelona.

Fue una época en la que mejoró ostensiblemente la técnica individual de los jugadores y empezó a introducirse el arbitraje a dúo: el primer arbitraje por parejas lo protagonizaron Juan Marqués y Joaquín Calvet en un Barcelona-Montgat.

Durante la temporada 1945-46 la Copa tuvo un formato que buscaba convertirla en liga. Esta edición fue un éxito total de público y en la siguiente edición se dio el paso adelante, avanzando hasta la liga pero la idea no fue operativa y se volvió al antiguo formato eliminatorio. Todavía faltaban diez años para que la liga, tal y como la conocemos ahora, echara a andar.

Cambio de tendencia

En 1948 el Joventut de Badalona logró su primer título pero en la escena competitiva española entró el primer jugador extranjero que empezó a dejar huella. Fue el Filipino Kaimo, un atleta con una portentosa técnica individual y que anticipó el actual baloncesto de dribling y cambio de ritmo para desbordar al rival, dejando obsoleto el juego de pases. La siguiente aportación foránea llegaría de Puerto Rico con Fredy Borrás, introductor del tiro en suspensión y Galíndez. Con ello ganaría el Real Madrid su primer título nacional en la final disputada en San Sebastián, contra el F.C. Barcelona, el año 1951.

En aquellos años previos al inicio de la Liga, la participación de jugadores extranjeros despertaba cierta polémica. La normativa existente en aquella época resulta chocante comparada con el rasero actual. Los equipos podían “importar” –este es el adjetivo usado entonces- cuatro jugadores oriundos de Latinoamérica y un extranjero del resto del mundo. Estos oriundos, Borrás y Galíndez, llegaron a ser alineados en la selección pero no llegaron a actuar en el Mundial de 1950 debido a las críticas surgidas en otros países contra esta práctica. Posteriormente y a lo largo de sucesivas temporadas este cupo fue reduciéndose hasta el cupo de dos latinoamericanos y un extranjero.

Desde 1951 hasta el inicio de la primera Liga nacional, Real Madrid y Joventut se repartieron los títulos de Campeón de España (tres para el Madrid, dos para la Penya) pero el Madrid estaba empezando también a poner los cimientos de su aplastante dominio gracias a su acertada política de fichajes, siendo el más destacado el de Joaquín Hernández, quizás el mejor jugador español de la época.

Al finalizar la temporada 1955-56 Raimundo Saporta presentaba el proyecto liguero, que se pondría en marcha la temporada 1956-57. La Liga pasaba a designar al mejor equipo pero esto ya es otra historia.

Comunicación ACB

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