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China, talento por explotar
El baloncesto avanza cada día hacia una mayor globalidad, por lo que desde cualquier rincón del planeta puede salir el nuevo Yao Ming. Así lo esperan en China, donde un extraordinario potencial aguarda un futuro prometedor a pesar de sus carencias, especialmente físicas. Junto al especialista Luis Fernández repasamos en este artículo los principales nombres del baloncesto chino para los próximos años. Con Yi Jianlan como baluarte y Ming como referente, el gigante asiático espera poder conquistar la NBA en pocos años, aunque antes debe mejorar las condiciones atléticas de sus jugadores y potenciar una liga nacional demasiado proteccionista y descafeinada


Yi Jianlian es una de las más firmes promesas del baloncesto chino (Foto EFE)

Hoy en día, pocos expertos en la materia son ajenos a la opinión de que los viveros de talento baloncestístico con más potencial por realizar son África y China. Si en el caso del continente negro, la lacerante falta de equipamientos y entrenadores cualificados limita la viabilidad de sus promesas a aquellas reclutadas en su juventud por clubes europeos o escuelas americanas, el gigante amarillo sí dispone de una estructura formativa para tratar de materializar las fabulosas posibilidades que otorgan una población superior a 1.300 millones de habitantes, y entre ellos, una ingente cantidad de jóvenes que superan la mítica barrera de los siete pies.

Sin embargo, un fenómeno aislado como es Yao Ming no debiera esconder la fragilidad de una cantera que aspira a hacerse competitiva en el corto plazo (primer objetivo, los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008), pero que acusa la propia debilidad de su liga de referencia, la CBA.

La liga china es el pretendido santo y seña de un baloncesto que trata de capitalizar el fervor que provoca Yao entre sus paisanos y que tiene como principal espejo la NBA. Efectivamente, la influencia de la FIBA en el sudeste asiático está fuertemente matizada por la poderosa maquinaria mediática de la liga estadounidense y los propios flujos culturales de influencia en China, que pasan mucho antes por el continente norteamericano que por el europeo. Dos conferencias, partidos a 48 minutos, música con el balón en juego o equipos llamados Tigers, Sharks o Rockets, son algunos ejemplos ilustrativos.

Sea como fuere, el nivel de la competición deja bastante que desear. Ofensivamente, hay poca riqueza táctica y una pobre ejecución de la misma. En defensa, se echa de menos unos cuantos grados extra de intensidad y agresividad, retroalimentado además por unos físicos que no se corresponden al baloncesto del siglo XXI. Si ya de por sí los jóvenes chinos muestran una clara tendencia a la delgadez, no parece asistirles el adecuado trabajo en el gimnasio para tratar de paliar en la mayor medida esta deficiencia. Estos condicionantes mediatizan una liga muy poco física que no termina de curtir a sus integrantes, con el consiguiente menoscabo para una selección nacional trufada de sus jugadores, pero que pretende abrirse camino en la élite internacional.

La cultura baloncestística imperante en China parece querer hacer de la NBA la lógica continuación del periplo CBA de sus más brillantes talentos, pero el tremendo abismo que separa ambas competiciones, especialmente sangrante en el aspecto físico, convierte esta pretensión en poco menos que una quimera que el éxito de un jugador único como Yao Ming ha ayudado a hacer creíble. Sin embargo, la experiencia de Wang Zhizhi, un superclase en cuanto a habilidades pero enormemente blando, responde mucho mejor a la realidad. Presumiblemente, sólo la mejora de su propia liga, lo cual requerirá un considerable tiempo (especialmente, cuando se limita el número de extranjero a sólo dos por equipo e incluso se ponen restricciones al tiempo que pueden pasar en la cancha), o la búsqueda de caminos alternativos (¿quizás el baloncesto europeo?), podrá materializar en cierta medida el potencial latente pero sin realizar del baloncesto chino.

Dinastía Guangdong; el futuro se llama Yi Jianlian

Tras varios años de supremacía compartida entre los Bayi Rockets de Wang Zhizhi y los Shangai Sharks de Yao Ming, deparando unos duelos de obscena producción estadística, la marcha a la NBA de estos dos colosos ha erigido a Guangdong Tigers en el equipo dominador de una competición que ya ha ganado consecutivamente las tres últimas temporadas.

Con un muy sólido plantel, entre ellos los aleros titulares de la selección china Zhu Fangyu y Wang Shipeng o el forward reserva Du FENA, el colofón lo pone Yi Jianlian, la auténtica estrella de la CBA por talento, producción, potencial y capacidad de marketing.

Se trata claramente del jugador con más posibilidades de alcanzar esa tierra prometida con la que sueñan los chinos, la NBA, ya que disfruta de un físico que se encuentra a otro nivel respecto al de sus rivales en la CBA. Rondando los siete pies, Yi muestra una capacidad atlética extraordinaria para un hombre de su altura, además de una planta física, si bien todavía por trabajar, muy prometedora de cara a dotarla de la fortaleza que requerirá un baloncesto más exigente.

En el plano de las habilidades, sus limitaciones son más evidentes. Tiene un interesante tiro de media distancia, siendo capaz de sacarlo a la media vuelta y echándose ligeramente hacia atrás para ganar espacio a su par; puede poner el balón en el suelo para atacar a su rival, aunque sin muchas alegrías; su juego la poste bajo todavía se encuentra en estado embrionario, aunque define con autoridad en las proximidades del aro en forma de mate; y corre el contragolpe de manera excelente para ser un pívot. Así, a vuelapluma, se podría decir que es una suerte de Fran Vázquez algo más alto, posiblemente con más potencial, pero sin la forja que otorgan los años del gallego en la ACB.

Precisamente Yi responde perfectamente al perfil de jugador que se beneficiaría enormemente de un periplo europeo. Sus cualidades físicas le bastan para acumular ingente estadística y prácticamente dominar, mientras que su equipo sigue encadenando títulos en la CBA; por ello, puede echar seriamente de menos una cierta motivación y competitividad para seguir mejorando. Por otro lado, atesora suficiente nivel como para poder contribuir en alguna liga potente, aunque eso sí, seguramente fuera del circuito de grandes equipos. En particular, la serie A italiana se adivinaría como una opción muy atractiva, por el nivel de la competición y por el generoso cupo de extranjeros permitido.

Otra historia completamente diferente sería que el jugador estuviese interesado y que la CBA lo tolerase. De mano, la federación no permite actualmente a jugadores menores de 22 años salir de la CBA; una vez llegado a esa edad, se debe realizar una solicitud para jugar en otro país, reservándose la CBA el derecho de aprobar o rechazarla, y siempre previa firma de un contrato con la federación que obligue al jugador a acudir a todas las llamadas de su selección nacional. También es cierto que, a costa de la evolución del propio jugador, mantenerle en la liga nacional reporta muchos beneficios, ya que se trata de un reclamo de primer orden de cara al público, que da nivel y potencia el crecimiento de la competición.

No nos olvidamos del espinoso tema de la edad de Yi. Oficialmente nacido en 1987, existen serias dudas acerca de la veracidad de esta fecha, sospechándose que sea en realidad hasta tres años mayor. Tristemente, no parece ser el único caso dentro del baloncesto chino, lo que pone en cuestión la seriedad de su federación.


Yao Ming es el principal exponente de las posibilidades chinas, que empiezan a hacerse valer en competiciones oficiales (Foto EFE)

De paseo por la CBA

En los Jiangsu Dragons, uno de los equipos punteros de la CBA (semifinalista esta temporada, finalista en la previa), la estrella es Tang Zhengdong, un robusto siete pies nacido en 1984, con buena mano desde la media distancia, un juego al poste un poco rudimentario en lo que a movimientos se refiere, aunque bastante físico para los cánones chinos, y una muy limitada capacidad atlética que no invita a soñar en exceso. Tang fue elegido MVP de la temporada 2003/04, pero su evolución en los últimos años ha sido decepcionante.

Pero no es él la razón principal para detenerse los Dragons; el hombre más interesante del equipo responde al nombre de Yi Li. El cuerpo de este joven jugador, nacido en 1987 y que levanta hasta los 2,04 metros, contrasta brutalmente con el de Tang. Decir delgado sería quedarse bastante corto, igualmente que calificar su aspecto de famélico. ¿Cómo va a ser capaz de trasladar sus grandes cualidades (que las tiene) a un baloncesto de gran nivel? Habrá que seguir de cerca su desarrollo físico, pero es un claro ejemplo del complicado reto al que se enfrenta el baloncesto chino.

De cualquier manera, hablamos de un jugador muy talentoso. Se trata de un alero muy alto, a pesar de que le hagan jugar de ala-pívot (donde, por supuesto, los rivales abusan de su fragilidad). Disponiendo de una sólida base de fundamentos, exhibe un efectivo tiro de perímetro, además de poder penetrar con mucha habilidad, ya que es capaz de realizar cambios de dirección en movimiento, mostrando coordinación, buen manejo de balón con ambas manos y una gran capacidad atlética. También postea a rivales más pequeños para sacar su tiro a la media vuelta, y pasa bastante bien el balón, con el criterio de un jugador que entiende el juego. En defensa, constantemente torturado por rivales más fuertes, se aplica hasta donde su cuerpo le permite, siendo una amenaza taponadora gracias a sus brazos largos y su notable tiempo de salto.

Si Yi Li asume por el momento un rol complementario en un equipo de la élite en la liga, su compañero de añada, Yang Ming, más maduro pero con menos potencial, ya es el principal catalizador del juego de Liaoning Hunters, un equipo de nivel medio que se quedó en cuartos de final esta última temporada. No es de extrañar esta circunstancia en una liga sorprendentemente joven para el escaso número de jugadores que exporta, lo cual también viene a mostrar la pujanza de las nuevas generaciones.

Volviendo a Yang, se trata de un director de juego con clase sobre el parquet. Disfruta de excelente altura para su posición (1.93) y buena planta, además de una cierta capacidad atlética. Maneja muy bien de balón, aunque le falta un punto de explosividad para superar a sus pares con regularidad. Suele recurrir a bloqueos para crear juego, bien para él o para sus compañeros. Le encanta tirar tras bote, tanto de media distancia como más allá de la línea triple, mostrando bastante habilidad para meter la pelota en la canasta, aunque cierta (lógica) inconsistencia. Es un buen pasador, pero sin excesivas alharacas; su visión de juego se puede calificar de correcta. Como a muchos de sus compatriotas, le falta algo de intensidad, especialmente en defensa. Aunque comete errores, muestra un notable aplomo dada su juventud.

Los cachorros de Guangdong

No solo Guangdong domina la CBA; además puede presumir de tener el mejor equipo junior de la nación. De hecho, suyos son los dos mejores jugadores del jovencísimo combinado chino que acudió al torneo de Mannheim en Abril, una cita donde se volvió a demostrar el largo camino que les queda por andar, por más que el hecho de llevar a juniors de primer año y cadetes de segundo pueda servir de excusa.

No podemos sino empezar por la gran estrella juvenil asiática, Chen Jianghua. Hablamos de poco menos que una celebridad a su tierna edad, y lamentablemente, el chico es perfectamente consciente de ello. Díscolo, conflictivo, una vedette en las canchas, sólo su carácter problemático se interpone en una carrera que debería llevarle a ser el base de referencia en China. Oficialmente nacido en 1989, hay serias dudas sobre la fiabilidad de esta fecha; desde luego, aparenta más años.

En lo que se refiere a su juego, hablamos de un base de 1.87 de altura rapidísimo, eléctrico, que domina el balón, a veces demasiado, y dispone de gran capacidad para desbordar a sus rivales. Como en el caso de Yang Ming, es muy hábil para tirar tras bote, incluso en complicados movimientos y valiéndose de sus buenas piernas para colgarse en el aire, además de extender el rango de su suspensión hasta la zona triple. De todas formas, su inconsistencia en el acierto es la nota dominante. Notable pasador, muestra buena visión de juego y es muy rápido tomando decisiones, aunque no siempre sean las buenas. Brilla particularmente al contragolpe y le encanta gustarse. En su país le llaman el Iverson chino... Dejémoslo en que puede resultar ligeramente orientativo respecto a su estilo de juego.

Más discreto e igualmente problemático, no por ello su compañero de generación Zhou Peng deja de ser un jugador muy interesante. Con sus 2.04 metros, es un combo forward que posiblemente todavía pueda evolucionar, bien como alero alto, bien como ala-pívot, aunque la segunda opción se antoja más previsible a estas alturas. Sin disfrutar de una gran capacidad atlética, sí se trata de un jugador muy móvil, y cuyo principal activo radica en un excelente tiro de media distancia, donde se muestra automático tanto en ejecución como en conversión. Muy cómodo a la hora de poner el balón en el suelo, en general muestra buenos fundamentos técnicos. Como no podía ser menos, es todavía muy delgado.


Sólo tres jugadores chinos, entre los que está Mengke Batere, han alcanzado la NBA (Foto EFE)

El experimento Aoshen; a la deriva en la ABA

Para un país todavía tan hermético como China, resulta curioso ver como una de sus escuadras más prometedoras ha cruzado el Pacífico para disputar una de las ligas menores norteamericanas, la ABA. Ciertamente, Beijin Aoshen es un equipo diferente, creado obviando el paraguas de la federación china y por tanto con cierta libertad de movimientos; la misma que les ha permitido renunciar a la liga nacional tras varios roces con el máximo organismo baloncestístico del país.

De cualquier manera, lo que podría presuponerse como una oportunidad para afrontar mayor competencia que la demostrada por la CBA, se ha revelado como una experiencia totalmente fallida. Sólo acertamos a calificar la ABA como simulacro de competición, un correcalles sin mucho sentido donde las defensas brillan por su ausencia. En este contexto, se puede decir sin mucho miedo al error que Sun Yue, el mayor talento del equipo, ha perdido un año en su desarrollo como jugador (y todo apunta a que Aoshen reincidirá la próxima temporada).

Es difícil no caer en la seducción ante la propuesta de un base, posición en la que ejerce tanto en su equipo como en la selección china, de 2,05 metros de altura. No vamos a mentar aquí a ninguna leyenda, pero esos dos datos combinados siempre se asocian a un nombre particular en el imaginario colectivo. Desgraciadamente, Sun ni es, ni llegará a la suela de la zapatilla del aquí innombrable.

Empero, se trata de un jugador ciertamente talentoso, que usualmente muestra gran naturalidad y facilidad en sus movimientos sobre la cancha. Relativamente atlético, todavía delgado pero progresando físicamente, Sun es un gran pasador que se beneficia de la atalaya que su altura le proporciona. Penetra exhibiendo un buen primer paso, generalmente para doblar el balón o para finalizar con su finger roll. No es un gran anotador, principalmente debido a su vocación pasadora y a su flojo tiro a canasta. Sin ser mal defensor, donde colabora incluso en la faceta taponadora, sí que podría emplear un poco más de intensidad.

Sin embargo, y siendo realistas, ¿podrá Sun Yue ejercer de base a alto nivel competitivo? Una de las principales taras que acucia a un jugador tan alto con pretensiones de director de juego es el manejo de balón ante hombres mucho más pequeños. Sun sufre lo indecible ante defensores serios, como está demostrando estos días en la gira de preparación que la selección China está realizando por Europa. Su andadura en la ABA, donde puede botar a placer ante la pasividad de sus rivales, no le está ayudando un ápice a solventar este problema. Lo cual nos lleva a pensar que acabe ejerciendo de una suerte de point forward en el futuro.

¿Es suficiente?

No parecen estar esta serie de jugadores llamada a marcar un antes y un después en el baloncesto chino, tal y como ha hecho Yao Ming. Sobre los hombros el pívot de los Rockets descansarán presumiblemente todas las opciones para conseguir la más mínima hazaña en los próximos años, como lo pudo ser avanzar a cuartos de final en los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004 dejando fuera a Serbia y Montenegro.

Sin embargo, una vez que estas promesas se conviertan en realidades, sí pueden significar otro peldaño más en la escalera de un baloncesto condenado a alcanzar la élite en el futuro, aunque a bastante largo plazo. Efectivamente, por mucho que se hable del inmenso potencial de este país, queda muchísimo camino por recorrer, mientras que la esperada gran cita olímpica en Pekín 2008 se antoja excesivamente cercana.

Luis Fernández
Director de Scouting Internacional en Draftexpress.com

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