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Ricky Rubio, caminando juntos
Joan Rallo, entrenador de cantera del Club Joventut Badalona, nos trae un emotivo artículo a raíz de la exhibición de Ricky Rubio en el Europeo Cadete de Linares (Jaén) y el recuerdo de su compañero Guillem Raventós, fallecido recientemente


Ricard Rubio con el trofeo de MVP del Europeo Cadete (Foto FIBA Europe / Surralles)

  • Ricky Rubio: Magia en Linares

    Badalona, 23 Ago. 2006.- Dice una leyenda local que en un antiguo camino que unía Granollers y El Masnou había una fuente, la “font de Sera”, y en ella habitaba una preciosa mujer, de semblante claro y precioso, pero con un encanto extrañamente sobrehumano. Muchos de los agricultores y comerciantes que pasaban por allí quedaban aturdidos y fascinados con esa presencia, tal es así que muchos decidían lanzarse al agua, de dónde ya no volvían a salir con vida. Cuenta esta historia que un día un joven artista de El Masnou, al cruzar por el pequeño lago, quedó enamorado de la presencia de la bella mujer y que, ésta al verlo, no pudo sino también enamorarse. El joven muchacho siguió su camino y la preciosa mujer, en verse perdidamente enamorada del artista, la siguió toda la eternidad a su lado, en forma de refrescante finísima lluvia, de un rocío casi imperceptible, que sólo a la vista tenia la forma de una suave niebla.

    Ricard Rubio no tardó en fijarse en su hermano Marc los sábados por la mañana, cuando el grande de los hermanos hacía diabluras por los campos de baloncesto del Maresme y el área metropolitana de Barcelona. De él comprendió que el baloncesto no era sólo un programa matemático dónde uno y uno son dos. De él comprendió que la pasión, que la imaginación, que el descaro tienen unas fórmulas que no entienden de razón, pero que son capaces de doblegar al más duro de los corazones y que en su dosis adecuada hacen del baloncesto magia.

    Pronto decidió seguir sus pasos e ir a jugar a la fecunda cantera de la “Penya”. Quizá lo decidió el día en que su hermano, pese a desearlo con toda su alma, no pudo ganar la medalla de oro en la final del campeonato de España infantil en 2002. Quizá aquel día su hermano le retó (sin él imaginarlo) a conseguir llevarse un oro que a buen seguro el mayor de los Rubio merecía.

    Seguramente muy viva tenía la imagen de su hermano llorando por no vencer la final cuando, un año mas tarde, inició su participación en los campeonatos de España infantiles, celebrados en Avilés. El torneo fue fácil en toda su primera fase, pero se complicó en semifinales. El partido fue digno de una batalla napoleónica. Ricky sufrió, como seguramente lo hizo todo su equipo, aunque acabó llevándose la victoria. Pero fue una victoria muy cara. El capitán del equipo, Guillem Raventós, un chico con una inteligencia sublime sobre el parqué y con un tremendo coraje cayó lesionado en un contraataque que sentenciaba el encuentro.

    Al día siguiente Estudiantes pudo con el talento de los jóvenes jugadores verdinegros. Faltaba Guillem. Demasiado peso emocional para todo un equipo sin su capitán, demasiado miedo a jugar sin un líder, sin su principal referente… De nada sirvieron los 40 puntos que anotó Ricard en la final, con un año menos a sus espaldas.

    Al año siguiente se vengó de todo. Arrasó su equipo en la Minicopa celebrada en Sevilla. Celebró con todos sus compañeros el descarado juego de Aíto y sus pupilos en la capital andaluza. Saltó de alegría con el espectacular Alley-oop de Rudy, a pase de Guzmán, frente a la mirada de Nocioni; cómo saltaba de alegría Guillem en la grada, que no dudó en ir a la capital hispalense a seguir tanto la copa como la Minicopa.
    También arrasó en la final de campeonatos de España de Selecciones autonómicas. Por aquel entonces su amistad con Jorge Santana y Armand Solé ya se había más que fraguado. Pero se arrancó la espina definitivamente en Ourense, cuando pudo llevarse, ya era hora, el oro de campeón.

    Madrid no fue tan amable con él cómo lo fue Ourense. Siendo cadete de primer año, y pese a vencer el prestigioso trofeo Juan del Moral de Santa Coloma, no pudo llevarse una medalla de Madrid. Él, Armand, Pere Tomas (su otro gran amigo) y, cómo no, Guillem no fueron suficiente poder para doblegar a la fortuna, que no se quiso poner a su lado.

    Nadie entonces podía imaginar que sólo unos meses después, el joven jugador debutaría en un partido de ACB. Menos aún que lo haría con el descaro que lo hizo, menos aún que se echaría el equipo a sus espaldas en alguna ocasión. ¿Quién puede calibrar la felicidad con la que los que le habían visto crecer observaban como Ricky hacía historia?

    Y sin embargo, nadie, a buen seguro podrá hablar mal de él en el equipo junior, con el que deseaba entrenar cada día y con el que consiguió en Salamanca la medalla de bronce (la única que le faltaba). Todo el equipo celebró esa medalla y todo el equipo lloró con enorme rabia la injusta perdida de Guillem en un accidente de tráfico pocas semanas después.

    La mañana del 20 de agosto de 2006 amaneció calurosa en Linares. Ricard seguramente se levantó con ganas de desayunar y que avanzara el día, que llegara la hora del partido. Lejos de la extraña sensación del día anterior, en la cual la duda a una prematura eliminación le inquietó durante algunos minutos. Creyó oportuno que debía sacar la varita mágica y ponerse a jugar.

    El pabellón aquel día se llenó inusualmente pronto. Tres horas antes del comienzo ya habían aficionados animando a la selección. Serbomontenegrinos y croatas llegaron a pensar que algo pasaba cuando el pabellón se vino abajo aproximadamente a las ocho de la tarde. La selección entraba al recinto. Los jugadores se cambiaron y salieron a ver un rato el partido por el 3er y 4to puesto. Todos. Todos menos tres jugadores. Jorge Santana, Armand Solé y Ricard Rubio. Seguramente recordaban historias siendo infantiles, anécdotas ocurridas en los largos viajes en autocar hacía sólo dos años.

    Las cerca de 3000 personas que abarrotaban el campo estallaron de júbilo cuando entró la selección al campo. Era imposible perder ante tal derroche de ánimo. Imposible si no fuera porque enfrente estaban los rusos. Serios, disciplinados, tranquilos y concentrados, incluso cuando peor se les ponía el partido. Plantearon un partido perfecto, retaron a su rival a dominar al miedo y a la posibilidad de perder la gran final en su propia casa. Invitaron al conjunto español a superar el respeto por no haber sido nunca campeones de Europa cadetes.

    El calor era sofocante en el pabellón. O mejor dicho, lo hubiera sido. Lo hubiera sido sin el genial sistema de refrigeración instalado en el recinto. Unos pequeños aspersores de agua que, secados por potentes ventiladores convertían el aire en una refrescante y finísima lluvia, un rocío casi imperceptible, que sólo a la vista tenia la forma de una suave niebla.

    Seguramente el espíritu de la mujercita de la “font de Sera”, presente en el pabellón gracias al sistema de refrigeración, acompañó al artista del Masnou durante todo el partido, seguramente le ayudó en todas sus decisiones, en cada uno de los 24 rebotes que cogió, en cada una de las 12 asistencias que dio o en los 7 balones que recuperó. En cada uno de los 51 puntos que anotó. En todos excepto en tres puntos. Cuando Rusia anotó el triple que sentenciaba la final a un segundo y medio del final, a Ricard no le acompañó el suave rocío de la muchacha; el balón que lanzó desde medio campo no lo dirigió la chica de la “font de Sera”. Tampoco Ricky. Ricky lo lanzó. Pero una vez en el aire ese balón lo cogió Guillem y suavemente lo puso en la línea necesaria para tocar tablero y empatar el partido. Seguramente los que conocían a Guillem y estaban presentes allí no dudaron ni un momento que había sido él. Quién sabe si el primer abrazo que tuvo Riky al acabar la final, con su inseparable amigo Solé sirvió para que ambos se dijeran lo que ya sabían. Que Guillem aquél 20 de agosto había pasado por Linares. Lo que es seguro es que cuando Riky señalaba al cielo dedicando al malogrado Raventós el título de MVP, allí donde estuviera, él le sonreía.
  • Joan Rallo
    (Entrenador de cantera del Club Joventut Badalona)

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