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El penúltimo desafío de Sergio (I)
We love Spanish Chocolate! Esta exclamación, acuñada por la conocida publicación estadounidense de baloncesto ‘Rip City’, revista oficial de los Portland Trail Blazers con tres lustros de existencia, refleja a la perfección la creciente corriente de comunión y sintonía que se está fraguando entre nuestro Sergio Rodríguez y la afición de la franquicia del estado de Oregón. Marcos Beltrá, periodista y amigo personal del base tinerfeño, nos acerca en primera persona, desde el mismo Portland, a la apasionante aventura que está viviendo el más joven de los cuatro representantes españoles en la NBA. Publicamos aquí la primera parte de este extenso reportaje


Sergio Rodríguez se está ganando el cariño de los aficionados (Foto EFE)

  • El penúltimo desafío de Sergio (y II)


  • “Me hace ilusión que me llamen así, ‘Spanish Chocolate’. Pero no porque me guste de una manera especial este apelativo, sino más bien porque aquí, en Estados Unidos, son muy dados a poner motes y éstos suelen tener siempre un significado positivo. Si utilizan un apodo es porque les gustas, porque te tienen cariño. Y eso siempre es de agradecer, claro”, nos explica Sergio Rodríguez durante una de nuestras animadas charlas, acomodados en uno de los sofás del salón de su apartamento de Lake Oswego, una bonita zona residencial a las afueras de Portland.

    Si bien el sobrenombre no perduró demasiado en el Viejo Continente, el de ‘Spanish Chocolate’ es un calificativo que le fue dado a Rodríguez en 2004, durante el Campeonato de Europa Júnior celebrado en Zaragoza, en el que tanto la Selección Española (medalla de oro) como Sergio (elegido MVP del torneo), maravillaron a medio continente… y a los ojeadores de las franquicias de la NBA presentes. Dos años después de aquello, el club y los medios de comunicación de Portland han adoptado dicho sobrenombre como suyo propio, encargándose de publicitarlo para satisfacción de unos aficionados encandilados con el juego creativo, eléctrico y plástico de nuestro protagonista, con el espectacular don para el pase de un jugador español de tan sólo 20 años de edad al que no pocos en Estados Unidos comparan con Jason Williams, ‘White Chocolate’, el talentoso base de los Miami Heat. “Steve Nash y Jason Williams son los bases que más admiro de toda la NBA. Así es que me resulta gracioso que se me compare con uno de ellos dos”, nos indica con un guiño y una amplia sonrisa uno de los chicos de oro coronados este verano en Japón.

    Que Rodríguez disfruta del beneplácito y de las simpatías de su nueva afición es un hecho incontestable, fácilmente comprobable cada vez que el tinerfeño pisa el parquet del Rose Garden. Sin embargo, la travesía de Sergio en Portland, también conocida como Ciudad de las Rosas, no está resultando siempre un camino de… precisamente eso, rosas. Y es que, al igual que sucede con la gran mayoría de debutantes, el más joven de nuestros representantes patrios en la NBA está abocado a sortear no pocos obstáculos en su particular recorrido por hacerse un sitio en la NBA, por asentarse en la mejor competición de clubes de baloncesto del planeta.

    Cuando el pasado 28 de junio (madrugada del 29 en España) Sergio Rodríguez Gómez era elegido en la posición número 27 del Draft de la NBA de 2006 por los Phoenix Suns, que inmediatamente traspasarían sus derechos a los Portland Trail Blazers, el sueño de toda una corta pero intensa carrera deportiva se hacía realidad. Medio año después de aquello, el base español siente que la decisión de cruzar el charco y de embarcarse en la aventura NBA, tachada por algunos como de precipitada, ha merecido totalmente la pena, a pesar de los frecuentes obstáculos que afloran por el camino: “Desde siempre deseé jugar en la mejor liga del mundo. Y, sinceramente, no veo porqué debería haber renunciado o haber aplazado este sueño, cuando las circunstancias que se dieron para dar el paso eran a mi juicio las idóneas. Algunos señalan que me debería haber quedado en Europa para seguir madurando como jugador antes de estampar mi firma en un contrato con un equipo de la NBA. Pero, ¿por qué esperar si tenía la posibilidad de venir en este momento? Siempre es mejor dar el salto antes que después; cuanto antes se haga mejor. Me explico… Independientemente de la edad que tengas, las dificultades a las que debes enfrentarte y los cambios que se te presentan por el simple hecho de ser un debutante van a ser siempre los mismos: eres europeo y te tienes que aclimatar a otra cultura, adaptarte a una competición diferente... Y no me cabe ningún tipo de dudas de que todo lo que he vivido hasta el momento desde mi llegada a Portland, y todo lo que me queda por pasar en este mi primer año de rookie, resulta sin lugar a dudas mucho más fácil de asimilar y de sobrellevar con 20 años que siendo más veterano. Y hay otra cuestión a destacar. Algunos creen que el hecho de venir a la NBA representa como una especie de culmen, de tope, en el sentido de que ya no puedes seguir mejorando. Y eso en absoluto tiene porqué ser así”, nos confiesa el base, nacido en Santa Cruz de Tenerife el 12 de junio de 1986.


    Sergio Rodríguez está destacando en algunas facetas estadísticas (Foto EFE)

    La confianza absoluta en sí mismo, la fe ciega en sus posibilidades, es precisamente uno de los inalterables signos de identidad de la personalidad de Sergio. Se trata de una valiosa virtud, ganada a pulso, por derecho y merecimiento propio, a lo largo de su trayectoria deportiva hasta la fecha. Y es que el chicharrero es un baloncestista acostumbrado a afrontar desafíos desde su adolescencia… y a superarlos con nota. Sergio Rodríguez abandonaba su ciudad natal, su familia y su entorno con tan sólo 14 años para desplazarse a Bilbao y recalar en uno de los ya desaparecidos Centros de Formación Siglo XXI, una de las mejores factorías de talentos de la historia del baloncesto español. Tres años después de aquello, con 17 primaveras, otro nuevo desafío le aguardaba a nuestro protagonista en la capital de España, esta vez bajo el nombre de Club Baloncesto Estudiantes. Tras una campaña en la Liga EBA (2003-2004), llegó el paso a la plantilla del equipo ACB estudiantil donde militaría dos temporadas (2004-2006), convirtiéndose en uno de los favoritos de la afición colegial y siendo elegido Jugador Revelación de la ACB 2004-2005.

    Tras experimentar desde su más tierna juventud las luces pero también las sombras del baloncesto, tras hacer del inicio de su trayectoria deportiva una continua superación de obstáculos, no es de extrañar que a Sergio no le asusten los retos, por muy grandes que puedan parecer. El desafío NBA es el último que afronta… De momento. “Desde el principio supe que la NBA es una carrera de fondo. Una cosa es que desde chico tuviera posters de Nash, de Williams o de Kevin Garnett colgados en mi habitación de Tenerife y otra bien distinta es que haya venido aquí cegado, con una idea equivocada de lo que es la NBA. En ningún momento he pensado que mi aclimatación me llegaría del cielo o que me asentaría en la NBA de la noche a la mañana. Al contrario. De hecho, me siento feliz y orgulloso de todos y cada unos de los días que he pasado hasta el momento aquí, de todas y cada unas de las situaciones que he vivido, de todas las alegrías y sinsabores. Porque todo ello forma parte de un todo, de un largo proceso de aprendizaje. Hablando en plata, a veces me jode mucho cuando juego poco, pero estoy muy tranquilo y asumo la situación sabiendo que me llegarán más oportunidades. Jamás me desanimo, sino que sigo trabajando duro pues sé que habrá más oportunidades para mí”, nos relata un combativo e inasequible al desaliento Sergio, que a buen seguro convencería al mayor de los escépticos gracias a su alto nivel de auto-confianza y a su contagioso optimismo.

    Nate McMillan, el entrenador jefe de la franquicia del estado de Oregón, dirige un proyecto significativamente remozado con respecto al de la temporada anterior. Los Blazers actuales presentan a nada más y nada menos que ocho caras nuevas con respecto al curso anterior, un 2005-2006 para el olvido en el que Portland fue el farolillo rojo de toda la NBA (61 derrotas por tan sólo 21 victorias). Aunque todavía quede mucho margen de mejora, a pesar de que un estilete importante como es Darius Miles no regresará a las canchas hasta la campaña 2007-2008 (tras haber sufrido una intervención en una de sus rodillas), todo parece indicar que los peores momentos ya quedaron atrás, en el pasado, para los de Oregón. La clara mejoría en cuanto a rendimiento y resultados se refiere se ha empezado a hacer bien evidente en estos dos primeros meses de la NBA 2006-2007 y muchos analistas estadounidenses se aventuran a señalar a la franquicia de Portland como una de las de mayor futuro de toda la liga a medio plazo.

    Y es que, al margen de Sergio, las otras dos elecciones de los Blazers en primera ronda del pasado draft son dos rookies que apuntan como posibles All-Stars en el futuro: Brandon Roy, que se está destacando como un escolta muy completo y polivalente tras perderse más de un mes de competición por una lesión en el talón; y el ala-pívot y número 2 del draft LaMarcus Aldridge. El futuro sonríe a los Blazers si tenemos en cuenta, además, que los dos buques insignia de la plantilla son todavía muy jóvenes: Zach Randolph (25 años), un hombre un tanto controvertido fuera de las canchas pero asentado por derecho propio como uno de los mejores ala-pívots del mundo, siendo el único jugador de toda la NBA, en lo que llevamos de 2006-2007, que está promediando 25 puntos y 10 rebotes por partido; y el base de segundo año Jarrett Jack (23 años). “Jack es un jugador joven, de 23 años, más físico que yo y, además, bastante buen tirador. Al estar aquí desde la temporada pasada, es normal que McMillan tenga un mayor grado de confianza en él. Jarrett es además un buen tipo y me ha tratado muy correctamente desde el principio. Pero yo venía de estar con Nacho (Azofra) y, claro, aquello era otra cosa. Azofra y yo teníamos una ligazón muy especial, una relación imposible de comparar con la que tengo con Jack. Nacho no es demasiado cebolleta (risas), no es de esos que están todo el día contando batallitas, pero cuando hablaba había que escucharle muy atentamente. Siempre que me decía algo, cada vez que me daba un consejo, le prestaba una atención muy especial, tal y como merece un crack como él”, nos explica el número 11 de los Blazers cuando le pedimos que nos hable de sus dos referencias más cercanas en el puesto de base.


    Sergio Rodríguez aún debe seguir peleando para salir del banquillo (Foto EFE)

    Partiendo de la base de que Jarrett Jack promedia unos 35 minutos en pista por partido como director de juego titular, y teniendo en cuenta que Sergio debe disputarse la presencia en cancha con el base de quinto año Dan Dickau, el rendimiento y los números del tinerfeño sólo pueden ser considerados, como mínimo, de meritorios. De los 32 partidos disputados hasta la fecha por los Trail Blazers en este curso 2006-2007, Rodríguez ha estado en liza en 26 de ellos, con 10 minutos de juego de promedio por encuentro. Pero lo que resulta particularmente subrayable es que Sergio ha saltado a la cancha ininterrumpidamente, en todos y cada uno de los envites, desde el 14 de noviembre pasado (es decir, desde el séptimo choque de la regular season). Este hecho es especialmente destacable si tenemos en cuenta que su teórico rival para el puesto de segundo base del equipo, Dan Dickau, lleva, por decisión técnica de Nate McMillan, los ocho últimos partidos sin vestirse de corto.

    A pesar de lo anterior, de ser además el líder en asistencias de entre todos los rookies de la liga y de disputarse noche tras noche con el mismísimo Steve Nash (elegido MVP de la liga dos años consecutivos) el liderazgo de toda la NBA en la clasificación absoluta de mayor número de asistencias por 48 minutos de juego, el español no acaba de recibir la dosis de regularidad y de continuidad deseables por parte de su entrenador. Así, sorprendentemente, el tiempo en pista de Rodríguez sufre grandes variaciones de un día para otro: “Está claro que no resulta siempre sencillo rendir a buen nivel si no gozas de continuidad. Pero eso es algo que asumo y que me motiva aún más para seguir trabajando, cada día más duro. Creo que lo estoy haciendo bastante bien si tenemos en cuenta todas las circunstancias. Considero que estoy aprovechando las oportunidades que se me ofrecen. Aunque soy joven y todavía tengo mucho trabajo por delante, desde que he llegado a Portland he mejorado mi tiro y estoy algo más fuerte. En la NBA el estilo de juego es más físico y se producen bastantes menos ayudas en defensa, prácticamente las ayudas se limitan a intentos de tapón. Por otro lado, resulta fundamental acostumbrarse al intenso ritmo de partidos y a otras diferencias sustanciales con respecto a Europa, como son que la línea de 3 puntos se encuentra a mayor distancia o la circunstancia de que el juego se detiene muy a menudo debido al gran número de tiempos muertos existentes. Aunque sea por poco tiempo, siempre salgo a hacer mi juego habitual, intentando no perder demasiados balones. Cuando me pone en pista, McMillan pretende que le dé vidilla al equipo, que intente cambiar el ritmo del encuentro. A veces jugamos algo lentos, quizá por el cansancio acumulado, y mi función es la de dotar de viveza y de ritmo a nuestro ataque. En tres ocasiones, la última contra Toronto, el coach me ha sacado únicamente durante los últimos segundos de un cuarto para jugarme el último tiro, la última posesión. Por lo general suelo tener muy buenas sensaciones cuando estoy en pista, me entiendo bien con mis compañeros. Y creo que mi juego agrada a nuestro público”, nos relata el carismático base chicharrero.

    Tal y como indicábamos anteriormente, las oportunidades con las que contó el número 27 del draft en el arranque de temporada fueron mínimas, prácticamente inexistentes. Tras ser carne de banquillo durante las dos primeras semanas de la regular season, la racha negativa del ex estudiantil se truncaba en Minnesota aquella señalada noche del 14 de noviembre en la que el español repartía ocho asistencias y anotaba 2 puntos en los 12 minutos que permaneció en cancha ante el conjunto de Kevin Garnett: “Hasta que llegó ese encuentro no había entrado en la rotación. Pues bien, durante aquellas semanas un tanto aciagas para mí, Raül López tuvo todo un detalle conmigo, enviándome un SMS que significó mucho para mí. Sobre todo porque lo hizo de una manera muy natural, con el corazón. Él y yo nunca hemos compartido vestuario, pero si ha habido un base español que me ha marcado y al que he seguido ese es Raül. Y me hizo mucha ilusión que se acordara de mí en esos momentos, precisamente él, alguien que pasó por una situación similar a la mía… Ese mensaje de aliento suyo me ayudó mucho. Tras todo lo que ha sufrido, tras sus graves lesiones de rodilla, me alegro muchísimo de que le estén yendo tan bien las cosas en su segunda etapa en el Real Madrid, de que se esté viendo al mejor Raül López en la ACB. Se lo merece”.

  • El penúltimo desafío de Sergio (y II)
  • Marcos Beltrá
    (Periodista, Jefe Prensa Real Madrid -1999-05-, de FIBA -1995-99- y de tres JJ.OO.)

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