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Paul Shirley: El mejor periodista del mundo (I)
El ViveMenorca ha devuelto a la ACB a Paul Shirley, un pívot con un breve paso por el DKV Joventut y un correcto bagaje profesional... pero también un extraordinario periodista y escritor. Sí, habéis leído bien: Shirley ha escrito un libro y narra semanalmente en ESPN sus vivencias como trotamundos del baloncesto, así como sus múltiples peripecias personales, siempre con un sello personal de ingenio e ironía. Quique Peinado, que colaborará asiduamente con ACB.COM, nos presenta a Shirley a través de sus propias palabras y anécdotas, el testimonio de un genio de la palabra que, además, juega bien al baloncesto

  • Paul Shirley: El mejor periodista del mundo (y II)



  • Paul Shirley destaca tanto por su juego en la cancha como por su capacidad como cronista (Foto menorcabasquet.com)

    “El mejor periodista del mundo”. Hay una razón sencilla para poner esta definición al lado del nuevo jugador del ViveMenorca: cuenta lo que vive. Los periodistas, cuando hablamos de las interioridades del baloncesto, ésas que no se ciñen a un rectángulo blanco en un suelo de parquet, la mayoría de las veces contamos lo que nos cuentan. Nunca estamos ahí cuando un equipo hace una oferta a un jugador, jamás vemos qué ocurre en el interior de un vestuario ni podemos meternos dentro de la cabeza de los personajes que describimos. Paul Shirley puede hacer todo eso. Si añadimos que escribe como los ángeles, con una ironía imposible de encontrar en otros periodistas de baloncesto en el mundo entero, no es descabellado considerar a este tío de 2.09 metros y 29 años un prodigio del baloncesto plasmado en papel. O, más bien, en la pantalla de un ordenador.

    En enero de 2005, cuando fichó con los Phoenix Suns para acabar la temporada con ellos (había hecho la pretemporada con los de Arizona, pero fue cortado antes de empezar la campaña), alguien en la franquicia le propuso abrir un blog en Suns.com contando sus experiencias: primero en una gira de cinco partidos por el Este, luego en los Playoffs. En esos textos demostró tal genialidad para el sarcasmo, inteligencia y capacidad para transmitir que la poderosa ESPN lo fichó como columnista. Se trataba de que contara su vida, ya fuera cuando tenía equipo como cuando no. Y Shirley lo ha contado todo (y lo seguirá contando) con una brillantez desconocida en cualquier deportista. Así es Paul Shirley, periodista dedicado a contar su vida. Lo dividiremos en varias facetas:

    LA VIDA DEL ÚLTIMO SUPLENTE
    Los relatos de Shirley, como la mayoría de los buenos escritos en esta vida, hablan de sí mismo como un perdedor. Ha jugado en 13 equipos desde que es profesional y nunca ha durado demasiado en ninguno. En la NBA, dos contratos de 10 días con los Hawks (2002 y 2003), un par de meses en los Bulls (2005) y los citados cuatro meses con los Phoenix Suns (dos partidos y ocho minutos en total). Además, experiencias en ligas menores americanas y breves pasos en Europa (Panionios, Joventut y UNICS Kazan). Una carrera nada brillante. Esta campaña, antes de fichar por el ViveMenora se había pasado el año en blanco, tras ser cortado por los Timberwolves en pretemporada.

    En su blog hay historias delirantes. En una de ellas cuenta algo que hizo su agente, Keith Glass (otro “freak” como él; el mejor jugador que representa es Jackie Butler, de los San Antonio Spurs), desesperado por encontrarle equipo: “Así que el lunes llamó a un equipo (cuya identidad ocultaré hasta que se acabe mi carrera o hasta la próxima vez que me beba seis copas) y les dijo que si me fichaban por, pongamos, 20 días, les garantizaba que sería más productivo que un jugador que ellos tenían en plantilla (una vez más, no diré quién; puede que algún día seamos compañeros). Si no lo hacía mejor que él, les devolvería el dinero que me pagasen o lo donaría a quien ellos quisieran. Evidentemente, sigo sin equipo”, contaba Shirley. En la gira por el Este con Phoenix, definió así su rendimiento (él suele colocar unas irónicas comillas cuando habla de su “trabajo”): “Creo que he estado estelar en estos partidos. Minutos: 0. Puntos: 0. Porcentaje de tiro: Indefinido. Bravo. Pensé en la jubilación. Porque si lo hiciera ahora, podría poner en la casilla “ocupación” del formulario del seguro “jugador profesional de baloncesto”. Normalmente suelo poner “autónomo” u “otro”, lo que suele despertar sospechas en las compañías de seguros. Deben pensar: “Este tío debe ser un vendedor de droga o trabaja para la CIA”, relata. En otra ocasión, dijo: “Contrariamente a la creencia popular, no soy retrasado y de vez en cuando puedo hacer algún movimiento de baloncesto coherente”.

    A veces su sinceridad es brutal, quizá algo metido en el personaje del hombre que nunca juega. En cierta ocasión escribió con total ironía: “Llegamos al descanso 16 abajo (…) Utilizo el término “nosotros” para definir a mi equipo, en oposición a “ellos”, que son el otro equipo”. En uno de sus relatos, cuenta que un periodista le preguntó si vivía los partidos con la intensidad de otro jugador que tuviese minutos. Su respuesta fue que, evidentemente, no. Lo que le llevó a hacer una escala de la intensidad con la que se viven los partidos en su equipo: “Si X es la magnitud que mide la intensidad emocional con la que se vive un resultado, estos serían los múltiplos del impacto emocional de los miembros de un equipo:

    Titular: 2.0X
    Suplente con minutos: 1.8X
    Entrenador jefe: 1.7X
    Entrenador asistente: 1.6X
    Yo: 1.5X
    Utillero: 1.3X
    Empleado de seguridad del pabellón: 1.2X
    Fan que acosa a Steve Nash: 1.1X
    Fan normal: 1.0X
    Vagabundo borracho que vive en la puerta del pabellón: 0.5X”


    En otras ocasiones, sin embargo, su visión del basket es casi dramática. Al menos, la de alguien que no ha vivido la parte cómoda del negocio. En un artículo contó cómo estaba en la puerta del despacho de un directivo de los Hawks para firmar –puro formalismo, se suponía– un nuevo contrato de 10 días que ya tenía cerrado y cuando entró le dijeron que no contaban con él. Así describió el día que los Suns decidieron no renovarlo: “En mi reunión de post temporada con los que mandan en la franquicia me hablaron con expresiones como “flexibilidad laboral”, así que sabía que estaba despedido. He estado en muchas de esas reuniones, así que sé que esas palabras significan: “No creemos que tengas las habilidades necesarias para pagarte el salario mínimo, así que búscate otro trabajo”. Y en otra ocasión reflexionó: “Se dice que a nadie le gusta que lo rechacen. Pero creo que soy el mejor manejando esas situaciones. Es lo que hago constantemente: la gente dice “no” y yo me levanto y me voy”.


    Paul Shirley es un verdadero trotamundos del baloncesto (Foto menorcabasquet.com)

    JUGADOR DE BALONCESTO EN EL PARO
    Algunos de sus mejores textos hablan de su vida como parado. Cuenta situaciones auténticamente geniales y hace reflexiones alejadas de lo que suponemos que es la envidiada vida de un jugador profesional. “Me gusta levantarme después de las 9:30 sabiendo que mi única responsabilidad es mantenerme en forma, algo por lo que un gran porcentaje de la humanidad paga para mantener a raya el avance de su barriga cervecera. Lo único difícil de mi situación es explicarle a los extraños en los bares a qué me dedico”, escribió en una ocasión. En esos periodos de desempleo tiene las llaves de un pabellón de Kansas City, donde reside, en el que se ejercita en el gimnasio y la cancha. “Allí fortalezco mi gran cuerpo (donde se conservan los esteroides) y hago progresar mi nivel baloncestístico (cuando haga efecto el programa de pigmentación de la piel)”, ironizaba.

    También habla sin ningún tipo de tapujos de las ofertas que recibe. En su artículo “¿Por qué voy a rechazar 500.000 dólares?”, Shirley cuenta por qué dijo no a una oferta de ese dinero del Khimki ruso. Mostrando una visión amplia de la vida, habla del privilegio que supone que te paguen ese dinero por jugar al baloncesto ocho meses, ironiza con cómo se tomarán sus lectores el rechazar la oferta por ser en Rusia (la peor experiencia de su vida fue en el UNICS Kazan y habla pestes del país), comparándose con la vida de un oficinista que gana 42.000 dólares al año trabajando de sol a sol.

    LA VIDA DE UN TROTAMUNDOS
    Los americanos los llaman “journeymen”: son aquellos jugadores que van ganándose la vida alrededor del mundo con contratos cortos. Paul Shirley es claramente un prototipo de eso, y muchos de sus artículos hablan del desarraigo que supone para él este tipo de vida. Por ejemplo, para formar una familia: “Sería mucho más complicado llevar esta vida si tuviera a alguien dependiendo de mí. Afortunadamente, evito tanto el compromiso como la responsabilidad por cómo es mi trabajo, así que la vida que llevo funciona. Por ahora”. Sus sentimientos son claros: “Es duro volver a “casa” y darte cuenta de que tu “casa” está repartida por el mundo. Es difícil, incluso, llamar “hogar” al lugar donde tengo una casa (Kansas City). He vivido allí dos años, pero cuando estoy es durante un par de meses antes de irme otra vez. Incluso allí me siento un extraño a veces”.

    Quique Peinado
    Periodista de laSexta

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