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Con la casa a cuestas
A todos nos resulta relativamente sencillo asociar a algún jugador con determinado equipo, ya sea dentro o fuera de nuestras fronteras. Pero también tenemos el caso opuesto, el del trotamundos que se pasa media carrera acompañado de maletas, llevando una vida de innumerables cosas por contar. Mateovic se ocupa de traernos las impresiones de una ilustrativa representación de todos estos 'caracoles' que viajan por el mundo con la casa a cuestas


Una imagen de Pablo Laso en su etapa madridista

Redacción, 23 Abr. 2002.- Toñín Llorente, el jugador más veterano de la ACB, ha engrosado la nómina de infinidad de equipos: Inmobanco, Cajamadrid, Caja de Ronda, Caja San Fernando, Mayoral Maristas, Festina Andorra, León Caja España, Fórum Valladolid y, finalmente, Real Madrid. Casi nada. Por eso está arrepentido de algo: «Tenía que haber llevado un diario, escribir un libro con todas las cosas que me han ido sucediendo, desde acudir a mis primeros entrenamientos en Metro, cobrando 30.000 pesetas al mes... Aquel año, en el Inmobanco, ganamos más dinero en el Torneo de Navidad del Madrid que por nuestras fichas completas. Éramos 'amateurs': Vicente Gil llegaba de trabajar con la corbata al cuello, Alfonso Del Corral a lo mejor venía de una guardia de veinticuatro horas y, aun así, se ponía a entrenar como un toro. Me hubiera forrado contando todas estas batallitas».

Y como el madridista, existen muchos otros. Joaquín Ruiz Lorente, por ejemplo, ya se ha puesto, sólo en nuestra Liga, siete camisetas distintas (CAI Zaragoza, Unicaja Ronda, Pamesa Valencia, Somontano Huesca, Gran Canaria, Caja Cantabria y Leche Río Breogán). Él es de los que piensan que estos cambios obedecen «a diversas circunstancias: de un club te vas porque te deben dinero; de otro porque, tras una mala temporada colectiva, deciden echar a los cinco titulares; porque quieres mejorar deportiva o económicamente...» .

No obstante, la mayoría de estos viajeros pretende encontrar la estabilidad. Habla ahora David Brabender (31 años y cinco estaciones en la elite: BBV Villalba, Cáceres, Fórum Valladolid, Fuenlabrada y Canarias Telecom): «Claro que me quedaría en un sitio si pudiese, pero si no se da el caso lo único que puedes hacer es disfrutar del momento». En cambio, también los hay con especial predilección por el movimiento, como Pere Capdevila, aún por debajo de la treintena y ya con numerosas camisetas diferentes en su armario (F. C. Barcelona, Gijón, TDK Manresa, Canarias Telecom y Casademont Girona): «Yo no lo veo como algo negativo, precisamente. A mí me gusta conocer gente y lugares nuevos, es uno de los grandes atractivos del rollo éste de jugar al baloncesto. Desde luego, para mí no supone ningún problema». Quizá cambie con el tiempo, como sugiere el veterano madridista: «Cuando eres más joven, andas inquieto. Este inconformismo hace que a la mínima que algo no te guste, intentes cambiar. Cuesta menos hacer las maletas. Eso sí, con el tiempo las espaldas se vuelven anchas».

No deberíamos olvidar el tema de la familia, que aborda Pablo Laso (Taugrés, Real Madrid, Cáceres, Linetex Trieste, Unicaja y Casademont Girona): «El profesional se adapta a cualquier cosa, pues al final tu vida es semejante sea cual sea el lugar donde juegues: entrenos, partidos, viajes, compañeros, etcétera; en cambio, los que van contigo 'mujer, hijos...' sí notan un montón cada mudanza».

Siguente aspecto a debatir: ¿es posible identificarse con unos colores cuando tu currículum dibuja ya todo un arco iris? «Por supuesto 'Ruiz Lorente no duda un solo instante', ni que fuéramos yanquis. La única manera de rendir es convirtiendo la ciudad y su respectivo equipo en algo propio. Esto, para nosotros, es relativamente sencillo, no como para los que vienen de fuera, que a veces ven el club como algo sumamente pasajero. Y, hasta cierto punto, es normal: todavía recuerdo a los tres americanos de uno de mis clubes buscando Málaga en un mapa: el primero decía que estaba por el norte, pegada a Santander; otro decía que no, que había que buscarla en el centro; el último ya la colocó en el Mediterráneo, pues señaló Catalunya...» .

Con tanto trasiego, tiempo habrán tenido de tratar a infinidad de colegas. Y admirar, por supuesto: «He visto muchos jugadores buenos, pero el verdaderamente grande es el que hace mejor a los demás. Ahí sitúo a Marc Jackson, por su instinto ganador e ideas claras, y a Manel Bosch, de inmensa entereza en cualquier momento» (Ruiz Lorente). «Yo me quedo con la ética de trabajo de Darryl Middleton. Es un auténtico 'machaca'. No tiene una clase excepcional, tampoco es el mayor talento con el que he compartido vestuario, pero sí quien más horas de cancha y gimnasio se mete. Oscila en un nivel superior al que marca su talento». «La clase de Brian Sallier, la forma de convivir con la edad de 'Chichi' Creus... Aprendí mucho en aquel conjunto campeón» (Capdevila). «Wayne Brabender, sin discusión. Coincidí con él en sus dos últimos años y todavía asombraba: el primero en llegar a los entrenamientos 'hacía tanto frío en el pabellón de la Virgen del Val que todos salíamos con guantes y chándal, menos él, pues le sobraba con su peto y pantalones cortos' y el último en irse. Impresionante» (Llorente). Y termina la ronda el vástago del recientemente aludido, licenciado en Empresariales y actualmente en 2º de Derecho: «A mí me impresionaron el dominio que ejercía Arvydas Sabonis o la inteligencia y facilidad en el tiro de Nebojsa Ilic».

No seríamos del todo justos si acabásemos este reportaje sin citar al verdadero Marco Polo del mundillo, por mucho que su aspecto le asemeje más a personajes como Astérix. Mollet, Joventut, Licor 43, CAI Zaragoza, Cacaolat o Grupo IFA Granollers, Cáceres, Taugrés, Barcelona, TDK Manresa... A Manel Comas, amante de los contratos cortos «porque así las dos partes tienen libertad para construir una relación difícil de deteriorar y dejas siempre la puerta abierta para volver», se le están acabando los destinos para entrenar. Cuando esto suceda, se marchará a su querida Ibiza, «a pasar el tiempo tranquilamente en los chiringuitos de la playa de las Salinas». Aunque ya nos advierte de que «todavía me queda tela de ilusión por consumir hasta que eso suceda», allí podrá hacer balance de una trayectoria cargada de éxitos, vivencias y algún que otro sinsabor: «Me afectó mucho la marcha de Unipublic. Aquello hizo mucho daño a Granollers. 'Momentos buenos? Los he tenido en todos los clubes; y malos, en fin, sería un cínico si no reconociera que el gran error de mi vida fue irme de Vitoria y pensar que el Barça iba a ser un salto hacia adelante, cuando allí no se podía hacer casi nada». Silencio, 'sheriff', silencio... Deje algo para sus memorias. Yo ya he reservado un ejemplar.

Mateovic
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