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Verano de 1988: Cuando la URSS superó a la NBA
En 1988, en los últimos años de la guerra fría y de la Unión Soviética, los Atlanta Hawks de Dominique Wilkins y otras estrellas acudieron al corazón soviético para una gira de tres encuentros, el “Goodwill Tour”. La URSS, que poco después se proclamaría campeona olímpica y forzaría a USA Basketball a preparar el “Dream Team” para Barcelona’92, recibió a los Hawks en Tblisi, Vilnius y Moscú. Los americanos ganaron sin apenas margen en los dos envites, pero sucumbieron con estrépito en la capital soviética, un revés histórico que suponía un antes y un después y que alcanzaba también una gran trascendencia política. José María Ávila nos recuerda los hechos


Valdemaras Homicius ante Dominique Wilkins (Foto Krespinio Pasaulis, Kaunas)

  • Expediente-X (I)
  • Expediente-X (II)
  • Expediente-X (III)

  • Con las recientes y sucesivas derrotas de los combinados profesionales estadounidenses a manos de selecciones de todo el mundo, hemos visto rota una barrera que parecía inaccesible desde que la USA Basketball decidiera, tras la derrota en los juegos olímpicos de Seúl, enviar a los jugadores NBA para defender la camiseta de su selección nacional. Pero la histórica derrota ante Argentina en el mundial de 2002 no fue la primera de la NBA ante un conjunto FIBA. Años atrás, desde finales de los años 70, ya venían disputándose enfrentamientos casi clandestinos entre equipos FIBA y NBA, que depararon más de una sorpresa, y que sin embargo nunca han llegado a ser del todo conocidos por el gran público.

    A este respecto, y antes de profundizar en nada, es obligado hacer referencia a una fantástica serie de escritos de Javier Gancedo titulada “Expedientes X”, que comenzaron a publicarse en esta misma web hace ya más de 5 años. En la tercera entrega de aquella colección de artículos encontramos una breve reseña al caso que nos ocupa.

    Goodwill Tour 1988

    Se trata de una miniserie de tres partidos que tuvieron lugar a finales del mes de julio de 1988 entre los Atlanta Hawks y la selección de la Unión Soviética. Uno de los equipos importantes de la NBA, en su época de mayor esplendor, frente a la selección dominadora en el baloncesto FIBA. Los Hawks venían de caer ‘in extremis’ en la segunda ronda de Playoffs ante los Celtics, y la selección de la U.R.S.S. comenzaba, todavía sin Sabonis, su rodaje de cara a los Juegos Olímpicos de Seúl. Estos tres encuentros, que como tantos otros con el paso del tiempo han quedado ocultos en la memoria, se enmarcaron dentro de una gira denominada “Goodwill Tour” que llevó a ambos conjuntos a enfrentarse en menos de una semana en tres ciudades soviéticas diferentes, y cuyo fin no era otro que promocionar y asegurarse la contratación del ala-pívot soviético Alexander Volkov, drafteado por Atlanta en los últimos puestos de la 6ª ronda del draft del 86. Curiosamente, y a pesar de su buena actuación en estos partidos, Volkov no firmaría con la franquicia americana hasta el año siguiente, en la temporada 1989-90.

    Sin embargo, éste no era el primer contacto de la selección de Gomelski con la franquicia del estado de Georgia. Antes de que comenzaran los partidos del Goodwill Tour, ambas escuadras ya estuvieron entrenando juntas durante algunas sesiones, y además el verano anterior (1987) los jugadores soviéticos viajaron a Atlanta para disputar algunas pachangas mezclándose con la plantilla de los Hawks.

    La expedición americana, encabezada por el presidente de los Hawks, Stan Kasten y el mismísimo comisionado David Stern con sus respectivas esposas, estaba compuesta por más de 60 personas entre jugadores, técnicos, periodistas y personal de la NBA. El viaje, que incluía entrenamientos, desplazamientos turísticos y demás, se prolongó durante casi tres semanas, aunque a alguno más bien le parecieron tres meses. Jack McCallum (Sports Illustrated) relataba 14 años después: “He vivido muchísimas experiencias durante mi carrera, pero ninguna tan memorable como el viaje que hicimos a la Unión Soviética en el verano de 1988 para cubrir una gira de los Hawks. Fue uno de esos viajes tan horrendos que terminas recordándolos con cariño. Mala comida, desplazamientos muy complicados por el país, desórdenes intestinales, malos alojamientos. Durante tres semanas que parecieron casi tres meses, mi compañero Jeff y yo desarrollamos un horrendo acento ruso que parecía sacado de cualquier película de Yakov Smirnoff”.

    Los dos primeros partidos – Tblisi y Vilnius

    Los dos primeros choques de la serie se desarrollan bajo reglamento FIBA. El equipo de Mike Fratello se presenta con todos los jugadores que acabaron la temporada anterior y seguirían al año siguiente. No está, por ejemplo, el eterno Tree Rollins, que ese verano del 88 se marcharía a Cleveland tras una trayectoria de 11 temporadas vistiendo la camiseta de los Hawks.

    El primero de los partidos tuvo lugar en Tblisi, capital de la república de Georgia, el 25 de julio. El equipo de Atlanta, sin Dominique Wilkins, fue liderado por Leon Wood (actual árbitro de la NBA, y que pocos meses después defendería junto a Mel Turpin la camiseta del CAI Zaragoza de Ranko Zeravika) con 17 puntos, 15 de ellos producto de cinco lanzamientos triples. Por la U.R.S.S. Marciulionis fue el mejor con 25 puntos. A falta de 19 segundos para el final del partido, con los Hawks venciendo por 80-83, el capitán soviético Sergei Tarakanov consigue una jugada de 4 puntos (triple más lanzamiento adicional) que les coloca un punto arriba, pero con la última posesión para los americanos. En esta última posesión, el balón le llega a John Battle en el lado derecho de la zona, que inicia el bote con la izquierda y se juega con éxito un dificilísimo lanzamiento a 3 metros del aro, con una sola mano y por elevación, al más puro estilo J.C. Navarro. 84-85 fue el marcador final.

    El segundo partido de la gira se disputó en Vilnius, capital de Lituania, el día 27 de julio, y allí fue Valdemaras Homicius (ex-jugador del Fórum Valladolid) el mejor jugador soviético, con 26 puntos. Por Atlanta destacó el trabajo defensivo de Antoine Carr con numerosos tapones, así como la presencia por primera vez de Dominique Wilkins, que tuvo que volar durante 20 horas seguidas para poder llegar a tiempo a esta segunda cita. El choque venía transcurriendo por la misma senda de igualdad que el anterior, hasta que al término de los 40 minutos reglamentarios el marcador reflejaba un empate. El Alexander Gomelski, viejo zorro, propone amistosamente dar el partido por concluido con el empate. La respuesta de Mike Fratello es contundente:

    -Mira, no estamos dispuestos a cruzarnos medio mundo en mitad de nuestras vacaciones para venir a ´empatar´ un partido de baloncesto. Vamos a jugar la prórroga.
    - ¿Seguro que quieres seguir con el partido?
    - Juguemos.

    Fratello estaba convencido, y además no podía caer en la humillación de no conseguir vencer a un equipo europeo. Se disputan los cincos minutos extra, y los Hawks vuelven a llevarse el triunfo, esta vez por 105-110.

    Con este escenario, la serie llega finalmente al Luzhniki Stadium de Moscú. La de aquel 30 de julio fue una noche histórica que supuso una de las contadísimas (hasta esa fecha) derrotas de un equipo profesional NBA ante un conjunto FIBA. La U.R.S.S, como ya hemos apuntado, se presentaba con los mismos jugadores que conseguirían dos meses después el oro olímpico en Seúl, con la única excepción de Arvydas Sabonis. Estos once hombres eran Tiit Sokk, Sarunas Marciulionis, Valdemaras Homicius, Igor Miglinieks, Rimas Kurtinaitis (ex Real Madrid), Sergei Tarakanov, Valery Tikhonenko (ex Huesca), Aleksander Volkov, Aleksander Belostenny (ex CAI Zaragoza), Valery Goborov, y Viktor Pankrashkin.

    La noche antes, en el hotel, los dos equipos compartieron cena. Cuentan que Fratello se puso las botas a base de spaghettis esa noche. Al final de la misma, tras una pequeña fiesta/acto de confraternización, los jugadores soviéticos pidieron hacerse fotos con Dominique Wilkins, como recuerdo del evento. Los numerosos encuentros entre ambos equipos habían conseguido ya germinar una cierta camaradería que se palpaba en el ambiente. Nique y Webb habían sido los jugadores americanos más aclamados tanto por la prensa como sobre todo por los aficionados durante sus visitas turísticas a los principales monumentos moscovitas.

    Tercer partido – Moscú

    Al contrario que los dos primeros, este tercer choque en Moscú se iba a disputar bajo un extraño reglamento híbrido, tomando como base las reglas NBA pero con numerosas excepciones FIBA: el triple está a distancia de 6.25 metros (22 pies), no existen tiempos muertos de 20 segundos, se mantiene la zona FIBA con forma trapezoidal, y se permite tanto la defensa en zona como el ¨goaltending¨, es decir, interceptar el balón dentro de la prolongación imaginaria de la vertical del aro, algo que en la NBA está prohibido.

    Por lo demás, se jugarían 48 minutos divididos en cuatro períodos, una extraña posesión de 25 segundos en lugar de los 24 habituales, y pitarían tres árbitros aunque coincidiendo únicamente dos en pista: uno americano, Bruce Alexander, y otro soviético, Mikhail Davidov, que intervendría únicamente en la primera parte, y que sería sustituido por su compatriota Mikhail Grigoriev tras el descanso.

    Los entrenadores no quieren reservarse a nadie, y salen con toda la artillería pesada. El coronel Gomelski sitúa de inicio a Sokk, Homicius, Tarakanov, Volkov y Belostenny, mientras que Fratello pone en pista su quinteto más potente físicamente, con Doc Rivers, Wilkins de escolta, Cliff Levingston y Antoine Carr como aleros y Kevin Willis en el poste.

    El equipo del zorro plateado tiene muchas ganas de ganar, se nota desde la primera jugada. Tras dos oportunidades perdidas por apenas una canasta de diferencia, saben que la victoria está a su alcance, y no quieren dejar escapar esta última ocasión en la capital de su país. Desde el primer momento Volkov se muestra como protagonista absoluto del choque. Con sus 2.05 es capaz de penetrar con enorme facilidad, podía tirar de larga distancia, anotaba con solvencia debajo del aro, y forzaba muchísimas personales a sus defensores. Wilkins está negado de cara al aro, y la URSS cobra rápidamente ventajas (20-12 a mediados del primer cuarto) que obligan a Fratello a pedir su primer tiempo muerto.

    Al revés de lo que cabría esperar, los soviéticos se muestran muchísimo más certeros desde la larga distancia que los jugadores americanos. La amenaza desde los 6.25 es constante. Cualquier jugador de perímetro de la URSS es capaz de anotar un triple, salvo Tiit Sokk, que apenas mira el aro. Esto deja muchísimos espacios en la zona para las penetraciones de sus compañeros, que anotan muchísimas canastas sin oposición. La diferencia de agresividad en la defensa es notoria a favor de los hombres de Gomelski, y el primer cuarto termina con un elocuente tanteo de 42-28 para la Unión Soviética, con 13 puntos de Volkov y 11 de Tarakanov.

    En el segundo cuarto, Spudd Webb y Kevin Willis consiguen encontrar el camino para mantener a su equipo dentro del partido. Aumenta la tensión defensiva y los Hawks consiguen acercarse (47-43 a mediados del segundo cuarto). La U.R.S.S echa de menos una verdadera referencia interior, ya que Belostenny apenas mira el aro, y cuando lo hace es con muy poco acierto. Su suplente, Goborov, aporta bastante más en los minutos que está en cancha.

    La salida de Marciulionis supone un punto de inflexión en el partido. A pesar de no estar totalmente recuperado de un problema en la rodilla, el lituano consigue de nuevo estirar la ventaja soviética con 10 puntos casi consecutivos, dejando finalmente un marcador de 68-61 al descanso. Durante este segundo cuarto, llama la atención el peculiar duelo que comienza a gestarse entre los dos árbitros. Las decisiones del americano y del soviético a favor de “sus” equipos son tan descaradas que incluso los comentaristas comienzan a darse cuenta de que algo raro pasa. El público, por supuesto, también. Las conversaciones y gestos cuando alguno de los dos señala alguna acción polémica rozan el esperpento. El tercer árbitro, Grigoriev, vendría tras el descanso a normalizar un poco esta situación tan surrealista.

    Tras el descanso

    Volkov está siendo de largo el mejor del partido, con 19 puntos al descanso, y con el único lunar de los tiros libres, muy desacertado en esta faceta durante toda la noche. La sensación es que la ventaja europea de siete puntos se queda bastante corta a tenor de lo visto sobre el parquet.

    En el tercer período, Atlanta parece cogerle por fin el aire al partido, asentándose dentro del intenso ritmo de juego que proponía Gomelski. Lo consiguen con un perímetro comandado por Spud Webb, el mejor de su equipo esa noche, y secundado por un John Battle que parece encontrarse mucho más cómodo que la estrella Wilkins. Las diferencias se estancan entre los 5-10 puntos, sin tirones significativos por ninguna de las dos partes. La U.R.S.S sobrevive gracias a la inspiración de Volkov y a los triples ocasionales de cualquiera de sus jugadores de perímetro, hasta que a falta de 4 minutos para el final del tercer cuarto los Hawks consiguen empatar el partido por primera y única vez desde el salto inicial (85-85). Nunca volverían a estar tan cerca.

    El último período comienza con 99-97 a favor de los soviéticos, y con Volkov (29), Tarakanov (22) y Marciulonis (15 puntos a pesar de jugar muy poco) como hombres más destacados. Las diferencias se mantienen cortas, pero los jugadores europeos no pierden nunca el control ni el tempo del partido. A falta de 5 minutos para el final, Atlanta tiene su oportunidad con un 2+1 de Cliff Levinsgton, que falla el tiro adicional y deja a su equipo a un punto de la selección soviética (113-112). Gomelski estaba jugando con dos hombres grandes, Belostenny y Pankhraskin, juntos en pista. A partir de ahí, la U.R.S.S da el estirón definitivo (127-119 en el último minuto) merced a algunas transiciones rápidas y a algunos lanzamientos muy precipitados de un Wilkins absolutamente borrado del partido.

    Los postreros esfuerzos de Atlanta por remontar son vanos, y finalmente acaba pagando su desacierto en los tiros libres; nefastos en este aspecto durante todo el partido. La U.R.S.S consigue una espectacular y celebradísima victoria por 132-123, con invasión de pista incluida.

    Volkov (35) es sin duda el mejor hombre del partido, anotando en todas las situaciones imaginables, mientras que Webb lidera a los Hawks con 25 puntos, haciendo estragos con su velocidad. Dominique Wilkins está literalmente desaparecido, y ni Doc Rivers (21) ni Kevin Willis consiguen imponer su dominio en el juego a pesar de sus resultonas estadísticas finales.

    Conclusiones

    En el conjunto de los tres partidos de la serie, no cabe duda de que el equipo de Gomelski se muestra mucho más sólido que Atlanta Hawks. Tuteándoles en todo momento, los dos primeros partidos son muy igualados y se decantan por acciones puntuales, mientras que en el último de ellos el dominio de la U.R.S.S es absoluto durante los 48 minutos, hasta el punto de no conceder ni una sola ventaja en el marcador a los americanos. El ritmo del partido lo marcan siempre los jugadores europeos, mientras que los americanos solamente se desperezan de vez en cuando con destellos fulgurantes que les sirven para acercarse en el marcador, pero nunca para tomar el mando.

    Disponemos de muchísimos elementos de juicio para valorar, y también para especular. Las reglas que se emplearon estaban más cercanas al ámbito FIBA que al NBA, los soviéticos disfrutan de la ventaja de jugar en su casa, y por supuesto cuentan con la motivación de un conjunto que estaba iniciando su preparación para una competición de máximo nivel (los JJOO de Seúl, Septiembre de 1988). Mientras, los jugadores de Atlanta llegaban en pleno período vacacional, tras vivir semanas antes un auténtico clímax de intensidad y concentración en la fabulosa serie de segunda ronda de playoffs ante Boston Celtics, que se resolvería en un histórico séptimo encuentro en el Garden.

    En el otro lado de la balanza, no podemos pasar por alto la ausencia de un jugador clave como Sabonis, y la poca participación del segundo de a bordo, Marciulionis, que no estaba físicamente a tope por culpa de una lesión, pero que cuando salía a la cancha incidía positivamente, de forma directa e inmediata, en el juego de su selección. La presencia del gigante lituano se antojaba crucial en este equipo, que únicamente contaba con los destellos de calidad ofensiva de un prometedor, pero todavía bisoño, Valery Goborov. Belostenny hacía una labor muy gris, Pankrashkin tenía un papel prácticamente marginal, y el mítico Tatchenko ya no entraba en los planes del seleccionador pese al buen Eurobasket que firmara el verano anterior en Grecia. Kevin Willis campaba a sus anchas por la zona, y el potencial físico de los aleros fuertes (Carr y Levinsgton) también se notaba a la hora de rebañar segundas opciones en el rebote ofensivo.

    No sabemos qué hubiera pasado si se hubieran enfrentado en otras circunstancias, con todos sus hombres a pleno rendimiento. Pero con los hechos en la mano, y pese al global de 2 victorias a 1 a favor de los Hawks, no es descabellado señalar a la selección soviética como superior en el conjunto de la serie. El resto de consideraciones quedan abiertas a la especulación y el análisis que cada uno quiera hacer. En cualquier caso, una página olvidada de la historia de nuestro deporte que cualquier aficionado debería conocer.

    José María Ávila
    (Redactor independiente)

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