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Esos tiros libres
Si bien en muchas ocasiones es el que decide partidos y hunde a los perdedores en la miseria, el tiro libre es seguramente el tiro menos apreciado en nuestro deporte. La carrera de Nacho Ordín en pos del récord de porcentaje ACB lleva a Javier Gancedo a disertar sobre los tiros libres, un ejercicio del que resulta una valiosa recopilación de algunos de los tiros más trascendentes, las mecánicas más singulares e impagables anécdotas que todo buen aficionado debe conocer


Granger Hall, toda una ceremonia en cada lanzamiento

Redacción, 1 May 2002.- A bote pronto, héroes y villanos en partidos decisivos en los últimos años, sólo por poner ejemplos, pueden ser Zarko Paspalj, que privó en 1994 al Olympiakos del primer título de la historia del baloncesto griego... a favor de la única Copa de Europa del Joventut, Rumeal Robinson, que en 1989 anotó los dos tiros libres para que Michigan ganase el torneo NCAA, Brian Jackson, que con dos tiros libres dio la Recopa de 1984 al Real Madrid frente a la Simac de Milán, y por encima de todos, Kabouris, que en 1987 anotó los dos tiros libres para que Grecia se proclamase campeona de Europa por primera vez en su historia, convirtiendo a sus jugadores en héroes y a Nikos Galis en el mismo Zeus.

Ciñéndonos a los números estrictos, el actual 51/52 de Ordín supone el récord ACB, superando los 60/64 de Epi en la temporada 93/94. Estadísticamente, y en las dos jornadas que quedan, el base del Granada puede fallar dos tiros libres más y aún será récord ACB. Epi, al contrario que Ordín, sí tenía un ritual característico a la hora de ejecutar la suerte de los tiros libres, pegando un pisotón para fijar su posición frente a la línea antes de lanzar. Una vez, en pleno Palau Sant Jordi, al jugador de Estudiantes Ricky Winslow le dio por imitarlo en plan provocador, ganándose uno de los mayores abucheos que se recuerdan en el entonces coliseo barcelonista.

El ahora comentarista de Canal + no era el único con un ritual característico en el planeta ACB: el ex de Unicaja Giancarlo Marcaccini solía pasar el balón por la espalda (ganándose el 'olé' de Ciudad Jardín) antes de lanzar. Andrés Jiménez solía botar con la izquierda y lanzar con la derecha, para desesperación de casi todos. Darryl Middleton, tras una primera época (con mejor porcentaje) en que iniciaba su ritual con un extraño bote bajo acompañado de un rodar del balón acompasando el cuerpo, llegó a lanzar de puntillas sin botar el balón. Otros que lanzaban sin llegar a botar sin una sola vez el balón, contraviniendo las recomendaciones de los expertos, fueron José María Margall y Rafa Vecina. O bien el ritual cambiante a interminable de Chuck Kornegay. Dando una vuelta más de tuerca, Steve Trumbo, en una gran temporada desde la línea para él, la 83/84, llegó a lanzar habitualmente con los ojos cerrados ante la seguridad pasmosa que demostraba desde la línea de tiros libres. Posteriormente bajó su porcentaje hasta el promedio de su carrera, un 70%. Pero ninguno en la ACB como Granger Hall.

Y es que Hall es propietario del ritual más famoso, característico y coreado de la historia del basket ACB: tras fijar sus pies, botaba tres veces con fuerza el balón contra el suelo antes de lanzar con cierta parsimonia. La afición propia coreaba los tres botes y la pausa del buen jugador norteamericano con el ya mítico '¡¡¡¡¡1, 2, 3, ooooooolé!!!!!', que le servía de acicate.

En una ocasión, jugando en el Caja San Fernando ante el Breogán, ocurrió lo impensable. Estaba claro que el ritual de Hall superaba en mucho los cinco segundos permitidos por el reglamento, aunque es una infracción que no se suele señalar. Aquél día, a Hall se le señaló... ¡Dos veces seguidas! El resultado es que Hall no pudo tirar de su forma habitual, acabando con 4/10 desde la línea. Hecho anécdotico para un jugador que aún hoy ostenta el récord de más tiros libres tirados y anotados de la historia de la Liga (2130/2949, que se dice bien y pronto).

Hay más ejemplos, ya fuera de nuestras fronteras: sin dar el salto a la NBA, el lanzamiento a uno mano de John Korfas, o las mecánicas de tiro de Johnny Rogers, Darwin Cook o Mike Sylvester, quien la sacaba de la nuca haciendo un extraño escorzo en elevación, son buenos ejemplos. Sin embargo, el colmo de la rareza desde la línea de tiros libres es para Larry Richard, ex jugador de Efes Pilsen quien, debido a una lesión de hombro, lanzaba de una forma casi circense: sujetaba el balón con una mano pero en vez de apoyar el balón sobre la otra, lo hacía... ¡¡¡con el cuello!!! Así impulsaba el balón hasta soltarlo con una única mano. Pese a todo, rondaba el 60% en su carrera, una marca más que meritoria tras describir su mecánica.

Hablando de porcentajes, y comparando a Ordín con los grandes especialistas de la distancia de la NBA, decir que este año, Terrell Brandon está por encima suyo, con un impensable 83 de 84, un 98,8%. Sin embargo, el mínimo estipulado por la NBA para entrar en la estadística es de 125 tiros libres anotados, y la grave lesión de Brandon truncó toda posibilidad de récord, que aún mantiene en la actualidad, para su orgullo, Calvin Murphy, con un 95.8%. Mark Price estuvo a punto de superar este récord cuando a falta de solo 12 días para el fin de la fase regular presentaba un 95,9%, ligeramente superior al de Murphy. Sin embargo, la presión fue demasiado fuerte para Price y falló dos tiros libres en estos últimos 12 días de competición, bajando su porcentaje a 'sólo' un 94,8%.

Sin embargo, esta circunstancia se antoja menor ante una de las anécdotas más célebres de la historia de los récords en la NBA, protagonizada por el propio Murphy en defensa de su marca. Ocurrió en 1994 y todo se reducía a un partido. El aspirante era Mahmoud Abdul-Rauf, cuya obsesión por la perfección (padecía el síndrome de Tourette) le llevó a ser un excelente lanzador de tiros libres. Rauf llegaba al último partido de la temporada con 217 de 226 (96.0%) y Murphy, ni corto ni perezoso, se decidió a asistir al partido con una entrada de pista. Hubo una falta con el partido decidido y el jugador de Denver se dispuso a lanzar. El abucheo de Murphy, que indujo al público a chillar, y el número teatral que montó en el tiempo muerto previo a los lanzamientos, robando el balón a un árbitro para intentar maldecirlo, tuvo su resultado. Abdul-Rauf falló uno de los dos tiros libres y bajó a 95.6%, con lo que Murphy conservó su récord y sigue primero en el libro de la NBA. Increíble, pero cierto.

Otros ejemplos curiosos de rituales casi obsesivos van desde las palabras indescifrables de Malone (inolvidable el countdown de 10 a 0, con estallido del marcador del Key Arena incluido, para demostrar los más de diez segundos que tardaba el símbolo de los Jazz... lo sacaron de quicio), al no-sistema de Barkley o Shaquille O'Neal, pasando por el ajuste del punto de mira de Mark Jackson o el 90% que alcanzaba habitualmente Rick Barry... lanzando 'a cuchara'. Barry, un símbolo de la NBA de los 70, campeón en el 75 con los Warriors, argumentaba que el lanzamiento de tiro libre debe ser un gesto sencillo, y que nada más sencillo que eso...

Al límite de la obsesión estaban Adrian Dantley y Dennis Johnson. Dantley, un anotador imparable, con una serie de tics medidos que ejecutaba antes de cada tiro libre. La mente de AD seguía la siguiente secuencia. Mirar al suelo, ver los pies en posición... tocar con cada mano la sien, primero la derecha, luego la izquierda, botar el balón, cuatro veces, ni más ni menos, haciendo una pequeña pausa, mínima, entre bote y bote. Rodar el balón en la mano. Apuntar. Tirar el balón echando el cuerpo hacia adelante pero ojo, sin mover los pies. Todo esto creaba la atmósfera necesaria para ejecutar el lanzamiento. Del mismo estilo era Dennis Johnson: Soltaba el balón para recogerlo, flexionaba las rodillas y botaba el balón (al final de su carrera tuvo que reducir el número de botes de balón de 11-14 hasta sólo tres , su número en los Celtics... por miedo a superar los 10 segundos reglamentarios) mientras se secaba el sudor de la cara con su muñequera, para después amasar el balón hasta por fin ejecutar el tiro.

Está el caso de Derrick Chevious, un jugador marginal (Cleveland, Houston) que será recordado por el más extraño gesto de la historia al lanzar tiros libres. Una mecánica normal, acompañado de una cara desencajada: los ojos abiertos como plato y la boca abierta hasta más no poder, un auténtico esperpento signo más de una cinta de 'Bloopers' que de un jugador de la NBA.

Eso sí, para los tiros libres, nadie como Tom Amberry, un doctor estadounidense de 71 años que ostenta el récord de tiros libres anotados de forma consecutiva. Estuvo 12 horas tirando para 2750 tiros libres seguidos, y no es que fallara el siguiente: le cerraron el gimnasio donde lanzaba. Aún con 78 años, acierta con un margen de 99.5% de efectividad. ¿Su secreto? Estar concentrado, no pensar en nada más y creer al 100% que anotará el tiro.

Ya saben: sigan los consejos del Dr. Amberry. Quizás su porcentaje mejore.

Javier Gancedo
ACB.com



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