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Los 10 mejores momentos de la historia de los Eurobasket
En la ya larga historia de los Eurobasket, han sido muchos los momentos que han quedado grabados en la memoria de todos los aficionados. Iván Fernández nos ofrece los que, para él, han sido los 10 mejores momentos de estos campeonatos, en los que la Grecia campeona en 1987 ocupa el lugar de honor


Drazen Petrovic se consagró como genio en el Europeo de Zagreb '89

  • Los mejores momentos de España en los Eurobasket

  • Las mejores canastas de los Eurobasket


  • 10º - 2001 Un murciélago en el Bósforo

    Es bien sabido que Estambul es una ciudad mágica, espiritual, caótica y maravillosa. Pero lo vivido en la final del europeo del 2001 rayó en lo irreal. Tras un comienzo titubeante, la selección turca había conseguido plantarse en la final del europeo. Sus agónicas victorias en cuartos (Croacia) y semifinales (Alemania) habían acabado de enardecer los ánimos del caliente público otomano. Según se aproximaba la hora de la final, el Abdi Ipekçi presentaba un ambiente impresionante. El rival era nada menos que Yugoslavia, selección poco dada a dejarse impresionar... Pero con una Turquía lanzada sucedió algo inesperado. Y es que un murciélago comenzó a sobrevolar la pista. Finalmente, en la segunda parte, Yugoslavia, liderada por un actor secundario (Scepanovic), olvidaba los fantasmas y se hacia con el torneo. Pero la imagen quedaba en la historia...

    9º - 1961 El "McGrady" soviético

    Es una de las imágenes recientes de la historia de la NBA más llamativas: Tracy McGrady lanza el balón contra el tablero y aprovecha el rebote para hundir un mate. Absolutamente genial e imaginativo pero… ¿inédito? Solo a medias. Corría el año 1961 y, en el europeo de Belgrado, Yugoslavia había conseguido el primer éxito de su historia baloncestística, plantándose en la final. El rival no era otro que la temible (y poco menos que invencible) Unión Soviética de Gomelski. Liderados por Korac y Daneu, los plavi se adelantaban por 15-6 ante el delirio general. Pero el gigantón Kruminch empezó a imponer su ley y desde el banco salió el genial Alachatchan. Entonces la URSS comenzó con su rodillo habitual y en pleno apogeo llegó la gran jugada del torneo... Alachatchan corría veloz en la transición y se dispuso a dar uno de sus impagables pases en el aire a Vakdmanis, cuando se dio cuenta que la defensa balcánica se había percatado de su intención. Sin pensárselo dos veces lanzó el balón contra el tablero y fue a por su rebote palmeándolo hacia su sorprendido compañero.

    8º - 1985 El orgullo de los viejos rockeros

    Alejado hoy del primer plano competitivo el baloncesto checo tuvo varias épocas de esplendor. Pero tras el europeo de Praga 1981, la maravillosa generación de los Brabenec, Kropilak… parecía haber llegado a su ocaso con la consecución del bronce. De hecho, sus tres siguientes años se saldaron con resultados mediocres. Con esta perspectiva se plantaron en el europeo de 1985 (Stuttgart), con un quinteto que pasaba de los 30 años de media y que acumulaba la friolera de 1.456 presencias con la selección. La primera fase no hizo más que corroborar los augurios y los checos (en un grupo asequible) sólo fueron capaces de vencer a Holanda y a Israel por la mínima (93-92). Este triunfo ante los hebreos otorgaba a los centroeuropeos el cuarto puesto pese a su empate a 2 victorias con Israel. De todas formas, parecía el canto del cisne. El cruce de cuartos deparaba un duelo a priori muy desigual contra Yugoslavia, que venía de ser primera por delante de la URSS y España. Y surgió la casta. Un extraordinario acierto exterior y la diversificación del ataque entre sus titulares, situaba a Checoslovaquia a un paso de las semifinales. Pero el cansancio acumulado empezaba a hacer mella y el gran Andro Knego ponía en el marcador el empate a 84. Entonces, surgió de nuevo el orgullo cervecero y Checoslovaquia dio el tirón definitivo (102-91). Brabenec, con 32 puntos, se encontraba excelentemente acompañado por Havlick (24), Rajniak (23), Kropilak (22) y Skala (19). Pero no acababa ahí la gesta. En semifinales y aprovechando la nueva línea de 3 puntos, la víctima fue España (vigente plata olímpica y que había derrotado a la URSS en la primera fase). En la final los soviéticos ya fueron mucho hueso que roer, pero la plata de los treintañeros no podía ser más feliz.

    7º - 1983 El Mediterráneo también existe

    Desde la creación de los Europeos, con la excepción de Egipto, todos los campeones habían provenido del llamado Bloque del Este. Pero eso habría de cambiar en Francia. La primera fase ya fue significativa: Italia y España copaban las dos primeras posiciones dejando fuera de las semifinales a Yugoslavia. Los plavi, por primera vez en muchos años, eran derrotados por España y se tuvieron que jugar sus cartas ante la azzurra. En semifinales la revolución se consumaba y España con la mítica canasta de Epi tumbaba a la URSS. Sobre la final planeaba la sombra de la polémica del encuentro que habían disputado en la primera fase. En un encuentro bronco, España había conseguido llevar la delantera, pero un error de Corbalán permitió a Villalta robar el balón. El gran Renato cometió pasos pero los árbitros no los señalaron y asistió a Marzorati para que anotara la bandeja del triunfo. Sin embargo, la final transcurrió por otros derroteros e Italia tomó la iniciativa desde el principio, liderada por Villalta y Caglieris. De cualquier forma, algo había cambiado en el basket europeo.

    6º - 1983 La gran pelea

    En el apartado anterior, se trataba el fin de la hegemonía del Este. Pues bien, ésta se gestó ya en la primera fase del torneo. España había vencido por un punto ante los plavi y perdido por la misma diferencia ante Italia. De tal forma que, fuera el resultado el que fuera, sería segunda y el ganador del Italia-Yugoslavia primero, quedando el perdedor fuera de las semifinales. Se podía prever un choque tenso, pero aquello desbordó todas las previsiones. En un partido de una dureza extrema, Yugoslavia conseguía llegar al descanso con 6 puntos de ventaja (42-36), pero en la reanudación el famoso "Karate-press" italiano obraba la remontada, situando a los alpinos con clara ventaja (73-62).Y entonces todo estalló… Petrovic le propinó un codazo a Gilardi, Sacheti agarró bestialmente a Vilfan... y la cosa va subiendo. El inefable Kikanovic (curtido en Pesaro) le pegó una brutal patada en los testículos a Villalta y, sin esperar respuesta, se refugió entre los periodistas. Si ya aquello era terrible, pronto se llegó al clímax, y es que Grbovic ¡¡¡apareció enarbolando unas tijeras!!! Pese a todo, no hubo expulsados y el partido siguió, con mas incidentes, saldándose con victoria italiana. Hace un par de años en el homenaje a Djordjevic, Grbovic le regaló unas tijeras a Meneguin, así que podemos considerar que la historia tuvo final feliz.

    5º - 1989 La consagración de un genio (y la de un grupo)

    Tras el relativo desengaño de Seúl, Zagreb acogía el Europeo con la idea de consagrar definitivamente a la nueva generación plavi, en general, y a Drazen Petrovic, en particular. Y a fe que ambas se consiguieron con creces. El genio de Sibenik dio lo mejor de si y mostrando un juego mucho más generoso contribuyó decisivamente a crear una sinfonía de juego brutal. Pese a estar más enfocado que nunca a la dirección (fue el máximo asistente del torneo), también tuvo su momento ofensivo mágico. En la última jornada de la primera fase, Yugoslavia se enfrentaba a Francia e Ivkovic decidió que Petrovic descansara. El resultado de la medida fue que Francia llegó al descanso por delante. Ante la presión popular, el técnico decidió sacar al ídolo local. La respuesta de Petrovic no pudo ser mas contundente: 30 puntos llevaron su firma en una segunda parte antológica.

    Pero si el Europeo de Zagreb, fue la consagración de Drazen, no es menos justo resaltar el papel de Grecia. Tras su rotundo éxito como locales, mucha gente les atribuyó el cartel de equipo blando lejos de Atenas. Pero los helenos volvieron a tener otro momento de gloria y Gallis, con 45 puntos, se "cargaba" a la URSS en semifinales, demostrando que lo del 87 no había sido casualidad. La final ya sería otra historia y los plavi arrollarían con el mayor nivel de baloncesto FIBA de la historia.

    4º - 1969 Fin a una racha inigualable

    En deporte, como en cualquier campo, es muy osado calificar algo como inigualable, único o irrepetible... Pero la racha de victorias que acumuló la URSS en Europeos se acerca mucho a esos calificativos. Y es que hasta llegar al Europeo de Nápoles, la URSS acumuló 55 victorias consecutivas en Europeos. La encargada de romper la racha fue, como no, Yugoslavia. El 2 de octubre del 69, Cosic volvía locas a las torres soviéticas y la gran dirección técnica de Zeravica hacía el resto para consumar el fin de la racha (73-61). Eso sí, el enfrentamiento se repetiría en la final y los soviéticos se hicieron con el titulo (era el 7º consecutivo). En el 71 consiguieron de nuevo el oro dejando otra racha para la historia: 8 títulos consecutivos, que España se encargaría de cercenar en Barcelona.

    3º - 1979 La noche de las sorpresas

    Según a quien se consulte, la fecha del 11 de junio puede ser la efeméride de muchas cosas: la proclamación de la Primera Republica Española, la muerte de Roger Bacon o el nacimiento de Costeau. Pero si a baloncesto nos referimos, podíamos calificarlo como el día de las sorpresas.

    El Europeo de 1979, que se disputó en Italia, se había dividido en tres grupos. Los dos primeros de cada uno de ellos pasaban a una liguilla conjunta donde se arrastraban los resultados de la primera fase. Tras las dos primeras jornadas, todo parecía estar gobernado por la más pura lógica. Y sin embargo, la última jornada todo estalló. Para empezar Francia caía ante Polonia (hasta entonces inédita) y necesitaba que Yugoslavia se impusiera a Israel. No parecía nada difícil, más teniendo en cuenta que Yugoslavia necesitaba la victoria para pasar como líder e invicto. Al descanso, Yugoslavia dominaba pero en la segunda parte el técnico hebreo, Klein, desarrollaba una estrategia defensiva feroz y dejaba a Israel a rebufo. A falta de 20 segundos, Berkowitz robaba un balón y anotaba la canasta de la victoria ante la incredulidad plavi y francesa. Pero no acabó aquí la cosa: Italia, anfitriona y favorita, caía ante Checoslovaquia y cedía el primer puesto... al igual que la URSS que cedía ante la joven España. Sin duda, todo aquel revolcón fue algo inesperado y tuvo una consecuencia clara: pese a la normalización de la siguiente liguilla, la final fue URSS-Israel...

    2º - 1995 ¿La mejor final de la historia?

    Para quien esto escribe, sin duda. Por un lado, una Yugoslavia insaciable tras el bloqueo de la ONU y, por otro, la "sorprendente" Lituania, que basada en poco más de tres hombres (Sabonis, Marchulenis y Karnisovas) se había deshecho de Rusia (vigente subcampeona europea y mundial) y de Croacia.

    Pese a los nombres de Croacia (a priori la favorita), bálticos y balcánicos habían demostrado el mayor nivel de juego. Y la final fue fiel reflejo de ello, teniendo de todo: puntos (96-90), polémica arbitral con amago de retirada lituana y grandes dosis de espectáculo no exento de intensidad. Los triples de Djordjevic (9 para 41 ptos), la valentía de Danilovic, las acciones imposibles de Marchulenis (¡qué gran torneo!, su triple tras pasarse el balón entre las piernas es uno de los momentos mas deliciosos que se haya visto) los pases de Sabonis... toda una orgía de buen basket del mejor nivel.

    1º - 1987 Nuevos dioses en el olimpo

    Han sido grandes momentos… otros se habrán quedado injustamente fuera, pero ninguno como el sucedido en el verano del 87. Rodeada de un ambiente bestial en el Pabellón de la Paz y la Amistad (el de las dos mentiras como dice el gran Ernest Rivera), la selección helena fue construyendo una ilusión casi irreal. Y eso que el comienzo no fue nada fácil. Pese a una brillante victoria ante Yugoslavia, las derrotas ante la URSS y España dejaban a Grecia como cuarta clasificada, teniendo que jugarse los cuartos ante el líder del otro grupo: Italia. Entonces la leyenda comenzó a surtir efecto y liderados, como no, por Gallis (38 ptos) los locales barrían a Italia. Con todo, parecía que había sido un lindo sueño y la semifinal ante Yugoslavia (pese a la victoria en la primera fase) se antojaba quimérica. Tras un comienzo arrollador (30-19) Yugoslavia conseguía un 21-0 de parcial y enmudecía el Pireo. Sin embargo, el orondo y genial Christodolou se revelaba por una vez como un gran defensor y anulaba a Petrovic. Los puntos de Gallis, la intimidación de Fassoulas y la clarividencia de Yannakis hacían el resto. Si ganar a Yugoslavia era difícil, la URSS ya rayaba en lo utópico...pero de nuevo se consiguió. Con un ambiente maravilloso, tras 45 minutos de tragedia helénica y solventar la prorroga sin Yannakis y Fassoulas, un secundario Kambouris ponía la guinda desde el 4´60 llevando al olimpo a unas nuevas deidades.

    Iván Fernández
    Redactor independiente

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