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George Gervin: una leyenda entre nosotros
Es probable que muchos aficionados no sepan que en las filas del Bàsquet Manresa militó uno de los 50 mejores jugadores de la historia de la NBA. Puede que muchos ni siquiera reaccionen al nombre de George Gervin y piensen en el campeón Raikonnen al escuchar el apodo de "Iceman". Pero la historia de este elegantísimo anotador está estrechamente vinculada a la ACB, donde jugó el último partido de una brillante carrera salvando al TDK Manresa de un descenso anunciado. De la mano de Javier Ortiz, nos acercamos a una historia de baloncesto puro, al impacto que tuvo el más reluciente miembro de una familia espectacular de anotadores: George, Derrick (asombró en Córdoba) y Gee


George Gervin sólo jugó una temporada en la ACB pero dejó una huella imborrable (Foto Gigantes)

Deténgase un momento a alimentar ese debate de imposible solución objetiva: ¿quién es el mejor baloncestista que ha pasado por la ACB? Habrá quienes señalen a la influencia en títulos de Audie Norris, Corny Thompson, Luis Scola y Louis Bullock, del talento emergente con sabor nacional de Pau Gasol y Fernando Martín o del reinado FIBA que ejercieron Arvydas Sabonis, Oscar Schmidt y Drazen Petrovic. Incluso habrá quien se acuerde del currículum (anterior/posterior) de Ralph Sampson, Walter Berry, Kenny Walker, Darrell Armstrong y Rony Seikaly o de la espectacularidad de David Russell, Rickie Winslow, Mike Smith y Chandler Thompson. Pero si es por historial y méritos a lo largo de su carrera, deje de preguntárselo: la respuesta es George Gervin, el único ex ACB incluido en la relación de los 50 mejores de la historia de la NBA que se estableció en 1996. ACB.COM ha conseguido hablar con él y aún recuerda con cariño sus meses en España mientras trabaja en diversas tareas relacionadas con el baloncesto en Texas.

Ocurrió en la temporada 89-90, cuando Gervin tenía ya 38 años y fue fichado por el TDK Manresa para encestar las que serían las últimas canastas de su brillante trayectoria. A primera vista puede pensarse que vino para sacarse unos dólares mientras “se arrastraba”. Pero no fue así. En absoluto. Promedió 25 puntos por partido y lideró al equipo del Bages hacia la permanencia en la máxima categoría, dejando una honda huella por su buen juego –demostrando que su apodo de “Iceman” (hombre de hielo) seguía justificado— y también por su caballerosidad, ya que protagonizó varios actos de ayuda a la juventud y a los desfavorecidos.


George Gervin consiguió cuatro títulos de máximo anotador de la NBA (Foto NBAE/Getty Image)

Antes de zambullirnos en la historia española de Gervin, nacido el 27 de abril de 1952 en Detroit, es mejor hacer un esquemático repaso a su vida baloncestística para darnos cuenta de la magnitud del personaje. Después de ser uno de los históricos de la mítica ABA, consiguió cuatro títulos de máximo anotador de la NBA (sólo Wilt Chamberlain y Michael Jordan pueden decir lo mismo); fue designado MVP del All Star de 1980; cinco veces incluido en el mejor quinteto de la temporada; es miembro del Hall of Fame; tiene el número 44 retirado de los San Antonio Spurs y todavía ostenta un récord tremendo: el de mayor número de puntos anotados en un cuarto, con 33, el 9 de abril de 1978 en un Spurs-New Orleans Jazz. Es de esto último de lo que se siente más orgulloso, “sobre todo porque todavía no se ha batido. Mejoró cualquier marca que hubiera hecho Wilt Chamberlain. Kobe Bryant estuvo a punto de superarla el año pasado, pero se quedó en 30”, dice desde San Antonio, donde tiene su residencia.

Salvación en Tenerife

El TDK Manresa vivía un momento complicado a mediados de enero de 1990. Nueve victorias y diez derrotas como balance le situaban en la zona media-baja de la tabla de la A-2, el grupo “flojo” de la ACB de entonces. Al equipo que entonces entrenaba Flor Meléndez le surgió la posibilidad de fichar a un coste relativamente bajo a Gervin, que intentaba rehabilitar su carrera en la CBA (Quad City Thunder, en Iowa). Anteriormente había estado unas semanas en un centro de desintoxicación. Cuatro días después de que 500 personas acudiesen a su primer entrenamiento, la expectación en aquella noche de debut (20 de enero) en el vetusto Congost se multiplicó: el nuevo jugador, que sustituía al balcánico Boban Petrovic, anotaba 23 puntos en la primera parte ante el Cajacanarias, pero luego tenía problemas con las faltas y su equipo volvía a naufragar (79-92 al final, con 31 de nuestro protagonista).


George Gervin salvó al Manresa en una situación muy complicada (Foto Gigantes)

Y es que nada fue fácil para los manresanos en aquella temporada. Multiples problemas desembocaron en derrota tras derrota (el equipo estuvo desde febrero hasta abril sin ganar) y el pasaporte para el “play off” de descenso se selló sin remisión, pese a las constantes exhibiciones anotadoras de Gervin. Un jovencísimo Ricard Casas (28 años) había sustituido ya a Meléndez en el banquillo.

En la primera ronda de las eliminatorias por la permanencia –entonces las jugaban los ocho últimos de los 24 equipos que había en competición--, no hubo opción ante el Valvi Girona (3-0, con 38, 19 y 34 puntos del alero norteamericano), jugándose la plaza en la ACB ante el Tenerife Número 1.

El TDK, con el factor campo a favor, venció en el primer choque (84-83), con 39 puntos de Gervin. Una salvedad obligatoria es que sus porcentajes no eran malos. En aquel partido, por ejemplo, logró un 12/18 en tiros de 2, 1/2 en triples y 12/15 en libres, además de 5 rebotes y 2 asistencias. Pese a los 38 años, aguantaba a menudo los 40 minutos en pista. Los canarios se impusieron en el segundo partido en Manresa (87-91), en un día demasiado “solitario” del alero (33 puntos, 7/15; 4/7 y 7/8).

Cuando más difícil estaba la situación, los manresanos ganaron los dos partidos en Tenerife. El primero, 83-85 tras prórroga. ¿Los números de Gervin? 43 puntos, con 16/33 en tiros de dos, 1/5 en triples y 8/15 en libres. En el segundo, se multiplicó en otras facetas para empujar al 83-88 que aseguraba la salvación. A sus 31 puntos (11/16 y 9/10) unió 15 rebotes (13 defensivos). Fue el último partido de su carrera.


Eduardo Portela junto a George Gervin

Sus promedios en aquellos 17 partidos resultan escalofriantes para un casi “cuarentón”: 25,5 puntos por partido, con 54% en tiros de dos, 38% en triples y 79% en libres, además de 5 rebotes y 1,3 asistencias en 33,4 minutos.

“Impulsor” del Nou Congost

“Disfruté jugando en Manresa. Me gustaban el equipo y la directiva. Tenía buenos compañeros –Juan de la Cruz, Jordi Soler, Jordi Singla, Joan Peñarroya, Jordi Creus y el fallecido Pep Pujolrás, entre otros— y conseguimos lo que se nos había encargado hacer: seguir en la primera división”, reflexiona.

Además, Gervin afirma sentirse importante en otro legado que se mantiene en la ciudad catalana: el Nou Congost. El antiguo pabellón había quedado obsoleto para la ACB. “Ayudé a poner al club en posición de poder exigir que se hiciese una nueva arena, manifiesta. También guarda un gran recuerdo de Roma, donde jugó en 1987 tras finalizar su etapa en la NBA: “Italia es algo especial”.

Eso sí, reconoce que el baloncesto ha cambiado mucho desde que él jugó en Europa. “Los jugadores de allí han trabajado mucho y ahora muchos de ellos son lo que aquí llamamos “ball players”, tíos que están capacitados para decidir partidos. Creo que es bueno para el baloncesto norteamericano tener esa influencia aquí”, reflexiona. Ha seguido la trayectoria de Pau Gasol, José Manuel Calderón, Jorge Garbajosa y Sergio Rodríguez y lo tiene claro: “han probado ya que tienen el nivel suficiente para estar en nuestra liga, eso se ve claramente, sobre todo en el caso de Pau, que es una estrella. Muchos se han dado cuenta de que pueden seguir su ejemplo si siguen trabajando para mejorar”.

También estima que la NBA ha variado notablemente desde que él era una estrella: “ahora un equipo que se basa en la defensa como los San Antonio Spurs puede ser el campeón. En mi época estábamos más centrados en el ataque y eso probablemente era mejor para el espectador. Es el gran cambio que se ha producido”.

Tras su paso por los banquillos como asistente en la NBA y primer técnico en la “nueva” ABA, Gervin diversifica en la actualidad su tiempo. Trabaja para los Spurs en el departamento de ayuda a la comunidad y coordina una escuela en San Antonio donde acuden chicos con problemas, la George Gervin Academy. También es jefe de operaciones de baloncesto en un equipo de la NBDL, los Rio Grande Valley Vipers. Además, es miembro activo de la NBRPA, la asociación que engloba a los jugadores retirados de la liga norteamericana (legendsofbasketball.com). En el verano del 2006 regresó a España para presentar los partidos de la gira europea de los equipos de la NBA y saludó personalmente al presidente de la ACB, Eduardo Portela.

“No echo de menos la pista. Tuve mi momento. Disfruté el tiempo que tuve como jugador y entrenador y no puede decirse que me fuese mal. La única pena para mí es no haber ganado un anillo de la NBA”, destaca. "Realmente para lo que jugamos es para tener una influencia positiva en los niños. A ellos siempre les recomiendo que se eduquen, que no pierdan clases. Es lo más importante. Da igual el deporte que practiques o el reto que te pongas: para lograrlo siempre tienes que emplear tiempo y esfuerzo”, recalca, renegando, al cincuenta por ciento, de su clásico apodo de Iceman. “Me gusta que me digan simplemente Ice”, reconoce.


Derrick Gervin también brilló en Córdoba

Otro Gervin, otra máquina de anotar…

El idilio de los Gervin con España no acaba ahí. George tiene un hermano llamado Derrick que nunca llegó a jugar en la ACB, pero sí en la entonces denominada Primera B. También alero de 2,05, también anotador impenitente, sus tremendas exhibiciones en la temporada 1987-88 son recordadas todavía en Córdoba. En una competición en absoluto débil de la que saldrían muchos futuros jugadores ACB, el hermano pequeño promedió nada menos que 46,5 puntos por partido, impresionando desde el primer día (61 al Badajoz) y siguiendo por la segunda jornada (63 al Vigo). El 23 de enero de 1988, ante el Lliria, llegó a los 64, rozando la mítica marca que en la Liga Nacional obtuvo Walter Szczerbiak en 1976 (65).

Sin embargo, Derrick no llegaría a triunfar en la NBA, en la que jugaría un par de temporadas (89-90 y 90-91) con los New Jersey Nets compartiendo incluso vestuario con Drazen Petrovic. Luego tuvo una larga carrera en distintas ligas (Italia, Israel, Filipinas, México…) hasta retirarse. Entrena actualmente al equipo de la George Gervin Academy, donde también es director de admisiones.

“Pasé un año estupendo en España. Es un país maravilloso y Córdoba me pareció una ciudad muy bonita. Todos me trataron muy bien. Ya sé que no fui tan bueno como mi hermano, pero disfruté mucho jugando al baloncesto en muchos lugares del mundo. Si no tuve mucho éxito en la NBA fue por una lesión de espalda muy importante. De mi temporada en Córdoba tengo que agradecer a mis compañeros que jugasen mucho para mí, pasándome el balón y haciendo muchos bloqueos”, cuenta a ACB.COM desde San Antonio.

…Y un base resolutivo

La saga no termina con Derrick y George, que tiene un hijo, conocido Gee o George Junior, que juega en Europa desde hace varias temporadas tras quedarse cerca en varias ocasiones de dar el salto a la NBA. Aunque es algo más bajito (1,88) y actúa de base, eso no le impide destacar también en el terreno de la anotación. Las tres últimas temporadas ha jugado en el Norrkoping de la liga sueca con promedios de 29,3, 31,8 y 28,7 puntos por partido, incluyendo un MVP. En las últimas semanas se ha estado ganando el jornal en la liga libanesa. También ha jugado en Venezuela y Brasil y en los míticos Harlem Globetrotters. Como es fácil de imaginar, Iceman hace buena publicidad de su vástago: “si alguien en España necesita un buen base, llámenle”.

Los tres Gervins --George, como entrenador, y Derrick y Gee, como jugadores--, estuvieron juntos en la temporada 2000-01 para ganar la ABA con los Detroit Dogs. Una perfecta forma de cerrar el círculo de una familia enamorada de los aros.

Javier Ortiz
@bujacocesto
Redactor del Periódico de Extremadura

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