Artículo

G Vázquez: No desafíes a Jordan
Desafiar a Michael Jordan, la mayor leyenda que ha deparado el baloncesto, nunca ha sido una buena estrategia. G Vázquez, en un texto inicialmente destinado a su ACBlog, “El punto G”, nos trae una anécdota sobre “Air Jordan” y su personalidad, una de las más agresivas y competitivas de la historia del deporte. Los Utah Jazz y un inoportuno comentario desde la grada dieron paso a una venganza del herido orgullo del jugador, siempre proclive a los retos y las demostraciones


Michael Jordan: "¿Éste es lo suficientemente alto?"

De entre los innumerables episodios con Jordan como protagonista es más que probable que uno de los más conocidos por el gran público sea aquel célebre doble mate en Utah como respuesta a un presunto desafío de un espectador. Esta pequeña historia data de un partido disputado el miércoles 2 de diciembre de 1987 entre Utah y Chicago en el arcano Salt Palace. Y fue de algún modo universalizada por destacar en el preludio de uno de los productos más logrados en la historia del NBA Entertainment: la deliciosa cinta Come Fly With Me. Producida por Don Sperling y David Gavant, guionizada por el propio Gavant, David Check y Larry Weitzman, aquella pieza documental que abordaba la biografía de Michael Jordan hasta la primavera de 1988, fecha de su factura y distribución, ha preservado toda su magia intacta al paso del tiempo. Ligera, encantadora y sobrada de acción y colorido, su volumen de colaboraciones resulta aún hoy difícilmente igualable.


Karl Malone al momento de relatar la historia

Una de estas colaboraciones corrió a cargo de Karl Malone, quien como testigo de pista, hacía las de narrador de aquella pequeña historia que, por si acaso, conviene recordar de dos formas: una, tal y como la recoge la cinta en voz de Malone; y dos, de la manera que abre motivo a este texto.

1) “En un partido contra los Chicago Bulls en Salt Lake City Michael hizo un mate por encima de John Stockton. Un espectador se levantó y le dijo: “Oye, Jordan, ¿a que no lo haces con uno de tu altura?”. Cuando recibió la pelota de nuevo hizo un mate por encima de Mel Turpin y se volvió al espectador diciéndole: “¿Éste es suficientemente alto?” (Karl Malone).

2) Efectivamente Jordan realizó un mate teniendo como par a John Stockton. Con el balón en su poder en la diagonal izquierda del triple Pippen, marcado por Griffith, sacó el rendimiento perfecto a un cambio de asignacion defensiva que dejó a Jordan a solas con Stockton en ese lado de la pintura. Así tras recibir el balón Jordan no tuvo más que girarse a la anticipación del base para enganchar el mate. No fue propiamente un mate sobre Stockton. Tan sólo lo fue junto al base (Stockton quedó detrás). Acto seguido Jordan advirtió un reproche procedente al parecer de la grada. Y desde ese momento, en su fuero interno, se prometió realizar un segundo mate, esta vez sí, sobre algún interior de los Jazz, cosa que consiguió al cabo de varias jugadas con un ensayo monstruoso, sui generis, como posterizando su imagen más gráfica en el aire, que no es la que comercialmente nos ha llegado –he aquí otra historia–, sino la que congela al ave negra inclinada lateralmente en el cielo mientras la punta de la lengua alcanza a tocar la barbilla. Esta figura debiera haber pasado a la historia de los arquetipos gráficos como la fotografía del Che o el bombín, bastón y bigote de Chaplin. Nada sublima mejor el legado visual del mito a quien el apelativo de Air cumplió la difícil empresa de hacer justicia. El caso es que Mel Turpin fue la víctima de aquel segundo mate. La víctima de uno de los In Your Face más radiantes y agresivos que nos ha legado la historia.

Si la narración de la anécdota nos hubiera llegado tan sólo de viva voz, tal cual la cuenta Malone, todo habría resultado más confuso, como tantas otras perlas de la tradición oral que ponen en juego nuestra credulidad. Pero acompañan a la narración las imágenes de las tres pruebas decisivas. A través de ellas vemos el mate junto a Stockton, el mate sobre Turpin y la reacción del vengador a quien osó desafiarle. En la siguiene imagen se observa la triple secuencia de lo narrado por Malone.



Ahora bien, ¿es posible adentrarnos un poco más en lo ocurrido? ¿Sacarle algún jugo extra? Creemos que sí.

Es muy probable que quienes supieran de este episodio quedaran algo desconcertados al toparse con un pequeño pasaje de la archiconocida The Jordan Rules. Para escribir esta obra Sam Smith viajó durante toda la temporada del 91 con los Bulls, asistió a todos los encuentros, pasó centenares de horas entre la intimidad del vestuario, las citas a solas con los miembros de la plantilla, los teléfonos y los solitarios pasillos del Multiplex. Tan sólo en las noches del Stadium parecía interponerse el público entre el periodista y los Chicago Bulls. Fue posiblemente el año en que la sección del equipo en el Chicago Tribune estuvo cubierta con mayor fidelidad. The Jordan Rules pertenece a un género narrativo muy propio de la cultura deportiva americana que abunda en la tradición novelada de las crónicas o diarios de temporada. Y aunque era aquella campaña del 91 el objetivo central del libro, Smith también sobrevolaba con cierta precisión las efemérides de la franquicia roja desde su nacimiento en 1966. Tanto más precisas eran esas reseñas cuanto más próximas en el tiempo y más cerca le tocaban de su empleo en el Tribune (Smith venía de la prensa de Fort Wayne, en Indiana). Así la todavía fresca temporada del 88 debería responder a esa cercanía. Sin embargo el pasaje motivo de sorpresa no parece responder a esa lógica. En uno de tantos momentos del libro Smith aportaba ejemplos del feroz carácter de Jordan, uno de los cuales era precisamente el motivo de esta historia:

“One unforgettable demonstration of his competitive drive was in 1988 against the Utah Jazz. Jordan stole a pass and got out ahead of the field to dunk over guard Bobby Hansen to a thundering roar. Even on the road Jordan’s dunks are cheered, especially in Western Conference cities where the Bulls make just one visit a year. Utah owner Larry Miller was sitting at center court in the first row and yelled to Jordan as he passed by, “Why don’t you pick on someone your own size?”.

A few sequences later, Jordan again made a steal, but this time was closing in on a basket guarded by 7-4 center Mark Eaton, Jordan sped up just a bit and appeared to grab hold of Eaton’s shirt, boosting himself up and dunking over the powerful center.

Running back to his defensive end, Jordan turned to Miller and yelled, “He big enough for you?”
.


Es decir, Sam Smith atribuye el papel de víctima del primer mate a Bobby Hansen y el del segundo y definitivo al gigante Mark Eaton. Siendo ambas cosas perfectamente posibles se dan las condiciones suficientes para asegurar que en absoluto fue así. Que tanto bastan las imágenes, crónicas y palabras de Karl Malone como la ausencia de pruebas visuales sobre los dos mates que Smith apunta. Sin embargo el autor aporta algo nuevo: que quien cargó contra Jordan en primera instancia fue, en efecto, Larry Miller, el propietario de los Jazz. Esta revelación añadía una nueva intriga a la historia y empujaba a preguntarse, sin más pruebas, si era probable algo así. Y la recogida de pruebas invitaba de algún modo a descifrar la personalidad de ambos protagonistas.

Después de renunciar a la compra de acciones por un valor de 200 mil dólares, en abril del año 85 Larry Miller adquiría la mitad de la franquicia de Utah. Un año después se hacía con el total. Miller adquiere los Jazz de manos del anterior propietario, Sam Battistone. Según insisten crónicas y declaraciones de jugadores, Battistone era un señor bastante frío y tranquilo que apenas mantenía contacto con ellos, que rara vez visitaba el vestuario y que operaba desde muy arriba como abriendo una enorme distancia con sus empleados. Ojeando la biografía del hombre que concibió el Jazz como el símbolo de New Orleans da la impresión de que el paso del tiempo esfumó toda la ilusión que había puesto en aquel proyecto nacido en 1974. Once años después sus pérdidas se estimaron en torno a los 17 millones de dólares. No obstante Battistone no faltaba a ningún partido del Salt Palace. No mientras estuviera al mando de la nave. Junto a varios miembros de su familia Battistone ocupaba varios asientos de primera fila justo enfrente del banquillo del conjunto rival. En los partidos del viejo Palace la disposición de los banquillos según la toma general de cámara era siempre similar: a la izquierda, los Jazz; a la derecha, el equipo rival; y en medio, la mesa de anotadores.

Cuando Larry Miller se hace con la propiedad de los Jazz lo primero que contrasta con Battistone es la implicación con la base deportiva de la franquicia, muy al estilo Cuban pero con menor erotismo por las cámaras. La venta directa de automóviles, industria en la que había amasado su fortuna –sus ventas rayaron el medio millón de vehículos entre 1979 y 1999–, reforzó una personalidad profundamente intervencionista. Así Miller se conduce desde el principio de manera locuaz y directa, visitando el vestuario cada partido, dialogando con los jugadores, llamándolos a su despacho y facilitando enormemente las líneas de la prensa local. Cada vez que un reconocimiento oficial tenía lugar sobre algún miembro de la plantilla, era él quien salía a pista a entregar el trofeo precediendo con el micrófono la intervención del premiado. Ataviado con polo y vaqueros no era infrecuente verle reboteando para sus jugadores en pleno calentamiento de partido. Era en definitiva un millonario campechano. Nada que ver con Battistone. Nada salvo un detalle. Miller ocupaba la misma ubicación que su predecesor en los partidos de casa: los mismos asientos de primera fila, frente al equipo rival.

Cuando tiene lugar el primer mate de Jordan, el que toca padecer a John Stockton, la canasta donde se produce es precisamente la que Miller tiene frente a él. Un instante después la pista se ve invadida por las palabras“Hey, Jordan, why don’t you pick on someone your own size?, provocación que Jordan escuchó perfectamente. Ayudaba a ello el tenue silencio general que sucedía a un mate rival de media factura y que el emisor estuviera demasiado cerca de pista, tanto como que formaba parte de ella. Pero un detalle más se suma como prueba. Tras realizar Jordan el segundo embate, en la misma canasta que el primero y remontando sus pasos a defensa, su mirada se dirige hacia alguien que está situado en la primera fila de público, no en la tercera ni cuarta fila de grada. La línea de su mirada en el preciso instante en que responde, décimas antes de atravesar la media pista, señala un destino que a pesar de escapar a las cámaras se antoja incuestionable: la butaca de Larry Miller. Con conveniente discreción Karl Malone narró la anécdota impersonalizando al desafiante. “One guy...”, señalaría el cartero. En efecto, fue un espectador, pero un espectador de auténtico lujo, de esos a los que Frank Layden, también presente en la escena, concedía el derecho a protestar por el religioso pago de la entrada. Curiosamente el protagonismo de Miller en aquel episodio nunca terminó de ser del todo aclarado y la práctica totalidad de fuentes posteriores que recogen la anécdota beben del que consideran acierto clave de Smith en su crónica.



Sam Smith se pierde en los dos protagonistas locales de la acción. Pero en cambio no lo hace con la personalidad más importante que circunda en ese momento la pista. Este modo de actuar es muy acusado en todos aquellos cronistas de temporada para quienes la prioridad de sus obras se inclinó siempre hacia el fuera de juego, al Baloncesto en off, aquel que acontece fuera de cámara pero en el profundo interior de los despachos, viajes, cenas y entretelas. Por eso Smith resta importancia a precisar los protagonistas de corto y, en cambio, se la concede al propietario de toda una franquicia. Es como si de la anécdota su misterio fuera aquel hombre. Probablemente el mismo Jordan no hubiese reaccionado de igual modo si el autor del desafío hubiera sido algún anónimo aficionado. Los mejores jugadores reciben cientos de desafíos procedentes de la grada a lo largo de toda una temporada. Pero recibir el aguijón de la novia de un rival, al modo de James en Toronto, o de todo un propietario, es cosa bien distinta. Y para algo así Jordan sí estaba dispuesto a la venganza inmediata. Igual que lo estuvo ante Spike Lee despidiéndole con la mano en plena pista a una nueva caída de los Knicks en postemporada, el mismo escenario donde devolvió a Mutombo su propio “Not in my house!” después de endosar al zaireño el mate que Jordan tanto había estado buscando. Poco importaba que al Mutombo novato ya le hubiera humillado dedicándole un tiro libre a ciegas o que junto a Spike Lee pasara grandes ratos de intimidad grabando aquella célebre promo para Nike. Así respondía Jordan a las provocaciones. O a lo que él entendía por ellas. Así Jordan, Miller y Smith coincidían en algo: mejor cuanto más arriba el disparo.

También aquella noche, de victoria para Chicago (101-105) y con igual cantidad de puntos de Jordan, 47, que la suma conjunta entre Stockton (14) y Malone (33), daba inicio una difícil relación entre el mito y el público de Salt Lake City. Una relación que se vio prolongada con los años y que alcanzó su apogeo en las Finales de 1997 y 1998 después de pasar por episodios tan reveladores como el sonoro abucheo en su presentación para el All Star de 1993 veinte días después de que Jordan respondiera al público de Utah no sólo con una de sus mejores noches en el Delta Center, sino con un majestuoso triple desde medio campo al filo del descanso que el jugador aplaudió fuera de sí desde el mismo centro de la escena como dedicatoria a todos los presentes, Larry Miller incluido.

Algunos de los mayores éxtasis alcanzados por Jordan en pleno fragor del juego quedaron exactamente definidos por aquellos aplausos en solitario sin que viera nada ni a nadie a pesar de tener los ojos bien abiertos. Curiosamente el desfile de agitación de la inolvidable Come Fly With Me se detiene finalmente en uno de aquellos aplausos inaccesibles, décimas después de rebañar con sus piernas el rostro de Pat Ewing luego de culminar el alley oop de la victoria en otro de sus Olimpos predilectos, el Madison de los Knicks, a quienes también cayeron 47 puntos.

No deja de ser anecdótico que de entre los no pocos negocios que Larry Miller preside en la actualidad, uno de los más prósperos sea el complejo comercial de cines y restaurantes situado en la localidad de Sandy (Utah) que responde al nombre de Jordan Commons.

Gonzalo Vázquez
@GVazquezNY

Últimos artículos del autor



© ACB.COM, 2001-