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Kinshasa, lo más parecido a un estado fallido
Kinshasa es una de las ciudades más peligrosas del mundo. Envuelta en una perenne guerra civil, su población lucha por vivir en paz, sin estar sometidos a las trágicas consecuencias de sus riquezas naturales. Allí "el baloncesto es algo que sucede": los problemas para fomentar el deporte son inacabables. Junto a Roc Massaguer recorremos sus calles para conocer un poco más acerca de la realidad de sus habitantes


Las grandes avenidas en Kinshasa tienen un aspecto impactante (Foto ACB.COM)

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  • No he estado en muchas embajadas en mi vida, y menos aún en una tan demostradamente peligrosa como la que dirige Miguel Fernández Palacios. Una cosa es leer en internet que la República Democrática del Congo y en concreto su capital, Kinshasa, es uno de los sitios más peligrosos del planeta y otra bien distinta es que el embajador te enseñe los restos del obús con el que intentaron matarle hace casi un año.

    Es un país peligroso, porque la guerra nunca termina de acabarse y porque la pobreza está mucho más extendida que en Camerún. Ellos, los miembros de la embajada española y los alrededor de 150 ciudadanos españoles que viven en el país, te dicen que viven bien, que no hay problema, pero sus recomendaciones nos asustan, al no estar acostumbrados: "Si vais por la calle, hacedlo en grupos de más de dos, pero no demasiados numerosos... y no sólo blancos", nos dicen. "No es que la calle no sea segura... pero no os recomendamos que vayais muy lejos de la Avenida de las Embajadas", apunta. "Ah! Y no os fieis de nadie vestido de policia", concluye. No salimos del hotel.

    Un error que solemos cometer cuando no conocemos algo es la generalización. Pensamos que el Camerún y el Congo serán parecidos... por el mero hecho de que ambos son países centroafricanos. La realidad es que no tienen nada que ver; sería como que un africano pensara que Suiza y Grecia vienen a ser lo mismo. Abandonamos Camerún con el recuerdo de la educación y la sonrisa permanente de un país que se las arregla para vivir muy bien dentro de sus posibilidades, y nos metimos en un territorio en guerra, mucho más pobre y menos civilizado por culpa de sus circunstancias. La riqueza en minerales (cobalto, cobre, diamantes y sobre todo coltan: posee el 80% de las existencias mundiales) y la atracción por parte de algunos gobiernos europeos y Estados Unidos que ella genera, suponen una losa demasiado pesada para que la sangre desaparezca de la tierra congoleña. En muchas ocasiones, es más rentable para los explotadores mantener el control si hay una situación violenta que por vías democráticas.

    Los matices en Congo son muchos y su realidad, muy distinta. Por eso casi suena a chiste, ahora, que le preguntara al embajador qué papel tenía el deporte en el país. "Aquí el deporte es algo que sucede, sin más. No hay organización, ni estructura, ni siquiera voluntad de hacer nada por el deporte, más allá del fútbol como representación del país", asevera. "Pero es que es normal, el Zaire (aún mucha gente lo llama así) es lo más parecido a un estado fallido".

    Demos algunos datos rápidos, para que os hagais una idea: el 80% de los congoleños vive por debajo del umbral de la pobreza, en un país cinco veces más grande que España hay, atención, sólo 500 quilómetros de carretera asfaltados, hay zonas de la selva en la que muchos congoleños no quieren vivir, dejados de la mano de Dios, expuestos y terriblemente vulnerables en caso de guerra. Bien, en realidad aquí no se puede aplicar lo de la mano de Dios, porque en forma de misioneras, hay quien llega a los rincones más inaccesible: "Llevo 34 años viviendo aquí, en la selva, donde ellos no quieren vivir. Ayudando...", nos dice una religiosa que está en la embajada para tramitar unos papeles. Su ejemplo es sencillamente increíble. Nos quedamos literalmente sin palabras. "Esas mujeres viven en la auténtica miseria. Lo que han visto sus ojos y sufrido sus carnes... mejor no imaginarlo", expone, con un deje mezcla de orgullo y admiración, el embajador.

    Entonces, ¿qué podemos hacer? Descubrimos con alegría que desde el Embajador hasta David, uno de sus administrativos, todos los españoles de la Embajada adoran el baloncesto. María es de Lugo y recuerda, cómo no, a Lavodrama; el propio embajador es un ferviente seguidor del Kalise Gran Canaria y David es del Real Madrid. En sus manos está tramitar rápidamente los papeles que Serge Ibaka ha venido a recoger (debe hacerlos en la República Democrática porque la República del Congo no tiene embajada española).



    La intensidad era la constante en los entrenamientos congoleños


    Han echado muchas horas con el caso de Serge y también con Christian Eyenga, un prometedor alero que juega en el CB Prat, filial del DKV Joventut, con ilusionantes números. Su madre, Giselle, fue nuestra guía en el país, dándonos mucha más sensación de seguridad de la que jamás hubiéramos tenido por nuestra cuenta. Ella nos llevó por la ciudad, recuperó nuestras maletas en el caótico aeropuerto de la ciudad y aguantó nuestras dudas, miedos y largas esperas allí donde fuéramos.

    Una vez más debemos huir de los tópicos. No es una mujer agradecida por haberle dado a su hijo una oportunidad en España. Sencillamente es una persona educada, buen anfitrión, relativamente bienestante que nos dice sin un ápice de duda que hubiera preferido que Christian fuera médico. El deporte es sólo algo que sucede, pero sucede. Nos llevan al estadio de fútbol más grande de Centroáfrica (capacidad para 90.000 espectadores), que tiene una interesante cancha de baloncesto al lado. Cerrada y con aros decentes, sirve de marco para un entrenamiento organizado por Adidas. Buscan, lógicamente, nuevos talentos, pero también ofrecer a los jugadores amateurs un fuerte lazo con este deporte.

    Babacar Sy, entenador francés de orígen senegalés con formación norteamericana, es el encargado de coordinar el proyecto Adidas Nations en el llamado continente negro, organizando campus en todos esos países que aglutinan tradición de baloncesto y predisposición genética. Él me repite el mismo argumento que vimos en Camerún: hay que establecer una red de intercambio con los países de orígen y dar algo a cambio del talento que se llevan. Para Babacar es imprescindible "la iniciativa privada en países como el Congo; nosotros les damos la oportunidad de entrenar, de competir, de progresar... Una oportunidad que no les puede dar su Gobierno."

    Otra mirada, otro baloncesto

    En la República Democrática del Congo, la gente sonríe menos en la calle. Se nota más tensión; lógico si una piensa en lo que significa una guerra civil. Aquí la gente realmente lucha para sobrevivir y eso también se nota en los jugadores. Los congoleños (ni los de Kinshasa ni los de Brazzaville) no tienen el don genético del que gozan los cameruneses. No son tan atléticos ni esveltos como ellos, por lo que sus virtudes para jugar al baloncesto son otras. Más robustos y más duros, su mirada revela convicción y sacrificio. En un entrenamiento más metódico que lleva Babacar con rectitud, muestran una actitud más desafiante, un juego más agresivo.

    En la (aquí también) tradicional charla de presentación de los visitantes, nos escuchan con atención y asienten con contundencia cuando les decimos que deben seguir trabajando duro. Quizás para ellos el baloncesto sí puede ser una vía de escape válida. Los mejores jugadores del país nos enseñan su talento en un partido final marcado por la tensión, por las ganas de gustar, pero menos liviano que el que vivimos en Yaounde, donde el ambiente traspuaba alegría más que dolor.

    Roc Massaguer
    @rmassaguer
    ACB.COM

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