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Pierce gana la batalla por la redención
La batalla por la redención, la que enfrentaba a Paul Pierce con Kobe Bryant, ya tiene vencedor. Àlex Gozalbo, periodista freelance especializado en baloncesto, nos acerca desde Estados Unidos al MVP de las finales de la NBA


Paul Pierce ha cumplido un sueño de la forma más épica (Foto EFE)

“Battle for redemption”. El titular de la revista Sports Illustrated no dejaba dudas sobre qué había en juego en la gran final de la NBA. A un lado, Paul Pierce, el alero formado en Kansas que llegó a los Boston Celtics para devolverle al equipo glorias pasadas. Al otro, Kobe Bryant, el MVP de la temporada que quería darle a Los Angeles Lakers su primer CSS (Campeonato Sin Shaq).

Ninguno de los dos lo tenía sencillo. La temporada 2006-07 fue nefasta para ambas franquicias. Boston Celtics (24-58) ni siquiera se clasificó para los Playoffs por el anillo y Los Angeles Lakers (42-40) cayó eliminado en primera ronda. En apenas unos meses todo cambió y las dos estrellas guiaron a sus respectivos equipos a una de las finales más esperadas de los últimos tiempos.

Paul Pierce ha logrado romper la maldición de Sports Illustrated, ésa que explica que desde hace más de 40 años quien aparecía en la portada de la revista al inicio de la temporada no lograba el anillo. El alero, coronado como MVP de las finales de la NBA, ha dado el paso definitivo en su carrera, devolviendo a los Celtics a sus mejores momentos.



En el primer partido de la serie, Paul Pierce llevaba diez puntos cuando se lesionó. Fue llevado a los vestuarios en silla de ruedas y a los pocos minutos regresó a la pista. Justo cuando recorría el túnel que comunica los vestuarios con la cancha, un operario de los Celtics lo frenó. La música de ‘Rocky’ no estaba preparada. Tras recibir un gesto de aprobación, el alero de Boston volvió para anotar 12 puntos decisivos. Phil Jackson y Bill Plaschke fueron los primeros en ironizar sobre su milagrosa recuperación. “No sé si le visitaron unos ángeles en el vestuario o qué sucedió. ¿Tal vez estaba Oral Roberts allí dentro?", dijo el entrenador de los Lakers en referencia al predicador evangélico que se hizo famoso explicando los seis pasos que todo creyente debe dar para sanarse. “Estaba tan lesionado que, en cuanto entró en la pista, se puso a correr entre los sorprendidos defensores de los Lakers. Le dolía tanto que anotó tres triples consecutivos en el último cuarto, que pusieron por delante a los Celtics. ¡Venga!", escribió el columnista de ‘Los Angeles Times'. Sea como fuera, 22 puntos y 4 rebotes para un 98-88 (1-0).

En el segundo partido la actuación de Paul Pierce volvió a ser letal. En la pista y en el videomarcador del TD Banknorth Garden. Cuando los Lakers se pusieron a dos puntos Glenn ‘Doc’ Rivers solicitó tiempo muerto y apareció la cara del alero en las cuatro pantallas centrales. Era un mensaje grabado. “Desde que llegué a los Celtics he soñado con momentos como éste, así que ha llegado la hora de que te levantes de tu asiento, te emociones con nosotros, grites y nos ayudes a ganar. Let’s go Celtics”, chilló Pierce y, desde ese momento, los Lakers no volvieron a anotar en el encuentro. Al final, 108-102 (2-0) con 28 puntos, 8 asistencias y 4 rebotes de Paul Pierce.

Buena parte de la prensa que ha seguido las finales de la NBA, entre los que había 27 periodistas españoles, se ha quejado del nivel de juego. Uno de los críticos más contundentes ha sido Bob Ryan, que publicó en el ‘Boston Globe’ una columna titulada “It has to get better than this”, donde venía a decir que cualquier Celtics-Lakers pasado fue mejor. Fue Patrick Cassidy quien antes le contestó, empeñado como están en su revista ‘Dime’ en calificar la presente temporada como la mejor de la historia (“The best season ever”). Viendo a Paul Pierce (6 puntos con 2/18 en tiros de campo) en el tercer encuentro, uno estaría más de acuerdo con la opinión el primero. El encuentro acabó con 87-81 (2-1) y quizás fue uno de las pocas sombras en la trayectoria del MVP de las finales.



Cuando los Lakers ganaban por 24 puntos en el cuarto encuentro de la serie, en la mayoría de los locales de Canal Street, donde los fans de los Celtics siguen los partidos de su equipo cuando éste juega fuera de Boston, le quitaron la voz a la retransmisión de ABC/ESPN para poner música. Los comentaristas Mike Breen, Jeff Van Gundy y, sobre todo, Mark Jackson, el más charlatán de todos, se quedaron en silencio. Las camareras del ‘Hurricane’ y del ‘Four’s’ se dedicaron durante unos minutos a rellenar los vasos con sus mangueras de bebidas carbonatadas. La espectacular remontada de los Celtics devolvió todo a su normalidad. Al final, 91-97 (3-1) con 20 puntos, 7 asistencias y 4 rebotes de Paul Pierce.

La acción decisiva de Paul Pierce en el quinto partido, en cambio, no fue positiva. Con 97-95 en el marcador, el alero se dejó robar una pelota decisiva por Kobe Bryant. Sus 38 puntos, 8 asistencias y 6 rebotes se quedaron sin recompensa en el 103-98 (3-2) final. “Paul Pierce es uno de mis jugadores favoritos en la NBA”, confesó Kobe Bryant, echándole un cable al abatido jugador de los Celtics. Pese a la derrota, el caché de Pierce siguió subiendo y la ‘Athlon Sports Collectibles’, una casa especializada en recuerdos de grandes deportistas, no tardó demasiadas horas en poner a la venta en internet una fotografía firmada por el nuevo ídolo de los Celtics al precio de 149 dólares.

Antes del sexto y definitivo partido la atención la aglutinaron Patrick Roy y Scott Collins, dos de los entrenadores que formaron a Paul Pierce en el Inglewood High School. Cuando el alero estaba en su segundo año (sophomore), los técnicos le preguntaron si quería mejorar su juego antes de ir a clase. “¿Quién quiere levantarse a las 5.30 horas para ir a entrenar? Ahora no, pero entonces era un niño con sueños y quería desarrollar una ética de trabajo”, recordaba Pierce el jueves en un artículo de Jeff Zillgitt en el ‘USA Today’.

Al descanso del sexto partido las cámaras de televisión detuvieron a Paul Pierce, que se quedó en la pista respondiendo varias preguntas. Al finalizar, mientras encaminaba sólo el camino por el túnel de vestuarios, empezó a gritar como un poseso. Fue, sin duda, el primer momento en el que se sintió ganador del anillo. Su equipo vencía por 58-35 y quedaban 24 insustanciales minutos. No fue su mejor partido (17 puntos y 10 asistencias), pero sirvió para lograr el título. Los últimos minutos los vivió desde el banquillo, festejando las canastas de Kevin Garnett y Ray Allen, los otros dos puntales de “The Big Three”. Luego, empezó a abrazar uno por uno a todos sus compañeros, hasta que decidió -como manda la tradición de otros deportes americanos- vaciar el cubo de ‘Gatorade’ sobre Glenn ‘Doc’ Rivers. Un histórico 131-92 (4-2) y el MVP para Paul Pierce.

Los jóvenes que tienen menos de 22 años no habían visto nunca ganar a su equipo un anillo ya que el último databa de 1986. Es más, para muchos era más normal ver festejar en Boston un título de la selección italiana de fútbol que uno de los Celtics. No en vano, cuando ‘La Azzurra’ se impuso en el Mundial del 2006, miles de aficionados inundaron las calles de North End, el barrio conocido como ‘La pequeña Italia’.

Ahora todos correrán a comprarse el tradicional y conmemorativo “World Championship Book” por 19,95 dólares con las mejores fotografías y todas las estadísticas de la final. Miles de hinchas se lanzarán a las calles de la tranquila Boston para festejar el 17º título de la franquicia. Gracias, entre otras cosas, a Paul Pierce.

Alex Gozalbo
(Redactor independiente)

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