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Los últimos días de Rodman (y III)
Si en Los Angeles Dennis Rodman terminó despedido, en Dallas su carácter imposible acabó en apenas 35 días con el breve matrimonio formado con el controvertido Mark Cuban. Gonzalo Vázquez finaliza el retrato de aquel amargo final de carrera

  • Los últimos días de Rodman (I)

  • Los últimos días de Rodman (II)



  • Dennis Rodman vivió días agridulces en Dallas

    A principios de enero Rodman anunció su deseo de regresar a la NBA en el Tonight Show de Jay Leno. A lo largo del mes ningún equipo pretendió sus servicios.

    Para cuando los Mavericks volvían a perder a Gary Trent, Cuban ya tenía a Rodman entre ceja y ceja sin importarle demasiado que ningún otro equipo hubiese reclamado a un agente libre que perfectamente podría estar ya retirado ni que las conversaciones se vieran detenidas a finales de mes para poder acudir el Gusano a la farándula organizada en Atlanta con motivo de la Super Bowl. Rodman ganaba así tiempo. Había pedido a su agente que no firmara nada hasta que quedara claro que los Mavericks quedaban como única opción. “For me the important thing is that I really want to play for a team that can go far in the playoffs. I don’t know if it’s Dallas”. No lo era. Pero no hubo más posibles.

    Tampoco el nuevo chief texano quería un simple recambio. El equipo necesitaba algo más. Un detonante. Un golpe de efecto que reportara además atención nacional, venta de localidades y audiencia, mucha audiencia. La derrota ante Phila del 1 de febrero y los 15 rebotes de diferencia a favor de los Sixers fueron el punto y final.


    Rodman y Malone... una larga historia

    Con todo, era difícil distinguir en el capricho de Cuban la porción deportiva de la propiamente business. La primera quedaría en manos del entrenador y mánager general, Don Nelson, teóricamente conforme con los privilegios que su jefe iba a conceder al recién fichado: no entrenar con los demás ni presentarse a los partidos a la hora fijada. Desde su llegada Cuban solía cuidar de sus empleados. Pero en ningún caso al extremo de Rodman. Cuban había invertido 280 millones de dólares en aquel equipo, la cifra más alta jamás invertida por un solo pagador en una franquicia NBA. Impedido a fichar jugadores a golpe de talonario al modo europeo dispensaba para ellos los más lujosos hoteles, los mejores buffets, con comida especialmente seleccionada y proclive a los aportes de energía, así como limusinas para trasladarlos al pabellón a entrenamientos y partidos.

    A sus 59 años, veinte más que su interlocutor, Don Nelson tan sólo necesitaba conocer de primera mano el grado de compromiso de Dennis y qué poder hacer para que aquella aventura saliera bien.

    -Únicamente quiero estar solo. Que me dejen solo. Concentrarme, visualizar lo que necesito en cada partido. Entender por qué estoy aquí. Déjame tener todo eso y no tendrás ningún problema con Dennis Rodman. Dejadme ser yo.

    El mismo día de la firma, el día 3 de febrero, Rodman solicitaba un permiso. Un año atrás había hecho lo mismo: pedir un permiso de un día (para acompañar a Electra a los Grammy). Ahora solicitaba una semana para, según decía, coger el tono físico ideal. Las malas lenguas apuntaron que Dennis no quería perder la ocasión de viajar a Hawaii para asistir a la Pro Bowl. No es de extrañar que en algún lugar de la prensa nacional se ironizara:

    Cuban: “Dennis, can you help our team?”
    Rodman: “I can help your team”
    -“Can you show up for games on time?”
    -“I can show up for games on time”.
    -“Finally, can you comport yourself in a way that will not bring further embarrassment or harm to the organization?”
    -“I can show up for games on time”.

    Rodman debería estar presente en el partido que los Mavs disputarían ante Seattle el día 9. Y lo estuvo. Diez meses después y un solo entrenamiento a sus espaldas Rodman volvía a vestir de corto y volvía a ser el mismo de siempre. Motivado, intrépido y peleón, hizo lo posible por enardecer al público y los suyos tratando de acercar al equipo a la victoria. Pero aquella fue la noche de un jovencito llamado Rashard Lewis, cuyos 30 puntos y 12 rebotes le hicieron guardar el balón y entregárselo a su madre, presente en el pabellón, un pabellón que había registrado el segundo mayor aforo en la historia de la franquicia; un partido que para regocijo de Cuban fue el más visto en la cadena Fox Sports Net Southwest desde 1994. Bajo una discreción atípica Rodman (13 rebotes en 32 minutos) lamentó la derrota replicando a los periodistas: “Se trata del equipo, no de mí”. El equipo había perdido (106-117) la oportunidad de sellar un bonito estreno. Pero el hipnótico ardor del pabellón hacía pensar en una nueva era en Dallas a la que el speaker ponía voz bajo nuevas instrucciones: “The more noise you make, the more fun you have!”.

    Al término aguardaba a Rodman la ESPN y un jugoso tete-a-tete con Craig Sager, cuya entrevista no fue sino un interrogatorio público difícilmente pertinente hacia un jugador que no fuera él. Pero Dennis se sintió cómodo. Tenía que estarlo aclarando el porqué de aquel destino, un destino desconocido en su carrera. Nunca había llegado a un equipo perdedor. Los Mavs sumaban entonces un desolador 20-28 pero Rodman parecía reconocer en aquel grupo la necesaria dosis de juventud y talento a la que él, con aire llamativamente sencillo, pretendía contribuir. Ceballos, Nowitzki, Finley o Nash eran la base de un grupo esperanzador a medio plazo. Haberse criado en los duros suburbios de Oak Cliff, allá en Dallas, ya no era un obstáculo mentalmente insalvable. “Hace siete años dije que nunca jugaría aquí. Conozco a mucha gente y hay demasiada distracción para mí”. Precisamente las distracciones fueron el hilo conductor de los siguientes minutos, minutos de tono acusador. “Creo que he madurado lo suficiente y puedo cuidar de mis negocios. (...) He estado filmando películas, anuncios, y participando en fiestas. He estado viviendo la vida. (...) Lo que yo haga fuera de la pista no le concierne a nadie. (...) Creo que soy uno de los jugadores más inteligentes que jamás hayan jugado. (...) Soy uno de esos pocos sujetos capaces de llenar un estadio por sí solo, como una estrella de rock. (...) Vuelvo por la gente. Tan sólo por ella y por dar a la gente lo que quiere. (...) ¿Que si entrenaré y no llegaré tarde? Por supuesto. Estaré aquí todos los días bien pronto. Trabajaré duro y no escucharás nada malo sobre mí”.

    -Pero ¿estás preparado para concentrarte el resto del año en el baloncesto?
    -No.

    Con ello Rodman subrayaba una vez más la sagrada relevancia de su vida privada, abriendo una profunda distinción entre ella y su rendimiento como jugador profesional de baloncesto. Dennis volvía a reiterar a cualquier técnico del mundo que nada ni nadie tenía derecho a interferir en lo que hiciera con su vida siempre y cuando sus objetivos como jugador estuvieran cumpliéndose. Especialmente jugosa resultó su explicación de lo ocurrido un año antes en Los Angeles. “Allí no hubo nadie lo bastante hombre para decirme: ‘Mira, Dennis, haces cosas a las que no estamos acostumbrados y necesitamos que dejes de hacerlas’. No. Se valieron de una excusa y una mentira como decir: ‘Te faltan las medias y las zapatillas’”. Volvía a subrayar que ningún entrenador debería darle órdenes a esas alturas de carrera. “Si Phil Jackson hubiese estado allí nada de aquello habría sucedido”. Rodman seguía reconociéndose como un tipo autosuficiente lo bastante conocido como para saber qué se podía esperar de él sin imposiciones del tipo “Haz esto, haz lo otro”. No solamente era un reconocimiento a la libertaria serenidad de Jackson. También un mensaje a Nelson sobre cómo tratarle para evitar problemas.

    Tan sólo cuatro días después de la entrevista Rodman ya recibía oposición. David Stern comunicaba públicamente que el nuevo jugador de los Mavericks tendría que abandonar la mansión que le había concedido Mark Cuban y cuyo alquiler, de 3 mil dólares al mes, corría a cargo del propietario. Rodman estaba cobrando el mínimo pero a ojos de la liga aquel acuerdo violaba las regulaciones salariales. “Esa clase de arreglos están prohibidos –aseguraba la mano derecha de Stern, Russ Granik–, así que Mr. Rodman tendrá que salir de allí”.


    Dennis Rodman, un jugador siempre conflictivo

    Enseguida Dennis se iba a llevar su segundo varapalo. Los Bucks llegaban a Dallas y Rodman prometió dar al público su primera victoria. El partido fue todo lo disputado que cabía esperar hasta que a 7:13 del término y los Mavs cuatro abajo (89-85), Rodman protestó una acción defensiva rival como ilegal. La aparente insistencia irritó al colegiado Ken Mauer hasta hacer sonar el silbato con una técnica. Curiosamente Mauer le había castigado un año antes con otra en el mismo escenario pero con la víctima de azul. Rodman reaccionó con una sentada sobre la pista en señal de protesta, lo que motivó una segunda técnica, esta vez de David Jones, y la automática expulsión del jugador ante la sorpresa general y los abucheos del público. Un enfurecido Cuban abandonó su posición tras el banquillo texano en dirección al túnel de vestuarios dedicando a grito limpio tal cantidad de lindezas a Jones que las cámaras recogieron del árbitro un escueto pero nítido: “Mejor mírese usted mismo”. Sin Rodman (6 puntos, 16 rebotes, 4 asistencias) el partido terminó para los Mavericks, que cedieron tres triples de Glenn Robinson, un 23-14 en contra y la victoria a los Bucks (112-99).

    Al término todos los micrófonos corrieron a rodear a un Rodman visiblemente frustrado. “Siempre me buscan. Nada ha cambiado. Ni siquiera dije nada. Sólo fueron a por mí”. Nelson defendió serenamente a su jugador alegando que, en efecto, los árbitros habían escamoteado una defensa ilegal de los Bucks así como que jamás cargaría contra uno de sus jugadores que hubiese sido expulsado. “Hace poco me pasó a mí mismo”. Strickland y Finley también salieron en apoyo de Rodman. Sostuvieron que en la segunda mitad los Bucks cargaron todo el juego físico sobre él con fuertes agarrones a la camiseta todos ellos a salvo de falta. No pocos vieron a Rodman probando así su propia medicina. Su equipo había perdido los dos partidos en los que había participado cuando venían de ganar siete de los últimos ocho en la mejor racha texana de la temporada. Lo peor de aquella noche estaba por llegar. Embravuconado Rodman se convenció una vez más del culpable de sus penurias. Desafió a David Stern a una pelea a puñetazo limpio para dirimir diferencias.

    Al día siguiente la NBA hacía pública su sanción: un partido de suspensión y 10 mil dólares de multa. El portavoz de la liga, Chris Brienza, subrayó que la sanción no tenía nada que ver con las declaraciones desafiantes del inculpado, sino con el abuso verbal contra los árbitros y el visible retraso en abandonar la pista tras ser expulsado.

    Rodman se perdió el partido contra los Pistons. Dallas se llevó la victoria por 106 a 97.

    Regresó el día 21 en la visita del equipo a Toronto. Sus 16 rebotes y una defensa interior impecable contribuyeron decisivamente a la victoria texana (100-96). “Esto no es nada hasta que me ponga en forma. Este cuerpo de 38 años necesita un par de semanas para lograrlo”. Viéndole jugar costaba creer sus palabras cuando apenas había diferencia entre el Rodman de rojo, de amarillo o ahora de azul. “Tiene un talento enorme y es una auténtica exhibición al rebote. Es capaz de intimidar y meter a todos los rivales en problemas. Sólo espero que siga haciéndolo”. A 22 segundos del final Rodman fue expulsado por faltas ante uno de aquellos sonoros abucheos que tanto adoraba.

    Al día siguiente los Mavs caían en Indiana por la mínima (94-93) y ni siquiera los 23 puntos de Nowitzki y los 18 rebotes de Rodman pudieron poner fin a la racha de 20 victorias seguidas de los Pacers como locales.

    De regreso a casa Utah era el siguiente rival. Al poco de la reanudación Rodman fue castigado con una técnica por un empujón a John Stockton. Ni un minuto después otro viejo amigo, Karl Malone, entró en “juegos” con él intuyendo que llevaba las de ganar a la hora del juicio. La primera enganchada entre ambos dio con una falta doble. Pero a cuatro minutos del término, en una transición a media pista en la que Rodman hacía de sombra, los dos fueron otra vez juntos al suelo dejando Malone que su generoso peso cayera a plomo sobre el cuerpo del Gusano, que reaccionó como gustaba: con una pequeña burla simpática que reflejaba la veterana complicidad entre ambos tras mil batallas de corto. Los árbitros no lo estimaron así y Rodman fue objeto de la vigésimo cuarta expulsión de su carrera. Cabizbajo el expulsado volvió a tomarse su tiempo en abandonar la pista e incluso uno de los médicos del equipo protagonizó una refriega con uno de los muchos espectadores que, a la entrada del túnel de vestuarios, codiciaban la camiseta de Rodman, algo que para entonces se había convertido en un hábito.

    En los vestuarios otra vez las cámaras y micrófonos concentrarían su atención en un solo protagonista. “Los árbitros tienen que entender que la gente no está aquí para verles a ellos. Sólo trato de ayudar a mi equipo a ganar. Pero no puedo hacerlo si soy expulsado. Es injusto”. Su compañero Erick Strickland aludió directamente a su mala fama como propiciatoria de la carga arbitral. “Está justificamente frustrado”. Nelson reiteró que no podía culpar a Rodman por aquellas expulsiones. Pero Cuban fue como de costumbre menos prudente: “Es una vergüenza que los árbitros decidan así nuestros partidos. Y puedes señalar esto –subrayaba al cronista del Morning News–. El arbitraje del ‘star system’ debería haberse largado junto a Michael Jordan”.


    Rodman, genio y figura: sentada en modo de protesta

    La sanción no se hizo esperar. A los 10 mil de la semana anterior se sumaban ahora otros 3 mil quinientos dólares. “Bah, debería retirarme”. Rodman no acudió al entrenamiento de aquel viernes alegando espasmos en la espalda. El equipo indicó que posiblemente no jugaría el sábado ante Denver. Pero Rodman sí lo hizo. Recibió su técnica de rigor por protestar una falta y volvió a ser expulsado, esta vez por faltas, a 4:33 del final (91-85). Sin Rodman (6 + 14) los Mavericks flaquearon a tal punto en defensa y rebote que sólo un fallo en la bocina de Bryant Stith evitó la prórroga (98-96).

    La victoria en Boston (100-108) suponía la paz deportiva desde la llegada de Dennis al equipo (4-4) además de otro episodio de consagración a cargo del joven alemán Dirk Nowitzki (26 puntos y dos triples decisivos). Rodman disputó un total de 40 minutos y aportó las cifras a las que parecía eternamente abocado (4 puntos, 16 rebotes, 3 asistencias).

    Aquella fue una noche de paz. Tal vez la última.

    Los Mavericks caían en Philadelphia y volverían a hacerlo, esta vez en casa, ante New Jersey (103-102) con una canasta sobre la bocina de un jovencísimo Keith Van Horn marcado por un Rodman que alcanzó los 21 rebotes. Los Nets venían de perder 16 de los últimos 22 partidos.

    Si febrero terminó con mal pie marzo no comenzó mejor. Rodman recibió un doble aviso de los tribunales. Debería comparecer el día 3 de abril por haber sido detenido conduciendo borracho. El incidente había tenido lugar el 22 de diciembre cuando la policía de Las Vegas sorprendió a Rodman conduciendo con un índice de alcohol en sangre doble al permitido. “Sólo había tomado un par de cervezas”. No era el único juicio al que debería hacer frente. El 27 de marzo Connie Wilcox, una camarera del hotel Hilton de Las Vegas, le aguardaba en los tribunales para llevar adelante una demanda por tocamientos durante una fiesta celebrada en abril del 98. Wilcox aseguraba que bien entrada la noche el acusado, visiblemente ebrio, siguió sus pasos hasta las cocinas del hotel, donde fue zarandeada y tocada contra su voluntad (la denuncia aludía a sus pechos). La prensa no ocultó ambas demandas.

    Aquella primera semana los Mavericks cayeron en Phoenix, Sacramento (expulsado) y Seattle. La derrota ante los Sonics, la quinta consecutiva y con Nelson Jr. en el banquillo debido a la fiebre de Don Nelson, fue la más dura de digerir (101-86). Lo fue para todos. Pero Rodman la hizo suya como ninguna otra. Se había mostrado extremadamente serio durante todo el partido. Como reflejaba la ESPN: “Rodman was a perfect gentleman: no technical fouls, no antics”. Y así fue hasta que a 1:42 dispuso de dos tiros libres, momento en que el rugido del pabellón toco techo ante los gestos de Rodman de que era insuficiente. Anotó los dos. Aquella noche Rodman dejó a su par, Vin Baker, en un rotundo 2 de 12. Pero la tensión defensiva del resto había vuelto a brillar por su ausencia. Al término del partido un único miembro de la plantilla texana estalló. “Parece que nadie quiera luchar a ambos lados de pista. (…) Si no quieren hacer el trabajo, no hay nada que yo pueda hacer. Este equipo necesita un pívot reserva, un pívot titular, un alapívot de verdad y un par de bases (...) Por encima de todo necesitamos veteranos con capacidad de liderazgo. Si no llegan este equipo está condenado a seguir en el fondo”. Pero al cabo terminó concentrando sus iras en una sola figura. Y esta vez no llevaba silbato ni dirigía la liga. “Mark Cuban quiere ganar. Pero hablamos de un propietario. No de un jugador. No necesita estar colgado de los jugadores como si fuera el entrenador o algo así. Es como Jerry Jones. Algo estúpido. Y por una cosa así los Cowboys se fueron a pique. Debería limitarse a ser un propietario, estar en su sitio y dejar a los demás conducir a este equipo por el camino adecuado”.


    Rodman dialoga con un colegiado

    Aquellas serían sus últimas palabras como jugador profesional de la NBA.

    Dos días después, el 9 de marzo, la página web de los Mavericks anunciaba el despido fulminante del Gusano. “Sus declaraciones no tienen nada que ver con esto –matizaba enérgicamente Cuban–. Simplemente estamos hartos de perder”. Como mánager general Don Nelson hubo de salir también a la palestra con su acostumbrada moderación. “Me alegra haberle conocido como persona y haberle entrenado. Vino para ayudarnos a alcanzar los playoffs, lo que obviamente no ha ocurrido. Creo que lo mejor para nosotros es proseguir ahora con los jugadores más jóvenes hasta final de temporada”.

    Como ocurriera en Los Angeles (Link) nadie habló con Rodman, que volvía así a ver frustrado su pueril deseo de quedar desnudo en su último partido de carrera cuando curiosamente se sentía más desnudo que nunca.

    Sin el despedido los Mavericks fueron inmediatamente apalizados en casa por los Timberwolves (79-100), que dominaron el rebote a placer.

    Rodman desapareció para siempre de la NBA. Volvió a sus cosas de siempre y su nombre no faltó a multitud de escenas de pantalla de segunda y tercera fila. Desde las más calientes (Link) a las más arriesgadas (Link). Y tan sólo en octubre de 2003 su agente entonces, Darren Prince, anunció una posibilidad real de regreso. Kiki Vandeweghe había sido asistente de los jugadores durante el periplo de Rodman en Dallas y ahora en Denver, como mánager general, había recibido una propuesta de probar a Rodman que debería consultar con su cuerpo técnico, del que formaba parte un antiquísimo compañero de juego del Gusano, Adrian Dantley. Un joven recién llegado al equipo se mostró abiertamente a favor. “We’d love Dennis –diría Carmelo Anthony–. We know how hard he would work”. En Internet el 74 por ciento de los aficionados de Colorado votaron a favor de su fichaje. Jeff Bzdelik, el técnico del equipo, tenía sin embargo sus reservas. “Me considero una persona abierta, pero 42 años…”. Finalmente nada llegó a buen término. Al parecer el joven georgiano de 20 años Nikoloz Tskitishvili podría ver cortada su progresión por el minutaje de Rodman.

    El legado histórico de Dennis Keith Rodman escapa a la intención de esta simple cronología. Es posible que hayan de pasar décadas antes de comprender qué significó realmente su nombre al Baloncesto. Dónde ubicar exactamente su legado. Pero no es necesaria la perspectiva del tiempo para reflejar uno de los rasgos más sobresalientes de su figura histórica. El perfil propiamente deportivo de D. R. no conoció jamás el declive. Únicamente su deficiente integración en la disciplina universal de empresa pudo poner fin a su carrera.

    “It’ll be a miracle if he lives past 50” (Phil Jackson)

  • Los últimos días de Rodman (I)

  • Los últimos días de Rodman (II)
  • Gonzalo Vázquez
    @GVazquezNY

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