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Derrick Rose, bajo el estigma del número 1
Los nombres de John Lucas, Magic Johnson y Allen Iverson se cruzan en la trayectoria de Derrick Rose en su llegada a la NBA. Bases de opuestos estilos con algo en común: todos ellos fueron elegidos con el número 1 del draft. Ahora el joven Derrick llama a la puerta en una travesía que se antoja dura y complicada y que repasamos de la mano de David Sardinero


Derrick Rose ya siente la presión del número 1... antes de saltar a la cancha (Foto EFE)

El pasado 26 de junio la historia de los Chicago Bulls comenzó a señalar con el dedo índice a un joven jugador, nativo del propio estado de Illinois, marcado a cambiar el rumbo de una franquicia que ansía recuperar la gloria de antaño. Varios días antes la fortuna había sonreído al conjunto de Chicago, al que literalmente le tocó la lotería en el sorteo que se realiza previamente al Draft, y donde los Bulls vieron como, con tan sólo un 1,7 por ciento de posibilidades, la diosa fortuna les regalaba una oportunidad única para volver a la élite de la liga.

A partir de ahí, la pelota estaba en el tejado de los Bulls y, automáticamente, dos nombres salieron a la palestra como obligadas elecciones en un draft que, a priori, carecía de gigantes como Greg Oden o Kevin Durant. Por un lado, el espectacular Michael Beasley, un portento anotador de la universidad de Kansas State que había asaltado con violencia los records de anotación y rebotes de la liga universitaria para jugadores de primer año, en unas cifras reservadas a estrellas del nivel de Carmelo Anthony o Kevin Durant. El conjunto de Chicago llevaba varios años careciendo de anotación en la pintura, algo que no se había resuelto con la llegada, vía draft, de proyectos de jugadores interiores como Tyrus Thomas o Joakim Noah; una carencia que con la llegada de Beasley parecería resuelta. La elección, por tanto, cobraba sentido. Un número 1 como Beasley sería una apuesta sobre seguro, un jugador interior, con enorme potencial y que cubría las necesidades del equipo.

Sin embargo, los Bulls miraban hacia otro lado, y en ese lado esperaba un tal Derrick Rose. Hasta el día del Draft la posición de base en los Bulls estaba reservada para Kirk Hinrich, Chris Duhon y Ben Gordon, un puesto que parecía cubierto con 3 jugadores que, pese a las dudas que han generado durante su estancia en Chicago, han demostrado sobradamente su calidad en la liga. La opción, por tanto, consistía en elegir, con el número 1 del Draft, a un jugador de 20 años, con tan sólo 1 de experiencia en el baloncesto universitario, y que ocupaba una posición que tradicionalmente se ha reservado a jugadores experimentados y que, en el caso de los Bulls, tenía varios dueños. En 1996, un pequeño guard extremadamente explosivo y anotador que respondía al nombre de Allen Iverson fue seleccionado con el número 1 del Draft por los Sixers de Philadelphia. Desde entonces, ningún equipo se había atrevido a seleccionar a un base con el primer puesto del Draft. Doce años han pasado en los que jugadores como Deron Williams o Chris Paul han revolucionado a sus franquicias tras ser elegidos por detrás de hombres altos como Andrew Bogut, siguiendo la tendencia habitual del Draft de perseguir centímetros por encima, en muchas ocasiones, del talento. Y más aún hay que remontarse para encontrar otros bases elegidos en el primer puesto del Draft, tanto como hasta llegar a 1979, cuando los Lakers seleccionaron a Magic Jonson con el número 1, o a 1976, cuando los Rockets se llevaron a John Lucas. Por el camino, jugadores franquicia como Jason Kidd o Gary Payton se quedaban cerca del prestigioso número 1, siendo elegidos tan sólo por detrás de Glen Robinson y Cedric Coleman. En definitiva, con tan sólo 20 años, el nombre de Derrick Rose se asocia automáticamente a varios gigantes de la historia del baloncesto.

¿Garantía de éxito? La formación de Derrick Rose ha ido encaminada hacia ello.

Protección extrema para una estrella adolescente

El base nativo del estado de Illinois, precisamente desde donde intentará hacerse un hueco en los altares de la NBA, ha visto como su juego se desarrollaba desde su infancia bajo la tutela de sus tres hermanos mayores, Dwayne, Reggie y Allan, de quien, según su madre, Derrick Rose ha aprendido buena parte de lo que sabe hacer sobre el parqué. El clan Rose es capaz de identificar las habilidades del pequeño Derrick con cada uno de sus hermanos. El lanzamiento, de sus juegos con Reggie; el manejo de balón, de Dwayne; su capacidad de salto, de Allan. Y es que los hermanos Rose han seguido muy de cerca las evoluciones del más joven de la familia. Demasiado cerca, según algunos, que vieron como cualquier intento de acercarse al joven Derrick se veía frenado de bruces por los cuidados de sus hermanos. Reggie, Dwayne y Allen se habían dado cuenta de lo que tenían entre manos.

Un proyecto de jugador impresionante nacido en una ciudad donde otras estrellas adolescentes como Ben Wilson (asesinado en 1984 cuando lideraba el equipo de Simeon, precisamente el instituto que eligió Rose) o Ronnie Fields, compañero de Kevin Garnett en Farragut cuya progresión nunca alcanzó lo esperado, vieron como sus carreras se truncaban lejos del estrellato. Los Rose eran conscientes de este aura maldita que ha rodeado a las jóvenes estrellas de la ciudad de Chicago y se lanzaron a la protección de la nueva promesa de la ciudad. Un lento proceso que parte de un hogar monoparental, en el que Brenda Rose, madre de Derrick, hacía esfuerzos por mantener a sus hijos, en un ambiente hostil, el conflictivo barrio de Englewood, en Chicago, donde un joven Rose solía jugar en la calle durante su infancia, en las canchas del Murray Park, hasta que su madre regresaba de trabajar. Un complicado lugar para empezar a destacar en el baloncesto, donde la voracidad de los agentes y las malas compañías habían arruinado la carrera de Ronnie Fields, algo que los hermanos de Rose no estaban dispuestos a permitir con Derrick.

Los tres hermanos se hicieron cargo de todo lo relacionado con Derrick, controlaron sus amistades, sus compañías, sus horarios, de un modo que, según la prensa estadounidense, algunos consideraron excesivo. Era imposible acercarse a Derrick sin el consentimiento de sus hermanos, que llegaron a crear un equipo sólo para él y algunos de sus compañeros. Agentes y universidades peleaban por llevar las riendas de la carrera de un jovencísimo jugador de Englewood y todos chocaban de bruces con su hermano Reggie Rose. Un jugador que ya en el instituto apuntaba altísimo, con una increíble velocidad capaz de superar a jugadores mucho más mayores que él desde sus primeros años en el High School, en Simeon, precisamente el instituto que lideraba el malogrado Ben Wilson.

Y así, la carrera de Derrick Rose comienza a acelerarse, vertiginosamente, al ritmo de su juego y su evolución sobre las canchas. Comienzan a llegar los reconocimientos, los premios y uno de los momentos más importantes para Derrick: su primer contacto con Michael Jordan. Curiosidades del destino, la novia de Derrick es gemela de la novia de uno de los hijos de MJ, una anécdota que provocó el encuentro de Michael con un joven Derrick Rose sin saber que el futuro de los Bulls pasaría por sus manos varios años más tarde.


Derrick Rose sigue la estela de grandes nombres como los de Iverson o Magic Johnson (Foto EFE)

One and done con sabor agridulce

Tras concluir su periplo en el High School llega el momento de decidir el college al que Rose iría. Y la elección fue Memphis, donde un John Calipari le esperaba con los brazos abiertos tras verle llorar por perder un partido de instituto, del circuito AAU, en el que Calipari se enamoró del juego del base de Chicago.

Desde el primer día, Derrick Rose tendría protagonismo en un vestuario liderado por dos jugadores también drafteados este año: Chris Douglas-Roberts y Joey Dorsey. El propio Dorsey confesaba que Derrick había llegado a la universidad “con bastante timidez y sin explotar su juego”, algo que iría cambiando a lo largo de la temporada, ya que “a medida que el curso avanzaba, Derrick pidió poder anotar más”. Los números de Rose en Memphis, al contrario que los de Beasley, no hablan por sí solos. 14,9 puntos por partido y 4,7 asistencias. El que sí define las habilidades de Rose se encuentra en el casillero de victorias, donde la universidad de Memphis sumó la friolera de 38 triunfos por tan sólo dos derrotas, una de ellas en el último partido del torneo final ante Kansas.

Precisamente allí, en la locura universitaria de marzo, llegó la explosión definitiva de Derrick Rose. Una serie de actuaciones memorables catapultaron a Rose hacia la lucha por el número 1 del Draft, en un territorio que durante todo el año tuvo un único dueño: “B-Easy”. Exhibiciones como sus 27 puntos a Michigan State, los 21 que le endosó a Texas en el Elite Eight, los 25 que consiguió en la Final Four ante la UCLA de Love, Westbrook y Collison o su gran actuación en la final ante Kansas, donde sus 18 puntos quedaron empañados por el tiro libre que falló a falta de 10.8 segundos y que dio la oportunidad a Mario Chalmers de forzar, con un triple, la prórroga para Kansas, que finalmente se harían con el triunfo. Una derrota agridulce, que a buen seguro Rose no olvidará, pero que supuso un antes y un después en su carrera. Derrick Rose, con sus espectaculares prestaciones en la fase final de la temporada había dado un puñetazo sobre la mesa. Había demostrado que estaba listo para dar un nuevo salto, que esta vez sería el definitivo.

Lo que le espera en la NBA

A estas alturas todos recordamos a Jay Williams. El base de Duke fue otra de las apuestas de los Bulls para el complicado puesto de armador del juego cuando en el 2002 le eligieron con el número 2 del Draft. Pocos meses después, un terrible accidente truncó para siempre su carrera. Ahora, desde la barrera, lanza un valioso consejo a Derrick Rose: “Aprende a andar antes que a correr”. Y es que la brutal presión a la que habitualmente se somete un número 1 del Draft -¿preguntamos a Kwame Brown?- se acentúa aún más cuando el rookie quiere asaltar la liga desde el puesto de base. Según el bueno de Jay, para Rose “será más fácil actuar en la cancha que fuera de ella”.

Pese a que el currículum de Rose no presenta grandes travesuras ni incidentes, recientemente fue cazado –y detenido- por conducir a más de 170 kilómetros por hora en una autopista de Illinois, algo que él asume como “un gran error”, y del que deberá aprender para responder a las elevadas expectativas puestas en él. Y es que, de nuevo, los Bulls apuestan por jugadores con un destacado paso por la universidad y en el roster de Chicago coincidirá con jugadores como Hinrich, Gordon, Duhon, Deng, Thomas o Noah que, al igual que él, fueron capaces de alcanzar la Final Four durante su periplo universitario.

No hay dudas de que la ilusión en Chicago es enorme. Ahora toca esperar y ver si el trabajo de Reggie, Dwayne y Allan con el pequeño Rose, las persecuciones de Brenda Rose –cinturón en mano- cuando Derrick jugaba en casa con un balón que encestaba junto a la ropa sucia y todo el esfuerzo del propio Derrick dan sus frutos en un equipo que necesita regresar a la élite. De momento, el General Manager de los Bulls, John Paxson, apunta –“Rose tiene un talento especial”- y Derrick dispara –“creo que puedo llegar y liderar el equipo”.

David Sardinero
(Redactor independiente)

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