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Raúl Pérez, un tirador de leyenda por Javier Gancedo
El Cajasol retira este jueves la camiseta de Raúl Pérez, símbolo del club durante muchos años. Javier Gancedo nos recuerda su figura con un emotivo artículo


Raúl Pérez, un tirador de fábula

Vosotros no lo sabéis, pero aunque no somos buenos amigos - no pasamos de simplemente conocidos -, llevo observando con admiración a Raúl Pérez desde que se incorporó al primer equipo. Fue al final de nuestra primera temporada en ACB, cuando el Caja San Fernando ya había salvado la categoría por obra y gracia de Dan Bingenheimer, Darrell Lockhart y José Alberto Pesquera. Quedaba jugar un último playoff con el Mayoral Maristas de Javier Imbroda para jugar o no jugar en el grupo de los grandes al año siguiente. Poca gente era consciente de su debut, sustiuyendo a otro mito cajista, Javier García, y nadie le conocía. Era el 4 de Mayo de 1990. Recuerdo estar tomando notas del partido mientras escuchaba la radio y escribir "¿Pérez? ¿quién es este Raúl Pérez?". Este jueves Raúl recibe el homenaje a toda una trayectoria deportiva y la retirada de su camiseta es justo premio a su categoría como profesional, a su calidad como uno de los mejores triplistas de la historia de este país y un tipo realmente excepcional que quiere al Cajasol como pocos.

Su debut ACB es uno de los más increíbles de la historia de la liga y es un detalle poco conocido. El Caja jugaba ese playoff con Mayoral y Raúl salía de la nada para que el equipo robase el factor cancha. No falló ningún tiro en sus dos partidos en Málaga y toda la afición se preguntaba quién era ese chaval infalible de la cantera que había hecho que por fin y tras muchas, muchas derrotas seguidas ganásemos al Maristas de Mike y Ray Smith. Raúl falló su primer tiro en la ACB debajo del aro y sin oposición. Daba igual. El Caja ganó ese playoff 3-1 y Raúl promedió 11.5 puntos en 14 de 16 tiros de dos puntos y 4 de 4 triples. No es un error tipográfico, lo había metido absolutamente todo.

Fue natural para toda la afición sevillana arropar a su nuevo ídolo, nacido en Carmona y criado baloncestísticamente en casa. Raúl se consagró un día en el mítico pabellón de Amate, el 2 de Febrero de 1991. Ese día el Caja San Fernando ganó su primer partido al Barcelona más potente que se recordaba, con Norris, Epi, Solozábal o Piculín Ortiz, 68-63. Evidentemente Lockhart y Bingenheimer - que mandó al suelo a Norris con un mate alucinante - brillaron pero no más que Raúl, que consiguió 15 puntos, ocho rebotes y cuatro robos. El niño de Carmona miraba de tú a tú a los grandes del basket español. Al año siguiente pasó de los 20 puntos varias veces y demostró que había nacido para ser un tirador de triples de verdadera élite. Recuerdo un partido que saliendo de una lesión, mantuvo él solo al Caja en una derrota ante Unicaja. Anotó 21 puntos sin fallo. Junto a él surgía otro tirador, Benito Doblado, un lebrijano que compartirá cancha con él y hasta competirá con Raúl en un concurso de triples que nadie se debe perder.

Prácticamente he crecido viendo las evoluciones de Raúl en el Caja. La llegada de Brian Jackson le dejó en un papel secundario. El club quiso ir un poco más allá y tener de rival uno de los mejores tiradores nunca vistos en ACB resultó perjudicial para él. A Raúl se le veía sin confianza, perdido en la cancha, eso sí, letal desde el 6.25. Su papel en los siguientes tres años pasó de prometedor alero capaz de comerse el mundo a especialista en el tiro de tres puntos. Por supuesto que tuvo días memorables, como todos los tiradores de primer nivel cuando estaban enrachados. Para mi gusto, la temporada 1994-95 fue la más difícil de su carrera. El equipo no ganaba, Jackson seguía jugando todo el rato y Raúl no anotó un punto en 15 de los 34 partidos que jugó. Raúl parecía apagado, sin chispa y ni siquiera podía tirar de su arma favorita.Y entonces apareció Aca Petrovic para salvar su carrera y recuperar a la estrella que llevaba dentro.

La llegada de Petrovic coincidió con la retirada de Jackson y Raúl recuperaba su puesto de titular con una consigna muy clara: o tiraba, o se iría al banquillo. Raúl captó el mensaje y volvió rápidamente for sus fueros, multiplicando casi por tres el número de intentos triples. Anotó 23 puntos en su primer partido en casa de la temporada 1995-96, donde el Caja rompió todos los esquemas para alcanzar la final ACB ante el Barcelona. Poco después jugaría su único partido oficial con la selección española, anotando 18 puntos ante Hungría el 13 de Noviembre de 1995. Aquél día todos miramos atrás con orgullo: era el primer - y hasta la fecha, único - canterano internacional en la historia del club. Las exhibiciones se sucedieron en una temporada mágica. Recuerdo un partido final de temporada regular ante el Joventut en el que Richard Scott mandaba a sus compañeros que volviesen a defender mientras los triples de Raúl aún estaban en el aire. Tal era el convencimiento de que iban a entrar.

Poco después, un triple con falta estratosférico de Raúl sentenciaba el primer partido del playoff de cuartos ante el Real Madrid. El Caja volvía a casa con la oportunidad de sentenciar la eliminatoria... y así lo hizo. Todo se decidió al final con una canasta en contrataque del propio Pérez. Él no recuerda nada de lo que pasó después de anotar. San Pablo explotó como no lo había hecho antes, diría que como nunca más lo ha hecho. No sólo el Caja había tumbado a un grande, además su jugador emblema había sido una pieza clave. Tras un año compaginando ACB con el debut del equipo en la Euroliga, y tras otra temporada sensacional en la que Raúl anotó 15 o más puntos en casi la mitad de los partidos, llegaba la sorpresa. Pequeñas diferencias económicas llevaban a Pérez al Fórum Valladolid. El Caja, que no quiso igualar la oferta pucelana, se quedaba huérfano sin su estrella local.

Lo sorprendente es que en cinco años en Valladolid, Raúl vino a Sevilla otras tantas veces con el Fórum y permaneció invicto. Su regreso a Sevilla como visitante fue al final de la temporada 1997-98 y consiguió 21 puntos ante un público que no olvidó todo lo que había hecho por el club. El caso es que el Caja San Fernando, de la mano de Imbroda, se convirtió en una máquina de ganar partidos, finalizando segundo en 1999 y siendo cuarto al final de la temporada regular en 2000. Daba igual, siempre que venía el Fórum de Raúl se volvían a Valladolid con un triunfo siempre agridulce para el de Carmona. Hizo 22 puntos en su siguiente visita, el partido más polémico que se recuerda en San Pablo, con lanzamiento de objetos masivos incluídos. Raúl perfeccionaría su tiro hasta límites insospechados en Valladolid, convirtiéndose casi en una obsesión.

Decir Raúl Pérez era decir triple. Su perfeccionismo no admite comparación alguna. En sus últimos años como jugador tenía distintas mecánicas según el sitio del campo donde tirase. Casi plano desde las esquinas, con bastante arco en diagonal al aro y cayendo con nieve desde el arco superior. Era habitual verle antes de los partidos ensayando la mecánica con un balón, tirándolo al aire, y también tras los entrenamientos, perfeccionando detalles casi invisibles para el ojo de un aficionado normal. Había un detalle que era mi favorito. Si Raúl tenía tiempo de sacudir un poco el balón antes de lanzar, su porcentaje subía exponencialmente hasta convertirse en prácticamente infalible. Era un gesto instintivo, mecánico, repetido hasta la saciedad. Algo que solo tienen los grandes tiradores, los maniáticos del triple.

Pese a ser feliz, respetado y querido en Valladolid, Raúl decidió volver a Sevilla para finalizar su carrera ACB. Pese a contar con 34 años, Raúl demuestra su calidad y hace una temporada 2002-03 impecable, ayudando en el rebote defensivo como nunca, luchando por cada balón y cómo no, clavando triples - 69/141, casi un 50% - desde todos los ángulos. Cumplió su viejo sueño de ganar el concurso de triples ACB. El año anterior había perdido en el último balón de la final contra Jacobo Odriozola y llegaba a la misma situación, pero al contrario que en 2002, él tiraba el último. Enchufó el último balón para hacerse con el título casi de forma dramática.

Su estrella como jugador ACB se fue apagando lentamente, con exhibiciones aisladas y memorable sesiones de entrenamiento contra otro tirador de élite, Donatas Slanina. Su rendimiento fue decreciendo año tras año, llegando a ser prácticamente testimonial en la temporada 2005-06. Rául salió del club por la puerta de atrás, sin hacer ruido, para finalizar su carrera en el CB Villa de Los Barrios de LEB Oro. Allí pudo disfrutar del baloncesto - y el baloncesto de él - por última vez. Los trámites para retirar su número 9 ya se habían iniciado hace años y han cristalizado con un completísimo homenaje que tendrá lugar este jueves. La práctica totalidad de la familia del baloncesto en Sevilla rinde pleitesía al que ha sido su mejor exponente, un tipo humilde, sencillo, trabajador y de conversación fácil que se ha ganado a todo el mundo siendo él mismo.

El hecho de que su número 9 colgará del pabellón de San Pablo no hace más que completar un círculo maravilloso porque de allí, del mismísimo techo, parecían caer sus triples. El futuro de Raúl irá ligado al del club, y es que viéndolo desde dentro y tras verle crecer, madurar y triunfar, no podría ser de otra forma. Raúl Pérez Ramos es un símbolo, un mito y desde este jueves, una leyenda.

Javier Gancedo
(Redactor profesional de Euroleague.net, realiza colaboraciones para ACB.COM)

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