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Perfumerías Avenida: familia numerosa
Salamanca es especial. De la mano de Roc Massaguer, testigo del partidazo contra el Ciudad Ros Casares, nos acercamos al fenómeno del Perfumerías Avenida, una excepción dentro de la Liga Femenina, una familia numerosa


Las jugadoras del Perfumerías Avenida forman una piña (Foto Roc Massaguer)

  • FotoClick: El partido, en imágenes

  • El blog de Sílvia Domínguez


  • Redacción, 1 nov. 2008.- "Tú eres la del Perfumerías, la número seis, no?". Un hombre mayor reconoce a Sílvia Domínguez saliendo de su casa, en el centro de Salamanca. Lo que puede parecer habitual en muchos otros deportes o en el propio baloncesto masculino, no suele suceder en el femenino. Pero Salamanca es una excepción.

    En el restaurante, en la panadería, los taxistas, en el bus... todo el mundo está al corriente de "cómo les va a las chicas" y preguntan con tanto interés como preocupación por las últimas derrotas (tres consecutivas antes del partido del Ros Casares). "A ver si hoy (contra el Ros) ganamos, eh?", dicen con una media sonrisa que también suena a reprimenda; a la reprimenda que le daría una madre a una hija, o un hermano a su sobrina. Eso es lo habitual en Salamanca, donde el Perfumerías Avenida es el centro de atención deportivo pero también es como una familia. Numerosa, eso sí.

    "El año pasado vivía en la calle más transitada del centro, como el resto de mis compañeras, y a veces era imposible ir a ninguna parte sin tener que pararte a saludar, a firmar autógrafos o a ser fotografiadas", explica la joven base internacional del equipo de José Ignacio Hernández. Ni siquiera las ex jugadoras pueden estar tranquilas: "¡Casi no pude ver el partido! ¡Se pasaron todo el rato viniéndome a saludar!", dice sorprendida la imperturbable Tracy Reid, que el año pasado jugó en Salamanca y que éste lo hace en Olesa. "Acudí a ver el partido y todo el mundo se acordaba de mí con mucho cariño", concluye.


    Los aficionados del Perfumerías abarcan todas las edades (Foto Roc Massaguer)

    Es un ambiente muy especial que convierte a Salamanca en una plaza única dentro de la Liga Femenina. Una familia multitudinaria, una familia bien organizada que se reúne cada 15 días en Würzburg, el nombre del entrañable pabellón que Le'coe Willingham, ala-pívot americana del equipo, define sin dudarlo como "el mejor en el que he jugado jamás".

    Tanto los rivales como los nativos están de acuerdo en que algo especial sucede cuando el Perfumerías Avenida se pone en marcha. Carme Lluveras, general manager del Ciudad Ros Casares expone que "tienen una afición muy fiel. Llenan el pabellón en todos los partidos y eso hace que sea muy atractivo para los otros equipos venir a jugar aquí". Aunque el UD Salamanca es líder de la Liga Adelante (2ª División) de fútbol, la atención mediática se centra siempre en las chicas. Según Lluveras "el hecho de que no haya muchos otros espectáculos deportivos de primer nivel y el gran papel que el Perfumerías está haciendo en España y Europa durante los últimos años, facilita que los aficionados se vuelquen en las chicas y las conviertan en un referente de la ciudad."


    El Pabellón Würzburg se tiñió de azul (Foto Roc Massaguer)

    Uno de los símbolos de este Perfumerías Avenida es Isa Sánchez, escolta internacional que por su carácter y entrega se ha convertido en una de las favoritas de los aficionados. Una inoportuna lesión en el dedo le impide medirse al Ros Casares, pero se revuelve y se levanta en el banquillo y anima como una seguidora más. Ella también sabe lo que es jugar aquí como visitante: "todo el mundo se da cuenta de que esta afición es especial. No sólo lo sabemos las que jugamos aquí, ya que cuando jugaba en contra también pensaba lo mismo. Esta afición es la número una en toda España: el pabellón lleno cada semana, la gente nos reconoce por la calle... esto dice mucho del baloncesto femenino en Salamanca".

    Los resultados son importantes para que la gente se enganche al equipo, pero también lo es el carácter: "siempre damos todo en la cancha y somos todo garra; la gente lo admira y se identifica más fácilmente con nosotras", afirma Isa. "Hay mucha gente joven que empieza a jugar a baloncesto y sueñan con ser una jugadora de este equipo; ojalá en un futuro puedan ser la nueva Isa Sánchez o quien sea de nosotras", expone segundos después de firmar autógrafos a un grupo de niños y niñas que no paran de gritar durante todo el partido y que exprimen sus móviles para no perder detalle.

    El directivo y gerente Carlos Méndez afirma con orgullo que “ésta es una afición especial. Día tras día llenan un pabellón de 3.000 localidades, hemos tenido que cerrar la taquilla dos días antes porque ya no quedaban entradas... Y luego algo que no es muy habitual: si juegan en León, se desplazan 2.000 personas, hay una final en Valencia y van otas 2.000 personas... Creo que es un ejemplo a seguir en el baloncesto femenino español".


    Los miembros de la peña La Ranita son los más ruidosos del pabellón (Foto Roc Massaguer)

    Un ejemplo perfecto del vínculo entre club y afición son las numerosas peñas que llenan Würzburg, peñas cono La Ranita, formada por 125 aficionados, la inmensa mayoría de ellos abonados, que siguen al equipo allí donde vaya. “Vamos a todos los desplazamientos exceptuando las islas, Barcelona (Olesa) y a Valencia no vamos siempre, sólo de vez en cuanto”, expone su portavoz.

    Desde dentro se vive la afición de forma algo diferente: “Quizás aquí lo vivimos de diferente manera, quizás porque aquí no hay baloncesto masculino, se lleva muchísimos años trabajando con una cantera que funciona perfectamente...” Una de las claves es que se ha formado una base, una estructura que está promoviendo todo este movimiento. Hace 14 años éramos 200 en total; desde entonces hemos ido aumentando pero sin dejar de ser una familia”.

    ¿La mejor afición de España? ¿El mejor equipo? Si algún día hay que demostrarlo es contra el omnipotente Ros Casares. “Es un partido especial por el rival... pero cada sábado hay los mismos espectadores, el mismo ambiente. Hay cierto pique... pero tenemos claro que hay cosas que con dinero no se pueden comprar, como la afición, por ejemplo. Y en eso, como en Salamanca, en ninguna parte”.


    Sílvia Domínguez y su juego rápido fue una de las claves de la victoria (Foto Roc Massaguer)

    Méndez añade que “la implicación viene de hace tiempo. Salamanca lleva 16 años en la élite, es un club que se formó con la cantera, con una masa social de 400 niñas... También es verdad que han acompañado los éxitos deportivos, saber promocionar la ciudad... Salamanca y baloncesto femenino son dos conceptos que van unidos para siempre”.

    Y como clave del éxito recomienda “hacer muchas campañas de promoción con las jugadoras, que van a los colegios, viajan por la provincia, hacemos campus de baloncesto... Hay que resultar asequibles para los ciudadanos, que nuestros paisanos vean que las jugadoras defienden el nombre de la ciudad por toda España y por Europa”. Seguir siendo una familia, en definitiva.

    El partido soñado: Y si hubieran metido el mate...

    Cierto es que la atmosfera para un gran partido estaba creada, pero la chispa necesaria acudió a la cita para redondear 40 minutos de ensueño. Las locales jugaron como nunca, con una Petra Stampalija espectacular y dominando un juego interior en el que De Souza sigue siendo la reina.


    La compenetración entre público y equipo fue total (Foto Roc Massaguer)

    Muchos puntos, contraataques, triples, alternativas, piques, polémica arbitral... ¡hasta un mate! Bueno, un intento. Fue Michelle Snow, famosa en Estados Unidos por ser capaz de machacar a dos manos, quien se quedó sola en el campo de ataque y ensayó un salto increíble para hundirla ante la sorpresa del público. Falló por muy poco en un momento clave (su equipo sólo ganaba por cuatro puntos), pero el mero intento añadió una energía extra a los aficionados y al equipo: podemos desafiar al campeón, hoy puede pasar cualquier cosa, parecían pensar.

    No hubo mate, pero sí un festival de puntos (177 en total), una exhibición de las grandes estrellas (Valdemoro, Palau, De Souza, Willingham...) Todo para acabar en un triunfo local (91-86) balsámico mucho más simbólico de lo que pueda parecer. El orgullo recobrado, la satisfacción de que el apoyo incansable había dado sus frutos y el placer de vencer al eterno rival flotaban en el ambiente.

    Le'coe Willingham se sinceraba, extasiada: “ellos son increíbles, puedes sentir su energía durante todo el partido, como una ayuda extra. Son los mejores. El público ha sido una de las claves del partido, nunca han dejado que se acabara la energía y nosotros los hemos notado en todo momento”.


    Ana Montañana estira concentrada (Foto Roc Massaguer)

    El agridulce retorno de Montañana

    El partido fue especial para todos, pero más aún para Ana Montañana, situada en el centro del huracán emocional, por su pasado salmantino (jugó allí las dos últimas temporadas hasta que decidió volver a su tierra, a Valencia).

    "Fue muy intenso ver que aplauden al otro equipo, recordar todos los momentos... También fue chocante entrar en el otro vestuario... Pero entiendo que hubiera gente que me pitara y otros que me aplaudieran; no todo el mundo puede pensar lo mismo. Después del partido todos me mostraron su cariño y la verdad es que salí contenta, a pesar de la derrota". No se puede explicar mejor.

    Montañana conoce de primera mano aquello que hace especial al público salmantino y no duda en afirmar que está entre los cinco mejores públicos de Europa, sin duda". La razón es que "lo viven de una manera super apasionada. Su hobby aparte del trabajo es el baloncesto". Y su esfuerzo y entrega no es balde ya que "elevan el juego del equipo un 50% por encima de lo que juegan fuera de casa".

    Las jugadoras en Salamanca viven en el centro y eso las hace más accesibles ("allí hay mucha vida en la calle, la gente camina mucho"), además de que los medios locales siguen con interés e intensidad su actividad: "Todo el mundo está pendiente del equipo a través de los medios. La verdad es que te sentías más especial de lo que te sientes en otros sitios".

    ¿Y en Valencia? Porque estamos hablando del Ciudad Ros Casares, el equipo que reúne a las mejores jugadoras de España. "Pues después de la Olimpiada la gente te reconoce más de lo normal, pero es que yo vivo en el mismo barrio en el que crecí, así que es lógico que también me reconozcan más".


    El Búho, mascota salmantina, anima a los suyos (Foto Roc Massaguer)

    Una afición entregada

    El Ciudad Ros Casares pidió protección policial para el partido entre ambos conjuntos. El equipo valenciano argumentaba que la temporada pasada hubo altercados a su llegada al pabellón y quiere evitar problemas. Sin embargo, es sólo una gota más en un vaso de hostilidad entre ambos equipos que va llenándose poco a poco. La gran rivalidad se traduce en esta ocasión en reproches de todo tipo que hacen de todo menos calmar los ánimos.

    Sin embargo, no pasó nada. Cuando el Ros Casares llegó al pabellón, había no más de diez aficionados esperándolas... para pedirles autógrafos. Y sin policía. Eso sí, dentro de la cancha, no se perdona ni una. Los espectadores dan la espalda (literalmente, se ponen de pie y se giran todos al unísono) al Ros en su presentación y silban a rabiar con la única y emotiva excepción de Montañana: algunos no le perdonan haber elegido al eterno rival, pero los aplausos acaban imponiéndose en una gradería que llenan 3.000 aficionados. Durante segundos, claro, porque a la que empieza el partido, ya forma parte del enemigo.

    Al acabar, el júbilo por la victoria lo cambia todo. El equipo que se siente inferior por presupuesto pero superior por entrega y espíritu, espera a sus jugadoras y a las rivales a la salida del pabellón. Ahora sí hay policía, pero con una presencia meramente testimonial. El ambiente en general es festivo y amistoso; sorprendentemente amistoso, diría.


    El público del pabellón Würzburg dio la espalda al Ros Casares en su presentación (Foto Roc Massaguer)

    Las jugadoras locales tardan, sin exagerar, 20 minutos en recorrer unos 50 metros entre la salida del pabellón y el parking de coches. Fotos (¡"hay un niño que se fotografía conmigo en cada partiado, debe tener como 40 fotos mías!", relata Sílvia anonadada), sonrisas, autógrafos, felicitaciones. Las visitantes también son fotografiadas, animadas ("¡Vamos, Elena (Tornikidou) que este año ganaréis la Euroliga!", dice una aficionada veterana), pero también increpadas. A los primeros aplausos irónicos se unen algunas desagradables excepciones que traspasan la barrera del respeto. Son sólo palabras, son uno o dos aficionados, pero deslucen el buen ambiente general.

    En todas partes cuecen habas, se dice, pero lo que es cierto es que a ojos de un servidor, la afición salmantina es especial, particular. Y se agradece. Y a ojos de un servidor, ese partido fue de alto voltaje pero nunca de alto riesgo porque aunque en una familia haya tensiones, la sangre nunca llega al río.

    Carme Lluveras lo resume perfectamente: "Dejando aparte los últimos años en los que el ambiente entre los dos clubes se está enrareciendo, tengo claro que lo que queremos los equipos es que la gente nos venga a ver y llene los estadios. Por eso nos encanta venir a campos como éste a jugar."

    Roc Massaguer
    @rmassaguer
    ACB.COM

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