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Boniface Ndong: Sueños desde la orilla
El pívot de Unicaja disfruta, a los 31 años, del mejor momento de su carrera, aquella que inició en su Senegal natal y que le ha llevado por Alemania, Francia, Estados Unidos y Rusia antes de llegar a una ACB donde ha deslumbrado por su humildad, talento y esfuerzo. Boniface Ndong ha visto cómo muchos de sus sueños se han cumplido, y quiere seguir haciéndolos realidad en una ciudad donde se siente muy cómodo y en la que recuerda sus raíces


Boniface Ndong es uno de los hombres más en forma de Unicaja

Aroma a Atlántico. Sonido de olas. Cayucos que anhelan un destino mejor. Arena infinita y el murmullo incesante de los pescadores que van y vienen para vender sus capturas. Mbour, Senegal. Puerto de tradición 80 kilómetros al sur de Dakar. La tierra de Boniface Ndong, las raíces de un jugador que ha llegado a la cima por su maravillosa manía de soñar y de trabajar para cumplir esos sueños.

El pívot de Unicaja, el quinto de diez hermanos, se crió al borde del mar, hoy repleto de turistas: “Me gustaba mucho, vivía en la playa. En Senegal los chicos salen de casa cada vez que quieren. Acabábamos en la escuela y nos íbamos a jugar a la playa. Nos bañábamos, pescábamos, fue una infancia espectacular y especial. No teníamos muchos lujos pero la playa lo compensaba”.

Aunque el destino de Ndong parecía más ligado al balompié que al propio baloncesto: “A mí me gustaba mucho el fútbol, por la tradición que hay donde vivo. La primera vez que toco un balón de baloncesto es con 13 años en el colegio. Me aficioné e incluso seguía la NBA, hasta que a los 16 dejé el fútbol de lado y me centré en el basket”. Sus centímetros, pese a que su padre mide 1,85 y su madre 1,79, ayudaban: “Ya era más alto que los otros, tenía talento, buenas manos sin haber entrenado mucho, saltaba bastante, cada tarde jugaba con los amigos y hasta hacía mates con 14 años”, rememora entre risas el senegalés.

Su forma de hablar suena a calma infinita, una serenidad que “Boni” cree que se debe a su paso, entre los 13 y 19 años, por un seminario. “Antes estaba un poco loco. Viniendo de donde yo lo hacía era difícil tener buenas notas. Los padres no controlan, los niños están siempre en la playa…y así es complicado. Así que ese colegio privado católico me ayudó académicamente y aprendí a vivir sin dinero. Yo ahí tenía la vida planeada. A las cinco me despertaba, tenía iglesia, escuela, trabajo, deporte... cambiaron muchas cosas en mi vida. Después de eso tenía dos objetivos: o ser jugador de baloncesto o ser periodista”.

En Dakar había una escuela de Periodismo pero Ndong, para disgusto de los lectores senegaleses y disfrute de los amantes del baloncesto, acabó enganchándose al mundo de la canasta. “Primero juego en la Universidad de la capital el campeonato nacional del país, en el que llegamos a quedar cuartos”. Su físico y meteórica progresión le hacen ver que su pasión podía convertirse en su modo de ganarse la vida, a poco que la suerte no le abandonara. “Había scouts que saben que allí hay gente grande y me comentaron el interés de centros como Louisville. El problema es que había estado dos años estudiando como para ir a esa universidad y empezar todo de nuevo”. No importaba, sus contactos allanarían el camino: “A través de un conocido de mi entrenador, hablé con el entrenador de Nowitzki y, gracias a un amigo de la embajada de Senegal, conseguí el visado en dos días. Así que me fui con 22 años a Alemania y decidí quedarme allí para trabajar con él”.


Con Haislip, forma una de las parejas interiores más temibles de la liga

De Senegal al corazón de Europa

Su primera parada fue el Rattlesdorf, de la segunda división germana. La aclimatación resultó sencilla, aunque la mayor barrera parecía el idioma. “Resultaba complicado porque no hablaba alemán y no tenía mucha práctica en inglés, aunque lo había aprendido en la escuela. Pero me adapté rápido, hice muchos amigos y, a partir de dos meses, todo parecía natural”. Su óptimo rendimiento le permitió continuar en esa categoría, vistiendo los colores del TSV Breitengrussbach en la siguiente campaña. “Cambié de conjunto por el entrenador y, nuevamente, era el extranjero del equipo, a pesar de mi poca experiencia. Ahí empecé a mejorar mucho”. Su progresión es paulatina y, en la segunda temporada (2001-02), el de Mbour promedia 19,2 y 13,2 rebotes y 2,8 tapones por partido. Toda una garantía.

Su sensación de dominio le abrió las puertas de la primera categoría y de un club ambicioso, el Bamberg. Sin embargo, su estancia resultó efímera y decepcionante. Debuta con sólo 2 puntos, juega pocos minutos en los siguientes partidos y, cuando comienza a mostrarse más regular (15,5 de eficiencia en sus dos últimos partidos), salta la noticia. “Tenía desde el verano muchos dolores en la rodilla sin saber por qué y, al final, los doctores me dijeron que tenía que operarme, por lo que terminó mi temporada en ese instante”.

Su campaña en el dique seco y sus 4,6 puntos y 4,1 rebotes de promedio en la máxima categoría germana no mancharon su expediente y, el baloncesto galo, se lanzó a por él. A punto de firmar por el Chalon, finalmente fue el Dijon el que apostó por sus servicios para la segunda parte de la temporada. A pesar de un inicio algo irregular y de perderse otra serie de encuentros, ‘Boni’ deja un excelente sabor de boca por sus últimas actuaciones en el equipo, con tres dobles-dobles que le valen que el club francés renueve su confianza por una temporada más. Y vaya si fue un acierto.

En la 2004-05 se vio al Ndong más imparable hasta la fecha. Al cuarto partido lograba 41 de valoración (35 puntos, 11 rebotes), al noveno, 52, con un espectacular 37-20. Olvidadas las lesiones, el pívot encandiló, se mostró como un ciclón imparable, lideró a su equipo y se ganó el calificativo de “la sensación senegalesa” en el país vecino. Su temporada era soberbia, sus números alcanzaban los 14,6 puntos y 8,4 rebotes de media, su nombre sonaba por toda Europa –el propio ViveMenorca le tuvo cerca– y su esplendor era absoluto, el que había deseado desde que casi quince años antes tocara por vez primera un balón de baloncesto. “En Dijon estuve muy bien y supuso una buena oportunidad para demostrar cosas, ganando la Semaine des As y haciendo amigos. El francés lo facilitaba todo”. Al finalizar la temporada, trasladó su inspiración al combinado nacional. Con los “leones” de Senegal, quedó subcampeón del Afrobasket, bordeando a nivel individual lo excelso y siendo elegido el mejor jugador del torneo.

Era su momento, el que tanto había esperado. “2005 era el mejor año, se juntó todo. Pude jugar por fin seguido tras tantas lesiones, fue una buena temporada en Dijon, acabé siendo elegido MVP en el campeonato africano, me nombraron también mejor deportista de Senegal del año y ocurrió lo de la NBA”. Sí, lo de la NBA. Aquella competición por la que se interesó desde las orillas de Mbour, en las que trasnochaba y se enfadaba incluso cuando sus estrellas anotaban sin hacer mates, llamaba a sus puertas. Si el año anterior probó en los campus de verano con los Mavericks, en esta ocasión la oportunidad la aprovechó con Denver Nuggets, recibiendo a la postre una oportunidad de Los Angeles Clippers, que acabó ofreciéndole un contrato. “La NBA era un sueño, tenía ofertas en Europa como la del Ulker, pero quería probarme en esa liga, lo intenté. Si triunfaba bien y si no me volvía a Europa y no pasaba nada”.


El buen papel de Ndong en las ligas de verano le valió una oportunidad en la NBA (Foto Martí Artigas)

Viaje de ida y vuelta a Estados Unidos

Sus expectativas no se cumplieron y su participación fue testimonial. El primer día que dispuso de más de una decena de minutos, demostró fundamentos, con 6 puntos y 6 rebotes, ya en plenas Navidades. Pero hasta los últimos encuentros, con la temporada ya agonizando, no pudo pisar con regularidad el parqué, acabando lacampaña con 152 minutos jugados, para un total de 50 puntos y 37 rebotes (2,2 y 1,6 por choque de media). Pese a ello, a Ndong ya nadie puede quitarle la experiencia vivida. “Si nunca has ido a la NBA es como algo mítico. Para mí ha dejado de de serlo, al fin y al cabo, es sólo baloncesto. Jugar es más importante que quedarse en el banquillo, aunque algunos prefieren quedarse así varios años. Yo no”. Su profesionalidad y su esfuerzo le valieron para que su equipo siguiera contando con él en la siguiente temporada, aunque la poca seguridad de minutos impulsó al senegalés a emprender otra aventura. “Me ofrecieron un contrato pero no acepté. No tenía garantías”.

Con el tiempo, sabemos que su llegada a Málaga pudo adelantarse al otoño de 2006. “Tenía interés del Unicaja pero acabó jugando Santiago. Además, la Lottomatica Roma se interesó por mí porque se iba a cortar a Moiso, aunque empezó a jugar bien y fueron prolongándole el contrato, por lo que me quedé sin poder ir a un equipo de Euroliga”. En ese instante, un conjunto del que sólo conocía su mala clasificación en el campeonato ruso se presentaba como su destino más interesante. “El Spartak de San Petersburgo estaba último cuando llegué, con una única victoria. Yo le dije a mi agente, ‘Si no sale bien, estoy muerto’. Pero sí salieron las cosas. El equipo empezó a ganar y llegamos a Playoff”. Un logro en el que influyó mucho el buen hacer de Boniface. Imparable en ambas zonas, entonado ante los grandes (31-13 al Dynamo de Moscú, otro doble doble ante un CSKA que acabó en Playoff centrándose en defenderle…) y regular como pocos, siendo el máximo reboteador de la competición (9,6 de media) y el quinto máximo anotador, con casi 15 puntos cada fin de semana. “Fue un gran riesgo ir allí… pero me compensó”.

Una recompensa en tiempo récord, que le permitió cumplir su otro gran objetivo, alcanzar la ACB. “Acabo el último partido contra el CSKA y me dicen que me voy al Unicaja. Yo ni lo sabía, voy al vestuario y veo un mensaje de mi agente diciéndome ‘mañana te vas a Málaga’. Llegué justo antes del límite de fichajes y estaba muy contento, ya que la ACB era mi otro sueño”. Ni más ni menos que el TAU esperaba, por lo que la responsabilidad era alta. Sin embargo, Ndong dio la cara, siendo uno de los mejores jugadores en la serie, en la que cayeron eliminados tras tres partidos. Brazos infinitos, enorme capacidad atlética, facilidad para taponar y rebotear, mates por doquier y buen tiro a corta y media distancia. Sus 22 de valoración (con un 14-11) ante los baskonistas despertaron la ilusión del cuadro malacitano, que veía como el teórico temporero era un acierto absoluto.


El senegalés se salió en el pasado Playoff(Foto Unicajab.fotopress)

“El Playoff fue corto pero me abrió la puerta para seguir al año siguiente”, comenta el jugador, al que el Unicaja confirmó al siguiente mes de julio su continuidad, con Scariolo comentando que la buena impresión del equipo fue tanto a nivel profesional como personal. Y es que ese es uno de los secretos de Boni. Sonrisa perpetua, amabilidad, dominio del idioma –aprendió de pequeño, hablándolo con su entrenador– e ilusión por aprender más y más. A veces, esas características encajan mejor en un vestuario y proporcionan más resultados que una rutilante estrella sin interés por integrarse.

En Málaga caló pronto. Y eso que se vio inmerso en una polémica por su condición de asimilado. Él, que comparte un amor sin límites con Svetlana, a la que conoció en su etapa alemana, viviendo con ella en Dijon, casándose en California y teniendo incluso descendencia. Mas la polémica se resolvió y el pívot respondió a lo esperado, siendo clave en la remontada ante los Grizzlies en su particular revancha a la NBA. A continuación, Ndong volvió a lucirse ante el TAU (24-11, para 31 de valoración), lo que abrió la veda a un año lleno de buenas actuaciones. Capaz de estar en el segundo plano o de liderar al conjunto según las necesidades del encuentro, llegó incluso a coquetear con el triple doble (10 puntos, 10 rebotes y 6 tapones), trasladando su acierto a Europa, donde finalizó con dobles dígitos en valoración. Su punto culmen de la temporada llegó en Playoff, donde se mostró inmenso en la serie contra el Real Madrid (¡16 puntos por choque con un 12/14 en el tiro en cuartos!) y tiró del carro, una vez más, ante el TAU Cerámica, ante el cual promedió 23 de valoración, rozando los veinte puntos en cada choque.

Se había ganado su continuidad, a pesar de que hubo equipos con enorme interés en ficharle, incluso planteándose pagar traspaso una vez firmó su renovación. Aunque él se sentía realmente cómodo en Málaga. “La organización es buena, la afición es muy grande… esto es lo más cerca que hay de la NBA”. En esta campaña, ya camino de los 32 años, su progresión no se ha detenido. Más regular en la Euroliga (14,3 val. de media) y aprovechando sus minutos en la ACB a la perfección, como demuestran los 30 de valoración obtenidos ante el CAI el pasado domingo… ¡en sólo 16 minutos!

Sus números (9,3 puntos y 4,8 de media) no son suficientes para explicar su papel en el conjunto malacitano, con un rol cada vez mejor asumido. “Me he adaptado más al estilo de Aíto, entiendo más lo que él quiere y voy encontrado mi juego. Ahora tengo más equilibrio entre lo que deseo y lo que puedo hacer”. Su “pique” en el aire con Haislip para ver quién realiza mates más espectaculares cada encuentro, su gran compenetración con Archibald e incluso sus sorprendentes triples (acredita 5 de 8 en esta campaña), son su gran aval. Sueña con un título que rozó hace semanas, con una gran actuación personal. “La Copa fue mi tercera final perdida y, a pesar de que hubo poca diferencia, la gente sólo se acuerda del ganador. El segundo no es nada”. Por ello, se marca la liga como reto más cercano. “Tengo mucha hambre. Sí, podemos ganar la liga. En Copa demostramos, estando tan igualados con el TAU, que si jugamos bien, podemos. Tenemos jugadores para hacerlo”.


Boniface Ndong, sereno durante la entrevista (Foto Diana Ruiz)

Un futuro cargado de ilusiones

Inmerso en la competición liguera, le espera un verano intenso, ya que tiene la intención de volver a vestir los colores de Senegal. “Quieren ganar la Copa África este año y están más profesionalizados al fin. Vuelve el entrenador de 2005, me llaman cada poco y casi seguro que jugaré. Hablé con Savane, Diop… y todos están locos por ir porque se decía desde allí que no queremos al país”. Un patriotismo que sí tiene y que demuestra al hablar con pasión del futuro baloncestístico de su nación. “Hay varios jugadores de futuro y van a seguir saliendo, ya que, cada verano, dos o tres dan el salto internacional”. Algo que ha provocado que algunos niños prefieran ahora el balón del baloncesto al de fútbol y que incluso hayan podido seguir desde la lejanía sus aventuras con el Unicaja en choques de Euroliga, a través de la parabólica.

Y tras el verano… ¿qué? Los grandes de Europa le siguen de cerca e incluso reconoce el interés reciente de los Wizards por su situación, si bien prefiere quedarse. “Es difícil hablar del futuro, quiero ver qué pasa. Hay que esperar que ellos decidan, aunque Málaga es mi primera opción”. Su identificación con el club y la ciudad es total, algo que, más que una trayectoria, puede marcar una vida. “Me veo viviendo en el futuro en Málaga. Pensé en Los Angeles pero ahora tengo casa aquí y es probable que nos quedemos. El clima es perfecto y está a medio camino de Alemania, donde está la familia de mi mujer, y de Senegal”. Una ciudad que le viene como anillo al dedo a un hombre que se declara un enamorado de la natación. “Es mi hobby número uno, me encanta nadar. ¡Pero aquí el agua está muy fría! Soy un hombre abierto, me gusta la playa y comer pescado. Ahora, tras cada partido, disfruto yendo a casa, descansando o leyendo. Aunque tengo poco tiempo para hacer turismo, y eso que quiero conocer Madrid y Barcelona mejor”.

Su próspero presente no le impide olvidarse de su Mbour natal, a donde regresa cada verano para ver su familia y reencontrarse con el rojo, amarillo y verde de las banderas que ondean cada pequeña barcaza que mira desafiante a la mar, esperanza o final de los que sueñan con una vida mejor. “Hay ilusión por Europa, se piensan que es sinónimo de dinero y trabajo. Pero no es el paraíso, yo les digo que no vale la pena pagar dos mil euros y arriesgar su vida pero mucha gente no me cree. Y es normal. Máxime cuando algunos de los que están aquí vuelven allí como si fueran reyes. La televisión sólo saca cosas buenas de Europa. Cuando voy a Senegal me visto como todos, poniéndome chanclas y se piensan que estoy loco, que intento no aparentar riqueza. Es un problema cultural”.

Esa tierra generosa y multi-secular que el poeta Barthelemy Badji definiera como “lugar sagrado donde se ennoblece el corazón, lugar secreto donde cuerpo y espíritu se reencuentran” (“C’est le lieu sacré où s’ennoblit le coeur, le lieu secret où le corps et l’esprit se rencontrent”) quizá sea el motivo que explique su forma de ver la vida, tan abierta y serena. Hombre de mundo, amante del mestizaje. Crece y se enriquece con cada país y cada cultura que conoce y ya son seis lenguas las que domina: dos dialectos de su país, francés, inglés, alemán y español, que habla con soltura y extenso vocabulario. Su altura, sus condiciones y el propio baloncesto le brindaron una oportunidad que otros compatriotas no tuvieron. Él se aferró a ella con ilusión y fe, alcanzando, una década después de hacer las maletas y abandonar su ciudad, la cúspide de una trayectoria bella y trabajada. Cumplió deseos que anheló desde pequeño y ahora, pilar de un Unicaja con el que anhela la liga, sigue sin dejar de soñar. A la orilla del mar, ¡cómo no!

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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