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El mundo es un campus (IV)
Jesús Sala se adentra hasta las tierras de Kentucky para trabajar en uno de los mayores escaparates de jugadores de High School de los Estados Unidos. Allí es el protagonista del All Star que enfrenta a los que seguramente son los mejores jugadores jovenes del país. Lo más chocante es el contraste de culturas aunque nuestro coach se va adaptando rápidamente


Jesús Sala delante del Georgetown College


Jesús Sala posa con el equipo Sixers del Campus Blue Chips

Después de dos semanas en el campus de Morgan Wootten era consciente de que el listón estaba muy alto, pero estaba impaciente por ver qué me esperaba en mi siguiente etapa, el "Cage Scope/High Potential Blue Chip Camp", en el estado de Kentucky. El viaje no era precisamente un paseo: para llegar allí nos decidimos a alquilar un coche y nos dispusimos a realizar una travesía de cerca de 1100 kilómetros atravesando cinco estados (D.C., Maryland, Virginia, West Virginia y Kentucky).

Esto nos llevó cerca de 12 horas, un viaje realmente cansado, pero las magníficas vistas plagadas de vegetación atravesando los montes Apalaches lo compensaron. El viaje nos abrió el apetito de conocer más parajes y, una vez que llegamos a Lexington donde debían recogernos, visitamos un sitio especial para cualquier aficionado al baloncesto americano, la casa de los Wildcats de Kentucky, el "Rupp Arena". Se trata de un pabellón que acoge en cada partido cerca de 18.000 espectadores y que ha disfrutado durante mucho tiempo de uno de los entrenadores con más prestigio en la liga universitaria, Rick Pitino, una verdadera leyenda en esta ciudad. No pudimos entrar en la pista, pero visitamos la tienda de los Wildcats y al menos nos conformamos con recuerdos de nuestra estancia en esta tierra de granjas y plantaciones de tabaco.

Así, tras pasar varias horas en la universidad de Kentucky, nos dirigimos al aeropuerto, nuestro lugar de contacto y desde allí hasta el Georgetown College, sito en la ciudad del mismo nombre. Ojo, no se trata de la mítica Georgetown, verdadera fábrica de estrellas, sino de una pequeña pero coqueta universidad que hace un año quedó campeona en la NAIA, una liga para universidades menores.

Allí nos recibieron Rick Bolus y Dave Bones, codirectores del campus. Ambos son, además, miembros del jurado que elige cada año a los mejores jugadores de High School para participar en el All-American, un partido que enfrenta a los 24 mejores jugadores de baloncesto escolar de Estados Unidos. Son verdaderos especialistas en el scouting para universidades y junior colleges, ámbito en el que son reconocidos a nivel nacional. De hecho, el propósito final del campus es el de servir de escaparate para los jugadores de High School de cara a su fichaje por algunas universidades.

El nivel de los jugadores del campus era altísimo, ya que en su mayoría se trataba de jugadores senior (en su último año) de High School que la próxima temporada jugarían para alguna universidad y que buscaban darse a conocer, bien para recibir alguna oferta o bien para mejorar algunas que ya tuvieran. Al finalizar el campus los organizadores enviaban un informe de cada jugador a más de 2000 universidades y colleges, por lo que nuestras impresiones podían resultar claves en el futuro de estos chicos.

También era bastante habitual ver en las gradas del pabellón donde se celebraban los partidos a entrenadores y scouts de universidades en busca de jugadores interesantes. A diferencia del campus de Morgan-Wotten, éste funcionaba prácticamente como una liga de verano, y nuestro trabajo como entrenadores se reducía a entrenamientos de equipo, trabajo de técnica individual con los jugadores y dirección de partidos.

El primer día nos asignaron un equipo, Minnesota, y en tres días jugamos 10 partidos, todos ellos con una gran intensidad. Estos partidos se jugaban a 6 cuartos de 10 minutos y sin descansos, para poder observar y evaluar mejor a los jugadores.

Los jugadores que acudían al campus provenían de todo el país y había 250 jugadores divididos en 22 equipos. Los entrenadores eran de High School en su mayoría, aunque había también entrenadores universitarios y cómo no, nosotros, los únicos representantes del staff internacional.

Tras los primeros encuentros se hizo evidente que el nivel de nuestro equipo era inferior al resto. Nuestros jugadores estaban en su mayoría en edad junior y cuatro de ellos rondaban los 2 metros, uno de ellos con solo 15 años. Pero nos propusimos compensar el handicap de la edad con mucho trabajo y orden. El trabajo era especialmente importante, ya que todos los equipos jugaban con sistemas de ataque.

A base de mentalidad, el record del equipo pasó de un 0-3 inicial a un 6-4 final. A pesar de todo, no pudimos jugar la final four, pero para nuestra sorpresa fuimos nombrados entrenadores de los dos equipos del All Star, lo que nos permitió entrenar a los mejores jugadores del campus. Esa fue una gran experiencia, pues había jugadores de un nivel altísimo, que amenizaron la despedida con mates espectaculares, alleyhoops increíbles y jugadas de fantasía. Basta con decir que el marcador final fue 137-136, con canasta decisiva a falta de 3 segundos para el final... Y lo mejor es que le gané a Sabino.

Un tema que no debo olvidar mencionar es el de la comida, pues seguía basándose principalmente en fast food (pizzas, hamburguesas, perritos,...) y en pasta. Supongo que esto debe ser lo que más gusta por estas tierras, aunque a nosotros no nos convencía. También resulta curioso, por diferente, los horarios de las comidas: 8.00 desayuno, 12.00 comida y 17.00 cena. Son bastante distintas a nuestras comidas habituales y bastante difíciles de asimilar, sobretodo teniendo en cuenta que hasta las 23.00 no terminaba el trabajo... 6 horas después de la última comida!

Y por último, me gustaría hacer referencia al nivel técnico de los jugadores. Muchos tenían carencias sobre todo en su defensa, en el pase y especialmente en su mano débil, pero por el contrario destacaba el alto nivel general en el dribbing y en el tiro. Lo más destacable es que la mecánica de tiro era muy buena y la efectividad también, probablemente debido a que realizan un gran trabajo tanto en calidad como en cantidad, sobre todo en la temporada de verano.

El trabajo de verano es algo muy usual en EEUU, siendo otra diferencia con el baloncesto en España. Fuera de temporada los jugadores no dejan de entrenar y asistir a campus, y todos ellos tienen su propio trabajo diario para mejorar aquellas partes de su juego que se encuentran a menor nivel. Esto es relevante porque si en lo que se refiere a calidad nos podríamos comparar con ellos, la diferencia radica en la cantidad: ahí nos ganan por goleada y esto, al final, se nota en los resultados.

Terminaré el artículo diciendo que me ha sorprendido este campus por su funcionamiento basado prácticamente sólo en partidos, lo que se explica por la función de 'escaparate' que cumplía. No se trata pues de un campus de mejora individual, sino más bien de uno de exposición del juego de cada uno. Creo que es muy interesante para aquellos que quieran jugar a nivel universitario y jueguen en pequeños y desconocidos High School o bien no tengan forma de mostrar su juego. Se lo recomendaría a los jugadores de fuera de EEUU que quieran darse a conocer. Para los entrenadores, lo recomiendo también si quieren ver de cerca buen baloncesto colegial y a la vez poder entrenar en una interesante liga de verano.

A ahora a pensar ya en la próxima parada, el campus de los 76ers de la NBA...

Jesús Sala
(coachjsn@hotmail.com)



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