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De Mannheim a Katowice: Un cuento con final feliz
Fue Mannheim y no Lisboa el punto de partida de la mejor generación de basket que nunca vio España, que ha protagonizado en los últimos 11 años un cuento con final feliz. Repasa sus pasos en esta radiografía de los "juniors de oro"


Los juniors de oro destacan desde hace 11 años

Prólogo

Érase una vez un grupo de amigos que tenían algo en común desde su infancia. Se enamoraron de un balón naranja, del parqué y del sonido de la red tras cada canasta que conseguían. Desde muy pequeños, el baloncesto fue su pasión. Él les enfrentaría y les uniría más aún durante los siguientes años.

Año 80, en plena transición, con aroma a estatutos en Andalucía o Galicia o a elecciones en el parlamento vasco y catalán. La frontera con Gibraltar reabierta y un país entero celebrando las escasas seis medallas de España en los Juegos Olímpicos. Ese año nacería la mejor generación de jugadores de baloncesto que jamás viera este país. Aquella cosecha, aquella maravillosa hornada, estaba destinada a cambiar la historia del basket y del propio deporte en España.

Ellos eran los mejores de su generación. Los que lideraban a sus equipos en los campeonatos autonómicos o de clubes, las jóvenes estrellas destinadas a marcar una época. ¿Serían conscientes de ello cuando se veían las caras, como rivales, en los diversos torneos?

Todo comenzó en Mannheim. La memoria, aquella capaz de convertir el mito en realidad y la propia realidad en mito, marcaría Lisboa ’99 como inicio del dorado ciclo, mas fue un año antes cuando se escribieron las primeras líneas de este cuento de hadas que aún no ha finalizado.

Capítulo I: La machada de Mannheim

José Manuel Calderón, Raül López, Pau Gasol y Carlos Cabezas, acompañados de otras importantes piezas como Gabriel, Dramec y Herráiz, acudían al Torneo Albert Schweitzer Turnier con ganas de confirmar las buenas sensaciones que estaban dando desde muy jóvenes. El grueso del equipo llevaba ya un lustro unido, desde categorías infantiles. Ganar el campeonato de Mannheim, considerado el Mundial oficioso de la categoría, parecía una quimera pero el rendimiento de los chicos de Charly Sainz de Aja fue soberbio, plantándose en semifinales invictos y sin miedo a Estados Unidos.

Faltaban Navarro y Reyes, lesionados, asumiendo el liderazgo un Raül López que le endosó a Estados Unidos veinte puntos para la primera gran victoria de prestigio de esta generación. Estados Unidos, que en ninguna de las 19 ediciones había caído antes de la final, presumiendo además de 16 títulos, se vio superada por 109-101 ante una España que rebosaba ilusión a borbotones. Los Boozer, Akins, Nelson, Bogans, Forte y compañía no podían creérselo. Los españoles ni se inmutaron. Restaba dar aún el último paso, en la gran final.

La Australia de David Andersen esperaba. Fue un partido duro y muy disputado pero un joven espigado llamado Pau Gasol convirtió los cinco triples que tiró, Gabriel, Dramec y López alcanzaron las dobles figuras mientras que Cabezas se encargó de decidir el encuentro con una canasta en los últimos segundos. Sería un anticipo de Carlos al plato fuerte que preparaba, con la misma receta, para el próximo año.

Los elogios empezaron a lloverles. “Estamos ante una serie de jugadores ilusionante, es un éxito sin precedente”, afirmaba el seleccionador, Lolo Sainz. Más optimista sería aún tras ver la exhibición en tierras búlgaras del equipo.



Capítulo II: En Varna, oro de ley

Varna era el siguiente paso. Tocaba el Europeo Junior, con el objetivo de un oro que se resistía. Ni la generación de Alfonso Reyes (bronce en 1990), ni la de Carlos Jiménez (bronce en 1994) lo habían conseguido. Habría platas en Europeos Sub22 (1994 y 1996) y hasta un meritorio bronce en un Mundial Junior (1995) en esa década, pero nadie daba el paso final para conquistar el oro. Hasta que llegaron ellos.

Amigos, cómplices en la pista, confidentes en el vestuario, compañeros… equipo. Raül López, Carlos Cabezas, José Manuel Calderón, Juan Carlos Navarro, Berni Rodríguez, Felipe Reyes, Antonio Bueno, Germán Gabriel y Pau Gasol. Casi nada. Nueve destinados a ser internacionales absolutos, con mayor o menor éxito, y a poder desarrollar prolíficas carreras en su deporte favorito. En esos momentos, aún no lo sabían.


Charly Sáinz de Aja dirigía a un equipo inigualable(Foto Gigantes)

Israel mandó un serio aviso a España en primera fase aunque los de Sainz de Aja reaccionaron a tiempo con tres partidos para el recuerdo, cada cual con un camino distinto hacia la victoria final. Ante Rusia España tiró de calidad y talento para exhibirse, apabullando por 24 puntos a los de Kirilenko merced a 30 puntos de Navarro. Posteriormente, a la Grecia de Papadopoulos, Diamantopoulos y Fotsis se le superó con sangre fría y con un Raül López salvador, tras anotar una canasta en el último segundo. Finalmente, en la final frente a Croacia se tiró de sobriedad, para no dar opciones a un más que interesante combinado donde destacaban Stojic, Kasun y Zizic: 81-70. Eran campeones. Aquí ya no había nada oficioso, ni dudas, ni hipótesis. Nada. Sólo un oro soñado que parecía premiar varios años de tesón y no hizo más que abrir otros muchos especialmente productivos.

Capítulo III: De Lisboa al cielo

La confianza del nuevo rey de Europa se demostraba en las declaraciones del técnico en los días previos al Mundial de Lisboa del año siguiente: “A este equipo no le asusta jugar contra nadie”. Y, ciertamente, hacían bien pensando de esa forma. La experiencia de Mannheim les permitía no intimidarse ante ningún equipo y el campeonato de Varna les otorgaba, además, el grado de favorito, que supieron llevar como los grandes. Un guiño al pasado hizo que Raül López ejerciera otra vez de héroe con dos tiros libres que le daban la vuelta a la semifinal ante Argentina en los últimos segundos. Un guiño al futuro repetiría un final tan ajustado y con color español siete años después, en Tokio. Tiempo al tiempo. Para ganar el Mundial Junior aún debían superar en la final al potente conjunto estadounidense, acostumbrado a despachar a sus rivales por una diferencia escandalosa en todo el torneo. Sin embargo, aquel combinado español, en el que sólo faltaba Calderón, lesionado, no era un rival más.

En uno de los partidos más intensos y emotivos que esta hornada de jugadores disputó jamás, con una magia inigualable se estuviera en el pabellón Atlántico de Lisboa (más de 12.000 personas) o en casa bajo el influjo de la no menos mítica voz de Barthe (2.300.000 espectadores siguieron aquel choque), España sacó lo mejor de sí para derrotar al potente monstruo norteamericano, incapaz de parar a los Navarro, López o Gabriel y sepultados por un triple definitivo de Carlos Cabezas.



“Los amos del mundo”, El mejor baloncesto de la Tierra” , “Chicos de oro”, “Elegidos para la gloria”, “Los amigos de la generación de oro”, “La generación del Piojo”. Los titulares eran elocuentes, al igual que los halagos, pero uno se quedó para la historia, asociándose de inmediato a aquella tarde mágica de Lisboa del 25 de julio de 1999: “Los juniors de oro”.

“Seguimos cumpliendo sueños y haciendo historia”, sentenciaba un Raül López consciente de que los ojos de todos los amantes al baloncesto no podían dejar de fijarse en ellos. Eran la esperanza en España, la generación más fructífera hasta el momento, la que despertaba más pasiones y esperanzas. Quince años después de la plata en Los Ángeles, con un oro en el cuello que nadie antes había logrado en nuestro país, estaban en la cima del mundo. Muchos aún no han bajado de ella.

Se trataba de una piña, de un verdadero grupo de colegas que ponían de acuerdo para jugar al baloncesto, y además lo hacían muy bien. ¿Qué mejor manera de demostrarlo que la locura que cumplieron como apuesta tras ganar el Mundial? Era el turno del Preeuropeo de La Coruña, semanas después de su gran éxito y, a la cita, todos se presentaron con el pelo teñido de rubio. Berni Rodríguez confesó, años después, que al entrenador del Unicaja Bozidar Maljkovic no le hizo ni pizca de gracia la broma.



Capítulo IV: De niños a hombres

En aquella campaña, varios debutarían en ACB y otros, más consagrados pese a su juventud, empezaban a saborear un rol más importante en sus clubes. La Selección era como un campamento de verano. Cada cual pasaba el año en sus clubes (En Badalona, Barcelona y Málaga había bastiones importantes en aquel equipo) y, llegado el verano, se reunían, se ponían al día y volvían a hacer lo que más les gustaba.

La bella ciudad de Ohrid, en Macedonia, sería la organizadora del Europeo Sub20 en el año 2000. Repetía la base del equipo del año anterior y se incorporaba un Sergi Vidal llamado también a llegar a la absoluta. En aquel torneo, dichosa Israel, los juniors de oro se quedaron sin su medalla más preciada tras tropezar en semifinales, pero una gran victoria ante Croacia, les permitió consolarse con el bronce. Al final y al cabo, sumar medallas nunca está de más.


Navarro fue junto a Raül López, el primero en llegar a la absoluta (Foto EFE)

Ese mismo verano se dieron los primeros pasos del esperado relevo generacional en la Selección Absoluta. A los Juegos Olímpicos de Sidney acudieron Raül López y Juan Carlos Navarro, mientras que Pau Gasol se quedó fuera al ser convocado Johnny Rogers. El noveno puesto en la cita olímpica no gustó a unos aficionados que comenzaban a demandar un verdadero cambio, dando entrada a la nueva generación de jóvenes maravilla.

Capítulo V: La explosión

La 2000-01 fue una campaña muy importante para ello. Fue la de la verdadera explosión de Pau Gasol, que dio el paso que separa a los buenos jugadores de las verdaderas estrellas. Su Copa del Rey en Málaga fue antológica, su impacto en la ACB verdaderamente notable y su techo se intuía infinito. Raül López y Navarro también empezaron a explotar, los malagueños se hacían un hueco en un incipiente Unicaja, Reyes se asentaba a pasos agigantados y el resto seguía dando pasos en su mejoría. España vivió una histórica madrugada de draft, con Pau Gasol tercero (Sainz de Aja llegó a decir que si los Lakers le fichaban ganarían el título sin tener que ir a los partidos y confiando en él a esas alturas como el mejor español de la historia) y Raül López también en primera ronda, el número 24.

Ellos dos, así como Navarro y Felipe Reyes, se incorporaron a la absoluta en el verano de 2001 para disputar el Eurobasket de Turquía, mientras que Cabezas, Calderón, Rodríguez y Gabriel se conformarían con el Mundial Sub22. Lo de Turquía, al contrario que lo de Sidney, sí fue un verdadero éxito. La experiencia de los veteranos se combinaba con el desparpajo de unos jugadores que aportaban frescura y talento a raudales. La trayectoria en el torneo fue ilusionante hasta que Yugoslavia se cruzó en el camino de los españoles. La final de consolación, fue uno de los duelos individuales más bellos que se han visto en los últimos años en el continente europeo, entre un Nowitzki maravilloso (43 puntos, 15 rebotes) y un Pau Gasol cada día más grande (31-10). España era bronce y Gasol, máximo reboteador del torneo, era ya el nuevo líder de la nueva Selección Española. La llamada a cambiar nuestra historia.


Dirk Nowitzki, la mayor pesadilla para los juniors de oro (Foto EFE)

Capítulo VI: Bases para un sueño

En 2002, en el Mundial de Indianápolis, es José Manuel Calderón el que da el salto, con cinco juniors de oro entre los elegidos para defender el honor español en Indianápolis. El torneo, aquel en el que el mundo del basket le perdió el respeto y el miedo a Estados Unidos, es recordado por la Selección por la decepcionante derrota en cuartos ante la Alemania de Nowitzki, en el único partido malo hasta ese momento de los de Imbroda, que se hicieron con el quinto puesto final tras conseguir la machada de vencer a EEUU tras ese palo.

Más suerte hube en la siguiente cita internacional. En aquel Eurobasket 2003, celebrado en Suecia, se cayó Raül López, baja por lesión pero entró otro junior de oro, Antonio Bueno. Además, Berni Rodríguez y Germán Gabriel debutaron con la absoluta ese año y amenazaban con ser los próximos. La hornada dorada volvió por sus fueros completando un gran torneo en el que Pau Gasol fue el máximo anotador, aunque la estrella del equipo no pudo evitar la derrota en la final ante Lituania, pese a acabar con 36 puntos y 12 rebotes.

En 2004, la suerte fue esquiva al equipo nacional que tuvo la desdicha de enfrentarse a Estados Unidos en cuartos de final, pese a haber liderado a su grupo por sus buenos resultados en el torneo de Atenas. Ante esa selección norteamericana con pies de barro pero talento para dar y regalar, Marbury martilleó las esperanzas españolas con una exhibición de facultades que dejó a los de Pesquera sin medallas.

Quedaba la excusa de haber caído contra la mejor Estados Unidos del torneo aunque al siguiente año la excusa era bien distinta. Pau Gasol, máximo anotador de los anteriores JJOO, se tomaba un respiro y la Selección, a la que por fin llegaba Cabezas junto a Sergi Vidal, se quedó sin gasolina en el momento más inoportuno. Tras un pase a cuartos in extremis ante Croacia, la Alemania de Nowitzki se volvió a cruzar en nuestro camino y ni siquiera se puedo amarrar el bronce, tras una estrepitosa derrota ante Francia en el duelo de consolación. ¿Sería el final de la magia de aquel equipo?


El Mundial de Japón, el mayor éxito de la generación dorada (Foto EFE)

¿Epílogo?- El ciclo dorado

Al contrario. Quedaba precisamente lo mejor, lo más reciente, lo más mágico. Aquello que ha puesto a España en un lugar verdaderamente alto del panorama internacional. Aquel ciclo mágico que suena a cuento con final feliz. La historia ya la conocen. Aún le dio tiempo a incorporarse a otro junior de oro, Berni Rodríguez, importante en el mayor éxito de la historia del baloncesto español, la final ante Grecia. No estaba Pau Gasol, por una maldita lesión que no le impidió disfrutar del oro mundial como el que más. Ocho años después de Mannheim, ahora sí, ellos eran los reyes del mundo.

Otra canasta tan brillante como maldita, la de Holden, permitió que Rusia se llevara un oro en el Eurobasket que España ya creía suyo. La plata, con el tiempo, cobró más valor. Más aún la plata del año siguiente, la olímpica, en la derrota más dulce de la historia de la Selección, que jugó un encuentro épico y emocionante ante todo un Dream Team de EEUU. Para los anales de la historia los recuerdos, para el palmarés nacional, la plata.

Este domingo, al fin, se cerró el círculo. Los juniors de oro, quiénes si no, conquistaron al fin un oro que se negaba tras seis finales perdidas en el Eurobasket. Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, Carlos Cabezas, Raül López y Felipe Reyes, los representantes de la mejor generación española de la historia, estuvieron presentes. Y pudieron estarlo Berni Rodríguez, lesionado a última hora, y Antonio Bueno, preseleccionado. Con la ayuda de jugadores experimentados como Garbajosa o Mumbrú y la savia nueva de los Claver, Llull, Marc Gasol, Rudy Fernández y Ricky Rubio, España se proclamó campeona de Europa exhibiendo las mismas armas que hicieron en su día en Mannheim, Varna o Lisboa.


Sólo los juniors de oro podían conquistar el ansiado Eurobasket (Foto EFE)

"Seguimos cumpliendo sueños y haciendo historia", decía Raül López hace ya más de una década, allá cuando Ricky Rubio aprendía a leer y los Claver o Llull aún no habían entrado ni en la adolescencia. Y es que realmente todo parece un sueño, un cuento de hadas o incluso un guión de dibujos animados, protagonizado por super héroes que se reencuentran en el momento justo para hacer feliz a mucha gente. Títulos ACB y europeos, reconocimientos, un Premio Príncipe de Asturias, nominaciones como mejores jugadores, quintetos ideales, elecciones en el draft, invasión en la NBA y hasta un anillo. Los mitos del pasado, derribados para aquellos que soñaron con lo imposible hasta convertirlo en tangible. Todo cabe en esta mágica generación.

Cercanos a los aficionados, simpáticos, bromistas, estrellas dentro y fuera de la cancha. Un baloncesto valiente, sin complejos, revolucionario, rompedor. Una mirada de Navarro a Pau Gasol en la pista era suficiente para que la conexión funcionara. Es el mejor simbolismo de una hornada de jugadores que llevan jugando más de una década juntos. Media vida de complicidad, respeto y compañerismo derivada en una amistad que se refleja en la pista.

Los éxitos no son la causa sino la consecuencia. Todo comenzó hace once años. De Mannheim a Katowice el asfalto se vistió de oro. Y colorín, colorado, este cuento aún no se ha acabado…

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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