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Brian Chase: El alivio del hombre-bala
Una bala, aún alojada en su muslo, simboliza su vida, una lucha contra la altura, los estereotipos y las circunstancias. Apadrinado por Arenas y O'Neal, sueños cumplidos y frustrados y la fe intacta, con 28 años desde hoy. Descubre su historia


Brian Chase, una estrella para el CB Valladolid

Una bala que lo cambió todo

Buscaban venganza. Brian no tenía nada que ver más allá de formar parte de uno de los barrios más conflictivos de Washington e incluso de todo el país en la década de los 90. Tenía 13 años. Iba por la calle despreocupado, junto a sus colegas del vecindario. Varios de ellos habían participado justo antes en un altercado con una banda rival sin que él hubiera tenido ningún tipo de relación con ello. Mas los odios y las revanchas poco entienden de razones. Las balas, inclementes, ingrávidas y aterradoras disiparon el miedo para dar paso al terror. Carreras, lágrimas, gritos de dolor. En la pierna de Chase había sangre. Acababa de ser tiroteado.

La suerte y sus propias fuerzas se aliaron para que aquella maldita bala no rompiera su fe y, paradójicamente, aquel disparo, más que acabar con una vida, dio paso a una nueva. Más equilibrada. Más feliz.

“Esto es una señal”, le confesaba a su progenitora al salir del hospital. Su vida necesitaba un cambio de rumbo antes de que fuese demasiado tarde para lamentarse. “Mi infancia había sido muy dura. Mi madre, mis tíos y prácticamente toda mi familia entera tenían problemas con las drogas. Además, me dispararon en el muslo a tierna edad cuando yo simplemente iba caminando por la calle. Para mí cambiaron muchas cosas en ese momento”.

El baloncesto resultaba una buena terapia. Con cuatro años, ya cogía los artículos del supermercado para tirarlos al carro y, si no llegaba, lloraba hasta que su madre le subía a hombros para que pudiera encestar. Con 11, comenzó a jugar de manera federada y, a los 15 decidió definitivamente apostar por el basket, convirtiendo la metralla en fogueo y olvidándose de aquella bala, que no cambiaría su destino. Se tomó más en serio los estudios, abandonó las compañías peligrosas y le tocó madurar antes de tiempo. “No contaba con la ayuda de nadie porque mi madre era adicta a las drogas. Tenía dos hermanos pequeños y una hermana chica. Me dije, ‘vamos adelante, tu madre se recuperará’ y me tocó en esa época hacer muchas cosas por mí mismo y crecer muy rápido”.

Un hombre de 25 años encerrado en un adolescente de 14, llegó a sentenciar uno de sus entrenadores para definirle. En casa, ejercía de hermano ejemplar y en la cancha, de base maravilla, llamando como jugador de Dunbar High School la atención en Washington por su talento innato. En el último año, incluso, aderezado ese talento con un título que llevaba el centro más de una década buscando, merced a sus 19 puntos, 7 asistencias y 4 robos de promedio. “La del instituto fue realmente una de las mejores etapas de mi vida”, confiesa años después.


Su buen rendimiento en Utah estuvo a punto de darle su oportunidad NBA

De la cancha a las aulas

Su destino en la Universidad sería Virginia Tech, entrando en la dinámica del equipo con varias semanas de retraso por su expediente académico. Con los ‘Hoskies’ deslumbró desde el primer día. Velocidad y tiro, un cocktail explosivo, unas señas de identidad. ¿Qué importaba no llegar al 1,80? A cambio, un corazón gigante para compensar la falta de centímetros. Su impacto fue inmediato y sus números, prometedores, con 12,9 puntos por choque, llegando incluso a establecer el récord histórico de la universidad en porcentaje de triples, 40,9%.

Las dos temporadas siguientes fueron bastante sólidas aunque su progresión se estancó y se tuvo que conformar con unos números parecidos a los del primer año. En cambio, en su despedida de Virginia Tech, Chase sólo fue capaz de promediar 7,1 puntos por partido, con porcentajes más bajos y un rol más modesto en el equipo. “La situación había cambiado respecto a mi llegada. El entrenador, diferente, deseaba que cambiase mi manera de jugar. El sistema me convenía mucho cuando llegué y, en la campaña final, el base no tenía mucha participación ni actividad en el esquema del técnico. Sin embargo, en global, fue una enorme experiencia, me lo pasé muy bien esos cuatro años”.

El ciclo parecía perecer mas Brian no lo daría como finiquitado hasta completar las asignaturas que le faltaban para poder sacarse el título universitario en trabajo social. Era consciente de que iniciar su carrera profesional era un sinónimo de despedirse para siempre del sueño de graduarse. Y, pese a que le llegaban sugerencias desde el otro lado del Atlántico, se quedó en su ciudad para cumplir sus responsabilidades. “Fui el primero en la familia en completar los estudios y, por ello, la graduación fue uno de los días más maravillosos de mi vida. Estaba muy feliz y, mis familiares, muy orgullosos de mí. El draft fue un poco decepcionante pero hay cosas más importantes en el mundo. Cuidar a mi familia estaba por encima de aquello”.

El pequeño base consiguió un trabajo relacionado con la ayuda a los niños, su pasión, para a su vez poder apoyar a su madre, que ya había salido de las drogas y que le había animado en su decisión. Además, tuvo una hija, Laila, que bien merecía aparcar el baloncesto durante un año.

"Trotaligas" sin rumbo fijo

El interés de los Maryland Nighthawks, de la ABA, le convenció para volver a la cancha. “Me dieron una oportunidad, la aproveché y me gané opciones de seguir jugando en otros equipos”, afirma el jugador, que destacó con 18,4 puntos y 2,3 asistencias de media. A partir de ahí, disfraz de viajero y carné de “trotaligas”. En CBA, consiguió 15,1 puntos y 4,1 asistencias por partido con los Gary Steelheads. En esa 2005-06 también apareció en los últimos tres partidos de Roanoke Dazzle en la Liga de Desarrollo, acreditando 13 puntos y 6 asistencias. Además, aún tuvo tiempo de jugar la United States Basketball League con los Nebraska Cranes, donde elevó sus números hasta los 19,9 puntos y 3 asistencias de media.

ABA, CBA, NBDL, USBL. Demasiadas siglas, demasiado estrés. “Resultó muy complicada la adaptación. Entendí que tenía que empezar de cero, jugar mi baloncesto y, con suerte, llegar al nivel que creía que podía alcanzar. En la CBA tuve un entrenador que me dio tiempo, libertad de juego y mucha confianza. Lo hice bien allí y, más tarde, lo de Nebraska hizo que me llamaran los Jazz”. Al de Washington, la puerta de la NBA, aquella que le parecía vetada por su baja altura.

La oportunidad no resultó sencilla de conseguir. Y llegó de la forma más inesperada. El George Goodman League, un afamado torneo de baloncesto callejero que se celebra en Washington, ya conocía bien a Brian Chase. “The Assasin” o “2 fast, 2 furious”, como le apodaron en las calles de Washington, es uno de los reyes del playground. Cinco títulos y un MVP, su legado en un campeonato en el que han participado jugadores como Beasley, Durant, Pops Mensah Bonsu… o Gilbert Arenas. La estrella de los Wizards se cruzó en el camino de Chase y ayudó a darle un giro completo a su carrera.


Chase, en un entrenamiento con los Wizards

El sueño frustado de la NBA

El primer día en el que compartían equipo, Brian se acercó a su ídolo y le susurró: “Quiero todo lo que tú tienes”. A Gilbert le cayó en gracia. Pronto, se hicieron buenos amigos y, una vez recibida la invitación de los Jazz, el menudo jugador entrenó con Arenas para preparar el campus y ofrecer allí su mejor versión: “En la liga de verano lo hice bien, me llamaron para otro campus e intentar entrar en equipo. Lo logré. Todo cambió para mí, fue un gran verano”.

Chase se hizo un hueco en el roster de los Jazz, pero la alegría duró poco y, tras prometer en pretemporada, se quedó sin poder pisar de manera oficial una pista NBA. “Estuve muy cerca pero había mucha competencia”, comenta hoy el jugador, aún agradecido y orgulloso por la oportunidad recibida. “Nadie me quita lo que viví, aunque al final no lo lograra”.

Había que volver a ganarse una oportunidad haciendo lo que mejor se le daba, jugar al basket. Vuelta a la NBDL, esta vez como jugador de Los Angeles D-Fenders. Aterrizaba en la 2006-07 en un conjunto que era último a su llegada y estuvo a punto de ganar el campeonato con la explosión de Chase. Con 16,7 puntos por encuentro, quebraba todos los registros en anotación de la franquicia angelina. La seductora NBA volvería a guiñarle el ojo al término de aquella temporada.

Disputó una liga veraniega con los Wizards de su colega Arenas y allí otro jugador, aún más mediático, se quedó encandilado. “Vi a un hombre pequeñito yendo hacia Gilbert como nunca había visto a nadie hacerlo. Que no firme por los Wizards, que venga a Miami”. El que avalaba a Chase era “Shaquille O’Neal, fascinado por lo que había visto. Su insistencia provocó que los Heat le probaran, en primer momento y acabaran, más tarde, depositando su confianza en él.

Parecía un broche idílico para el cuento de hadas del jugador, “patito feo” por sus centímetros y con ganas de ser Cenicienta por un día. Él lo argumentaba: “No es mi tiro, mi velocidad o mi defensa. Es siempre mi altura, mi altura y mi altura. En cierto modo, puedes tirar ese argumento por la ventana porque no voy a cambiar, no voy a crecer más”. Ese 1,78 le convirtió su trayectoria en una batalla en la que se hizo más fuerte y derivó en un jugador con una mentalidad “Me acostumbré a jugar contra otros bases u otros jugadores más altos que yo. Ha sido mucho más duro tener éxito siendo más pequeño que el resto, sí”, reflexiona el jugador.

Riley, poco original, recurría a su corta talla para compararle con otros clásicos bajitos: “Tiene una mezcla de Spud Webb, Muggsy Bogues y Earl Boykins”. Chase, además, se había propuesto apuntalar su defensa y desterrar el mito de que no es un base. En una entrevista, llegó a comentar que su objetivo principal era demostrar que la gente se equivocaba con él. “Sólo porque sé tirar se creen que no puedo crear. Soy un jugador de baloncesto, un base con tiro”. Su mentalidad, sus ganas, su progreso y las buenas palabras de O’Neal y Riley le valieron un contrato de dos años con los Heat.


El norteamericano destacó en Euroliga contra el Unicaja (Foto Euroleague/Getty)

Empero, no siempre los cuentos de hadas tienen final feliz. Chase había disputado siete partidos de pretemporada mas volvió a quedarse con la miel en los labios, siendo cortado justo antes del comienzo de la liga regular. Los Angeles D-Fenders, donde tan buena impronta había dejado el año antes, sería siguiente destino y en su regreso repitió el buen papel de antaño, rozando nuevamente los 17 puntos por partido. Las sensaciones, en cambio, no iban de la mano. Oler el caviar y acabar con sopa de pescado siempre marca.

Desembarco en Europa

“Fui a la D-League esperando encontrar una oportunidad otra vez con los Heat. Aunque esa llamada se hacía esperar, las cosas no iban ni bien ni rápido y por primera vez decidí irme a Europa”. El jugador se cansó de esperar. Consideraba haber probado ya lo suficiente como para mendigar oportunidades y se dejó seducir por el interés del viejo continente. Caserta y Avellino le sondearon pero fue el Besiktas turco el que incorporó a la postre al jugador, en marzo de 2008.

“Deseaba, especialmente, colocar a mi familia en una situación económica más cómoda. Y quería jugar, claro”. En su opinión, se trataba de un baloncesto muy distinto al que había jugado toda su vida: “Hay muchas diferencias. En Europa el juego es más en equipo, con cinco tíos participando y no limitándose a aclarados o unos contra uno, como ocurre en Estados Unidos en muchas ocasiones”. No obstante, la imagen ofrecida por el menudo jugador en Turquía fue más que aceptable, llegando a las semifinales de liga con su equipo y abrazando las dobles figuras en anotación, con 10,3 puntos por encuentro.

Sus destellos de calidad no pasaron desapercibidos para Le Mans, que confiaba en él al verano siguiente para apuntalar la posición de base, en una temporada en la que jugaría Euroliga. Llegó definiéndose como líder, se ganó el cariño de los aficionados, que le idolatraban y empezó a hacerse un nombre en Europa gracias a sus 12,2 puntos (15 al Unicaja, sin ir más lejos) y 2,5 asistencias por partido, números incluso algo superiores en la competición gala. “Me encantó jugar allí, me lo pasé realmente bien. Buena plantilla, excelente organización, grandes seguidores…”


Brian Chase fue el mejor en cuartos ante el KK Hemofarm (Foto Euroleague/Getty)

Ahora sí. Todo el reconocimiento que no tenía en la NBA parecía lograrlo al fin en el basket europeo. La penúltima prueba de ello, la oferta que en marzo de este año el Dynamo de Moscú hizo por él. En mitad de temporada, el potente cuadro ruso se fijaba en Chase como el sustituto ideal del mediático Pargo, rumbo Atenas.

En el Dynamo, Brian no tardó en destapar su capacidad anotadora, firmando 30 puntos al segundo partido, siendo el máximo anotador (19) en los cuartos de la Eurocup ante Hemofarm y promediando 18,8 puntos por encuentro en una plantilla de quilates con jugadores de la talla de D.Lavrinovic, Monya, Bykov, Javtokas, Korolev, Nachbar y Hansen. Este último, uno de los grandes compañeros que Brian asevera haber conocido: “Travis hizo que mi transición fuese más fácil. En mi opinión, es uno de los mejores jugadores con los que jamás he jugado como profesional, sabía bien cómo jugar. Tengo mucho respeto por él dentro y fuera de la cancha. Además, el Dynamo era una gran institución, el club europeo más importante y prestigioso en el que había estado hasta ese momento, con otros jugadores muy buenos a mi alrededor”.

El hombre-bala, la baza pucelana

Su excelso rendimiento en Moscú provocó que el recién ascendido Denominación de Origen Rueda Valladolid le pusiera como una de las grandes alternativas en esta temporada. Finalmente, después de un tira y afloja en el que el jugador ajustó su salario a la economía del club, el acuerdo se anunció, sorprendiendo en Europa por el mérito del cuadro pucelano de llevarse a una de las piezas más codiciadas del mercado. La joya de la corona. Una llamada telefónica de Porfirio Fisac le convenció del todo. “Me hizo sentir muy cómodo, comulgo con su visión del juego”. El entrenador devuelve el elogio declarando que tanto él como Battle tienen un carácter “positivo. Tenemos fortuna por ello. Siempre tienen una sonrisa y participan tanto de los buenos momentos como de los malos”.

La sonrisa. Esa herramienta que puede con todo y que tumbó, uno a uno, las adversidades en su infancia. Esa fe que le hizo saltar, como si de un vallista se tratara, el hambre de su niñez–su madre incluso llegaba a pedir dinero para darles de comer-, los problemas con las drogas, un entorno difícil (“No quiero volver al lugar donde crecí. Era duro, no se lo deseo ni a un enemigo”, su batalla eterna para que le juzgaran a él y no a su altura, e incluso la pérdida de un ser muy próximo en 2008, cuando intentaba con los Hawks conseguir su sueño NBA. “Lo último que pensé que podía pasar es que mi hermano también fuera asesinado el pasado verano. Ha sido una etapa muy difícil para mí y mi familia pero la gente nos ha ayudado, intentamos hacer las cosas bien y esperamos que, con la ayuda de Dios, podamos salir adelante”.

Chase le responde a la vida con una burla, con una broma, con un dribling ante tanta tempestad. “Soy un bromista. Disfruto viendo pelis, escuchando música, leyendo libros en mi tiempo libre o en los viajes y estando con mi hijo y mi mujer, que llegan esta semana. Pero en especial me lo paso genial con las bromas, las hago todo el rato”. La lluvia no puede ser eterna.


Chase quiere sorprender en ACB

Sin perder el optimismo pero dejando la ironía a un lado, su mensaje a los aficionados del cuadro vallisoletano es tajante: “Simplemente, he venido a ganar. Quiero divertirme y en ésto, ganar es divertirse. Esa es la razón por la que juego al baloncesto”, comenta Chase, ya máximo anotador del equipo en los amistosos previos al inicio de la campaña ACB, con alguna canasta ganadora in extremis incluida en su repertorio de puntos. Su implicación es máxima: “Mucha gente piensa que podemos sufrir esta temporada y estamos confiados en que esas personas acabarán sorprendidas. Tenemos fe, un equipo fuerte y la pretemporada ha sido positiva para ir aprendiendo cosas que aplicaremos durante el año”.

La nueva esperanza morada, que cumple hoy jueves 8 de octubre la edad de 28, busca en tierras vallisoletanas la recompensa a tantas dificultades. “He pasado por mucho en esta vida, sé que Dios guarda algo realmente especial para mí”, confesó en The Washington Post, buscando más pasar página que olvidar las heridas, aún abiertas. Alguna incluso, suena a herida de guerra, como la de su muslo, donde aún está alojada el condenado casquillo que un día se cruzó en su vida.

“Aún la tengo alojada. Me dolió en el primer año pero ya no, no siento nada ahí”. Todo lo contrario que al relatar tanta dura vivencia, tanto hecho truculento. Brian Chase toma aire, se para, suspira de alivio, y vuelve a empezar. El hombre-bala, veloz como el viento, con o sin metralla, con más o menos centímetros, llega a Valladolid para triunfar. Se lo debe a sí mismo.

Daniel Barranquero
@danibarranquero
ACB.COM

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